La etapa de la Concepción, la consolidación y la extensión del Islam. Año 622 a primera mitad del siglo VIII. El Califato de los Omeyas.
En ella la revolución consistió en el empleo metódico y sistemático por los creyentes de la fuerza armada, para combatir a los infieles o idólatras (en otra traducción del Noble Corán). Y, en igual categoría política religiosa, extender las tierras de Dar al-Islam por el mundo. Dar al-Islam son las tierras donde el Islam gobierna y en las que se aplica la sharia, como regla social general de la vida.
Ninguna gran religión ha seguido y utilizado la violencia armada, del mismo modo y con la continuidad que el Islam. Para la imposición de sus credos y morales por todo el mundo.

Y, no es que otras religiones no hayan empleado la violencia en su defensa o en la persecución activa de sus infieles o diferentes a lo largo de su historia. Ahí están las Cruzadas y las guerras de religión en Europa y la guerra de Josué, para conquistar la tierra de Canaan, que Jehova entregó a los judíos, y la guerra de los Macabeos por la independencia de Judea.

Pero, esto no ha sido nunca como parte de su esencia y naturaleza, como “instrumento de redención” de los hombres, como otro “pilar” de los deberes básicos de sus creyentes. “Se os ha prescrito la guerra y la habéis rechazado. Pues, Allah se buscará un pueblo más obediente y os repudiará”. Confirmado esto así en el Islam a lo largo de los siglos. Si bien intermitentemente, por los ulemas o ideólogos, los muftíes o jurisconsultos y los imanes o predicadores directos del pueblo.
La trayectoria inicial.
En la época de Mahoma, apenas alumbrado el siglo VII, el poder en Arabia estaba dividido entre las tribus que la poblaban. Pero, la Marcha (Hégira) de aquél con unos 50 seguidores (conseguidos por la predicación de Mahoma y algunos discípulos desde el 610) desde La Meca a Medina (la Ciudad del Profeta), inauguró una nueva era de transformación en el mundo y de expansión de la teocracia árabe islámica. Y el poder en todo el Cercano y Medio Oriente se repartía entre el imperio persa de los Sasánidas y el Imperio de Bizancio.

Unos pocos años después, los árabes se habían apoderado del Imperio de los Sasánidas (año 644). Y, habían constreñido las tierras de Bizancio en Asia, que alcanzaban antes Egipto, la Gran Siria, hasta el Mar Rojo y el norte de Mesopotamia. Solamente la Anatolia le quedaba a Bizancio en Asia.
Paralelamente, los árabes van controlando el norte de África: en el 641 ocupan Egipto y se extendieron rápidamente hasta Trípoli (Libia) e Ifrikia y las costas atlánticas del Magreb (en el 697). Por último, en el 711 invaden el reino visigodo de Hispania, cuyo dominio logran en pocos años. Son “ayudados” por los cristianos arrianos, que negaban la divinidad de Cristo. Con lo que fácilmente aceptaban al Dios único del Islam, en lo que al establecimiento y la consolidación burocrática se refiere. Curiosamente, la llamada Reconquista cristiana de España duró siete siglos de dura lucha contra el Islam.

Pero, en el año 732 invaden el Reino de los Francos. Y, aquí, son derrotados en la llamada batalla de Poitiers, cerca de Tours, en octubre del 732. Y, son repelidos para siempre, allende los Pirineos.
La sociedad de Berberia y del Rif.
Berberia es un término más bien histórico, que comprende una amplia región del África del Norte. Desde la zona atlántica marroquí hasta la frontera este de Egipto. Esta región ha sido habitada por bereberes desde siempre y fue influenciada por fenicios, romanos árabes y turcos. Hoy en día, ese término o denominación no es el de una identidad política o geográfica única.

