LA BATALLA NAVAL DE LEPANTO (1571)

ESPAÑA Y EL IMPERIO OTOMANO

Choque militar de los dos Imperios mediterráneos de la Edad Moderna

Introducción.

El 7 de diciembre se conmemoró el 450 aniversario del triunfo de la Liga Santa (España, Venecia y la Santa Sede civil y algunos adláteres menores) en la batalla naval de Levanto contra la Sublime Puerta.

Los turcos, desde antes de Mehmet II (Mohamed, en turco) al-Fatih (el Conquistador) de Constantinopla y de los restos del Imperio Bizantino, estaban avanzando por tierra (los Balcanes y Hungría) hacia el corazón de Europa Central y del Este, como un río de lava avasalladora, ardiente e imparable. El Imperio Romano Germánico, hasta su frontera con Francia, y Polonia estaban amenazados.

Mehmet II Fatih, Conquistador de Constantinopla
MEHMET II al-FATIH

Por mar, los turcos enseñoreaban el norte de África, desde Egipto hasta Ifrigia y las tierras al sur de Gibraltar, mediante franquicias y patentes de corso a colonias de piratas árabes y berberiscos. Que depredaban y hostigaban el comercio y la navegación cristianos del norte del Mediterráneo y rapiñaban sus islas (Baleares, Cerdeña y Sicilia).

Biografia de Selim II
SELIM II

Amenazando gravemente, en época de Selim II, con ocupar Chipre (véase en un mapa su cercanía insultante a Anatolia).

Prolegómenos.

Solamente el papa San Pío V tuvo el sentido estratégico correcto y sagaz de valorar el peligro otomano para Europa y la Cristiandad. Y puso todo su empeño en conseguir una alianza de países europeos firme, para enfrentársele decididamente ya.

Catequesis de Galicia

En seguida, Pío V encomendó la realización y el éxito de la empresa mundana, imbricada como la uña a la carne con la espiritual, a la Medianera de Todas las Gracias, la Santísima Virgen María.

Por toda la Cristiandad católica, en todas las diócesis y monasterios, se comenzó a fomentar el rezo del Rosario con esa especial y particular intención. Luego, se informaba a Roma de los cientos de miles de rosarios realizados y comprometidos. Este es un hecho que conocí de niño y que creo que está olvidado en la Memoria pública.

Francia no quiso participar en la Alianza Santa por la envidia y el rencor que sentía por España y su Imperio.

A Inglaterra todo se le hacía muy lejano. E Isabel I, la Reina Virgen, es un decir, era la hija de Enrique VIII, el reciente fundador de la cismática Iglesia de Inglaterra.

España estaba muy ocupada con sus inmensas posesiones de América y Europa Occidental. Y los piratas musulmanes no eran mucho más para ella que un tábano chinchante. Chipre, la principal colonia veneciana, le quedaba en el otro extremo del Mediterráneo.

Felipe II | Real Academia de la Historia
FELIPE II

Y el papa tuvo que insistir mucho para convencer a Felipe II de España dónde estaba la amenaza principal para todos.

Venecia se unió a la Santa Alianza por la amenaza inminente de los turcos sobre Chipre, pero también negoció con ellos una solución. Sólo le importaban su soberanía y su comercio, también amenazado por la ruta portuguesa desde el Índico a Europa, bordeando África.

En aquella, pues, participaron solamente España, Venecia y el Estado civil Pontificio.

Los medios de intervención y lucha.

Las galeras, los barcos del Mediterráneo, eran largas y estrechas como una libélula, No se distinguían mucho los de comercio, que tenían que defenderse por sí mismos, de los de guerra, también navegados por los piratas. La altura de la borda sobre el mar era alrededor de metro y medio. Está claro que solamente eran utilizables en mares tranquilos. Y, así, las diseñaron primero los fenicios, cartagineses y romanos.

A proa y a popa tenían un castillete de combate, que se comunicaban por una larga plataforma central. Podían embarcar varias piezas de artillería ligera, colocadas a proa y, a veces, en las bandas. Y llevaban infantería armada con picas, espadas y arcabuces, que era de los Tercios, en el caso de los españoles.

