LA SORPRESA MILITAR COMO ARTE Y HETERODOXIA

La Sorpresa militar: Su Necesidad y Teoría.

Casi todas las técnicas, tácticas y operaciones dirigidas a obtener la sorpresa táctica u operativa sobre el enemigo, se pueden considerar benévolamente como al borde de los reglamentos y normas existentes. Que son practicadas en los distintos países y grupos de ellos o alianzas supranacionales.

Entre otras razones, combatir solamente según el “libro” suele ser demasiado conocido y previsible. Además, muchos de los “conocimientos” generales recogidos en ellos son compartidos por bloques y naciones diferentes y aún antagónicos. Y es necesario, respetar los reglamentos y ordenanzas y perseguir el objetivo señalado por el mando, como la meta a conseguir.

Pero la actuación creativa y decisiva debe seguir el que llamamos el “camino de la sorpresa”. Como orientador, brújula, de nuestras decisiones y acciones. Buscando esa oportunidad fugaz y jugosa que surge en el desarrollo de las acciones mutuas entre los rivales armados; esas debilidades enemigas descuidadas o vulnerables en unas condiciones que podemos crear, a cuales más imprevistas e insólitas. Para conseguir nuestras metas con más contundencia, eficacia, elegancia y rapidez. Lográndolo con menos pérdida de tiempo, de hombres y de medios. Recordemos el principio básico y universal de la economía de los medios.

Claro que siguiendo siempre el “libro” se podrán abordar y llevar a buen término las operaciones comunes. Pero, aparte de que el enemigo tenga una doctrina y sus reglamentos esencialmente iguales, la forma de luchar será primero conocida y luego aprendida o dominada. Y, quizás, hasta superada finalmente por el enemigo. Los alemanes triunfantes en el primer período 1939-1941, con el alargamiento de la guerra, permitieron el conocimiento y el aprendizaje de su guerra de armas combinadas por sus enemigos. Que luego los superaron en técnicas, tácticas y operaciones y los llevaron hasta su estruendosa derrota en 1945.

Y esta “guía” es de especial necesidad y querencia en los ejércitos burocratizados y cristalizados. Donde los fallos imprevisibles, no culpables, no son solamente una contingencia a superar por el conjunto. Sino que pueden ser también un arma administrativa o política contra los responsables. Y donde el seguimiento del “libro” y de las órdenes de los superiores al pie de la letra, blindan y protegen a los inferiores de la responsabilidad de sus actos.

Martín Van Creveld decía que ésa era la antesala, antes de la inoperancia y la postración finales, de “las organizaciones militares que no se actualizaban y renovaban”. A Martín Van Creveld lo expulsaron como profesor, hace muchos años, de la Escuela Superior Militar de Israel.

Entonces, los resultados se conseguirán cada vez más a costa del desgaste y la pérdida de hombres, medios y materiales. Tendiendo a triunfar entonces el rival que más capacidad demográfica y económica tenga.

Surge entonces un corolario de esta forma de pensar lo militar. El afán de evitar bajas humanas, extendido a todos los ejércitos modernos de 3ª o 5ª generación, llevará al empleo preventivo, protector y terapeútico del fuego pesado. Buscando que las fuerzas propias no tengan en lo posible que luchar a las distancias cercanas y próximas. A ello se le llama tecnología militar moderna y tiene encantadas a las industrias de armamento nacionales. Esto no es más que la perversión y mixtificación del fuego pesado. Cuyas funciones o tareas, en orden creciente de acción y eficacia, son: cegar, perturbar, neutralizar o cubrir y destruir al enemigo en las distintas situaciones de lucha. Y la acción sobre el objetivo tenderá a la destrucción física, como garantía de la seguridad de los hombres. En las actuales guerras civiles y sus complicaciones en Irak y Siria, tenemos los ejemplos en los bombardeos exagerados y metódicos sobre los enemigos. Armados o civiles; reales o sospechosos.

La Sorpresa militar, buscando la conmoción y la dislocación del enemigo.

Durante sus operaciones, el despliegue enemigo se va conformando en la dirección y con la intención que él ha decidido y determinado, para sus medios militares escalonados y para sus vías logísticas. Así, va mostrando sus “cartas” a su rival, en función de su ritmo de actuación y se va empeñando en función de aquéllas.

Nuestra sorpresa puede crear “per se” un nuevo “flanco expuesto”, otra “vulnerabilidad” más o menos crítica en el enemigo. Que él no consideraba aún, que él no esperaba, ni estaba preparado para defenderla con alguna de las formas de lucha. Que son el ataque y la defensa, en sus variedades y combinaciones.

La sorpresa nuestra «penetra» en el despliegue enemigo, buscando conmocionarlo y dislocarlo funcional o posicionalmente. Y, al menos, causarle bajas, ocupar posiciones ventajosas para nuestro desarrollo operativo, disminuir su tempo o ritmo operativo y confundirlo, demorarlo y perturbarlo en sus planes y despliegues. Empleando para ello, por nuestra parte, el mínimo gasto de medios y buscando lograr el máximo efecto posible sobre el enemigo. Con lo cual optimizamos el esfuerzo de nuestras acciones, siguiendo el principio general de la economía de los medios disponibles.

Cuando el enemigo reacciona para contrarrestar y superar el efecto de nuestra acción sorpresiva, se va adaptando necesariamente a nuestra intención. Y, si aquél es grave, se aleja más o menos de sus intereses y planes. Con sus movimientos reactivos para el rechazo y el ataque a nuestras fuerzas, el enemigo va desatendiendo su intención y su misión. En relación a éstas, el enemigo queda alejado de ellas y desequilibrado. Así, una sorpresa concebida, planeada y realizada debidamente nos puede “preparar” al enemigo. Para enfrentarse en desventaja, con menos recursos disponibles y un peor despliegue, a nuestra acción ofensiva principal. Que sería ya más directa, masiva y ortodoxa.

De tal manera que existen toda una gama de efectos posibles a conseguir sobre el enemigo con nuestras acciones sorpresivas. Que variarán también según los medios destinados a obtener nuestra sorpresa, la concepción, la preparación y la realización de la misma y el tiempo disponible, considerando también el conjunto de nuestras operaciones.

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