LA CRISIS ECONÓMICA MUNDIAL

La crisis económica mundial surge en el verano de 2007 con el afloramiento de las hipotecas “hard to value”, difíciles de valorar, en los Estados Unidos. Que pesaban como el plomo en los activos de los bancos, especialmente los hipotecarios. Clinton desreguló (quitó trabas legales y operativas y sus controles) el mercado financiero en 1998. Este presidente también dijo que todos los estadounidenses tenían derecho a su casa en propiedad. No habló nada de que tendrían la obligación de pagarla. Y el inefable Greenspan facilitó a partir de 2001 las cesiones de liquidez a los bancos estadounidenses. Hubo entonces liquidez en el sistema y a precios bajos, por bastante tiempo. Es decir como ahora, a fines de 2008. ¿Estaremos alimentando la crisis económica mundial o resolviéndola?
 

La Maldita Inflación. ¿A quiénes afecta?

La inflación es el aumento del precio de un bien, materia prima o intermedia, servicio cualquiera, cuando aquél no se corresponde con un aumento proporcional de su valor real, de su cantidad o de su utilidad. El bien no recibe un incremento de su valor añadido, que justifique la subida del precio. No te dan más cantidad, ni dura más, ni es más bonito el producto, ni te atienden mejor que antes los camareros.
Con tu dinero total, sueldos o pensiones, rentas del capital (dividendos y cupones de los bonos y letras del tesoro), plusvalías de ventas, alquileres como casero, comprarás menos bienes y servicios totales. La inflación agrede y empobrece a todos. Y lo hace especialmente con las capas sociales más débiles o desfavorecidas: los pensionistas, los perceptores de subsidios sociales (parados, mayores de 52 años, etc.), los rentistas de más edad, etc.
La inflación se ceba con todos aquéllos que por su “actividad o no actividad”, según se mire, no pueden trasladar a los otros los mayores costes de los bienes que producen o de sus derechos adquiridos. La actividad de un militar, de un cura, de un campesino no les ayuda a que puedan, en tanto agentes económicos, aumentar los precios de los productos o bienes (seguridad nacional, paz y salvación del alma, productos alimenticios perecederos) que nos ofrecen a los demás. La no actividad de las clases pasivas, los que cobran pensiones o subsidios, pagados con la actividad económica de las otras personas, frena mucho cualquier aumento de éstos. La razón es que esas pensiones proceden de un reparto generacional. Las pensiones de los que ya no trabajan las pagan las nuevas generaciones. Por eso hacen falta muchos trabajadores en activo. Porque con las cotizaciones de varios se paga una pensión y la asistencia sanitaria de ese grupo pequeño imaginario.

Las Cotizaciones a la Seguridad Social. Previsiones según su Estructura de Funcionamiento.

Las cotizaciones a la Seguridad Social son entonces como un impuesto social añadido, que pagamos todos, trabajadores y empresas. Ya que haber cotizado durante todo nuestro período laboral, no nos garantiza que cuando nos jubilemos, disfrutaremos indefinidamente de la pensión que nos correspondería. Se podría tener un régimen de capitalización. Con las aportaciones que realmente cotizara cada cual durante su vida laboral, crear un ahorro y añadirle su crecimiento económico progresivo hasta la jubilación. Un gran problema es quién gestionaría el mantenimiento y el crecimiento de esos ahorros cuantiosos de tanta gente. El Estado es reconocido como un no óptimo administrador y gestor de bienes. El Estado tendría que aportar rentas, procedentes de los impuestos de todos, para complementar hasta un mínimo las pensiones más bajas, garantizando a sus perceptores una “renta social”.
Solamente el Japón mantuvo durante un tiempo un sistema de pensiones basado en la capitalización. Durante su crisis financiero inmobiliaria de los años 90, contra la cual sigue luchando, tuvo que abandonar el método: sus tipos de interés (que marcan lo que pagan por los ahorros) eran muy bajos o cero y la deflación existente contrajo la actividad económica y, por tanto, las cotizaciones aportadas al sistema. Cortados severamente los dos grifos de ingresos, el sistema ya no se sostenía.