Modelo de la Galera Real - Museu Marítim Barcelona
GALERA REAL, ENARBOLANDO EL ESTANDARTE DE LA SANTA ALIANZA

Con el espolón de proa inmovilizaban al barco contrario, causándole serios daños en el choque. En general, trabadas y detenidas como estaban las galeras, la principal forma de lucha era de infantería. Ésta se protegía de los proyectiles enemigos (balas y flechas, a veces, envenenadas) bajo la protección de las bandas y los castilletes de las naves. Los españoles emplearon también las “empavesadas” o “defensas hechas con lienzos y redes espesas”.

El desarrollo de la acción militar.

La Liga Santa se constituyó en 1571 por un período de tres años.

La flota aliada comenzó a concentrarse en Mesina (Italia). Las naves de guerra eran 208 galeras: 90 españolas, 106 venecianas y 12 pontificias. Y estaban apoyadas por 6 galeazas venecianas, pesadas y muy poco marineras, cuasi castillos flotantes, dotadas: cada una con más de 30 cañones y reforzada también por varios cientos (sic) de arcabuceros españoles !! Cuando no podían usar sus velas, cada una debía ser remolcada por varias galeras, que, a su vez, se turnaban, para no agotar rápidamente a los remeros de la galeaza.

Galeaza - Wikipedia, la enciclopedia libre
GALEAZA

La ingeniería naval española marcaba categoría y distancia con las galeras venecianas, algunas casi inservibles, rotas Y, aunque la artillería de la Señoría era muy buena, sus tripulaciones eran escasas y tenían que ser completadas por españoles.

El núcleo duro de la Flota combinada eran los españoles (un 80% de los hombres). Y las distintas flotillas o grupos de combate se componían por naves de las tres procedencias, para evitar indecisiones y suspicacias entre los “aliados”.

A Mesina llegó un legado pontificio portando reliquias de la Vera Cruz. Entregándose una a cada flotilla o división de la Flota aliada.

La nave de Alí Pachá, el gran almirante de los turcos, recibió un gran sanyac o estandarte de seda verde confeccionado en La Meca, con la Media Luna y aleyas o versículos del Noble Corán bordados en él. Seguramente estaría la shasada o profesión de fe musulmana, cuya recitación equivale al bautismo, y alguna aleya belicosa como “Perseguid a los infieles hasta que toda adoración en la tierra sea dada a Allah”.

Para todos se trataba de un enfrentamiento completo, total, militar y de civilización.

El 16 de setiembre de 1571 partió de Mesina la flota aliada en busca de la turca. En su derrota o travesía fue haciendo sucesivas paradas en Corfú, Gomeniza, Cefalonia y Famagusta.

Los turcos conocieron por sus espías la concentración enemiga en Mesina y concentraron su flota de guerra en el puerto de Lepanto, en el golfo de Patras. Alí Pachá reclamó para la flota todos los jenízaros que pudieran aportarle las guarniciones cercanas. Era un infantería de élite, semejante en capacidad a los Tercios de España, orgullosa de su status y privilegios y fanática de su religión y del favor del Sultán.

En total, consiguió unos 2500 jenízaros.

Jenízaros, los soldados-esclavos del Imperio Otomano - Guerreros de la  historia
JENÍZAROS

En las batallas otomanas, cuando aparecía una etapa de indecisión del resultado o de predominio del enemigo, era el momento de emplear a los jenízaros. Éstos atacaban acompañados de sus pífanos y ruidosos tambores, profiriendo sus gritos de guerra y, generalmente, obtenían la decisión.

En esta etapa del enfrentamiento, en la marcha al combate, se desplegó todo el repertorio posible de espionaje y contraespionaje de ambas partes. Que necesariamente se hacía por vigías en tierra y pescadores costeros, que pronto serían sólo turcos, y, más eficazmente, por naves ligeras y marineras de exploración. Capaces de acercarse e incluso, excepcionalmente, penetrar en el despliegue enemigo.

