LA DEFENSA DE GAZA.

¿Cómo será la defensa de Gaza por los milicianos de Hamás? ¿Por qué tarda el Tsahal en iniciar su ataque terrestre? ¿Cuáles son los inconvenientes y las oportunidades que presenta la defensa de Gaza, en una zona urbana? ¿Existen mejores posuibilidades militares para Hamás que su lucha numantina en la defensa de Gaza?

La defensa de los islamistas radicales en la Franja de Gaza.

No es fácil utilizar y defender unas zonas de rechazo urbanas. Su empleo implica unas elevadas exigencias a los combatientes islamistas: Una motivación suficiente, que les anime a tomar la vía de las armas y a arriesgar su vida por su causa. Que les aplaque y racionalice el miedo inevitable a la lucha armada a las distancias cercanas con un enemigo superior, hasta que la veteranía les brinde nuevos impulsos. Un buen entrenamiento en la lucha de infantería, que les dé oficio y confianza. Una lograda cooperación entre las pequeñas unidades que las guarnecen, que les garantice una cohesión sin fisuras en su tenue y magro despliegue y que permita y facilite la conducción y la realización de sus planes. Unos nervios templados por todo lo anterior, que les acostumbre a luchar en solitario o en grupos pequeños, resistiéndose a huir ante la implacable amenaza del fuego pesado directo e indirecto israelí.

A toda esta tensión “profesional” que soortan estos combatientes irregulares, se une la tensión creada por una lucha civil feroz. Que ellos mantienen, por voluntad suya, entremezclados con sus familias inermes y sus hogares, que resultan igualmente amenazados y agredidos. Por todo ello, entre las dos decenas de miles de rebeldes armados, no más del 20 % de ellos pueden en estos momentos utilizar eficazmente esta forma de lucha defensiva.   

Estos enemigos irregulares urbanos se protegen extendiendo sus posiciones defensivas más allá de lo necesario en una defensa convencional, cubriendo así una mayor superficie ocupada. En la zona de defensa establecen puntos de retardo, más o menos reforzados. Éstos protegen las posiciones más críticas de la zona, incorporan al rechazo los edificios con estructura de acero, especialmente resistentes, y forman trampas de fuego para el enemigo que irrumpe. Aunque pocos edificios de esa clase existen en el estrujado y maltratado Hamastán. Los nidos de resistencia tienen en la zona de Gaza más importancia, dado que: la ocupación de la zona de defensa es más tenue, las posiciones no pueden fortificarse demasiado para no destacarlas al Tsahal, las vistas son más cortas y existen numerosas vías de aproximación. Dependen de los puntos de retardo y a ellos se repliegan si son invadidos o destruidos. Existen numerosas posiciones alternativas o de recambio, más de lo habitual en esta forma de lucha. Esto permite engañar al Tsahal sobre el límite anterior de la posición de defensa, su verdadera extensión, los límites de los sectores que la forman, el interés del mando rebelde de la zona en cuanto a su defensa y dispersar el fuego pesado aéreo y terrestre del atacante. En los bordes de las zonas urbanas no establecen esas posiciones fijas. Aquéllos son ocupados por avanzadas de combate cuya misión es recibir a los posibles exploradores u observadores civiles, prevenir sorpresas y engañar sobre el trazado de la zona defensiva. Los ocupantes de las avanzadas de combate, distribuidos en parejas de centinelas y alguna patrulla móvil muy pequeña, se repliegan en su momento hacia los puntos de retardo más interiores.

