El Peligro de un Crack Económico Nacional

¿Estamos en una crisis limitada y puntual? ¿O no? ¿Cómo podemos actuar ante la Amenaza del Crack Económico?

Vivimos en un sinvivir continuo, lleno de sobresaltos, provocado por las malas noticias económicas nacionales y extranjeras, con las que nos bombardean los asesores, los compañeros, los amigos y los medios. El centro principal de toda esta convulsión compleja es la poca capacidad griega para atender a los pagos inmediatos y a sus intereses, del dinero que le han prestado otros países, singularmente los europeos.

Grecia al Abismo.

La subdesarrollada estructura económica griega está yugulada por las acciones financieras, fiscales y sociales emprendidas para reconducir su ineficiente y dilapidadora economía. La troika implacable del BCE , el FMI y la Comisión Europea (los superfuncionarios supranacionales intocables), hizo echar sobre la economía de Grecia un dogal corredizo de acero. Que la está llevando a su ruina económica y social.

Tras la creación del euro y al rebufo de la política expansiva del crédito desde 2002, con tipos de referencia muy por debajo del 3,5 o 4% normales y con amplias líneas de crédito disponibles, Grecia abusó por mucho tiempo de su calidad de “país miembro” de la Comunidad Europea y del euro (desde el 1 de enero de 2001). Un enjambre de países europeos respaldaban incondicionalmente (al menos, sobre el papel), la naciente y floreciente moneda común, que había incorporado el nombre del viejo continente.

El dinero recibido prestado procedía del ahorro en general de las personas y entidades del país prestamista. En efecto, cuando los bancos e instituciones prestan de cualquier modo, al Estado, a a las entidades públicas, a las corporaciones y al público, nacionales y extranjeros, lo hacen fundamentalmente con el dinero de sus depositantes de todo tipo. Y los bancos e instituciones tienen el sacrosanto deber de custodiar y proteger razonablemente ese todo dinero ajeno confiado a ellos. Y a veces, por su uso, también dan a sus depositarios una pequeña remuneración. La intermediación bancaria compra deuda pública o de empresas y da préstamos a particulares y empresas con los dineros depositados. Su buen hacer y su beneficio empresariales se basan en estudiar los riesgos de cada caso y valorar el mayor rédito que dan las inversiones, en función de su riesgo y posibilidades. La deuda soberana griega era mucho más apetecible que otras, porque ella daba más de interés. Y no eran los sobrecostes especulativos post crisis, que ahora amenazan a Europa. Y todos contentos y felices, haciendo negocios.

Se dijo incluso que el Gobierno griego había contratado los servicios de una de esas casas de banca e inversiones anglosajonas, uno de esos expertos en ingeniería financiera, para maquillar favorablemente las estadísticas y datos que presentaba regularmente a la Comunidad. La ingeniería financiera juega con los números y las transacciones, creando valor liberatorio y anotatorio. Se sostiene y prospera con los apuntes inevitables. Por contra y al revés, está la economía real, la que genera con las finanzas y otros medios de producción: bienes, servicios, prosperidad y ahorros para la inversión y el mañana. Es decir, que, durante un tiempo, Grecia nos engañó a todos, en relación a su cumplimiento del Pacto de Estabilidad del euro. En el cual se basa la riqueza de todos los que lo utilizamos como unidad y patrón monetario. Todos los agentes económicos griegos, gobiernos, empresas y particulares se subieron entonces al carro del contagioso y deseado progreso. Se aplican, por fin, las “sangrías” económicas, administradas por las “sanguijuelas” de la administración griega, bajo los auspicios coactivos de la troika comunitaria.

Es la terapeútica ortodoxa para curar la congestión, la plétora indebida de créditos muy fáciles y gastos superfluos y banales, públicos y privados griegos. El gran problema casi insoluble surge cuando las sangrías llevan a la anemia perniciosa de la economía griega. Porque el paciente estaba ya tan tocado. Su economía era realmente tan débil, que no las resistía. Ahora Grecia dejará de gastar indebida y absurdamente. Pero también dejará de poder pagar. Porque su actividad económica, los distintos productos, bienes y servicios que se generan en el país, están quedando limitados y disminuidos. Y son insuficientes totalmente, para satisfacer en tiempo, lugar y cantidad a todas las necesidades públicas y privadas que esa actividad primordial debe atender imperiosamente.

Algunos sesudos economistas se han atrevido a decir que la reestructuración de su deuda es necesaria. Algo así, diría Joseph A. Schumpeter, como una «destrucción creativa». El precio sería dejar de pagar para siempre un 30, 40 o 50% de la deuda griega, adquirida anteriormente por organismos, bancos, países y particulares. ¿Y los derechos de los bancos prestamistas y sus depositantes?

Al 31 de diciembre pasado, los principales tenedores de su deuda pública eran: Francia, 46000 millones de E; los EEUU, 29000 millones y Alemania, con 28500 millones; España apenas alcanzaba los 1000 millones de E. ¿Y su efecto sobre las deudas soberanas de otros países? Esto es como cuando dicen que es bueno que salgan del euro y ya devaluaran el dracma. Pero, ¿es que exportar es la única actividad económica posible? ¿Y el empobrecimiento general de la población griega, con una unidad de valor y de pago decrecida y recortada?

Los Problemas a los que nos Enfrentamos en España.

Primero, no hemos hecho aún las correcciones y ajustes oportunos en la economía y en la estructura social. En el orden fiscal es necesario armonizar los impuestos y las tasas a nivel nacional y ajustar los gastos reales de las administraciones públicas a ellos. Todos hemos sufrido los ciclos de la actividad económica. Entre otros, existe el ciclo de Juglar, que dura unos 8 o 9 años. Durante él hay tiempos de alta y de baja actividad. Para garantizar los servicios y funciones esenciales es necesario endeudarse en los malos tiempos hasta el porcentaje que acuerden los políticos lúcidos (unos 3 o 4 % del PIB). Y durante las bonanzas podemos buscar un superávit fiscal del 1,5 o 2% del PIB. Con esto guardamos en el granero y protegemos a las siete vacas gordas de la Biblia. Esto sirve además como moderador y acelerador de la actividad económica y suaviza las brusquedades (como las que padecemos) de los ciclos poco vigilados.

Tenemos un enorme paro estructural, que pesa como una roca infernal sobre la generación mejor preparada de nuestra juventud, que tiene cerca de un 45% de personas en paro. No sólo hay que tomar medidas laborales y fiscales para facilitar el empleo. Porque ningún empresario, si no ve perspectivas a su negocio o a su futuro negocio y si no tiene posibilidades de obtener unos créditos necesarios a coste razonable, no va a contratar a nadie. ¿Cuál es, entonces, nuestro “nudo gordiano” económico? Que no producimos (y vendemos y cobramos, por supuesto) una cantidad suficiente de productos, bienes y servicios de muchas clases, para ocupar a todos los que desean trabajar. Y, afinando más, para que todos puedan utilizar apropiadamente sus habilidades y formaciones en sus empleos.

Es necesario dar una formación adecuada a los parados más jóvenes, procedentes de sectores en crisis, para que puedan ser ocupados en otras labores. El cobro de los subsidios de paro estaría ligado a recibir esta formación, al menos con interés y, deseablemente, con aprovechamiento. En Alemania ha tenido muy buenos resultados la combinación simultánea de subsidio y formación teórica, a cargo del Estado, y de prácticas remuneradas en empresas durante parte de la semana.