Mientras la flota estaba en Famagusta, el corsario turco Kara Kodja se infiltró de noche con dos fustas pintadas de negro en la bahía, entre los barcos de guerra y auxiliares cristianos. Y, así, regresó a Lepanto con “noticias fehacientes” de que el número de galeras cristianas era bastante menor que el real. Y confundiendo las galeazas con panzudos barcos de transporte de apoyo. Al retirarse de la bahía, apresó a unos soldados cristianos que, debidamente interrogados, le corroboraron en la idea de que el número de tropas enemigas era la mitad del real.

A bordo de la galera Real se celebró un consejo de guerra de Don Juan de Austria con sus jefes de flotillas, para decidir las próximas acciones ante la cercanía del turco. Luis de Requesens y Juan Andrea Doria eran partidarios de rehuir el combate en esos momentos. Álvaro de Bazán y Alejandro Farnesio opinaban que se debía ir al encuentro de los turcos. Por fín, don Juan decidió, diciendo: “Señores, no es hora de deliberaciones, sino de combatir”.

A su vez, los jefes turcos celebraron su consejo de guerra. La flota aliada les cortaba el acceso al mar abierto, situada a la entrada del golfo, y, por otro lado, ya conocían sus efectivos reales. Que acongojaban a algunos comandantes secundarios turcos. Por su parte, también Uluch Alí, el lugarteniente general, y el jefe de las tropas embarcadas, Pertau Pachá, preferían permanecer en Lepanto, protegidos por las fortificaciones terrestres. Sin embargo, el sultán Selim II reclamaba que atacaran. Así, Alí Pachá decidió atacar.

Al amanecer del domingo 7 de octubre de 1571, partió la flota cristiana al combate. Los vigías turcos de la costa comunicaron inmediatamente la maniobra a sus ligeros buques de exploración, que partieron a informar a Lepanto. Allí, los turcos levaron anclas y se dirigieron a toda vela, con viento de popa, con sus remeros frescos para los momentos del combate, al encuentro del enemigo.

El combate.

Hacia las 7 de la mañana, cuando los aliados se internaban en el golfo de Patras, su horizonte se llenó de velas turcas. No obstante, el enemigo estaba a más de 15 millas naúticas y daba tiempo a completar el despliegue de las flotillas.

Las flotas rivales invirtieron el resto de la mañana en desplegarse y aproximarse.

En cada nave, cada cual se ocupaba de sus asuntos de última hora.

Los carpinteros cristianos se afanaban en serrar los restos de los espolones. Don Juan había ordenado serrarlos sólo parcialmente, para que su técnica no fuera detectada por el enemigo y copiada. Así, se quedaba libre la tamboreta delantera, al final de la cubierta de proa, para que su batería ganara más sector de fuego.

Los sacerdotes y frailes (agustinos, franciscanos y jesuitas) que iban a bordo atendían y daban la absolución a los combatientes, los marineros y los remeros.

¿Cómo combatirán?

El comandante turco lo fiaba todo al “choque rompedor” de sus galeras “cabeceras de grupo” con una capitana secundaria cristiana. Quedando ésta quebrada y fijada. Luego, la galera cabecera turca y sus naves subordinadas la atacarían con su infantería de a bordo. Formándose una gran “plataforma flotante de combate”.

La artillería turca tenía una tarea de apoyo secundaria al combate de infantería. Va a tardar mucho tiempo hasta que los cañones de una época sean capaces de hundir un barco de guerra.

Su fuerza decisiva al combate eran los espolones de proa, la infantería embarcada y los jenízaros.

También contaba con las maniobras de sus flotillas de las alas y la reserva de la flota del Sultán, para situarse más favorablemente contra una flotilla cristiana y proceder al choque final.

La estrategia operativa y la táctica de los cristianos eran parecidas a las turcas. No podían diferenciarse mucho cuando ambas se basaban en el choque directo a la vista de los rivales.

Los cristianos estaban más adelantados en los tiempos que los turcos, ya que no confiaban tanto en la importancia pura del espolón y la trabazón de las galeras contrarias. Sino que ya utilizaban el fuego artillero a distancias cortas para quebrantar a los turcos embarcados y romper la alineación de su despliegue.

Ello en preparación para la entrada en combate de las infanterías embarcadas rivales, cuando las galeras se tocasen.

(CONTINUARÁ)

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