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El lenguaje y los conceptos e ideas

No es costumbre mía publicar artículos que no estén relacionados con los conflictos y las crisis. Pero, quizás por eso mismo, venga a cuento y resulte oportuno tratar del lenguaje y de las ideas. De la importancia del lenguaje, en su relación con los procesos mentales, primero los deliberados y luego los autónomos e intuitivos.

La elaboración de los conceptos e ideas: la razón de este artículo.

El lenguaje es la base física con la que elaboramos, desarrollamos, conservamos y transmitimos nuestras ideas a los demás. El lenguaje es el gran tejedor de los pensamientos y de las ideas abstractas. Es el soporte material con el que éstos se prefiguran, trabajan, elaboran y se rinden definitivos. El lenguaje es también un aherrojamiento de las ideas, que quedan circunscritas a él, tanto en sus capacidades expresivas como en sus límites ideológicos. Pensamos con el lenguaje que usamos.

Al empobrecerlo, al dejar de usar muchas, innumerables palabras en nuestro lenguaje habitual, el coloquial y el profesional, estrangulamos la riqueza de nuestra producción de ideas. Que es un proceso natural, innato y, sobre todo, fluido y nada artificial o amanerado. Tiene que ser fluido para ser enriquecedor. Aunque su contenido tenga que ser contrastado en un momento dado por las destrezas y los conocimientos adquiridos, para darles el marchamo de certeza y precisión.

Por eso debemos siempre procurar aprender (aprehendere o agarrar firmemente) palabras y usarlas, para enriquecer el armazón y el soporte de nuestas ideas. En el caso concreto del idioma español, nuestros hermanos hispanoamericanos tienen mucho que enseñarnos. Ellos sostienen y cultivan un español rico, cadencioso, iluminado por multitud de vocablos y giros, que en España hemos apartado y olvidado, ojalá que sólo temporalmente.

La concatenación sucesiva de ideas en un pensamiento superior. Su conservación y transmisión a los demás.

Por otra parte, el número simultáneo, no el sucesivo, de las ideas con las que podemos trabajar conjuntamente es muy limitado: apenas tres o cuatro. La memoria inmediata no resulta tampoco de una ayuda completa e infalible para la presentación, la comparación y las sucesivas consultas de ideas, relacionadas entre sí. Para fusionarlas, modificarlas, consolidarlas y/o superarlas en una unidad ideológica superior. No digamos si lo que se trata es de conservar íntegra esta creación y su proceso, de cara a recordarla y a transmitirla a los demás.

Se hace necesario entonces escribir el lenguaje de las ideas en acción, expandirlo en el “papel”. Para que las ideas más extensas, los conceptos más amplios surjan, se engranen, se perfeccionen y adquieran un rango ideológico superior.

En esta labor, desde la más simple a la más compleja y profunda, la “pluma” y el papel se funden junto con las manos, con el lenguaje ideológico y el cerebro humano. Hasta alcanzar todos una unidad con los conceptos y el pensamiento creadores, donde todos los elementos son importantes y ninguno puede faltar. Es el “hombre elaborador” con sus manos, ancestral, actuando plenamente como “homo sapiens” intelectual.

Para esta labor, cualquier otro artificio escritor no se integra tan plenamente con las capacidades biológicas del hombre. La pluma, el lápiz o el bolígrafo son, pues, por la nobleza de sus rasgos, la agilidad inmediata y la docilidad al servicio del pensamiento, los instrumentos que más cabalmente nos permiten extender en un objeto (el papel) nuestras ideas. Para ir entretejiendo, tanto simultánea como sucesivamente, con ellas un proceso mental creativo.

Nos atrevemos a decir que la falta de este ejercicio puede llevarnos a una atrofia de la capacidad natural de aceptar y criticar, pensar y crear, que es independiente del volumen de conocimientos adquiridos, pero que nos permite utilizarlos mejor. Con lo cual nos privaríamos en gran parte de la verdadera posibilidad de asumir la cultura.

Este proceso no tiene por qué ser complicado y difícil. Se trata de hacerlo siempre divertido y ameno. Y partiendo cada cual de sus aptitudes y gustos. La clave es ejercitarlo agradablemente, como fuente de interés, salud mental y desarrollo cultural.

Una vez culminado dicho proceso de creación, si el tema y las circunstancias lo merecen, existen otros procedimientos mejores para comunicar a otros muchos las ideas desarrolladas. Entre ellos están la imprenta, la máquina de escribir y el ordenador personal, con todas sus variantes y mejoras. Ellos poseen unas cualidades de composición, reproducción, transmisión y generalización tales, que han supuesto un avance cualitativo en la difusión del pensamiento humano.


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Acerca de

Enrique Alonso nació en La Habana. Tras el establecimiento del régimen comunista se trasladó a España, licenciándose en Ciencias Químicas en la Universidad de Oviedo.

Es titulado por la Universidad Complutense en Química y Tecnología del Petroleo (dos cursos) y en Logística por la Cámara de Comercio de Madrid (un curso). Ha realizado su labor profesional durante más de 30 años en REPSOL y empresas anteriores, absorbidas posteriormente. Su trabajo se centró en la investigación de lubricantes (Centro de Investigación de la calle Embajadores), el área comercial y la logística de lubricantes (unas 100 mil Tm. al año de productos a granel y envasados, con un presupuesto total de unos 1000 millones de ptas).

Ha sido colaborador en la década de los 80, del diario Pueblo y, a través de la agencia EFE, de diversos diarios españoles e hispanoamericanos en temas de política internacional y militares.

Es autor de la novela “Operación Elefante”, publicada en 1982, que trata minuciosa y extensamente de las operaciones y tácticas de las guerrillas y contraguerrillas en la Angola socialista prosoviética de Agostinho Neto, apoyada desde 1975 por tropas cubanas. 

En 2005 publicó en inglés el ensayo “On the Nature of War”, que es una teoría de la guerra basada en el desarrollo y la aplicación práctica de 10 “sistemas operativos”.

Actualmente es colaborador permanente de la revista española War Heat International.

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