LA IDEOLOGÍA MUSULMANA DE LA UNIVERSIDAD DE AL-AZHAR.

Introducción.

La visita del Papa Francisco a Egipto entre 28 y 29 de abril de 2017 (apenas 27 horas en total) trajo una ráfaga de aire fresco y de esperanza a las difíciles relaciones del Islam y Occidente. Que hoy están tensas en muchos lugares del mundo: por los atentados yihadistas salafistas en Europa y los EE UU; por las guerras civiles entre shiíes y sunníes en Irak y Siria, con la participación militar de Rusia y Occidente; y por las declaraciones de intelectuales y políticos de uno y otro signo y las manifestaciones populares, como expresión de las opiniones y los estados anímicos colectivos.

Una especial importancia y trascendencia para esas relaciones la tenía la visita de Francisco al ulema Ahmed al-Tayeb, rector de la universidad cairota de al-Azhar. Que es el principal referente y fuente ideológica para los cerca de 1400 millones de musulmanes sunníes del mundo. Sus relaciones con la Santa Sede eran de ruptura “sine diedesde primeros de 2011. Cuando al-Azhar cortó las relaciones con el Vaticano, arguyendo la intromisión de éste en los asuntos internos de Egipto.

Campo socio religioso interno.

En este contexto de rivalidades e incomprensiones, que trascendía el terreno religioso, para proyectarse y afectar el amplio espacio social, el presidente Abdelfatah al-Sisi (mariscal de las FF.AA. y ex ministro de Defensa del presidente Mursi) había solicitado a la universidad ideológica musulmana, la renovación de su discurso, ante el creciernte uso del Islam para justificar el terrorismo salafista de los Hermanos Musulmanes. Al-Sisi también le pidió a al-Azhar que los ulemas y muftíes controlaran más los sermones religiosos de los viernes al mediodía en las mezquitas.

En su viaje, el Papa visitó y consoló a los apenas 250 católicos del país. Y se entrevistó con su amigo, el patriarca Teodoro II, de los ortodoxos coptos, cuya iglesia suma unos 9 millones de fieles, firmando un documento en el que se reconocían mutuamente la validez del bautismo. Los cristianos ya estaban asentados en Egipto varios siglos antes de su conquista armada religiosa por los árabes en el año 641. Son ciudadanos colectivamente cumplidores, discretos, industriosos y pacíficos. Y por eso los radicales fanáticos locales los atacan de muchas maneras y se “entrenan” con ellos, atacándolos y hostigándolos, para sus crímenes y tropelías contra la sociedad egipcia.

Resultado de imagen de ahmed al-tayebAMBOS LÍDERES RELIGIOSOS EN EGIPTO.

Sin embargo, la respetada institución musulmana, por boca del subdirector de al-Azhar, Abbas Sluieman, cerró estas posibilidades, incluso la de controlar y limitar las prédicas incendiarias, por otra parte, ortodoxas, de determinados imanes: “El Islam no necesita autocrítica o actualización”.

Esto quiere decir que toda su revelación, está ya transmitida en el Corán y los hadices o dichos y hechos aceptados (por su transmisión comprobada) de Mahoma. Y que ellos están ya suficientemente estudiados e interpretados por los ulemas y muftíes a lo largo de los siglos. Pero esto deja la puerta abierta a la interpretación radical salafista, tanto a la violenta o Qubismo (que no detenta el poder en ningún país), como a la ideológica y educativa del wahabismo radical saudí. Que no se propaga con la revolución armada, que destronaría inevitablemente a una dinastía corrupta y llena de privilegios, sino con parte de los ingresosdel petróleo, distribuídos a las mezquitas afines por todo el mundo. Radicales a los que no se puede condenar directamente, en aras de la gran libertad de interpretación y expresión que acepta el Islam. Que permite solamente condenar los crímenes y desmanes cometidoscomo tales” en su nombre por una pequeña parte de sus fieles.

Las Palabras en la Entrevista ecuménica.

Al-Tayeb pidió en general a los creyentes (todos) “caminar juntos, liberando la imagen de ambas religiones de falsos conceptos e incomprensiones”. Pero este mensaje ecuménico no es aceptado por la mayoría de los clérigos (ulemas, muftíes e imanes) de al-Azhar.

Ahmed al-Tayeb, por su parte, señaló que “no deberíamos pedir cuentas a la religión (la suya es la que está señalada) de los crímenes que cometen un pequeño grupo de sus seguidores. El Islam no es una religión de terrorismo, por mucho que un grupo de seguidores trate de manipular los textos coránicos y malinterpretarlos desde la ignoracia. Después, derraman sangre y difunden la destrucción”.

La universidad de Al Azhar rechaza la fusión con el sistema educativo  público de Egipto – Monitor De Oriente

LA UNIVERSIDAD DE AL-AZHAR.

También las otras dos religiones monoteistas recibieron lo suyo: “Si abrimos la puerta a las acusaciones, como lo hacemos contra el Islam, ninguna religión, civilización o historia resultaría inocente del cargo de violencia y terrorismo”.

Veremos un poco esto. No es lo mismo la violencia accidental, de acuerdo con los tiempos históricos y los ambientes, que la violencia básica, esencial y fundamental.

El Uso de la Violencia por las Religiones.