Estas “fortalezas” urbanas de Hamás son difusas, ocultas y aún imperceptibles para los extraños. En muy pocas horas se ocupan y se refuerzan las obras previas. Sus vías de comunicación protegidas necesitan más tiempo de trabajo, pero también son menos evidentes. Hay que entrar en las casas para detectar paredes perforadas y encontrar pasadizos bajo un mueble o una alfombra. Sus posiciones de fuego no son complejas. Necesitan unos sectores de tiro entrecruzados, una protección inmediata contra la irrupción enemiga en masa o de comandos, unas cubiertas contra el fuego pesado normal y un ocultamiento suficiente, que las encubra de las vistas desde las posiciones enemigas probables sucesivas y sus avenidas de aproximación. Los obstáculos y las minas, incluso falsos en cierto porcentaje y siempre a distancia para no delatarlas, servirán para romper el ataque enemigo y para brindarles blancos más estáticos, por ejemplo para los morteros, que deberán tener registrado su fuego. La propia destrucción que genera el amplio soporte no preciso por el fuego pesado del Tsahal, refuerza las posiciones de combate rebeldes, rodeándolas de cascotes que dividen y dificultan los accesos israelíes, salvo cuando son alcanzadas por un impacto directo. Para operar esta estructura defensiva los milicianos tienen preparados numerosos y estrechos túneles, trincheras de arrastre y boquetes en tapias y paredes interiores de los edificios. De tal manera que, ocultos de las vistas, les permitan ocupar las posiciones de combate y de observación deseadas, defenderlas más o menos tiempo o no, trasladarse entre ellas y reforzar las más amenazadas o presionadas.

Los milicianos de Hamás van a procurar alcanzar desde el frente, con tiradores aislados o en parejas, preferiblemente armados con el fusil de precisión SVD, a enemigos individuales y a pequeños grupos y atacar de flanco o de  revés a las unidades enemigas que se internan en su zona defensiva, que ya están disgregadas en pelotones o escuadras con uno o dos vehículos blindados de apoyo de fuego. Aquellas comunicaciones preparadas citadas les permiten aparecer, siempre en pequeño número, detrás o al lado de esas unidades, mientras se detienen, se reagrupan, piden o reciben instrucciones, o deciden por dónde avanzar. Y erosionarlas, causándoles algunas bajas. Por ejemplo, desde un sótano o un piso, por un hueco irregular en una tapia, debajo de un vehículo aparcado o destruido, donde emerge un estrecho túnel con la boca cubierta y disimulada. En esas posiciones lanzan algún cohete RPG-7V o varias ráfagas cortas, siempre apuntando, de la ametralladora ligera RPK de cargador largo o la obsoleta, pero omnipresente entre las guerrillas, RPD de cinta. Los patios interiores de las casas les sirven para colocar los morteros, que constituyen su único “fuego pesado” de combate, protegidos desde una posición de infantería. Los dispararán con los ángulos máximos sobre las concentraciones militares abundantes, recrecidas y siempre excesivas. El mortero habitual es el ruso de 82 mm. moderno M-1937. Unas posiciones semejantes, protegidas por el entorno de las casas y los patios interiores, rodeadas de habitantes inocentes e inermes, son los que utilizan para lanzar tercamente sus cohetes de vuelo libre, los Kassam y los iraníes, más modernos y con más alcance y que reciben desmontados, sobre las poblaciones israelíes cercanas al norte de la franja de Gaza.

Aquí que los israelíes presenten tres veces más hombres (en medios la proporción debe ser de 20 a 1) no les favorece ni les facilita la labor. Sino que le brinda al acosado defensor más blancos para poder emplear su exiguo poder de fuego. Sobre todo porque, en un momento dado, es pequeña la proporción de atacantes que están poniendo en apuros verdaderos a los defensores.  

El momento crucial para la defensa ocurrirá cuando el jefe del sector decida evacuarlo, tras haber detenido a las fuerzas terrestres del Tsahal por algún tiempo. Procurando causarle las pérdidas más elevadas posibles. Pero sin exponerse excesivamente: a una lucha a las distancias cortas con fuerzas mejor entrenadas y equipadas, a ser desbordado, o a perder su libertad de acción. Esto va ligado inexorablemente a la cesión de espacio a los israelíes. Para ello se sustraen los islamistas, en un momento oportuno, por ejemplo, en la noche o en una tregua, al ataque directo de su enemigo. No a su bombardeo o cañoneo extensivo, que siempre es impreciso y costoso. Los milicianos de Hamás tienen suficientes túneles de salida dirigidos hacia edificios no muy cercanos (muchas veces oficiales e incluso respetables (mezquitas), oficinas, empresas, algunas viviendas) o cauces secos (wadis), matorrales, poco evidentes, en el escaso despoblado de Gaza. Desde donde se puedan dispersar por la superficie, en muy pequeños grupos, hacia posiciones amigas de acogida, en los primeros momentos. La protección de la evacuación es vital y las dos entradas de estos túneles, en ambos sentidos, están cubiertas siempre por nidos de resistencia, que llevan a cabo una defensa rígida en el tiempo.