El Estado debe fomentar la investigación y el desarrollo generales. Y favorecer que las empresas realicen la investigación y el desarrollo específico en sus distintos sectores productivos. Es necesario que el Estado aborde seriamente el problema de la compleja intermediación comercial y la logística de muchos productos de gran consumo. Las cuales encarecen indebida y casi inevitablemente (porque ahí están sus diversos “escalones”) los costes de aquéllos al consumidor final, debido a unas estructuras pesadas y excesivas.

Si salimos del euro, tendríamos una moneda nacional menos valiosa, deseada y resistente. Y la moneda de una sociedad nacional o supranacional representa y mide todos sus valores económicos. El valor del producto interior bruto, el valor de la riqueza y el patrimonio nacionales, sociales y personales se devaluarían en una importante proporción si volvemos a la peseta. Y al señor que tiene 6 mil euros en la cartilla del banco, a lo mejor (sí, a lo mejor) le atribuyen 600 o 700 mil pesetas nuevas. Y que no nos cuenten que aumentarán las exportaciones: ¿cuáles serían y en qué cantidad?, ¿producimos suficientes bienes deseados fuera? Esa salida sería para nosotros, uno de los caminos más rápidos y directos en una marcha decidida hacia el sumidero. O la cristalización del crack económico nacional.

Todo esto, que es tan fácil en teoría de implementar, no se hace. Y no se actúa por razones electoralistas y populistas. La mediocridad se ha instalado en una gran parte del cuerpo político de la nación. Aquí no existe un debate político constructivo o una coordinación de esfuerzos, ante el «peligro de una ruina económica nacional». Por culpa de una o más partes, lo que presenciamos es un intercambio de descalificaciones e, incluso, de insultos. Hacen falta estadistas maduros (no necesariamente viejos) y honestos y dirigentes (por qué usar “leaders”) conocedores y firmes. Nos toca, por algún tiempo, lo de “sudor, rigor y esfuerzos”.

¿Es que faltan educación, espíritu y coraje físico y mental en nuestros pueblos? El único camino que conozco para conseguirlos o afianzarlos es el retorno animoso y activo del colectivo a las virtudes de la nación. Éstas son las “bondades y cualidades” humanas de referencia, apreciadas y valoradas permanentemente por nuestra sociedad. Las virtudes humanas son muy estables en el tiempo. Los valores son las “cualidades y bondades” humanas, estimadas de forma temporal y/o local por las sociedades, y, principalmente, en virtud de su idiosincrasia, condiciones de vida y presiones recibidas desde el exterior. Los valores culturales y sociales suelen ir evolucionando con las contingencias, los desplazamientos y las fortunas de las sociedades humanas. Las virtudes son aportadas por las religiones más elaboradas, y por los discursos de Cicerón y los Diálogos de Platón, dentro de nuestra extensa cultura occidental.

Entre las virtudes están: Aprecio y apoyo de la familia, el clan, la tribu, la amistad y los forasteros amables y curiosos que llegan a nuestro entorno. Es el entorno vital que nos sustenta y es soportado por todos. Éste es nuestro “humus social” más o menos elaborado. La necesidad de punición de las conductas que se aparten suficientemente de las normas sociales. Para evitar la venganza excesiva o desordenada, disuadir a los posibles contraventores, satisfacer en justicia las injurias y los daños y reformar las conductas erradas. La valoración de los distintos deberes a cumplir como contrapartida necesaria, vital y social de los varios derechos a recibir. La valoración de la sobriedad, el esfuerzo, el ahorro, el compromiso, el estudio o la formación y el trabajo como factores y parámetros necesarios para la consecución progresiva y justa de los objetivos personales y colectivos humanos.

Son nuestros valores y virtudes reconocidos, retomados y reafirmados, los que verdaderamente nos darán la fuerza y la ilusión para superar estos tiempos de amenaza de ruina económica nacional. Sin ilusión y entusiasmo no se pueden emprender ni realizar empresas de provecho. El entusiasmo es una fuerza del espíritu, que vence a la entropía moral e ideológica generada casi inevitablemente en las sociedades (es el conjunto del decaimiento y la molicie espirituales), iluminada por una “ilusión razonable”.

Y no olvidemos la función esencial de mando, gestión, impulso y ejemplo de los dirigentes sociales de todo tipo, presentes en los hogares las escuelas, las iglesias, los partidos políticos, los sindicatos, los centros de trabajo, las asociaciones en general, etc. Éstos son los núcleos de la actividad colectiva de la sociedad. En los tiempos de crisis deben actuar mucho más desde el ejemplo. Los valores y las virtudes no pueden verse como algo artificial y remoto, sin conexión real con un código práctico, vivido y conocido. Tienen que ser percibidos y aceptados por los ciudadanos con ejemplos vivos que puedan seguirse. No con imposiciones de códigos y reglamentos fríos, dictados desde una cúspide moral e intelectual de la sociedad.

La Defensa Nacional maquillada y afectada, en la amenaza de la Ruina Económica Nacional.

El plan de inversiones en nuevos armamentos para 2011 consiste en dotar con una menor asignación anual los grandes proyectos de sistemas de armas. Y aplazarlos todos en el tiempo. Son los casos del avión de combate EF-2000, el avión de transporte militar A400M, el helicóptero Tigre o el nuevo tanque Leopard. Esto tiene que llevar a refinanciar los proyectos con las industrias militares, como se hace con las deudas soberanas y terminar pagando mayores intereses. Lo cual supone que estas grandes líneas de modernización y equipamiento de nuestras Fuerzas Armadas se mantienen. En ellas se llegarán a invertir unos 15000 millones de euros en total. También existen nuevos proyectos de adquisición, que no se contemplan en este año, pero de los que se ha anunciado su contratación. Es el caso de los vehículos blindados de infantería a ruedas 8X8, con un importe de 1300 millones de euros, destinados a mejorar la capacidad combativa de las fuerzas desplazadas en misiones exteriores de pacificación, interposición y proyección de fuerza. Y es la compra de 4 buques de acción marítima (BAC), que cuestan unos 33 millones de euros. Los gastos en Investigación y Desarrollo específicos disminuyen en un 17,6% con respecto a los de 2010. Pero el 80% de ellos, ya desde 1997, los aporta el Ministerio de Industria, en forma de créditos sin intereses a las industrias militares. Con lo que serán superiores a lo aprobado en el epígrafe de Presupuestos.

Pero en el complejo escenario de la Defensa y el Plan estratégico Nacional no todo es tan halagüeño. Nos encontramos que un gran número de bienes y servicios ya recibidos por el Ministerio, no se han abonado a los proveedores. Y ello a pesar de la Ley de Morosidad, del 7 de julio de 2010, cuyo fin primordial es evitar la estrangulación financiera y operativa de las empresas. Existe una gran opacidad en esto. Seguramente creada por el miedo a reclamar y por la actitud de las administraciones. Los medios han dado cifras muy dispares para esa deuda vencida acumulada (DEVA), entre 4000 y 30000 millones de euros. Es evidente que no existe una cuantificación auditada seria de la DEVA, fuera del ámbito del ministerio. Pero también es cierto que sus pagos se están demorando deliberadamente. Y que esto afecta gravemente a la gestión de las empresas, y aún a su supervivencia y al empleo de sus trabajadores. Que son todos “agentes económicos”, que con sus sueldos comparan bienes y servicios producidos por otros españoles.

