El Sistema Militar de los Husitas.

Una Revolución Militar del Siglo XV. 

Prolegómenos.

Hace más de 600 años, tuvo lugar en Tannenberg una famosa batalla entre los jinetes alemanes y polacos. En efecto, las caballerías teutona y polaca, ayudada ésta por jinetes lituanos chocaron el 15 de julio de 1410 en la batalla llamada de Grünwald por los polacos. Éstos prevalecieron por puro esfuerzo. El Estado monacal de los caballeros teutónicos resultó vencido y repelido de Polonia. La Orden no recuperó su influencia anterior. La batalla es uno de los acontecimientos más importantes de la historia polaca, al consagrar una independencia temporal de los alemanes. Fue un combate puramente muscular.

Y no fue diferente del que perdieron los polacos contra los “tumanes” o grandes grupos mongoles de caballería pesada y ligera en Liegnitz el 9 de abril de 1241. Sin embargo, apenas unos 10 años después de Tannenberg, un ejército de campesinos de Centro Europa llevó a cabo una auténtica revolución en el arte ciencia de la guerra. Revolución que desarrolló un sistema defensivo ofensivo cabal. Y que se adelantó en dos siglos al vigente en su época. Presentando adaptaciones e innovaciones que no fueron comprendidas por los militares hasta 4 siglos después. Así, las realizaciones de Jan Ziska y sus carros baluartes se mantuvieron vigentes, incomprendidas y temidas por sus enemigos. Era una época oscurecida por la brujería y la permanencia anquilosada de la ignorancia. Y las técnicas y tácticas de Ziska se basaban en un conocimiento y una experiencia previos, la experimentación, la retroalimentación y el análisis de resultados y la adaptación de los magros medios disponibles.

El Origen del Movimiento nacional religioso husita.

El 6 de julio de 1415, Juan Hus, de 46 años, sacerdote reformista y héroe nacional checo fue muerto en la hoguera por herejía. Sus seguidores, el pueblo llano de Bohemia, sojuzgada por el católico Imperio alemán, se organizaron rápidamente como los cristianos primitivos. Llenos de un entusiasmo fresco y novedoso, celebraban sus sencillos ritos con cánticos en sus campos, dirigidos por sacerdotes casados, que oficiaban en su idioma vernáculo, recibiendo la comunión bajo las dos especies. Entonces, el primer desafío de la Reforma protestante contra Roma resonó por toda Bohemia. Y su reniego de creencias establecidas, como las indulgencias y bulas, el rechazo de la propiedad temporal de la Iglesia y el purgatorio, y la predicación libre de la Palabra, les llevó a ser declarados herejes. Bohemia está constituida geográficamente por la extensa y fértil llanura de Polavi, regada por el Elba y el Vltava. Si la unimos a Moravia, que se alarga desde su frontera oriental hacia el sureste, tenemos a Chequia o tierra de los checos.

El Genio militar y organizador de un viejo hidalgo checo, Jan Ziska de Trocnov. Aparece el Ejército del Señor, bajo los estandartes con el Cáliz de su Sangre. Sus Características, Tácticas y Estrategia.

Muy poco se conoce realmente de los primeros 65 años de la vida de Jan Ziska. Ziska era un hidalgo de Bohemia, pobre e inculto, que luchó como mercenario en Polonia. Cuando regresó a su país, este veterano y tuerto militar de 65 años, aún no había iniciado su prodigiosa y corta carrera de patriota militar rebelde. La guerra de liberación estalló en 1419. Y Jan Ziska, por su experiencia previa, surge al mando de unos centenares de campesinos de su Trocnov natal, pueblo al sur de Bohemia, armados con hoces y mayales o trillos. El mayal es un instrumento usado en la trilla del centeno, compuesto por dos palos recios, unidos con una cuerda. El mayor se empuñaba y servía para descargar con impulso el más pequeño sobre la parva. Para la guerra, el más pequeño podía estar erizado de clavos, láminas o con pesos. Ziska, al darse cuenta que su ejército animoso, embrionario y sin estructura no podía enfrentarse a los jinetes acorazados del Emperador alemán, se retiró a Tabor. Éste era un pequeño pueblo montañoso, situado a 75 Km. al sur de Praga. Allí fortificó sus posiciones naturales, formando un gigantesco castillo defensivo. Esta posición fortificada se convirtió en un reclamo para todos los rebeldes bohemios. Y sería su base de apoyo permanente en sus operaciones militares futuras. Hasta que en 1423, por desavenencias con parte de los taboritas, pasó con sus seguidores a ocupar el monte Oreb (les daban nombres bíblicos a los suyos), en las cercanías de Hradoc Králove, en la Bohemia oriental, junto al río Labe.