El Nivel General de Precios es una Medida más Ilustrativa de la Inflación.

El nivel general de precios engloba el valor (o coste) de todos los bienes y servicios producidos (incluyendo agua, energías y comunicaciones varias) y de los factores de producción (trabajo, capital y tierras, tecnología, financiación, materias primas y productos auxiliares, gerencia y administración, investigación y desarrollo, comercialización y logística).
El precio de mi trabajo, de un kilo de arroz, de un corte de pelo, de una entrada a espectáculos, de un litro de gasóleo, todo está representado en él. El nivel general de precios mide mi “participación”, mi “cupo”, en el reparto general de la producción de una sociedad.
Los gobernantes nos dicen que, en unos meses, la inflación se moderará. Y tienen seguramente razón. Es probable que los precios dejen de subir agudamente, por moderación de la demanda y porque los tramos iniciales de la curva de precios alcistas son más pendientes. Entonces, la inflación comparada, con un mes o trimestre o año anterior, se frenará mucho. ¿Han desaparecido así nuestros problemas de empobrecimiento?
El nuevo “nivel general de precios” alcanzado, que mide lo que con mi sueldo o rentas puedo comprar, me dice que he perdido poder de compra y, lo peor, que esa pérdida se mantiene. Ha bajado sustancialmente los costes del petróleo y sus derivados, pero, ¿han bajado los precios de los artículos de consumo o de la electricidad?
Y aún hay un efecto más perverso de la subida de la inflación o del nivel de precios. Que ocurre invariablemente en épocas de inflación alta o con tensiones alcistas de cierta importancia o extendidas a muchos productos. Pero que también puede ocurrir en momentos de cambio de las monedas o de su paridad con otras. Es un fenómeno emocional, permanente y general. Todo el mundo quiere entonces aprovechar el momento económico para aumentar su “trozo” del pastel, su “parte” en el reparto de la renta total generada.
Un ejemplo claro, cercano y vivido por todos: la instauración del “euro” como moneda común de la mayor parte de los países de la Unión Europea. Y su efecto general sobre los precios previos en monedas nacionales, de forma casi inmediata o muy rápida y sin aumento del valor real de los productos ofrecidos.
¿Cuál es la razón de que actuemos así? La ambición es uno de los estímulos personales necesarios para la actividad económica. El no fomentarla sanamente llevó a la bancarrota a los países comunistas. Nadie trabaja colectivamente por amor al prójimo. Pero cuando la ambición se desboca y se exacerba, se vuelve mala e incluso, al final, contraproducente hasta para su autor. Aparece entonces una codicia, más o menos ciega, rapaz e insaciable, que arrambla con todo lo que puede. A la que es muy fácil encontrarle personalmente razones para ejercerla: “los demás hacen lo mismo”; “si no lo cojo yo, otro lo hará”; “estoy perdiendo dinero”, etc. Incluso algo tan manido como “es el pan de mis hijos”. Como si no necesitaran ellos más calorías que un niño.

El Mecanismo Económico de la Aparición de la Inflación.
 