LA LIBIA REVOLUCIONARIA: DE DÓNDE VIENE, A DÓNDE VA

CARACTERÍSTICAS Y POSIBILIDADES

Desde que el 17 de febrero una gran parte de la población libia se alzó contra Gaddafi y la Jamahariya islámica, un objetivo mesmérico polarizó sus ilusiones y esfuerzos: poner pie firme en Trípoli. Ya en los primeros momentos de “la lucha por la libertad”, en los barrios Abu Sita y Souq al Yumaa de la capital, se produjeron altercados violentos entre un pueblo sublevado precariamente y las fuerzas leales a Gaddafi. Especialmente los comités de defensa de la Jamahariya, llamados los “Lejan Thorria”. Éstos eran grupos locales de seguidores cualificados del citado movimiento musulmán populista de Gaddafi. Que conformaron una especie de brazo semiarmado de su régimen, destinado a vigilar directamente a la población. Y que fueron una base de la débil estructura política de Libia.

La Marcha Final al encuentro y al triunfo.

Desde Nalut, en las montañas de Nafusa, al suroeste de Trípoli, la Brigada Trípoli, fuerte en unos 500 hombres, la mayoría jóvenes, y con entrenamiento del tiro de infantería, recibió la orden de Bengasi para avanzar sobre la capital el viernes 19 de agosto. En el último período de la guerra, las fuerzas rebeldes habían creado y se organizaron en “brigadas” de combatientes, procedentes en su mayoría de las zonas de lucha: Misrata, Brega, etc. Con ellas buscaban desenvolverse mejor en sus maniobras y combates en los distintos frentes establecidos. Llevados por el entusiasmo, que se manifestaba en excitación y ansiedad muchas veces, los brigadistas alcanzaron en una “marcha al combate”, con los correspondientes altos de descanso y reavituallamiento, los límites de Trípoli. Y penetraron en la ciudad sobre la marcha y a viva fuerza, el domingo 21 de agosto. Lo lograron porque no existía una resistencia táctica a las fuerzas rebeldes. Las fuerzas de la Jamahariya no habían desplegado destacamentos avanzados ni avanzadas de combates de seguridad en los arrabales. Se mantenían en una defensa inconexa, sin dirección central y plan de fuegos de rechazo, en una serie de puntos fuertes de la ciudad.

Los tiradores libres y los grupos de gaddafistas armados, una turba chusma amorfa, ya sólo constituían un problema de policía en Trípoli. Fuera de la zona de Sirte, Bani Walid, al suroeste de la capital, y Sabha, las últimas fuerzas y unidades de Gaddafi estaban perdiendo aceleradamente su cohesión militar, su motivación, su capacidad de combate y su liderazgo. Y su formación, tras las bajas e incorporaciones espasmódicas, ya se aproximaba a la de los rebeldes. Los hombres iban juntos, pero las “unidades” eran conjuntos de pequeños grupos, parejas y hombres aislados, vencidos y desmoralizados. Que buscaban una escapatoria, incluso la rendición, que les salvase las vidas.

El Comité de Transición dio un plazo flexible hasta mediados de setiembre a las fuerzas gadafistas aún en armas para su rendición. Aunque no se especificaban legalmente las condiciones de ésta. Una de las razones que esgrimían aquéllos para prolongar su resistencia fue el miedo a las represalias. En los últimos días de agosto, ocurrieron en Trípoli numerosos casos de búsqueda y captura libres de posibles gadafistas. Asesorados por los vecinos, grupos de rebeldes penetraron en las casas de los sospechosos. Y, en un número indeterminado pero significativo, ocurrieron malos tratos y ejecuciones sumarias. También los africanos negros resultaban sospechosos de ser “mercenarios” de Gaddafi. Y, en muchos casos, fueron retenidos y concentrados en instalaciones deportivas, parque o cárceles móviles. Lo que les haya ocurrido después a algunos, ya no es noticia que se transmitiera.

El desarrollo de la “guerra de Libia”. La intervención militar de la OTAN.

El campo de batalla libio estaba especialmente “vacío”. Los rivales pululaban en “grupos de combate” por su inmensidad, abrazándose a las llanuras costeras. Aquí están las escasas vías más firmes. Que brindaban rapidez, seguridad, consistencia y abastecimiento a los movimientos. Esto facilitaba el ocultamiento de las maniobras de pequeñas unidades y desempeñarse del combate a voluntad. Las incursiones más o menos profundas e imprevistas sobre el enemigo fueron posibles, cuando se contaba con una cierta organización y una mínima logística. Ellas tenían objetivos limitados: como eran el expolio de un barrio enemigo; su desmoralización y la de su soporte popular; arrasar u hostigar una base o posición o un arsenal; reforzar con hombres y armas una posición propia aislada, etc. En esto poseían las fuerzas gubernamentales una ventaja inicial, que mantuvieron durante varios meses.

En su resolución 1973 del 17 de marzo la ONU, «autoriza a sus estados miembros a tomar todas las medidas necesarias» para impedir el vuelo de los aviones de Gaddafi y asistir a los civiles. Fue respaldada por 10 votos a favor y cinco abstenciones, las de dos países con derecho de veto, Rusia y China, más las de Alemania, India y Brasil. Así, la intervención de fuerzas aéreas francesas, en el momento preciso en que las fuerzas de Gaddafi alcanzaban la Puerta del Oeste de Bengasi, resultó necesaria y decisiva para comenzar a inclinar la balanza de la guerra a favor del Comité Nacional de Transición libio. A los franceses se les agotaron peligrosamente las bombas inteligentes y cohetes aire tierra de sus arsenales. El presupuesto manda y la guerra es cara. Y sus aliados estadounidenses tuvieron que facilitarles más “ordenance”. Según se dijo, Sarkozy conocía desde 2 meses atrás la probabilidad de que estallasen las revueltas libias.

Pero la intervención militar que siguió, se recreció y se desparramó mucho más allá de lo que autorizaba la resolución 1973. Pronto se vio por todos de que se trataba de tomar partido en favor de los rebeldes y no de proteger a los civiles libios. Éstos morían por las acciones de los dos bandos. Y más por el apoyo de fuego aéreo de los aliados sobre las poblaciones, que era más contundente y deflagrador. Sólo protestaron diplomáticamente Rusia, China y la Liga Árabe.

Tras los primeros días de bombardeos selectivos, los aliados de la OTAN establecieron y siguieron una lenta estrategia de atrición con el empleo de la aviación de apoyo a tierra y diversos tipos de cohetes sobre los medios de Gaddafi: ataque y destrucción de sus arsenales y almacenes, acuartelamientos, centros de mando, de inteligencia y de comunicaciones, bases de partida, reductos y movimientos de fuerzas, singularmente los tanques y la artillería remolcada. Todo ello agostó irreversiblemente la capacidad de lucha de las fuerzas leales de la Jamahariya. Que privada de abastecimientos militares y de remplazos suficientes y con la pérdida o la deserción de sus más combativos hombres, se convirtieron en la cáscara vacía de un fruto perdido.

La estructura tribal y su trascendencia social y política.

La estructura tribal libia se asienta sobre la biología y la ideología. El linaje es la base biológica que une a los conjuntos de familias que tienen o reconocen tener un origen ancestro común. Así, el parentesco directo es el nexo antropológico de reconocimiento entre los miembros y de unión social entre ellos. La cultura como expresión amplia de las creencias, ideas, tradiciones, normas, lengua y formas de vida es el otro marchamo identificativo de cada tribu.