Ziska comenzó a imbuir de una disciplina férrea e integradora a sus primitivas huestes. En un documento conservado de 1423 aparece su reglamento militar. El entrenamiento en las técnicas y tácticas, aunque simples, era practicado continuamente. Siendo puros y formando el ejército del Señor, el remoloneo, la desobediencia, el juego, la brabuconería y la vida desordenada con mujeres eran castigados severamente. Los oficiales sólo obtenían su promoción por méritos. Todos los husitas tenían asignado un puesto permanente en la milicia: los hombres, en las filas del ejército; los viejos y las mujeres fortificaban y, también, reparaban toda clase de equipos; los niños eran trasegadores de pólvora, armas, municiones y alimentos.

Tampoco quiso Ziska arriesgar y malgastar a sus fuerzas novatas. Así, fue acostumbrando a sus hombres a la dureza y las particularidades de su oficio, lanzándolas a operaciones de ataque y pillaje sobre los monasterios fortalezas que punteaban Bohemia. Los hombres iban probando y comprobando sus habilidades y asumiendo sus victorias, formando así espíritu de cuerpo y una moral de lucha. De los monasterios traían, además, todo el oro, la plata y las joyas que podían, para financiarse. Y las armas del enemigo: ballestas, bombardas y las primitivas armas de fuego individuales.

Las corazas de los jinetes nobles, al principio del siglo XV, eran ya casi impenetrables. A las distancias habituales de combate resistían las flechas de los arcos largos y los virotes de las ballestas portátiles, salvo el blanco de fortuna en las juntas de sus piezas. Pero las primitivas y recientes armas de fuego individuales sí eran efectivas contra las cargas de los nobles. Ziska llegó a armar a un tercio de sus infantes con estas armas, en una proporción enorme para la época.

Dentro del sistema militar husita destaca el empleo del carro blindado. Antes que ellos, muchas tribus emigrantes invasoras (los bárbaros) usaron sus carros de impedimenta como refugio temporal en la batalla. En Adrianópolis, la derrota romana fue ocasionada en parte por su uso por los godos. Incluso, posteriormente, los carros defensivos fueron utilizados en las caravanas de los colonos estadounidenses contra los indios del Oeste y por los boers de África del Sur contra los zulúes. Pero la aportación husita fue radical, flexible e innovadora y fue táctica, operativa y técnica. Los débiles carros campesinos del país, usados para acarrear las cosechas, la leña, la hierba y el heno, fueron empleados aquí para transportar y proteger a un pelotón de husitas, sus servidores. El carro era reforzado lateralmente con cuadernas y tablones robustos e incluso, a veces, con planchas de hierro basto. Su estructura tenía toscas aspilleras para el tiro protegido de ballestas y armas de fuego individuales. Estos carros blindados, usados como plataformas protegidas de tiro tenso, permitían una gran precisión de fuego. Porque sus servidores individuales y colectivos se hallaban bien cubiertos con ellos. Por supuesto, los husitas también contaban con un número variable e importante de carros del país dedicados al transporte de su impedimenta y servicios; por ejemplo, las tiendas que montaban por las noches para acogerse.

Ziska incorporó también la artillería pesada a su ejército. Y no simplemente las culebrinas sobre narrias, que usaron los franceses para arrasar a los ingleses en la batalla de Formigny (junto a Caen) el 15 de abril de 1450. Matando a 5600 ingleses, a cambio de menos de doce muertos propios. Vengándose así de las derrotas que les infligieron los ingleses en Crecy y Agincourt, durante la Guerra de los Cien Años. Hasta entonces, la artillería pesada era empleada por los ejércitos reales para los sitios. Las bombardas husitas eran transportadas en carros pesados de 4 ruedas. Y eran capaces de lanzar piedras de hasta unos 40 Kg. Al formarse el cuadro defensivo husita, con los carros blindados en su perímetro, los cañones eran desplegados en los espacios entre dos carros, que estaban asegurados con cadenas o fuertes sogas. La concentración de fuegos podía hacerse en cualquiera de los lados del cuadro que fuese necesario.

