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LOS MONGOLES INVADEN EUROPA ORIENTAL (1238-1241)

Tras la muerte de Gengis Khan en 1227 su segundo hijo sobreviviente, Ogadai, le sucedió en el trono mongol. La expansión mongola hacia el Este estaba limitada por el océano Pacífico y apenas quedaban enclaves libres en China y Persia. Pero, hacia el Oeste, las grandes estepas de Rusia ofrecían a los mongoles una enorme oportunidad de conquistas, empleando esos extensos terrenos, que eran favorables al avance y el sostenimiento de sus rápidos ejércitos hipomóviles. Estas estepas habían sido adjudicadas al nieto de Gengis, Batu. El gran general mongol Subodai apremió su conquista, para proteger estratégicamente el flanco oeste del Imperio y como posible base de operaciones para la invasión de las verdes llanuras de Hungría. Estas praderas naturales podrían servir en su momento para el avance en dirección norte y oeste de los tumanes (“divisiones”) mongoles, hacia la conquista del corazón mismo de la Europa cristiana.

Los Prolegómenos de la Invasión de Europa.

Esta visión “estratégico panorámica” de Subodai entusiasmó en la corte y a los jefes mongoles. Y, así, Ogadai le proporcionó al general unos 50 mil hombres veteranos, bajo el mando nominal de Batu, para conquistar las estepas del oeste ruso. En el invierno de 1237, los mongoles cruzaron el helado Volga y penetraron en Rusia. El ejército mongol alcanzaba los 120 mil jinetes ligeros y pesados e impedimentas y auxiliares, incluyendo sus catapultas para el fuego pesado y los medios de asedio y para construir éstos. Y se había incrementado con las reclutas de turcomanos realizadas en la ruta de avance y autorizadas por Ogadai. La calidad de este refuerzo del ejército de Batu y Subodai era deficiente y variable, en comparación con los tumanes imperiales. Durante los siguientes 3 años, los mongoles asolaron sistemáticamente los reinos feudales rusos del oeste. Utilizando los ríos helados como anchas y largas vías sin obstáculos para penetrar profundamente en ellos y para dislocar posicionalmente a las fuerzas defensoras enemigas. Con la toma de Kiev en diciembre de 1240, el resto de la resistencia organizada rusa desapareció. Y los mongoles alcanzaban en fuerza los montes Cárpatos, el obstáculo natural que protegía a Hungría.

Aunque en esta época, apenas en el inicio de la Baja Edad Media, los gobernantes europeos no conocían prácticamente nada sobre los mongoles, tanto el general Subodai como el príncipe Batu eran regularmente informados de la difícil situación política europea. En efecto, en febrero de 1221 Subodai y Jebe, al mando de un cuerpo de ejército de 20 mil mongoles iniciaron un reconocimiento en fuerza de dos años por las estepas occidentales rusas, buscando rutas de avance para los ejércitos mongoles hacia Europa. Allí reclutaron toda una red permanente y bien pagada de espías de diferentes naciones. Y realizaron una alianza secreta con Venecia, por la que, a cambio de información relevante sobre la geografía y la política siempre cambiante de los estados europeos, Venecia recibiría un monopolio para comerciar en los territorios mongoles conquistados.

En enero de 1241, Subodai concentró el ejército en torno a Lvov y a Przemysl, junto al río San, afluente del Vístula. Esta “base de partida” estaba al norte de los Cárpatos y a una distancia por tierra de unos 300 Km. del Danubio húngaro. Para realizar la invasión, el ejército sólo contaba entonces con unos 100 mil hombres. La razón era que tenía que mantener destacamentos de ocupación en el oeste ruso y que proteger sus comunicaciones hacia su base. El centro de gravedad de éstas eran los pasos de los Cárpatos hacia el sur, hacia Hungría. Que eran definidos por el Tisza y su red de afluentes, que formaban los valles de los Cárpatos. Pero el avance de los mongoles hacia la entonces capital Gran, a unos 40 Km. al noroeste de Buda y de Pest, todas sobre el Danubio, dejaría al ejército invasor expuesto a un contraataque operativo de los alemanes, los austríacos, los bohemios o los polacos, que podrían caer sobre su flanco derecho y sus comunicaciones hacia el este. Amenazándolos así con graves pérdidas o con aislarlos de su base, pudiendo llegar a cercar algunos destacamentos grandes.