Juntos forman la assabiyya o base identitaria del “individuo en la comunidad”. Sobre ella se desarrollan los derechos y deberes personales y colectivos, en un equilibrio provechoso. Que ha sido fraguado y pulido por generaciones. El colectivo da sentido vital y de pertenencia al individuo. Y le brinda independencia, flexibilidad y apoyos múltiples. El individuo y las parejas cohesionan y protegen al colectivo. Esto genera dos corolarios sociales. Existe un gran sentido igualitario entre los miembros de pleno derecho de las tribus. Y los jefes deben aportar carisma o ejemplo a imitar, respaldo de grupos, habilidades negociadoras y capacidades militares, no necesariamente blandiendo un sable. Y sus decisiones más importantes deben ser aprobadas o revalidadas por las asambleas de miembros o “importantes” de los colectivos.

La Libia geográfica y étnica.

Una llanura recorre todo el litoral libio, con franjas del orden de los 75 Km. de ancho. También destacan las dos mesetas calcáreas de Cirenaica y Tripolitania. Al abandonarlas hacia el sur, encontramos ya el desierto, casi deshabitado y con extensiones salinas importantes, que llega hasta las fronteras del Chad, Níger y Argelia.

La población libia alcanza unos 6,5 millones de habitantes. Los nativos, entre un 80 y un 85%, se reparten en 3 grandes “regiones socio culturales”: Tripolitania, Libia y la Cirenaica. Cerca de 100 tribus, originariamente de pastores y nómadas, forman la estructura étnica del país. La gran mayoría es de raza árabe bereber. Ésta se extiende desde Túnez a Egipto, siguiendo la franja costera y las dos mesetas y limitándose al sur por la ciudad de Sabha. Los Tuaregs se extienden por una estrecha franja, abrazada al norte de la frontera argelina. Y los nómadas Tibbu viven en manchas irregulares y aisladas, al norte de la frontera con el Chad.

La estructura social de las tribus es preindustrial. Pero, las emigraciones interiores han modificado su esquema y favorecido una cierta especialización laboral. Pero, en cuanto subsista aquélla, las escasas posibilidades de vida llevan a que todos los miembros sean productores: pastores o agricultores. Y a que todos los varones sean siempre guerreros. En la Cirenaica, las principales tribus son los Abaydat, Awagir, Barasa, Drasa, Fawakir y Majabra. En Tripolitania están los Awlad, Busaif, Haraba, Hassauna, Hutman, Ryban y Zintan, entre otras tribus. Aquí, los Gaddafa, Magharba y Riyyach, que pueblan la zona de influencia de Sirte hasta Sabha, forman, junto con fuerzas extranjeras inconexas y los restos de los “Lejan Thorria”, la base de apoyo social actual del escurridizo Gaddafi.

Cuanto más rudo, estéril e ingrato sea un territorio o hábitat tribal, más se desarrollan en sus miembros las cualidades de pertenencia, exclusión de extraños y defensa activa de los magros recursos disponibles. Todo ello parece que engendra y prepara para la confrontación y la liquidación de competidores y enemigos. Pero no es así. Las tribus regionales y fronterizas han ido desarrollando un modo social, por tanto, encarnado y asumido en su cultura, de canalizar las enemistades y divergencias hacia un menor daño posible. Tres son los mecanismos reivindicativos que surgen para mediar, suavizar o paliar las afrentas y disputas. El primero es el “precio de sangre”. Consiste en que un grupo afín o una selección de familias, asume y hace frente a la ofensa realizada por un miembro de ese colectivo. La ofensa se paga, por ejemplo, con la entrega de camellos. Luego está la venganza, cuando se comete un delito o un miembro de un clan es afrentado gravemente. Esto genera una espiral, desarrollada en ciclos sucesivos, de violencia y desmanes. Acciones que el honor del grupo obliga a buscar. A veces, un “consejo de mediadores”, aceptado por las partes, puede arbitrar con éxito para cortar la cadena. Se cuenta, en un país de la zona, que un oficial británico mató al miembro de un clan y éste declaró la vendetta. Al cabo de 30 años, el oficial se atrevió a volver a ese país, pensando en que todo había pasado. El día del regreso, un pariente del finado le asesinó en el vestíbulo de su hotel.

Por último, está la guerra más o menos limitada. Ésta establece una acción militar colectiva entre clanes o tribus enfrentados y tiene un carácter intermitente y extensivo. La falta de recursos es una fuente de graves enfrentamientos entre los colectivos. Y su arraigo puede llegar a ser como el de las vendettas. Los orígenes son el nomadismo, los pastos, las sequías, el hambre, las aguadas y la falta de capital-subdesarrollo. Pero, también pueden ser el reparto de roles políticos y sociales en la Libia futura y de los rendimientos económico que genere la explotación y venta del crudo libio, más allá de la mera localización de pozos y puertos de carga. Pero ya dijimos que, en su origen tribal, es una guerra limitada: los niños, las mujeres, los animales, incluso las cosechas que no se pueden llevar, son respetados. La premisa es más o menos no excitar y justificar en el contrario una sed de venganza total y vesánica.

Estas tribus formaron el flujo continuo de emigrantes nativos, que poblaron, desarrollaron e hicieron crecer todas las poblaciones libias desde 1970. A ellos se les unió, desde los años 80, una fuerte emigración extranjera, especialmente egipcia. Que se dedicó a los servicios, el desarrollo de las infraestructuras civiles y la industria de extracción, refino, transporte y carga del petróleo. Una de las cosas que trajo la civilización moderna, que no es más que vivir y desarrollarse en las ciudades, es la desaparición de las “normas de contención y respeto” de la lucha en y entre las tribus. Así, los civiles se convirtieron en escudos de las fuerzas militares de Gaddafi, tanto en sus combates como en la protección de sus retaguardias, depósitos, parques de vehículos e instalaciones. Y lo hicieron tanto voluntaria como forzadamente.

Se ha dicho que esta emigración interna rompió la cohesión interna, la influencia y el poder de las tribus en el país. No es cierto. No ha pasado en Irak, que era mucho más moderno y desarrollado. Y de ello da fe la endiablada y compleja guerra de guerrillas, generada tras la ocupación aliada de primeros de 2003. Ni en el Líbano, donde los shiítas del sur del país forman la base de apoyo étnico y logístico de Hezbolá.

¿Cuándo las tribus han funcionado o pueden funcionar social y políticamente como una nación?

Cuando los beneficios de las estructuras étnicas y tribales, regionales y locales eran o sean superados por los aportados por el sheik o emir dominador o el estado central déspota o democrático. Y éstos tuviesen o tengan los medios de coacción, el respeto y la ascendencia populares, para mantener suficientemente unidas y cohesionadas a las tribus. Y siguiendo aquéllos con una política general común, favorable a la mayoría de los ciudadanos. Donde no tenga lugar la acepción de clanes. Que es el cáncer que ha corroído a las uniones tribales estatales, por ejemplo, en Somalía. Donde, además, ha faltado la figura suficientemente ejemplar y apoyada, como para conseguir imponer una política nacional común y la paz social.