El Rif es una región montañosa del norte de Marruecos, que se extiende a lo largo del Mediterráneo Occidental. No existe una cifra oficial de la superficie de la «región cultural rifeña» completa, ya que abarca varias provincias del norte de Marruecos, desde Tánger en el oeste hasta Melilla/Nador en el este, y desde el Mediterráneo hasta aproximadamente el río Ouerrha, en el sur. Los rifeños, pertenecen predominantemente a la etnia amazigh (bereber). Y no existe un censo de población específico para la región cultural étnica del Rif.
Su población la forman tribus bereberes locales, que han mantenido su cultura y sus tradiciones a lo largo de los siglos y han luchado por ello. Tiene el Rif una gran belleza natural, con montañas, valles y costas escarpados. Su ciudad más importante es Alhucemas, que es la capital de la provincia de su nombre.
La resistencia de los bereberes del Rif a la conquista árabe fue un proceso largo y complejo, extendido a varios siglos, al final, apenas testimonial. La conquista árabe trajo cambios significativos en la Assabiyah de las tribus habitantes. Ésta es la conciencia y la unidad del grupo social, que aquí son tribus locales. O sean, “grupos sociales primarios primitivos originales”. Que basan en ella su unidad y arraigo, lo que son y reconocen ser.
A su vez, ella tenía la fuerza anímica suficiente, en los grupos nacientes, para ayudar a que el grupo social se sintiese capaz de los primeros movimientos de expansión y arraigo por la gran zona. Era su fuerza social primigenia y centrípeta.
Los bereberes del Magreb eran “cristianos viejos” mucho antes de la invasión islámica. Allí había, funcionando ya en el siglo V, 47 obispados.
Los bereberes, de piel clara, hasta un 10% son rubios, se diferencian de los árabes o morenos (moros) y constituyen una mayoría característica en regiones como la Kabila, el Rif y el Aures. En Marruecos, el 44% de la población son bereberes de las etnias amazigh, gomara y zenata.
Su estructura social los divide en clases poco permeables, en virtud de sus orígenes y de los oficios que realizan. Los jefes o amenokales son aquí “primus inter pares”, elegidos por las clases nobles y los guerreros en sus asambleas soberanas, que toman o ratifican todas las decisiones importantes para su colectividad. Estos “jefes” son como “negociadores privilegiados”con los distintos gobiernos y autoridades. Y, gozan de una autoridad personal, más que institucional. Y, cuyos acuerdos, pueden ser ignorados por los varones adultos, si no están revalidados por aquellas asambleas soberanas.
Los condicionantes naturales y políticos de su hábitat han sido siempre duros.
Así, los rifeños han desarrollados una resiliencia, una resistencia humana, una vacuna social, para sobrevivir y perdurar en sus tierras perennes. Entonces, no sólo su religión es una virtud de su etnia. También son virtudes o valores esenciales duraderos, los que se derivan del mutuo juego de derechos y deberes de los miembros del grupo social. De donde surgen la identidad personal, referida y comparada a sus iguales y a la mutua protección de los individuos y de sus sociedades elementales.
Modernamente, con los aparatos voladores sin pilotos, las bombas de artillería y aviación y los vehículos de orugas todo terreno y equipados con armas automáticas, se ha anulado el aislamiento de los rifeños en una enorme parte. Y, los rifeños están participando en la política y la sociedad marroquí, a través de los partidos políticos y los movimientos sociales, éstos de orientación religiosa, generalmente. Y, han estado trabajando para promover sus derechos e intereses en el gobierno y en la sociedad marroquíes.
El mecanismo socio político religioso de la Yihad.
Tres fueron las causas que estimularon a unas tribus a emprender el camino de la conquista de amplias y lejanas tierras y pueblos, fuera de la península arábiga. La primera fue la razón religiosa. Como en toda comunidad religiosa primitiva, la Umma fue el centro de los mandatos y las bendiciones de Allah. Viviéndose colectivamente y con entusiasmo, el cumplimiento de una doctrina monoteísta y sencilla. Esta religión exigía, un proselitismo militante y coactivo, continuo y expansivo, dirigido hacia los infieles y los hostiles fronterizos. “Oh, creyentes, perseguir a los idólatras (o infieles) hasta que toda la adoración en la Tierra sea dada a Allah”
(CONTINUARÁ)













