La preocupación mongola hacia el enemigo era generalmente estratégica, pensando en sus flancos expuestos al nivel de los países ocupados. Esa inquietud estaba originada en su siempre exiguo número de jinetes para los objetivos encomendados o buscados. Y también en la no invencibilidad táctica de sus fuerzas, si daban con un enemigo organizado, hábil, que utilizara oportuna y eficazmente sus caballerías pesada y ligera, y sereno para resistir sus añagazas y fintas. Los europeos sólo contaban con la caballería pesada, donde luchaban sus nobles y jefes y en torno a la cual, como arma principal, se articulaban sus mesnadas y ejércitos. Así, Gengis Khan, en 1221, tras la conquista del imperio musulmán de Samarcanda, situado aproximadamente entre el Sir Daria y el Amur Daria, saqueó sistemáticamente Afganistán. Y su hijo Tului mató a la mayor parte de los habitantes del norte de Persia (Khorasan). Con ello protegían el flanco sur del flamante imperio.

Los Inicios de la Invasión de 1241.

Para defender ese flanco de los citados ataques, Subodai dividió su ejército en 2 “cuerpos de ejército” muy asimétricos. El cuerpo principal llevaría a cabo la invasión de Hungría y el cuerpo auxiliar, pequeño, cumpliría la misión de despejar las amenazas europeas a su avance sobre aquellas ciudades húngaras y sus comunicaciones con los Cárpatos. El ejército auxiliar, a las órdenes de los príncipes Baidar y Kadan y formado por 2 tumanes, avanzó primero, en marzo de 1241 y, cruzando el Vístula por Sandomir, sorprendió a los polacos. Pero, para alejarlos de Hungría, tenían que “permitir” su movilización y posterior concentración. Así, dividiendo sus parcas fuerzas, Kadan avanzó por Polonia en dirección noroeste. Buscando extender la alarma y la consternación por todo su interior y “amenazar” a los estados alemanes situados al oeste del Oder.

Por su parte, Baidar marchó en dirección suroeste, directamente hacia Cracovia, la capital, quemando y saqueando todo lo que podía a su paso, para atraer sobre su destacamento la atención enemiga. Y, de pronto, junto a Cracovia, los mongoles se detuvieron e iniciaron al poco su retirada, siguiendo el sentido opuesto al de su avance previo. Simulaban así ser una fuerza de incursión pequeña, posiblemente exploradora, retirándose ya a su base. Las fuerzas de caballería polacas, concentradas para la defensa de Cracovia, no reconocieron la rápida marcha retrógrada enemiga como una añagaza táctica. Y, llenas de un ardor guerrero que les inflamaba los sentidos, se lanzaron tras lo que creyeron que era una gran victoria ya en sus manos. Así, abandonaron sus posiciones bajo la protección de la infantería y las murallas de Cracovia, para realizar una persecución frontal caliente, sin antes haber batido realmente a su enemigo y dejando en manos del viento todas las precauciones debidas. Al verlos, los mongoles aceleraron su marcha y hasta abandonaron a sus prisioneros, con lo que los polacos vieron asegurada la “realidad” de sus conjeturas. Pero en Chmielnik, a unos 18 Km. de la capital, les aguardaba una sorpresa muy ingrata. Toda la caballería ligera mongola, oculta a las vistas lejanas y desplegada formando una media luna con sus destacamentos ajedrezados, comenzó a lanzarles nubes de flechas con punzones perforantes, que penetraban fácilmente en las armaduras y protecciones de monturas y jinetes polacos. La mayoría de éstos murieron simplemente. Los habitantes de Cracovia, al llegar la noticia, huyeron en masa despavoridos, y los mongoles, alcanzando la capital polaca, la incendiaron.

Baidar continuó hasta Breslau, la capital de Silesia, donde se encontró que su población había prendido fuego a la ciudad y se había refugiado en la ciudadela. Allí supo que en Liegnitz, a 65 Km. al oeste, Enrique, el rey de Silesia, había formado un ejército muy heterogéneo de 25 mil hombres para atacarlos. También supo que el rey Wenceslao de Bohemia marchaba con su ejército de unos 50 mil hombres para reunirse con Enrique. Baidar decidió dirigirse rápidamente a Liegnitz e impedir la reunión de ambos ejércitos enemigos. Por el camino, Kadan y su destacamento móvil, que ya habían completado su misión de acongojamiento general de polacos y alemanes del este, se unieron a él. Ambos tumanes alcanzaron Liegnitz el 8 de abril de 1241. El 9, el rey Enrique se dirigió en seguida a enfrentárseles. No sabía que Wenceslao y su ejército se hallaban a sólo un día de marcha. En tiempos de comunicaciones difíciles y precarias, la ignorancia, que es temeraria por su simplificación, suplía las carencias de información con elaboraciones propias, basadas en la codicia y el temor. Su ejército se desplegó junto a la ciudad en un llano.