La estructura social estatal surge cuando una tribu puede imponerse a las otras existentes. Empleando siempre para ello un grado variable de coacción o violencia. Se necesita que surjan unas características o funciones, que permitan desarrollar los nuevos lazos intraestatales y debilitar los tribales y regionales. Aquéllas podrían ser el Islam (religión sencilla y muy socializada en la Umma, como ocurrió tras la muerte de Mahoma); la educación generalizada, que genere un cambio de mentalidad y modifique la cultura, sin crear traumas sociales, y especializada, como medio de vida y progreso; la inversión en infraestructuras y capitales; el establecimiento de un sistema político, que pueda guiar y realizar todo el proceso, apoyándose en un funcionariado civil y militar suficiente y probo. Buscando el desarrollo económico progresivo y repartiendo razonablemente los productos obtenidos. Y mostrando así unas posibilidades suficientes de seguridad, justicia, bienestar, prosperidad y paz para todos. Es decir, se trata de resaltar las ventajas del desarrollo integral y superior, sobre el atasco del juego social de tribus y clanes, como estructura anterior superable.

Otro de los vicios que han adquirido los miembros “civilizados” de las tribus es la codicia desmedida. Y con ella, su corolario y su modo fácil de satisfacerla, la corrupción rampante. La igualdad social en las tribus, su “republicanismo ideológico”, garantizaba el uso y disfrute razonable de los recursos por todos los miembros. Y el zakat o limosna canónica musulmana y el apoyo de su colectivo suplían los casos de orfandad, enfermedad, etc.

Las intervenciones extranjeras de apoyo y consolidación en Libia.

Las actuaciones internacionales de pacificación, interposición y defensa de los ciudadanos indefensos, hambrientos y abandonados de terceros países, adolecen de varias deficiencias. Los mandatos internacionales se basan en siempre un rigorismo legal y diplomático, que encorseta lo que tiene que ser una acción compleja y practica. Y no se adaptan suficientemente bien a los objetivos realmente deseados, a los problemas previstos o imprevistos en su cumplimiento, a los medios necesarios y a la logística de apoyo, y a su trascendencia local o extensión práctica.

Son múltiples los escollos a enfrentar, como las coincidencias de la falta de un estado y de sus estructuras básicas y de recursos locales variados; de la existencia de una plétora indebida de armamento personal, medio y pesado en poder del pueblo; de la presencia de grupos armados de diversas tribus y aún clanes rivales; de falta de representatividad social de los 33 miembros del NTC (comité nacional de transición) y aún de la historia reciente colaboracionista de algunos. Así, el objetivo de una intervención extranjera debe ser polivalente, proporcional, muy flexible en su desarrollo operativo y sin trabas o límites prefijados temporales. Es necesario dotar de recursos y medios para su consecución a cada objetivo parcial a desarrollar y lograr.

Si se pretenden acciones militares contra grupos rebeldes contumaces armados, los objetivos deben ser claros, simples, importantes en sus efectos y meditados y engranados al nivel operativo. Las acciones puntuales, como la captura de un jefecillo más o menos importante sólo sirven para enajenar voluntades y gastar recursos. Desde hace tiempo, las potencias de la OTAN utilizan con preferencia las acciones de “apresamiento y extracción” (“catch and carry”) a cargo de sus unidades de élite (rangers, seals, marines, SAS). El objetivo esencial es capturar a una o varias presas, perfectamente localizadas en un objetivo de área (goal zone), que es aislado y protegido por una parte de la partida de incursión. También utilizan con profusión los drones o aviones polivalentes sin pilotos. Con uno eliminaron el lunes 22 de agosto a Atiyah abd al-Rahman, refugiado en uno de los Waziristanes (hay del norte y sur) pashtunes. Era el jefe operativo de Ayman al-Zawahiri al-Masri (el egipcio), la nueva cabeza suprema de al-Qaida.

En la reunión de París se dio un espaldarazo importante al nuevo régimen libio. Y salvando las dudas ideológicas de su declaración fundacional, el grupo de aliados reunido y eufórico, liberó una importante cantidad de dinero (se habló de 35000 millones, y se dijeron dólares y euros?) de los fondos de Gaddafi para el nuevo estado. Éste se comprometió a realizar elecciones constituyentes en 8 meses y legislativas dentro de unos 20 meses. Pero la presencia de asesores políticos o fuerzas extranjeras de interposición no fueron deseadas por el Comité.

Las perspectivas políticas y sociales del régimen rebelde.

Libia no es una nación cohesionada y fraguada. El país está poblado por tribus del desierto. Cuando se les mengue el petróleo, muchos de sus miembros volverán a sus caravanas y jaimas. La Jamahariya fue un movimiento social, religioso y militante, que no llegó a eclosionar. Debido en gran parte a la actitud errática, confusa y nada diplomática de su ideólogo y dirigente, el coronel Gaddafi. Las tribus de la gran zona al sur de Sirte, algunas tribus libias nómadas, los tuaregs de Níger y Mali y las tribus negroides nómadas musulmanas, de la región fronteriza con El Chad, anexionada en 1975 a Libia, fueron el entramado social de los partidarios de Gaddafi. Y siempre se vieron privilegiados y recompensados por el déspota libio.

La base social de los rebeldes es extensa por todo el país y creciente. Éstos están unidos por razones de política social y objetivos. Y están separados por diferencias de etnias y tribus y aún regionales, del este y el oeste de Libia. Hace décadas que se habla de las diferencias existentes entre la Cirenaica y la Tripolitania. Las razones son parentescos, intereses y territorios, lejanos y aún contradictorios entre sí. Sin un Estado central fuerte y unificador, que Gaddafi nunca se ocupó de crear, la unidad nacional es difícil. Y más cuando los derechos de todos empiecen a exigirse.

Desde finales de agosto, el Comité Nacional de Transición operaba algunas de sus oficinas o “departamentos” desde Trípoli. Por su parte, en la Declaración de la Victoria, documento con el que se presentó a los aliados en París el jueves 1 de septiembre, se define que “Libia será un estado democrático, constitucional e islámico, en el que la sharia será norma fundamental y fuente de derecho”. En las iglesias cristianas de Trípoli se elude hablar de ello. “Estamos en las manos de Dios”, es lo único que responden algunos cristianos más decididos. El gobierno rebelde ha declarado también que las nuevas fuerzas armadas libias estarán constituidas por milicias y por antiguos militares gaddafistas, en un intento de reconciliación general. Y que su intención es llevar una transición que restañe heridas y lleve a la reconciliación nacional.

El peligro islamista radical existe. Pero está contenido e inmerso en la vorágine y la fuerza incontestable de la revolución de marzo. Se nombró comandante militar de Trípoli a Abdel Hakim Belhadj. Es el antiguo jefe del Grupo Islámico Libio de Lucha (LIFG, en sus siglas inglesas). Tras un periplo de muyahidin antisoviético por Afganistán, fue detenido por la CIA y entregado a Gaddafi. Ambos le torturaron. Están apareciendo numerosos documentos sobre la colaboración del coronel con la agencia. En 2008, fue amnistiado por el programa de reconciliación promovido por Saif al-Islam. Y ha declarado que su lucha fue de ayuda a Afganistán y contra Gaddafi. Y que está al margen de las ideas globales del califato de al-Qaida. Su “grupo central” de combatientes, al margen de las brigadas regionales rebeldes, fue el que tomó en 48 horas el reducto principal de Gaddafi de Bab al Aziziya, tras la entrada en Trípoli. Su difícil misión es controlar y organizar a todas las fuerzas rebeldes que fluyeron más o menos dirigidas sobre la capital.