¿Cuál es el mecanismo directo de la inflación? El mismo que el del funcionamiento normal de la economía. Sólo que aquí va recalentado, pasado de vueltas. Como iría un motor de un automóvil al que le pidiéramos más revoluciones de las que puede dar con su diseño. Con el dinero a disposición, compramos toda clase de bienes, productos intermedios y servicios, tanto nosotros como el Estado y las empresas. Los vendedores, que reciben el dinero, de las compras e impuestos, a su vez compran salarios, bienes y servicios. Una parte se deposita en cuentas más o menos a la vista, tanto temporalmente como parte de una reserva de futuro. Y vuelta a empezar. Esto sería un ciclo elemental e ilustrativo de la actividad económica.
El número de veces que esto se repite, con el dinero a disposición, el M2 (véase más abajo su composición en medios de pagos), indica la velocidad de circulación del dinero en un período dado. La velocidad por el M2, daría el valor total de los bienes y servicios de todo tipo producidos por una sociedad en ese período, el famoso Producto Interior Bruto. Si a éste le quitamos las amortizaciones que hay que hacer para recuperar un capital invertido, al final de la vida de un bien de producción, tenemos el producto interior neto. Si un camionero no va amortizando (ahorrando) parte de lo que gana transportando cosas, al final de la vida de su camión se encontrará sin vehículo y no podrá continuar su profesión de autónomo. La amortización de los bienes de capital es una obligación legal y vital de todos sus poseedores.
Cuando el número de transacciones es proporcionalmente grande, cuando la velocidad de circulación o el M2 son altos, los agentes económicos (personas, empresas, estado) tendemos a elevar los precios, por la alta demanda de nuestros trabajos, bienes y servicios que detectamos en el mercado. Cuando este fenómeno es razonable y proporcional, la economía se ve estimulada. La tendencia a una suave inflación es buena, deseable e inevitable. Cuando aparecen las desviaciones y aún perversiones indicadas antes, es cuando todo se degrada y cuando surgen los peligros para la buena economía de todos.
Quiero hacer aquí un inciso. Los economistas clásicos, que no quiere decir viejos, piensan que la economía va de equilibrio en equilibrio. Aquella aparición de la inflación indica un desequilibrio, que hay que vigilar al menos. Yo creo que la economía, como toda actividad natural o humana, procede por tanteos iniciales, comprobación de los caminos ofrecidos o a la vista y decisiones de seguirlos. Que siempre está en marcha y en acción. Y siempre avanza hacia una dirección. Y que un equilibrio puede ser una “foto” de un momento dado de su andar. Pero no su estado “normal” o habitual.    

Algunas Medidas para Destruir el Fenómeno de “Precios Crecientes sin Valor Añadido” y Activar también la Economía.

El problema es contener la inflación, que no suba el nivel general de precios y que no se desboquen las ambiciones y se tornen en desmedidas e injustas. Esto es como una dieta más o menos severa. Pero que promete salud y energía económica renovada. Hay también que estimular la Economía y evitar su frenazo más o menos brusco. Su detención total llevaría a lo contrario: a la deflación. Pero el exceso de liquidez a muy bajo precio que están aplicando los bancos centrales, parece que aleja el peligro de esta última.
Esta actuación conjunta, doble en sus fines, forma un par de opuestos complementarios, no antagónicos. Son como el sistema nervioso vegetativo: con el simpático y el parasimpático. O las dos riendas de un coche de caballos.
Daremos algunas medidas a tomar. Creemos que si el público ve un grupo armónico de actuaciones, impulsadas por el Estado, las aceptará en su conjunto, aunque alguna concreta perjudique a un sector de la población.
El gasto público debería contenerse todo lo posible. Por ejemplo, recortando los funcionarios públicos o limitando los nuevos nombramientos y limitando las obras públicas nuevas a las estructuras directamente relacionadas con la producción de bienes, las comunicaciones o la educación. Un corolario de lo anterior sería buscar o mantener un suave superávit en los ingresos totales del Estado. El mismo podría emplearse para amortizar deuda pública nacional o externa, por ejemplo.
O rebajar los impuestos a las empresas, situadas en la primera fila de creación de empleo y generación de riqueza. Y favoreciendo, según los casos, los sectores más creativos, modernos o que utilicen más mano de obra por unidad de producción.
Las subidas generalizadas de sueldos y pensiones deberían estar contenidas. El quid es no permitir jamás una espiral equívoca de subidas sucesivas de precios y salarios. Aquí tienen que dar ejemplo social los salarios más altos (ejecutivos, altos cargos públicos, almirantes, pilotos civiles).
Es necesario dar una formación adecuada a los parados más jóvenes, procedentes de sectores en crisis, para que puedan ser ocupados en otras labores. El cobro de los subsidios de paro estaría ligado a recibir esta formación, al menos con interés y, deseablemente, con aprovechamiento.
El Estado debe fomentar la investigación y el desarrollo generales. Y favorecer que las empresas realicen la investigación y el desarrollo específico de sus sectores productivos.
Es necesario que el Estado seriamente el problema de la compleja intermediación comercial y la logística de muchos productos de gran consumo. Las cuales encarecen indebida y casi inevitablemente (porque ahí están) los costes al consumidor final de aquéllos, debido a sus estructuras pesadas y sucesivas.