Los husitas poseían una caballería pequeña, raquítica e insuficiente al principio, pero necesaria y eficaz. Estaba formada por un cuerpo ligero variable de exploradores y forrajeros y varios escuadrones pesados de choque, equipados con lanzas y espadas.

Una campaña militar típica husita comenzaba por la invasión del territorio hostil, generalmente del Emperador, con gran iniciativa y celeridad. Incluso llegaban a aquél antes de que las huestes enemigas se hubiesen concentrado, a la llamada imperial. Su caballería procedía a devastar las tierras enemigas, sembrando la alarma, el estupor y las huidas de paisanos, más allá de su alcance eficaz. Las ondas de conmoción creadas por su irrupción en la retaguardia enemiga, se extendían desde el foco generador por regiones enteras. Las pequeñas ciudades y puntos fuertes enemigos podían ser sitiados, apabullados y tomados, sirviéndose de su tren artillero y sus técnicas de sitio y aislamiento del enemigo. Todo esto atraía inevitablemente el avance en fuerza de las tropas imperiales y el ataque obligado e impetuoso a las fuerzas husitas.

Tras las primeras derrotas imperiales, cuando éstos divisaban el avance lejano de los carros husitas formando lineas de marcha, entonando los hombres a viva voz sus cánticos religiosos y con los estandartes de combate del Santo Cáliz desplegados al viento, sus ánimos se llenaban de inquietud y de dudas. Por más que sus jefes les recriminasen una y otra vez que, si no habían logrado antes la victoria sobre los husitas, había sido porque no habían luchado con suficiente celo, interés y esfuerzo por la verdadera fe y el emperador. Lo cual sólo les servía para que en la siguiente batalla se rompiesen la crisma contra la defensa husita con más intención, devoción y mayor convicción. El himno husita más característico, el Kdoz jsu bozi bojovnici o “Los que son combatientes de Dios”, llegó a inspirar varias piezas musicales.

Una agrupación de marcha husita avanzaba por el campo en 4 hileras de hasta 400 carros de ambos tipos. Ante la proximidad de la batalla, los carros blindados cerraban el cuadrilátero defensivo, colocándose en su periferia y encadenándose a sus contiguos. La mitad de sus tripulantes eran infantes equipados con sus armas de choque. Y defendían la línea de vehículos y a los tiradores y artilleros, de los enemigos que pudieran alcanzar el lado externo de sus carros. Los carros de carga formaban un recinto interno circular menor, que acogía a los caballos de tiro. Si era posible, reforzaban su posición temporal con un foso circundante. La flexibilidad husita, siempre a tracción animal, se manifestaba continuamente en el campo de batalla. Ante la amenaza lejana enemiga, no les importaba realizar una marcha retrógrada. Estableciendo luego su castillo andante, erizado de trampas para el enemigo, en una posición natural fácilmente reforzable. Y que bloqueara el avance imperial, atrayendo por ello más su ataque.

La caballería pesada era el arma de los nobles y caballeros. Ella les permitía dominar, avasallar y castigar a todos los siervos. Sirviéndose de la impunidad que les daban sus corazas y de la potencia de choque que lograban con sus caballerías a la carga. Pero los caballeros que llegaban a la línea de carros, la alcanzaban batidos por los fuegos husitas ligero y pesado, sin capacidad de combate suficiente para romperla. Ante ella eran vapuleados por sus infantes ocupantes, armados con mazas, picas y mayales reforzados. Cuando el enemigo desorganizado y quebrantado física y moralmente se retiraba o huía, la caballería pesada husita salía de su refugio tras los carros blindados. Y se lanzaba a perseguirlo y rematarlo, cubierta por el cuerpo ligero de jinetes. Era el momento de la exacción de la sangre, en el que las pérdidas imperiales recrecían. Y su derrota final impactaba honda e inexorablemente en el ánimo de los que conseguían alejarse y sobrevivir por esa vez.

A la vista de los resultados que obtenían, Ziska y los suyos fueron considerados pronto como socios del diablo. Lo cual acrecentaba y prolongaba su efecto moral y depresivo sobre sus enemigos. Esto lo proclamaban los nobles y el ejército imperial, para justificar su terca incapacidad para conocerlos, detectar sus puntos flacos o “flancos expuestos”, evolucionar y adaptarse a las condiciones de esa nueva forma de lucha.