Los judíos, en su etapa de conquista y asentamiento en la tierra de Canán, la Palestina, la Tierra Prometida a Abraham y a su descendencia, desde antes del exilio en Egipto de José y su familia, practicaron la dura violencia de la Edad Antigua. Era el único medio para derrotar y expulsar a los pueblos paganos e idólatras de esas tierras. Que los judíos debían conquistar y ocupar. Para poder custodiar y transmitir hasta la plenitud de la Historia, las creencias, leyes y normas “agradables a Jehová” para sus fieles. Y la esencia depravada e idólatra de esos pueblos era la justificación moral de su conquista y apartamiento de Canán.

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La conquista sólo buscaba la creación y el establecimiento de un “espacio vital” para los judíos como nación. Sin ese espacio vital, la nación judía nunca existiría. Y el pueblo malviviría en manos de los dominadores de las tierras donde estuviera asentado. La experiencia de los kurdos, tras la primera guerra mundial y la desaparición y el desmembramiento del Imperio Otomano, puede ofrecer un ejemplo cercano y vívido de las visicitudes que sufren aún hoy en día los pueblos sin estado. Y una de las bases organizativas del estado es el territorio nacional. Que le permitan ejercer y mantener sus derechos y soberanía como una nación constituida y estable.

Así, los judíos nunca pretendieron imponer el judaismo a ningún pueblo sometido o expulsado. Ya que sólo ellos detentaban las promesas divinas, hechas a Abraham y confirmadas a su hijo Isaac y a su nieto Jacob. Y luego, a Moisés. Eran el pueblo elegido de Jehová.

Los cristianos tomaron al principio de sus tiempos, iniciada la evangelización y con unas comunidades pequeñas, débiles y dispersas en el proceloso Imperio romano, el camino de la paz, la predicación, la sobriedad y la prudencia. Inspirada su conducta en la misericordia, como amor que se recibe, se profesa y trasciende. El apartarse de los ritos y normas de un estado fuerte, estable y embridado en normas, cmo el Imperio romano, les hizo, primero, quedar como “extraños”, “raritos”. Y luego, con el aumento y extensión de los fieles, se les definió como enemigos de Roma. Hasta 10 grandes persecuciones asolaron a la Iglesia o congregación de fieles, no el local, hasta el siglo IV. Desde Nerón a Diocleciano, pasando por emperadores tan “eminentes” como Trajano y Marco Aurelio. La mansedumbre, la resistencia y la fidelidad de los cristianos torturados fueron notorias y admirables. Por lo que Diocleciano buscó prolongar y refinar las torturas y no crear mártires para el culto…

Las Cruzadas fueron empresas militares y religiosas, impulsadas por la Iglesia con exhortaciones, oraciones e indulgencias, y realizadas por voluntarios de toda la Cristiandad. Buscaban recuperar para ella el dominio sobre los Santos Lugares de Jesucristo en Palestina, de manos del Islam expansivo e infiel. Éste los ocupó en el año 635 y fue poniendo sucesivamente trabas al peregrinaje individual y colectivo de los cristianos. En 1291, se perdió el principal objetivo estratégico de la Europa cristiana desde 200 años atrás.

Resultado de imagen de Müezzinzade Ali PaşaALI PASHA, ALMIRANTE DE LA FLOTA TURCA EN LEPANTO.

Sin embargo, desde el inicio de la Yihad militar por los árabes, en el siglo VII, los santos lugares originales del Islam en la península de Arabia, siempre estuvieron en las manos políticas y religiosas de sus fieles, bien los árabes o los turcos otomanos.

La Iglesia, como institución, empleó esporádicamente la violencia durante las edades media, moderna y contemporánea. En los conflictos interestatales surgidos cuando detentaba y unía un poder político, mundano, a sus prerrogativas y actuaciones religiosas. Ese poder político se concretaba y nacía en los llamados estados temporales o tierras pontificias. Que, a partir de una superficie mínima de territorio, el necesario para asegurarle su funcionamiento, independencia, soberanía y seguridad, fue creciendo e hipertrofiándose desde el siglo IV. En 1870, tras la reunificación de Italia, y privada de los bienes raíces superfluos y de sus problemas y cargas mundanas, la Iglesia se atuvo a actruar y vivir como el organismo espiritual y rector que era. Y aquí se podría decir que “el órgano creó la función”, al revés de la conocida frase de la teoría darwiniana de la evolución.

Desde mediados del año 622, los creyentes emplearon metódica y sistemáticamente la fuerza armada para combatir a los infieles y, sobre todo, extender las tierras de Dar al-Islam. Estas son, en general, las tierras donde el Islam es la religión principal y dominante. Y donde se establecen y practican el Corán, la tradición de Mahoma o Sunna y la Sharia o aplicación directa de ellos a la vida diaria de los fieles y sus normas.

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Ninguna religión o, mejor, gran religión, ha seguido y utilizado la violencia armada, del mismo modo y continuidad que el Islam, para la imposición de sus credos y morales por todo el mundo. Y no es que otras religiones no hayan empleado la violencia en su defensa o en la persecución activa de los infieles o “diferentes” a lo largo de su historia. Pero esto no ha sido nunca como parte de su esencia y naturaleza, como “instrumento de redención” de los hombres, como otro “pilar” de sus deberes básicos. Confirmado esto así a lo largo de los siglos, si bien intermitentemente, por los ulemas o ideólogos, los muftíes o jurisconsultos y los imanes o conductores del Salat u oraciones diarias y predicadores directos del pueblo.

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