Un Viejo Cuento Taoista.
Érase una vez un campesino que vivía en un pueblo en el interior de la China antigua. Una mañana, a primera hora, su único caballo se le escapó de su granja al monte. Algunos vecinos se acercaron, para lamentarse con él: “¡qué desgracia has tenido!”. “Puede ser”, les contestó él. Sobre el mediodía, el caballo volvió a su corral. Con él venía un pequeño grupo de caballos salvajes. “¡Qué suerte tienes!”, le dijeron sus vecinos. El campesino les contestó: “Podría ser”.
A media tarde, su hijo se puso a domesticar los nuevos caballos. Durante la doma, el joven se cayó y se rompió una pierna. Esto les traería muchos problemas para poder llevar su pequeña granja. Sus vecinos volvieron y le dijeron: “¡qué pena más grande!”. Él les contestó: “podría ser”. Al caer la tarde un grupo de soldados pasó, haciendo un reclutamiento forzoso. Los jóvenes de todas las casas en el pueblo fueron reclutados. Pero ellos dejaron a su hijo en casa, porque estaba inútil para el servicio militar. Los vecinos, llorando, se acercaron al campesino y le dijeron: “¡qué suerte tienes!”. Y él les contestó: “puede ser”.
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