(continuará)

Las Revueltas Árabes II.

(CONTINUACIÓN)

La Reacción Contrarrevolucionaria.

Tras las revueltas árabes, la aparición en número y fuerza de los partidarios del “rais” no es un acontecimiento insólito e inesperado. Era lógico que toda la estructura político social de su gobierno rechinase y actuase. Éste es un fenómeno natural de la dialéctica entre opuestos antagónicos irreconciliables. Incluso, en la Historia, a veces los rebeldes han provocado una reacción inoportuna o prematura de sus enemigos, para tener una excusa para eliminarlos físicamente.

Veamos la siempre presencia e importancia de la reacción, en el ejemplo de un país cercano. En torno al partido Baaz (su otra rama es la siria) articuló Sadam Husein la estructura política de su régimen. Y durante la guerra Irak-Irán, todo el pueblo permaneció leal al país y nutrió generosamente sus fuerzas armadas. En torno a los clanes sunníes, fraguó el dictador su estructura étnica social. Usando el armazón institucional del ejército y la policía estableció el brazo armado y represor de su régimen. Con ellos volvió a aplastar a los kurdos del norte y a los chiíes del sur, cuando se atrevieron a levantarse en armas cntra él, tras la Operación Tormenta del Desierto. Con los favores, el clientelismo y las extendidas lealtades debidas mantuvo funcionando razonablemente al país. El error de los EEUU, ejemplarizados en el torpe e impresentable Paul Bremer, como administrador de la ocupación yanqui, fue prescindir de golpe de todo el aparato existente del Estado. Pero sin formación de juicio a nadie y sin respeto a la presunción de inocencia de todos. Hasta el año 2009 no pudieron enderezar el país. Para comenzar a pacificarlo y pensar en abandonar el avispero multiétnico creado. Y eso que es un país sin montañas ni bosques protectores, proclives a la rebelión civil. Tuvo que llegar el general David Petraeus para cambiar las reglas estratégicas de enfrentamiento y lucha contrainsurgencia. Dando cancha de nuevo a las tribus sunníes, para que participaran en su futuro social. Y encargándolas de la seguridad local, con sus milicias del “despertrar sunní”. Formadas al margen del ejército irakí y pagadas por los estadounidenses.

Todos los regímenes oligarcas no funcionan solos, o sea, por acciones espontáneas sucesivas. Todos sus beneficiarios activos y pasivos están articulados en redes sociales operativas y suficientemente eficaces. Que se extienden por todos los rincones del país. El partido en el poder está presente en todas las ciudades y sus barrios, mediante delegaciones, oficinas y células. Los funcionarios públicos dependen en parte de los favores del régimen. La colaboración de todas las empresas con el Estado está sujeta en parte al juego de intercambio de favores y obligaciones. En el caso de Egipto, la policía ejercía una función de control despótico y opresión. Que la ha hecho odiada y la ha convertido ahora en blanco de las iras populares. Sin embargo, las fuerzas armadas se han mantenido más dedicadas a la defensa nacional exterior.

El Papel Fundamental de los Ejércitos Nacionales.

En estos momentos, en las naciones musulmanas más afectadas por las revueltas, Túnez y Egipto, solamente sobreviven como organizaciones nacionales, respetadas y probadas, el clero musulmán, centrado en los Consejos de Ulemas y la Universidad de al-Azhar de El Cairo, y los Ejércitos. El clero musulmán suele ser bastante pasivo políticamente. Y no es fácil que tome un protagonismo rector y guía, de algo que puede recordarle a las “turbas” prepolíticas añejas e incontrolables.