La Crisis Económica de 2007 y 2008.

Tenemos un exceso de liquidez y el valor de uso del dinero (oficialmente, los tipos de interés) en mínimos en EEUU y bajo en Europa. Pero esto no nos resuelve las cosas.
Cuando se descubrieron las minas de Potosí, y gracias a las patatas se podía alimentar debidamente a los indígenas que las explotaban, llenamos de plata a Europa. El dinero era contante y sonante en esa época y se llevaba en faltriqueras y talegos. Pero ese exceso de dinero no se podía absorber ni utilizar con unas transacciones muy limitadas. Los medios de producción y la tecnología no evolucionaban tanto. Y se producía artesanalmente. Por ello no se necesitaba tanta financiación de capital ni de consumo. Y tampoco había ni tantos soldados ni tantas guerras, donde gastar en muchas soldadas (incluso, fuera del país).
Entonces, todos los precios de los bienes se dispararon escandalosamente. Y el valor de la plata (el real), convertido en bien abundante, innecesario, superfluo y aún escupiscible, bajó. La economía es dolorosa e implacablemente la gran niveladora. Y eso que era entonces primitiva, artesana, desestructurada y su medio de pago, pesado y de valor intrínseco. Como la nivelación le duele a la mayoría, le achacan que no tiene corazón, que hay que regularla, que no se entiende.
Por eso bajará sin parar el dólar. Eso pasa cuando solamente se tiran billetes verdes desde el helicóptero. A Bernanke le llaman el del helicóptero porque cuando estaba en la University (ésa es su experiencia profesional) dijo que para dar liquidez al sistema financiero, si hacía falta, él tiraba billetes desde un helicóptero. Esto es lo moderno y tecnológico del sistema financiero actual, el helicóptero.
La crisis de ahora es originariamente financiera y de la credibilidad o confianza (el respeto perdido) de sus instituciones y surgió a mediados de 2007. Pero, el consumo en general (bienes de equipo, de consumo y depósitos de valor) se está ya contrayendo, que es lo mismo práctica y cuantitativamente que cuando no se producía. No tenemos relativamente tantas transacciones buscadas, para todo el circulante que hay. Pues ahora, hace falta purgar los excesos y destruir a los incapaces de competir y producir rentablemente. Esto es la fiebre y los dolores de la lucha contra la infección espuria. Para producir rentable y permanentemente hay que hacerlo siempre bien.
Los bancos no pueden usar nuestros ahorros en financiar a gentes que no pueden devolver sus préstamos, por su precariedad económica o la inviabilidad de sus proyectos. Esto es la perversión de un sistema financiero. Pero como esos préstamos se dan a mayores intereses, los malos banqueros caen en su concesión fácilmente. Más que banqueros son bancarios, de ventanilla y de pacotilla.
Llamo depósitos de valor a los bienes en los que éste se puede concentrar y mantener y aún usar, sin un deterioro apreciable. Las casas (bien construidas y localizadas), las joyas y las monedas antiguas (a su verdadero valor), el dinero (en épocas de inflación moderada) son bienes generalmente utilizados como depósitos de valor por las personas. Así, no lo es un coche, incluso bueno, cuyo valor se deprecie exageradamente tras la compra.
Alguien dirá que con los cereales, la leche, está actuando una inflación de demanda, que es la responsable de las subidas elevadas. ¿Saben que las patatas producen por unidad de superficie 4 veces la cantidad de carbohidratos, de alimento energético, de los cereales? El problema con las patatas es que son muy dependientes de la industria química. Y esto no es muy ecológico. Sus enfermedades tienen que ser vencidas con pesticidas y fungicidas. No tenemos variedades resistentes a sus enfermedades. Pero sí se pueden utilizar como biomasa, como materia prima para los biocombustibles, los recortes de podas en general, las cáscaras de frutos de todas clases, las basuras orgánicas, etc. Todo aquello que, conteniendo celulosa o almidones, podamos hidrolizar a hidratos de carbono simples. Y luego fermentarlos controladamente a alcoholes. Hemos empezado torpemente a emplear alimentos para producir combustibles. Haciéndole la competencia por su uso al sustento de las personas.