Lo que está claro es que la evolución del gobierno y de la sociedad de Libia puede ser muy diversa. Y es cierto que los islamistas, incluso los Hermanos Musulmanes, de presencia testimonial, carecen de apoyo popular importante. También es cierto que, al margen de declaraciones, los rebeldes son una fuerza sin ideología. Hay que procurar que los islamistas no se apropien de la fuerza de los rebeldes para su ideología.

LA CONVIVENCIA ENTRE LAS CIVILIZACIONES ISLÁMICA Y OCCIDENTAL

Presentamos la trayectoria vital de las civilizaciones musulmanas y occidentales, siguiendo sus contactos históricos, sus desencuentros y sus diferencias. No es fácil la convivencia entre civilizaciones contiguas. El carácter singular, exclusivista y expansivo de las civilizaciones no decadentes, hace que el contacto directo entre ellas, sea fuente de roces y choques y de amenazas de ellos. Pero terminaremos, enfocando y desarrollando los abundantes hitos y posibilidades que existen en el camino hacia la convivencia y el respeto mutuo, en la diversidad y la autoestima de ambas civilizaciones.

Origen, expansión y desarrollo del Islam

La Expansión del Islam hacia Occidente: las primeras Yihad militares.

En la época de Mahoma los estados antiguos del centro y sur de Arabia ya no existían. El poder en su territorio estaba dividido entre las tribus que lo poblaban. Pero la Marcha (la Hégira) de aquél con un puñado de seguidores, de La Meca a Medina en el año 622, inauguró una nueva era de transformación en el mundo y de expansión de la teocracia árabe islámica. En esa época, el poder en todo el Cercano y el Medio Orientes se repartía entre el Imperio persa de los Sasánidas y el Imperio de Bizancio, inmersos en intermitentes pugnas fronterizas. Unos pocos años más tarde, los árabes se habían apoderado del Imperio de los Sasánidas (año 644). Y habían constreñido las tierras de Bizancio en Asia, que alcanzaban antes Egipto, la Gran Siria y el norte de Mesopotamia, sólo al centro y oeste de Asia Menor (la Anatolia).

Paralelamente, van controlando el norte de África: en el 641 ocupan Egipto y se extendían rápidamente hasta Trípoli y las costas atlánticas del Magreb y de Ifrikia (en el 697). Por último, en el 711 invaden el reino visigodo de Hispania y en el 732 penetran en el reino de los francos. Aquí son derrotados por Carlos Martel en la batalla de Poitiers y son repelidos para siempre allende los Pirineos.

¿Cómo conseguían los árabes, dispersos, poco numerosos y tribales, el empuje, los medios y la constancia necesarios para emprender una Yihad, como propagación violenta e impuesta del Islam?

Tres fueron las causas que estimularon a unas tribus a emprender el camino de la conquista de amplias y lejanas tierras y pueblos, fuera de la península arábiga. La primera fue la razón religiosa. Como en toda comunidad religiosa primitiva, la Umma fue el centro de los mandatos y las bendiciones de Allah. Viviéndose colectivamente y con entusiasmo el cumplimiento de una doctrina monoteísta y sencilla. Esta religión exigía, además, un proselitismo militante y coactivo, continuo y expansivo, dirigido hacia los infieles y los hostiles fronterizos. La obligación de la Yihad era similar a los otros cinco preceptos o pilares del Islam, que se simbolizaban por una mano abierta. Así, el Corán, entregado a Mahoma en el nacimiento del Islam, tiene numerosos versículos o aleyas que demandan de sus fieles la lucha armada.

Por el lado más prosaico de los intereses mundanos, la extensión de las conquistas árabes, en su avance incontenible durante más de un siglo, trajo el control sobre los bienes y haciendas de los nuevos y numerosos súbditos y el poder político y militar sobre ellos. El dominio musulmán se establecía por la presencia de un gobernador con su guarnición militar, en cada ciudad o región conquistada. La relación de los nuevos súbditos con el régimen islámico se establecía y regulaba por el pago al gobernador de los tributos periódicos por el vasallaje impuesto y por profesar, de momento, una religión diferente. Este flujo de dinero importante y constante comenzó a llegar a los conquistadores, que establecieron diversos mecanismos bastante inteligentes para su reparto. La tercera razón, asequible a los nobles, jefes y más destacados musulmanes, fue el reparto de las cuotas de poder que engendraban el dominio, la defensa y la gobernanza de los nuevos territorios de dar-el-Islam. Así, fueron proliferando los emires, sheikhs y caides, ocupando y conformando la estructura política árabe de los territorios islamizados.

Las tribus árabes originales del Islam recibían una parte de los tributos y de los saqueos de la conquista, aunque no participasen en algunas expediciones militares. Otra parte era entregada a los participantes de la yihad contra algún pueblo o región limítrofe del califato. Una parte importante era entregada a las autoridades de la Umma, centradas en el califato de Damasco o de Bagdad, y representadas regionalmente por sus emires o caides, para sufragar los gastos de la gobernabilidad y el mantenimiento del estado teocrático. De ésta, se derivaba una parte destinada a sufragar, equipar y formar las nuevas yihads hacia los territorios fronterizos a dar-el-Islam, que iban apareciendo. Por último estaba el zakat o la limosna canónica, entregada a los ulemas, que tenía como finalidad resolver y compensar a los musulmanes por las penalidades y los azares de la vida, con la aportación de su comunidad. Y que se repartía a los pobres, los impedidos y los enfermos, los huérfanos y las viudas de la Umma. Esto cerraba el proceso de reparto de la riqueza y el poder. Que amachambraba mundanamente las aspiraciones religiosas de los creyentes de la nueva fe.

Las principales Ramas del Islam y su Ideario político religioso.

El sunnismo, que siguen actualmente cerca del 90% de los musulmanes, acepta también como revelación de Alá la tradición o sunna del Profeta, que son sus hechos y sus comentarios o hadices. El mayor o menor rigor en la selección y aceptación de esta tradición caracterizan a tres de sus escuelas ideológicas, fundadas entre los siglos VIII y IX. Pero, la escuela más abierta y flexible, la chafií, fundada por el palestino al-Chafii, muerto en El Cairo en el 820 a la edad de 53 años, nos abre una puerta esperanzadora a la evolución pacífica del Islam. Ella acepta también el consenso de los sabios de la comunidad y el razonamiento analógico o qiijas, como vías correctas para la adaptación del Islam a todos los tiempos y lugares, desde su “origen rural, analfabeto, pobre, medieval y rodeado de hostiles”. Para ello parte del hadiz “Alá reconoce el bien en lo que los musulmanes han juzgado como tal”.

Existe una gran diferencia ideológica y práctica entre el sunnismo y el chiismo. Ëste se siente perseguido, en razón de la ortodoxia dinástica, el cisma chií surge a partir del cuarto califa, Alí, primo, yerno y compañero del Profeta, e ideológica (admite menos fuentes de revelación), que proclama y defiende. Así, asume históricamente una actitud fatalista, pasiva, incluso de sufrimiento físico por ello, a la espera del retorno del (califa) imam desaparecido (nombre que toman los guías político-religiosos en el chiismo). Éste vendrá como al-Mahdi (el guiado por Alá), en un momento dado de la Historia, para hacer triunfar a la Umma ortodoxa chiita. Pero también se han dado en el chiismo casos de acción insurgente, incluso con cierto éxito e implantación popular: como en el Irán de Jomeini, en El Líbano con Hezbolah o partido de Alá y su subsidiaria Hamas, de Palestina. Incluso, en el ataque contra los cuarteles de las fuerzas occidentales en Beirut en octubre de 1983, que fue la presentación en sociedad de Hezbollah, los conductores de los camiones llenos de explosivos lanzados contra aquéllos, eran suicidas.