Las Fuerzas Armadas egipcias cuentan con unos 450 mil hombres, de los cuales hay 300 mil en el Ejército. Las Policías tienen unos 350 mil efectivos y la Guardia Presidencial, unos 22 mil. Las cifras varían realmente según la fuente fidedigna que las aporta. Es el ejército mayor de África y el más experimentado. Sus Fuerzas Armadas son las segundas del Oriente Próximo y Medio, por detrás de las de Irán. Aunque su “eficacia” frente a Israel haya sido históricamente baja. Medida ésa como “capacidad de combate específica”, las individuales egipcias exigen reunir varias para igualarse a un israelí. En 1956 Egipto fue invadido por una extraña coalición de israelíes, franceses e ingleses, tras la nacionalización del canal de Suez por Nasser. En 1967, los israelíes los echaron de la península del Sinaí en 6 días. En 1973 los egipcios penetraron por sorpresa, tras años de preparativos, la línea de fortines de Bar Lev, que protegía el Sinaí. Pero fueron frenados por el contraataque israelí y pasaron a la defensa rígida. Y Ariel Sharon se las arregló para cruzar el canal con una ugdah combinada a retales, aprovechando dos accesos ocultos al canal. Y sembró el terror, la confusión y la descomposición en la retaguardia operativa egipcia. Llegando a aislar a su Tercer Ejército, al sur del frente.

Las Fuerzas Armadas por ahora se mantienen rigurosamente neutrales. No demuestran afanes golpistas, ni intervencionistas. Han reprimido tímidamente las algaradas de la reacción. Y permiten las exteriorizaciones populares pacíficas, pero no toman partido por este movimiento. Si lo hicieran, se resolvería en primera instancia y en cuestión de horas la situación de impasse actual. Las instituciones militares cuentan con numerosas y rentables empresas en los sectores civiles, desde la construcción de infraestructuras a la producción de electrodomésticos y la comercialización alimentaria, que dependen del favor burocrático. Los militares están convencidos de la necesidad de efectuar cambios políticos. Esto es generalmente cierto entre los jefes de división y los de cuerpo de ejército. Pero, los militares ven también en las formas insólitas con que se desarrollan los hechos, un peligro de salto en el vacío político. Parecido, no igual, a los miedos de las autoridades religiosas.

A fines de 1991, los islamistas del Frente Islámico de Salvación ganaron las elecciones generales en Argelia, consiguiendo 188 escaños (43% del total) de la asamblea. Sólo la intervención inmediata del ejército impidió que el país cayera en manos de los radicales. El Grupo Islámico Armado o brazo militar del FIS y otros grupos afines menores mantuvo durante 6 años una cruel guerra de guerrillas en Argelia, que causó 100 mil muertos. Las derrotas sucesivas sufridas hicieron que algunos miembros se deslizaran hacia el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate. Éste fue la antesala de la actual al-Qaida para el Magreb Islámico. Hamas también ganó las elecciones generales en la franja de Gaza. Y se impuso localmente a las autoridades palestinas de al-Fatah y las fue anulando allí como oposición. Hoy mantiene un contencioso bélico en el bajo vientre de Israel. Hezbollah es otra organización considerada terrorista, que controla los territorios del sur y el este de El Líbano, donde se asientan las minorías chiíes libanesas. Es patrocinada por Irán, a través de su Guardia Revolucionaria, y tolerada/favorecida por Siria, como factor principal de desestabilización de la Galilea israelí. En todos estos casos, los partidos islamistas radicales han sabido ganar unas elecciones democráticas de corte liberal. Pero nunca están dispuestos a abandonar el poder. Habría aquí que considerar si las reglas de la democracia inorgánica no tienen también que modificarse y convalidarse para las situaciones políticas soliviantadas y radicalizadas.

La instauración de un régimen islamista en Egipto es uno de los demonios más temidos de su clase militar. Y no es por sus características dictatoriales o religiosas radicales. Egipto ha sido el puntal principal de la paz global en Oriente Próximo en los últimos 40 años. Y los militares son los que más disfrutan de la paz. Porque ellos van por delante de todos, poniendo sus muertos por el camino bélico decidido por los políticos, refugiados en la retaguardia profunda. Pero un gobierno musulmán radical podría abocarse a una guerra con Israel. Y por eso nos hemos extendido algo antes en la historia de sus desencuentros militares con Egipto.

Camino de las Difíciles Soluciones.

La salida nacional a la crisis socio política pasa en todos estos países musulmanes por un gobierno de concentración o de unidad nacional. Tutelado por los militares, como la institución nacional más válida para garantizar el proceso y su desarrollo. Que en un tiempo prudencial organice unas elecciones libres, de las que saldría un gobierno respaldado por el pueblo.