Algunas conclusiones tácticas y operativas para esta lucha de defensa.

La defensa terrestre de Gaza es muy difícil de sostener en el tiempo. La franja carece de espacio geográfico para poder establecer una defensa flexible escalonada en profundidad. Esto es necesario para darle potencia, solidez, continuidad y apoyo a la lucha de rechazo.

Por otra parte, el abastecimiento externo de armas, municiones y equipo militar a Hamás está estrangulado por Israel. Que ha bombardeado con precisión la zona de túneles de comunicación en torno a Rafah, al sur de la franja, que cruzaban subrepticiamente la frontera con Egipto. Para garantizar el sellado de ésta, el Tsahal ha establecido, al menos, dos “cerrojos” ocupados con infantería mecanizada y tanques, en torno a Netzarim y Tel Katifa y transversalmente en la franja, que impiden prácticamente el tránsito (tráfico es mercadeo) de equipamiento militar procedente de Egipto.

La estructura “militar” de Hamás se asienta socialmente en los clanes locales palestinos. Su unidad táctica superior suele ser un “batallón” reforzado de alrededor de medio millar de hombres, por darle un “nombre” práctico. En sus unidades escogidas, Hamás procura que la formación, el entrenamiento y el equipamiento de los infantes sean homogéneos. El mutuo apoyo de los sectores de la defensa durante un ataque israelí, es así difícil y precario. Es más difícil aún realizar contraataques, que no contrachoques sectoriales, sobre las penetraciones terrestres israelíes contra la franja de Gaza.

Aquéllas atacarán siguiendo 2 o 3 direcciones diferentes y convergentes. Buscando dispersar el fuego de rechazo palestino, perturbar la conducción de la defensa por su mando y romper la coherencia y consistencia del conjunto de la posición. Con un primer asalto, lo más inesperado posible, sobre el borde de las poblaciones, para conseguir unas posiciones de partida y apoyo ya en su interior. Para continuar luego su difícil trabajo de avance y limpieza sistemático. Hay dos brigadas israelíes imprescindibles en esta operación: la Givati y la Golani. La primera cuenta con pequeñas unidades entrenadas para el ataque con objetivo limitado en zonas urbanas. La Golani es famosa por su lucha contra los tanques sirios en la guerra del Yom Kipur de 1973, bloqueando el paso de aquéllos a través de los Altos del Golán, que hubiera supuesto la irrupción enemiga en las llanuras de Galilea, y formando parte de una fuerza táctica de armas combinadas del Tsahal. La Golani cuenta con 4 o 5 batallones bien entrenados para la guerra urbana, en campos de entrenamiento muy similares a las poblaciones palestinas.

Hamás, en su lucha desesperada, va a buscar la grave erosión enemiga, Israel es muy sensible a la pérdida de hombres, en los numerosos microcombates aislados que ocurrirán durante la irrupción y el avance israelíes. Pero sin poder dar una trascendencia táctica, ni mucho menos operativa, a su esfuerzo militar.

Lo mejor que puede hacer Hamás ahora es abandonar este combate numantino, sin esperanza militar. En aras de proteger a su pueblo y prepararse para otra mejor ocasión. Donde, su «esfuerzo de sangre en la senda de Allah», éste es el sentido de la “yihad” militar, sea más productivo tanto táctica como operativamente. Por otro lado, si Hamás consigue no perder este combate asimétrico, las posibilidades de supervivencia de un gobierno de al-Fatah (Abu Mazen) habrán disminuido muchísimo, y también en Cisjordania. Ésta puede ser la baza política que Hamás está jugando, mientras camina temerariamente por el afilado borde de una navaja.       


              

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