La Bolsa y la Vida.

Creo que en estos momentos los soportes (mínimos actuales, que fueron las últimas resistencias al alza en su día) de las principales bolsas a medio y largo plazo están rotos. Y los valores buscan nuevos soportes imposibles y escuálidos, derivados de las resistencias de más antaño. Por ello se acabó la esperanza de una recuperación relativa pronta, seguida de una estabilización de trayectoria lateral. Hasta que se aclaren los fundamentales estadounidenses y los resultados trimestrales de las principales empresas.
Creo que se están exagerando las pérdidas, como antes se exageraron muchas subidas. Pero esto es, el mercado en acción…, nunca mejor dicho.
Cuando MacArthur estaba casi de virrey estadounidense en el Japón ocupado, le trajeron la queja de que una dama de vida airada, que se presentó para representante en la Dieta, había sido elegida. MacArthur señaló: «Hay que pensar que la señorita tendrá otras cualidades. Pero, en todo caso, esto es la democracia en acción…»

Los Tipos y la Liquidez. La inversión y el Consumo.

Se está diciendo que con la bajada de tipos se inyecta liquidez al sistema financiero, arrugado por la falta de confianza en el prestatario institucional o final. Y todo resuelto. Pues no.
Con la bajada de tipos se facilitan los negocios. Los privados, los empresariales y los públicos. Al bajarme el listón de los costes financieros, me puedo entrampar mejor o igual me arriesgo a otra inversión con menor rendimiento marginal (el rendimiento adicional que la nueva inversión me dará). El tipo es una medida relativa del valor (oficial) de los medios de pago obligatoriamente aceptados.
La liquidez es el M2 europeo o su equivalente estadounidenses: el dinero (circa 8% PIB) y el cuasidinero: depósitos y títulos de deuda fácilmente realizables (sin depósitos a plazo). Si no hay medios de pago, aunque estén baratos (tipo de interés) no puedo gastar ni invertir. Donde no hay harina, todo es mohina, dice la sabiduría popular.
Pero ya tenemos liquidez (el M3 (que incluye al M2) está creciendo (a más del 10% en los últimos meses) y los tipos están que se vierten (ojo, una gran parte de la financiación española es externa). ¿Qué nos pasa? Pues que no tenemos confianza en la inversión posible o nos asusta que tengamos dificultades para pagar el préstamo. O que vemos en más peligro el puesto de trabajo y eliminamos los gastos excesivos o superfluos. Que pueden llegar a ser bastantes. Y el miedo se extiende como el aceite. La gente maneja números, pero no sabe manejar sentimientos o intuiciones. Porque no se dejan medir. Y se carece de coraje moral y de educación para caminar por esos caminos aparentemente desconocidos.
Los tipos son como el motor y la liquidez, el combustible. ¿Por qué no anda el auto? Porque no tiene piloto: la voluntad del conductor experimentado que lo guíe. Aparte que una inversión productiva no cuaja de inmediato. Una central nuclear se toma 15 años desde que empiezan los trabajos de planificación y decisión. Cuatro legislaturas. Y no se pueden arriesgar los promotores, sin un marco regulador asegurado. Hay 25 millones de casas construidas en España. ¿hacen falta muchas más? Yo calculo en 450 mil la reposición normal (50 años de vida media). Hemos estado construyendo 650-700 mil durante tres o cuatro años. Y desde hace 30 0 35 años, la calidad de la construcción inmobiliaria ha caído en picado. No sólo nos cobran cada vez más por las casas, sino que éstas son peores, utilizan en ellas materiales más baratos y durarán menos. Pregunten a alguien que conozcan, las reformas que necesitan las casas modernas a partir de los 20 años de construídas. 

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