Parece claro que el sunnismo está más preparado para tratar y aceptar la convivencia pacífica y las relaciones de todo tipo con otras religiones e ideologías políticas, al menos en determinados momentos y países. Y que con el chiismo es necesario negociar hoy en día desde una posición de más determinación y fortaleza.

Las Jerarquías religiosas del Islam.

En el Islam no existe un clero institucionalizado, universal y riguroso, formado de una manera expresa e igual en toda la Umma. Que responda de la ortodoxia y homogeneidad de las ideas, normas y dogmas. Tanto es así que la pertenencia oficial al Islam se logra por la pronunciación de la profesión de fe: “no hay más Dios (en árabe, Allah) que Dios y Mahoma es su Profeta”.

Los ulemas son los expertos estudiosos en la ley del Islam. Y los muftíes son los jurisconsultos encargados de interpretar la sharia o ley islámica civil y penal. Aunque ambas legislaciones están totalmente imbricadas. Ya que el Profeta, en sus tradiciones o sunna, se encargó por inspiración divina de dar normas para casi todas las ocasiones de la vida cotidiana árabe en el siglo VII. El consejo de ulemas es la máxima autoridad musulmana en cada país o región. Los más prestigiosos, por su formación, proceden de la Universidad de Al Azhar, de El Cairo. Los ulemas son también los encargados de custodiar, gestionar y repartir las limosnas canónicas, el Zakat, previstas por el Corán. Esto les da un enorme poder temporal sobre sus distintas comunidades. Que ningún poder político musulmán, incluso los socialistas laicos, se ha atrevido a discutir o a usurpar. Por ejemplo, incorporando el Zakat a los impuestos recaudados por el Estado.

Los imames o capellanes son los encargados de presidir la oración en las mezquitas. Se colocan para ello frente al nicho indicativo, situado en la pared que da hacia el oeste (La Meca) y mirando a los fieles. Por último estaría el muecín o sacristán, que avisa cinco veces al día, desde antes del amanecer hasta bien entrada la noche, subido en el minarete, para que los fieles hagan sus oraciones de adoración y de aceptación y entrega a la voluntad de Dios. La formación de los imames es totalmente dispar dentro de un país y no necesariamente profunda. En este sentido, es necesario conseguir en razón de la paz y la convivencia, que los ulemas de los distintos países definan, vigilen y controlen la calidad de la formación de los imames. Y la exclusión de sus nobles funciones, de los advenedizos que, sirviéndose de la dirección de la oración, predican ideologías fanáticas, desviadas, sin futuro real y criminales a los fieles.

La reacción europea ante las amenazas imperiales del Islam

Occidente se vuelve a Oriente: la Época de las Cruzadas. Aparece en 1360 el Imperio Otomano Osmanlí en Bursa, en rápida expansión.

Las Cruzadas fueron empresas militares y religiosas, impulsadas por la Iglesia con exhortaciones, oraciones e indulgencias, y realizadas por voluntarios de toda la Cristiandad. Buscaban recuperar para ella el dominio sobre los Santos Lugares de Jesucristo en Palestina, de manos del Islam expansivo e infiel. Éste los ocupó en el año 635 y fue poniendo sucesivamente trabas al peregrinaje individual y colectivo de los cristianos. Entre 1096 y 1270 se llevaron a cabo ocho cruzadas. La Primera Cruzada fue la de más vistosidad y éxito. El 15 de julio de 1099 sus cruzados ocuparon Jerusalén. Que se convirtió en la sede del primer rey, Godofredo de Bouillon. En 1291, con la toma de San Juan de Acre, principal posición cristiana en Palestina a lo largo de un siglo, por los musulmanes del califato de Bagdad, quedó definitivamente liquidado el Reino de Jerusalén. Y perdido el principal objetivo estratégico de la Europa cristiana desde 200 años atrás.

No siempre las cruzadas fueron bien organizadas por las sociedades feudales de la época. Y, en ocasiones, las rivalidades mundanas entre ellas afectaron al discurrir e, incluso, al éxito de las sucesivas expediciones. La necesidad logística de cruzar por los territorios del Imperio de Bizancio, separado de la Iglesia el 24 de julio de 1054 por el Cisma de Oriente del patriarca Miguel I Cerulario, trajo también enfrentamientos muy cruentos con los cristianos ortodoxos grecos. El hecho de que las cruzadas se estructurasen con los nobles, sus gentilhombres y sus huestes, debilitó progresivamente el poder de aquellos en sus territorios de procedencia. Así, las ciudades y los reyes no participantes en las expediciones militares, pudieron ir ganando privilegios y extensiones de poder, a costa de los príncipes y de los señores ausentes. Esto impulsó el comercio en Europa y marcó el inicio de la decadencia continental del feudalismo.

Pero no acabó con las Cruzadas la pugna entre las civilizaciones europeas y musulmanes. Pronto tomó el relevo de los árabes, el imperio Osmanlí de los turcos, tras la toma por Mohamed (Mehmet, en turco) II, el Conquistador, de Constantinopla en 1453. Fecha que, junto con el descubrimiento de América 39 años más tarde, muchos historiadores toman como período de inicio de la Edad Moderna.

El expansionismo y el poderío de la Sublime Puerta eran evidentes: Por el mar era un vecino incómodo y rapiñador del Mediterráneo occidental cristiano, apoyado en sus franquiciados y conmilitones, los piratas y corsarios musulmanes norteafricanos. Por tierra ocupaba los Balcanes cristianos y amenazaba con engullirse parte del antiguo Imperio Romano Germánico de Occidente. El único hombre que vio clara la situación creada por el peligro turco, desde el primer momento, fue el papa San Pío V. Hasta Felipe II de las Españas tardó mucho en convencerse de la necesidad de afrontar este peligro de frente. Y de asestar a los turcos un golpe importante, sin existir previamente una directa provocación turca o un “casus belli”. Las capitulaciones para constituir la Liga Santa con España y Venecia se demorarían hasta el 25 de mayo de 1571, debido a la disparidad de intereses y proyectos. Francia se desmarcó de ella, por su envidia y odio a la supremacía española. Por fin, la escuadra española estuvo preparada el 5 de septiembre. El 15 de septiembre, Don Juan de Austria ordenó la salida de la flota aliada hacia los mares turcos. Y el 26 fondeó en Corfú, mientras una flotilla exploraba la zona. Lepanto quedaba a la entrada del golfo de Corinto, en pleno territorio otomano. El domingo 7 de octubre tuvo lugar la batalla naval que alejó definitivamente del Mediterráneo occidental y central los afanes imperialistas de los otomanos.

Sin embargo, desde el inicio de la Yihad militar por los árabes, en el siglo VII, los santos lugares originales del Islam en la península de Arabia, siempre estuvieron en las manos políticas y religiosas de sus fieles, bien los árabes o los turcos otomanos.

