LA RUINA ECONÓMICA DE GRECIA

Hace ahora algo más de un año, la troika implacable del BCE (oh, el soso de Trichet), el FMI (el banco del orden financiero internacional de los países ricos) y la Comisión Europea (los superfuncionarios supranacionales intocables), echó sobre la economía de Grecia un dogal corredizo de acero. Y la está llevando a su ruina económica y social.

¿Dónde nos hemos metido, Dios mío?

Desde la creación del euro y al rebufo de la política expansiva del crédito, con tipos de referencia muy por debajo del 3,5 o 4% y amplias líneas de descuento, Grecia abusó por mucho tiempo de su calidad de “país miembro” de la Comunidad Europea y del euro. Incluso se dijo que su Gobierno había contratado los servicios de una de esas casas de banca e inversiones anglosajonas, uno de esos expertos en ingeniería financiera, para maquillar favorablemente las estadísticas y datos que presentaba regularmente a la Comunidad. La ingeniería financiera juega con los números y las transacciones, creando valor liberatorio y anotatorio. Se sostiene y prospera con los apuntes inevitables. Por contra, está la economía real que genera con las finanzas y otros medios de producción: bienes, servicios, prosperidad y ahorros para la inversión y el mañana. Es decir, que, durante un tiempo, Grecia nos engañó a todos, en relación a su cumplimiento del Pacto de Estabilidad del euro. En el cual se basa la riqueza de todos los que lo utilizamos como unidad y patrón monetario.

Por otra parte, su economía tampoco era capaz de generar la riqueza necesaria para elevar el nivel de vida y la renta disponible de los griegos. Y esto, a la velocidad que pretendían sus gobiernos, tanto los de una orientación ideológica como los de otra. Los griegos, en este contexto, pedían créditos a otros países, en su calidad de “país miembro”, lo que les daba el marchamo de seriedad y solvencia. Que eran para mantener aquél ritmo de crecimiento que sus recursos no permitían. Y que, por tanto, tampoco merecían en puridad económica, financiera y moral.

El dinero procedía del ahorro en general de las personas y entidades. En efecto, cuando los bancos e instituciones prestan de cualquier modo, al Estado, a a las entidades públicas, a las corporaciones y al público, lo hacen fundamentalmente con el dinero de sus depositantes de todo tipo: a la vista, a plazo y tomadores de sus bonos. Y los bancos e instituciones tienen el sacrosanto deber de custodiar y proteger razonablemente ese todo dinero ajeno confiado a ellos. Y a veces, por su uso, también dan a sus depositarios una pequeña remuneración. La intermediación bancaria compra deuda pública o de empresas y da préstamos a particulares y empresas con los dineros depositados. Su buen hacer y su beneficio empresariales se basan en estudiar los riesgos de cada caso y valorar el mayor rédito que dan las inversiones, en función de su riesgo y posibilidades. La deuda griega era más apetecible que otras, porque ella daba algo más de interés. Ojo, no eran los sobrecostes especulativos post crisis. Y todos contentos y felices, haciendo negocios.

El dogal pernicioso, no sólo corrector, de Grecia.

Damos un resumen general de las medidas impuestas a la economía y a la sociedad griegas, para concederles las ayudas internacionales de apoyo y saneamiento financiero de su “economía en euros”. Las pensiones están congeladas. Los años de cotización para percibirlas han subido de 37 a 40 años. Las nuevas prestaciones concedidas son hasta un 18% menores. Se han reducido el salario mínimo de referencia y las indemnizaciones laborales por despido. El IVA general ha subido del 19% al 23% y también lo han sido los impuestos especiales sobre el tabaco, el alcohol y los derivados petroleros. El número de ayuntamientos y entidades locales se está reduciendo dramáticamente desde 1300 a la cuarta parte. Los funcionarios tienen el sueldo congelado por 3 años y se han reducido sus complementos. La oferta pública de empleo es nula. Diversas empresas del Estado, como la Lotería, serán privatizadas para allegar fondos. No pueden devaluar su moneda, porque no la tienen. Pero les han depauperado seriamente en euros. Es decir, en su faltriquera y por mucho tiempo, tendrán muchos menos euros que antes.

Algunos sesudos economistas se han atrevido a decir que la reestructuración de su deuda es necesaria. Algo así, diría Joseph A. Schumpeter, como una «destrucción creativa». El precio sería dejar de pagar para siempre un 10, 20, 30% de la deuda griega, adquirida anteriormente por organismos, bancos, países y particulares. ¿Y los derechos de los prestamistas? ¿Y su efecto sobre las deudas soberanas de otros países? Esto es como cuando dicen que es bueno que salgan del euro y ya devaluaran el dracma. Pero, ¿es que exportar es la única actividad económica? ¿Y el empobrecimiento general de la población griega, con una unidad de valor y de pago decrecida y recortada?

Gran esfuerzo pusieron los organismos internacionales en corregir los graves defectos de las finanzas griegas. Pero, casi han anulado su capacidad de generar recursos, casi llevaron a la caquexia económica a su estructura productiva, casi han asfixiado la iniciativa, la creatividad y el estímulo al riesgo productivo de su población. Las protestas sociales en las calles griegas, las mayores en nuestra zona económica internacional, advertían espasmódica e intuitivamente a todos que, “no es éste, no es éste el camino correcto”. Los directores de la troika prefirieron la solución rápida, quirúrgica y radical para resolver y equilibrar el apalancamiento público y privado de Grecia. Tenían prisa por garantizar a sus instituciones financieras el cobro de las deudas helenas. “La cura va bien; el miembro, se pierde”, dice un refrán popular español, referido a las curas de caballo.

Una conclusión y una solución.

La misma prisa exagerada, por encima de sus capacidades productivas, que pusieron los griegos en crecer con el dinero ajeno, la pone ahora la troika implacable para cobrar los apalancamientos. Ambas conductas forzadas no respetan ni respetaron la estructura económica griega y las posibilidades de ese pueblo. Si antes se empacharon por glotonería y pillería, ahora languidecen en una anorexia de medios de pago. Y una economía necesita un volumen mínimo y una velocidad de circulación adecuada de sus medios de pago. Y ello para facilitar todas las transacciones que se generan en su funcionamiento extenso y complejo.

Y cuando la economía está sana y regulada adecuadamente, en un equilibrio que los rectores extranjeros no son capaces de fijar y de controlar, ya producirá los salarios, los rendimientos de capital, los impuestos y las tasas, los bienes y servicios y las compras al exterior y los pagos de las deudas proporcionales a ella. Para satisfacer las necesidades económicas de sus habitantes y prosperar en paz social. ¡Qué buenos siervos, si tuvieran buenos señores!, dice otro adagio castellano.

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