Los Hermanos Musulmanes, un “partido” islamista ilegal, pero tolerado por el gobierno, dice tener unos 5 millones de simpatizantes y afiliados. Aparte de la realidad de los números, ya tienen una organización militante y extensa funcionando. Además, las organizaciones islámicas son profundamente sociales. Se articulan verticalmente en la población, abarcando todos sus ámbitos de vida. Conforman siempre una comunidad, una Umma en pequeño. Disciplinados, también son ajenos a los movimientos populares espontáneos. Existen otras organizaciones opositoras al gobierno de Mubarak, pero son escuálidas, poco arraigadas en muchas áreas y, sobre todo, sin experiencia de gobierno.

Esperemos que el gobierno interino sea lúcido y que los Ejércitos egipcios sean firmes, flxibles y pacientes.

Las Revueltas Árabes

Una revolución social para el progreso

No es nuestra función cansar al lector con la narración de los hechos iniciados en enero. Todos los medios de comunicación los han transmitido y transmiten minuciosamente. Los inalámbricos, de pago y populares, describiéndolos en directo a todas horas. Si bien, los observadores sólo pueden comunicar como testigos de lo que ven en su entorno inmediato. Que está comprendido por apenas unas decenas de metros alrededor. Y El Cairo, por ejemplo, tiene una población de 16 millones de habitantes. Y se extiende por unos 38 Km. a lo largo del Nilo, ocupando unos 510 Km2. Los medios escritos, acompañándolos de análisis y comentarios. Que nos permiten reflexionar sobre su importancia. Y sobre su carácter imprevisto, insólito y rápido, en su desarrollo y en su contagio desde mucha distancia física y política. Intentaremos aquí describir los entresijos sociales, políticos y anímicos de todo lo acontecido. Y ponerlos para el lector en su perspectiva evolutiva.

El Origen Político Social de las Revueltas Árabes.

Los países musulmanes no son proclives a la rebelión contra sus autoridades. La obediencia es una cualidad personal y social muy arraigada en las sociedades islámicas. Se obedece al jeque o jefe de las familias del clan en las cosas referidas al orden social, se obedece al jefe familiar o padre en la familia. Y se obedece y acata la voluntad de Dios, como gesto y rito vital del Islam. Esta obediencia social es enriquecedora y protectora; no es disolvente ni enfermiza por sí misma. En las madrasas, el Corán se aprende de memoria, por recitación continua a lo largo de los años de escolaridad. Y puesto que es la Palabra de Dios descendida de junto a Allah, no hay interpretación ni crítica directa.

Desde el inicio del Islam, los califas, una combinación íntima de las autoridades civil y religiosa, dirigían a la comunidad de creyentes. Y no existía un contrapeso legal a su soberanía. Sólo las autoridades religiosas, singularmente los ulemas y muftíes, podían llamarles la atención en las cosas tocantes a la Fe y las costumbres. El entramado social de los musulmanes está enraizado en las estructuras de las viejas comunidades. Las jerarquías sucesivas de la familia, el clan o vecindario, como conjunto emparentado de familias, y la tribu, como conjunto de clanes afines y asentados en varias regiones, conforman su estructura social. Estructura que define, articula y sostiene los derechos y deberes recíprocos del individuo y de su sociedad.

Corresponde al dirigente y a su oligarquía, dar medios de vida a su pueblo. Bien, proporcionando ellos mismos empleo (administraciones, trabajos públicos y fuerzas de seguridad). Bien, protegiendo a los pequeños y medianos comerciantes, la casta del bazar, que forman el núcleo urbano de las clases “medias” del Islam. Bien, fomentando otros empleos, como los relacionados con el turismo y las peregrinaciones. Esto es más necesario cuanto menor sea el tejido industrial y financiero moderno de esa sociedad. Concretando, las autoridades deben así brindar sosiego a la sociedad y controlar su coste de la vida.

Mientras esto se cumpliese razonablemente, existía un flujo de lealtades y sincero entusiasmo de las clases populares hacia sus gobernantes naturales. Que se conseguía con la identificación anímica por apropiación del pueblo llano con el esplendor y la grandeza de sus jefes. Éstos encarnaban, de modo ideal y simbólico, el “nosotros”. Mientras esta simbiosis de dirigentes y pueblo se mantuviese, éste estaba dispuesto a defenderlos y a nutrir las fuerzas armadas. Pero nadie daría un paso por un gobernante injusto, porque es la negación y la corrupción de su esencia vital.