La reacción defensiva moderna en el Islam

El papel de la Yihad o esfuerzo en el camino de Alá. Sus dos conceptos: el militar o colectivo y el esfuerzo personal de purificación y superación. Sus papeles, oportunidades e intervenciones históricas. El terrorismo, el Islam y la Yihad en el mundo contemporáneo.

La Yihad, como guerra santa, el esfuerzo de sangre en el sendero de Alá, va dirigida contra aquellos que amenazan la Umma. Estos pueden ser tanto los infieles hostiles externos, como los no musulmanes que conviven en dar el-Islam, las tierras donde la Umma domina políticamente, y que han roto su “pacto de protección” con ella. A éste tienen derecho teórico los judíos y los cristianos, como gentes citadas en el Corán y que detentan algunos de los libros considerados también como proféticos por el Islam. Se considera a la Yihad una obligación prácticamente igual a uno de los llamados Cinco Pilares del Islam.

El Islam tiene que asumir que la Yihad militar fue necesaria para la instauración y la defensa de la primitiva comunidad de creyentes. Cuando el Profeta estableció el Estado islámico a partir de la destrucción violenta de la jahiliyya árabe o la barbarie existente anterior al Islam. Y aún pudo ser útil la Yihad para su RÁPIDA extensión por el mundo. Cuando lo permitía el estado existente de cultura, relaciones internacionales y desarrollo de las civilizaciones medievales. Pero que su oportunidad histórica no existe actualmente y entonces debe ser reemplazada por “otro tipo de esfuerzo en el camino de Alá”. Cuyo concepto ya existe en la sunna y que podría ser retomado y proclamado por los ulemas y los muftíes piadosos, que son los ideólogos del Islam verdadero y perenne. Y, por cierto, los mismos gozan de una independencia política, social y económica amplísima. Son respetados y/o temidos por los gobiernos en sus respectivos países, y son los que administran el zakat o las limosnas canónicas.

Ya desde el surgimiento de las 4 principales escuelas ideológicas sunnies citadas, cobró fuerza el principio del esfuerzo de reflexión personal, el ichtihad, en el Islam. El ichtihad permitió el desarrollo de la cultura árabe, tanto en lo tocante a los aspectos civiles (ciencias, comercio, literatura, arte) como al enriquecimiento de su teología. El ichtihad es fuente de lucidez, creatividad, progreso, enriquecimiento y paz en el camino del esfuerzo personal y colectivo hacia Dios (esto es el núcleo y la razón del Islam), cuando ya la Umma se había extendido y multiplicado enormemente por el mundo. Hacia el siglo XI (siglo V de la hégira o marcha a Medina), los estudiosos cierran la puerta al ichtihad. El enfoque metodológico islámico se altera. Y a partir de entonces, se imita, se repite, se abusa de los compendios en los estudios del Islam.

Ante el terrorismo (acciones de guerra contra objetivos generales, inocentes e indiscriminados) en su nombre, el mundo islámico se paraliza y no sabe qué decir o hacer. Afirman los portavoces e intelectuales que el Islam es paz y tolerancia. Pero esto no es totalmente cierto, como vimos antes. La mayoría de los musulmanes se distancian de los atentados por oportunismo, para proteger al Islam, preocupados por el creciente rechazo que sufre en Occidente.

No se ha dado en el Islam una reflexión profunda sobre la oportunidad política y religiosa de la violencia. ¿Alguien conoce a pacifistas islámicos activos? No se trata de que reaccionen los intelectuales laicos musulmanes. Éstos no son operativos de la manera que conocemos en Occidente. Ya que para un buen musulmán la política, la sociedad y la religión forman una trinidad única, excluyente e inseparable, establecida por Alá. Porque así fue la Umma original, la sociedad islámica primigenia. Además, el fracaso social y político de los intelectuales laicos árabes quedó refrendado con el de las élites nacionalistas, izquierdistas y europeizadas, que impulsaron la independencia de las distintas naciones árabes tras la II Guerra Mundial.

El radicalismo violento musulmán moderno: ejemplarizado en al-Qaida y sus franquicias y los talibanes afgano pakistaníes.

Los insurgentes radicales islámicos se dedicaron entre los años 60 y 80 a atacar a los que calificaban de gobiernos musulmanes corruptos y falsos, socialistas u occidentalizados. A partir de los 90, su objetivo estratégico principal es Occidente.

Sus características operativas son:

Su brutalidad innecesaria e indiscriminada, que los descalifica ante su religión. En efecto, desprecian y desacatan numerosas aleyas (versículos del Corán) morales importantes, sin que Allah las hubiese cambiado para ellos. Sura 2, aleya 100, “Nosotros no abrogamos ningún versículo de este libro, ni haremos borrar uno solo de tu memoria, sin reemplazarlo por otro igual o mejor”. Por ello, hay una ausencia absoluta de ulemas y muftíes formados, venerables y piadosos a su lado.

Su gran descentralización operativa por la universalidad de la Umma, que trasciende la idea de nación o raza. Pero que les impide conseguir objetivos estratégicos consistentes. Aunque sus acciones puntuales sean importantes, dolorosas y temibles. Su objetivo de golpear a cualquier gobierno, puesto que el califato radical y agresivo en dar el -Islam, no existe hoy en día.

Su fracaso en incorporarse activa y firmemente a un grupo social amplio, que dé cobertura e impulso permanente a su movimiento. Los activistas más alienados se suelen ir aislando progresivamente de la sociedad (al menos, emocional e ideológicamente), aunque “vivan” dentro de ella. Y ello en razón de sus métodos violentos, a los que sacrifican todo por la eficacia y la contundencia en sus ataques. Siguen un proceso de segregación, purificación (en sus improvisados ritos no ortodoxos ayunan, emplean agua de lugares sagrados y banderolas verdes con inscripciones de las aleyas que les favorecen), consagración y radicalización, hasta llegar a la muerte e incluso al suicidio en sus acciones puntuales.

Los terroristas islámicos están en muchos lugares profundamente divididos ideológica y estratégicamente. Aunque las bandas rivales puedan ocasionalmente brindarse apoyo, refugio, información o suministros. La franja de Gaza es dominada desde hace años por Hamas, grupo radical fundamentalista palestino de orientación sunní, en rivalidad directa y violenta con el gobierno palestino de al-Fatah en la Cisjordania. En Gaza, dos organizaciones sucursales de al-Qaida, Ansar al-Sunna y Ansar al-Islam, unos grupúsculos irrisorios, se enfrentan también violentamente a Hamas por la influencia sobre sus habitantes. Los talibanes pakistaníes, principalmente el grupo Tehrik e-Taliban y los independentistas cachemires, realizan periódicamente atentados contra la minoría chií del país. En Irak, al-Qaida se dedica a atacar a los chiíes que acuden en peregrinación desde país y de Irán a los actos anuales de esta religión en sus lugares sagrados de Samarra, Nayaf y Kerbala. También lo hacían los radicales sunníes iraquíes (antiguos funcionarios del Baas y ex miembros de las fuerzas armadas, generalmente depurados sin procesos ni juicios, y grupos regionales tribales). Ellos estaban en rebeldía contra los gobiernos de mayoría chií antes del llamado “despertar sunní”. Promovido por el general David Petraeus, que los transformó en milicias nacionales de autodefensa.

Su afán de publicidad, con el que Occidente colabora.

(CONTINUARÁ)