LOS ACTIVOS TÓXICOS.

¿Cómo se convierte en un activo tóxico, un préstamo al consumo o un crédito hipotecario? ¿Cuál es el papel de los activos tóxicos en la aparición y el desarrollo de la crisis económica? No nos gusta el término “activo tóxico”, porque no son mcrobios patógenos, ni son un veneno natural o químico. Los llamamos mejor activos financieros perjudicados, depreciados o devaluados.

Un Ciclo Financiero Teórico Elemental.
Los bancos reciben múltiples depósitos y prestan el efectivo recibido a sus distintos prestatarios: instituciones, empresas y particulares. Una parte de esos préstamos retorna de nuevo al banco, en forma de nuevos depósitos. Ya que nadie guarda el dinero en casa o en la empresa o en el negociado estatal o provincial, salvo para los pagos inmediatos de menor cuantía o en los casos de catástrofe social real o amenazadora.
Se supone que los bancos vigilan y controlan los sucesivos pagos parciales de sus prestatarios, por el principal y sus intereses, a sus vencimientos. Pero he aquí que surgen los “ingenieros” financieros, que Bill Clinton en 1998 realiza una importante desregulación de las prácticas financieras y que Greenspan es un irresponsable botarate titulado. En efecto, en Abril de 2000 sube innecesariamente al 6% el interés legal básico. Cuando la recesión estaba incoándose y la crisis de las empresas de telecomunicaciones e informáticas, en marcha. Y luego lo tiene que bajar, quizás demasiado, para estimular la economía. Y la FED facilita las cesiones de liquidez a los bancos estadounidenses. Hay entonces liquidez en el sistema y a precios bajos, por bastante tiempo.

Los Nuevos Caminos Financieros, Incontrolados y Perturbadores.
Muchos bancos, quizás demasiados, comienzan a “titulizar” sus préstamos. Convirtiéndolos en bonos a medio plazo. Y venden esos títulos de activos a otros bancos y a fondos de inversión o de pensiones, de su país y de allende los mares. Que buscan ganar más que invirtiendo en las letras o bonos del Tesoro de sus países o en préstamos sencillos.
Complique todo esto con las rápidas comunicaciones “on line”, con las transacciones internacionales, con el desconocimiento del alcance real de unos títulos generados en ultramar y con las diferencias de tipos de interés entre naciones y grupos de naciones. Mézclelo perniciosa y malévolamente con factores exógenos, foráneos al sistema financiero: las “pasiones” o apetitos desordenados o deseos desorbitados. Que son difíciles de conocer y de controlar por los hombres. Surgen y se desbocan entonces la codicia, el miedo y el egoísmo. Que perturban, contaminan y degeneran el sistema financiero. Pero desde las personas y no por su funcionamiento cabal y limitado a su ámbito natural.
Y tenemos entonces un problema grande, en forma de un caos nacido de sí mismo. Donde nadie sabe bien la calidad de los activos que tiene. Tendría, para ello, que desenredar una complicada madeja de cesiones e intercambios de activos, de alambicada creación. Destinada en parte a ocultar culpas y posibles orígenes espurios y vergonzantes de los activos. Y esto ocurre básicamente porque se rompió la relación habitual entre prestamista y prestatario. Éste, por la cuenta que le tiene, si se tiene que quedar con el préstamo, como activo de su balance, ya lo dará a quien razonablemente pueda pagarle. Y se preocupará también de seguir el curso de sus pagos hasta la liquidación final. Y como la situación financiera perturbada se complica y se tensa, los posibles morosos, los más al límite de su capacidad financiera, se convierten fácilmente en fallidos reales. Y el torbellino continúa alimentándose, extendiéndose y perjudicándonos a todos.

Algunos Resultados Empresariales Fantásticos.

El asunto, el quid era captar y acaparar poder, influencia y crecimiento inorgánico. Éste es aquél que es externo a la actividad empresarial interna, propia. Y surgen los despropósitos. Como que empresas de la construcción se hagan con paquetes importantes de acciones de empresas petrolíferas (Pepsol) o de electricidad (Endesa, Fenosa, Iberdrola). O que compren en una sola vez empresas de su ramo, con su tamaño o mayores; como la orden pública de adquisición (OPA) de Martinsa por el 100% de Fadesa, a 35 E por acción (el precio era lo de menos, había préstamos bancarios en abudancia). Que dejó libre, tranquilo y muchimillonario al empresario inmobiliario ortodoxo gallego Jove, a su hija y a sus familias. 

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