Al aparecer la vanguardia mongola en el horizonte, Enrique envió un pequeño destacamento para rechazarla. Pero una lluvia de flechas lo hicieron retroceder a sus filas. El rey contraatacó con toda su caballería. La vanguardia mongola, cuando se vio amenazada, evitó el contacto inmediato y retrocedió, en lo que a los caballeros pareció una fuga, tras haber mantenido el tipo frente a fuerzas menores. La carga de la caballería silesia se transformó en una carrera a galope tendido, desorganizada y dispersa, buscando su presa. Los arqueros mongoles les esperaban en calma, provistos de sus flechas perfora corazas. Cuando los jinetes silesios estuvieron dentro de su alcance eficaz, los arqueros mongoles los cubrieron de flechas, derribando a muchos y deteniendo en seco su desgarbado ataque. Ya batidos los caballeros, la caballería pesada mongola cargó contra ellos y los deshizo. A su vez, la caballería ligera, oculta por bombas de humo en su sector de avance, se lanzó contra los infantes silesios, que aguardaban al fondo del despliegue. Detrás cargaron los jinetes pesados, atropellando todo a su paso y matando al propio Enrique de Silesia.

Cuando Wenceslao se enteró del desastre de los silesios, detuvo su marcha y se retiró para proteger Bohemia, recibiendo para ello refuerzos de los reinos de Sajonia y Turingia. El ejército aliado formó en Klodzko, junto a los desfiladeros del Glatz, a unos 100 Km. al sureste de Liegnitz. Pero, los destacamentos de exploración mongoles advirtieron a sus príncipes de los peligros de aquéllos. Además, el cuerpo de ejército mongol había sufrido bastantes bajas en sus correrías y batallas anteriores. En esos momentos, en menos de un mes de operaciones, 20 mil mongoles habían recorrido unos 650 Km. en territorio enemigo y ganado 2 batallas decisivas. Polonia se encontraba batida y conmocionada y los alemanes al oeste del Oder retrocedían y se disponían a defender sus reinos. Los bohemios, aún intactos, estaban a unos 400 Km. de las posiciones defensivas húngaras en el Danubio, por lo que su ejército era operativamente ineficaz para lograr la decisión en el ataque mongol a Hungría. Para asegurarse de la “intención” de Wenceslao, los mongoles realizaron una demostración hacia el oeste, dentro de Alemania. Wenceslao los persiguió. En unos momentos dados, los tumanes se desdoblaron en pequeños y escurridizos destacamentos. Y, formando una nube casi invisible para el enemigo, se deslizaron por ambos lados del ejército bohemio y se alejaron de éste.

En su retirada para unirse con Subodai, los mongoles cruzaron por Moravia, asolando sus poblados, almacenes y campos. Así, crearon un amplio páramo desierto, que protegería aún más el flanco derecho del cuerpo principal mongol, al dejar esas tierras incapaces de sostener por un tiempo a un ejército de paso. En esta campaña secundaria célere Baidar y Kadan consiguieron eliminar cualquier posibilidad de que los checos, los alemanes, los polacos y los austriacos enviaran sus tropas en auxilio de los húngaros. Y lo hicieron tomando y manteniendo la iniciativa frente a un enemigo muy numeroso, que actuaba descoordinado, cuya arma principal era la caballería pesada, que actuaba sólo en el choque. Y operando con una capacidad de movimiento operativo superior, protegida por el sigilo y el ocultamiento, apoyada por una información suficiente y continua. Y empleando en los combates buscados por ellos todo el repertorio de las tácticas y técnicas de su caballería, que eran casi incomprensibles para los europeos. Y pudieron llegar a tiempo de reincorporarse al cuerpo de Subodai para el final de la campaña húngara.

(CONTINUARÁ)


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Acerca de

Enrique Alonso nació en La Habana. Tras el establecimiento del régimen comunista se trasladó a España, licenciándose en Ciencias Químicas en la Universidad de Oviedo.

Es titulado por la Universidad Complutense en Química y Tecnología del Petroleo (dos cursos) y en Logística por la Cámara de Comercio de Madrid (un curso). Ha realizado su labor profesional durante más de 30 años en REPSOL y empresas anteriores, absorbidas posteriormente. Su trabajo se centró en la investigación de lubricantes (Centro de Investigación de la calle Embajadores), el área comercial y la logística de lubricantes (unas 100 mil Tm. al año de productos a granel y envasados, con un presupuesto total de unos 1000 millones de ptas).

Ha sido colaborador en la década de los 80, del diario Pueblo y, a través de la agencia EFE, de diversos diarios españoles e hispanoamericanos en temas de política internacional y militares.

Es autor de la novela “Operación Elefante”, publicada en 1982, que trata minuciosa y extensamente de las operaciones y tácticas de las guerrillas y contraguerrillas en la Angola socialista prosoviética de Agostinho Neto, apoyada desde 1975 por tropas cubanas. 

En 2005 publicó en inglés el ensayo “On the Nature of War”, que es una teoría de la guerra basada en el desarrollo y la aplicación práctica de 10 “sistemas operativos”.

Actualmente es colaborador permanente de la revista española War Heat International.

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