El Mecanismo Social de las Revueltas Árabes.

El tsunami popular que presenciamos, se extiende por todas las manifestaciones de la vida social, centros de trabajo y de enseñanza e instituciones públicas. Donde se recoge, actúa y vuelve a desbordarse por todas las ciudades. Fluyendo por las calles y represándose y manifestándose en las plazas y junto a los odiados centros de poder de la asustada oligarquía dirigente. Hay una violencia a borbotones y generalizada, no necesariamente cruenta, como reacción pendular contra la pasividad social propia y la explotación tradicional. Es un desquite contra la rapacidad insaciable de los hombres dominadores y extraños a su grupo social. La energía social expresada se sale de madre y los hombres se encuentran haciendo cosas que no siempre estaban bien antes. Pero que ya no pueden dejar de hacer. No hay mucho nuevo bajo el sol. Desde siempre, los jefes de los pueblos los han tiranizado y sus grandes los oprimen.

Los medios de comunicación, singularmente Internet y las redes sociales alojadas en ella, por su flexibilidad y libertad de uso, contribuyen a difundir los hechos. Este fenómeno social se propaga por “simpatía”, como conoce un barrenero. Que es la transmisión y la percepción de los hechos por otras sociedades nacionales. Cuando éstas se encuentran cercanas en la opresión y en sus condiciones de vida y sufren el ninguneo de sus élites rectoras.

Y es necesario un “iniciador”, un fulminante, que arranque el proceso social que se fermenta callado y tranquilo. Para que propague la inquietud, la rabia y la rebeldía, formando “ondas de conmoción” por todo el tejido social. Y sucedió que, a través de las “imágenes inalámbricas”, la fuerza corrosiva de la información directa y continua de hechos dolorosos, hizo mella y demolió ese equilibrio popular con sus gobernantes. Algunos pueblos dejaron de considerar a sus oligarcas como simplemente parásitos o chupones necesarios. Y comprendieron que las causas de su pobreza, de su retraso social, de su subdesarrollo económico, residían en toda la casta gobernante. Que era dirigida, según los países, por el rey o reyezuelo, por el “rais”, por la dinastía al-Assad, papá Hafez e hijo Bashar (desde hace 41 años), por el Mando de la Revolución del “Estado de las Masas” (la Yamahiriyya), etc. Parafraseando a un chino mandarín, diremos que “ha caducado para ellos el mandato del Cielo”.

La causa primaria fue ésa y no otra. En Túnez se revolvió una población mucho más culta y laica, clamando contra la pobreza. En Egipto, donde un tercio de la población es pobre, las aspiraciones se centraban en la libertad política.

Es de destacar que los desórdenes que estamos presenciando no van dirigidos contra el sistema social propio de cada nación. Los 5 rezos diarios que prescribe el Islam fueron cumplimentados con admirable orden por los cientos de miles de hombres y mujeres, que se congregaron el 1 y el 4 de febrero en la plaza de Tahrir de El Cairo. Tampoco los revoltosos dan señales de nuevos apegos políticos radicales. Éstos servirían para canalizar su fuerza social inicial, exuberante y amorfa hacia experimentos más o menos extremistas. Que estarían dirigidos por los radicales religiosos o políticos que existen en todos los países afectados. Sin embargo, las características revolucionarias de la clase obrera industrial se basan en su organización social y solidaridad firme. Que les permite una agitación social consistente y carente de estos picos de “arrebato manifiesto”. Tampoco aparecen en estos acontecimientos musulmanes, esas figuras individuales, con suficiente fama, arraigo nacional o carisma, que puedan aglutinar en torno a ellas a una parte de los ciudadanos, ahora inquietos y desencantados. Mohamed ElBaradei en los momentos actuales puede presentar, como mucho, un programa político sin fuerza social. Y su papel intrínseco puede ser más el de un Kerenski, que el de Garibaldi.

Las Interpretaciones de las Revueltas Árabes.

La fama de volubles que tienen todas las masas, especialmente las acéfalas, se debe al empirismo que preside sus actos de protesta y repulsa. Buscan a un gobernante cabal, que cumpla con sus deberes hacia el pueblo. Y esto no es una forma de anarquismo. Porque la única solución que puede aportar éste es la destrucción de los órganos administrativos y de poder, situados en las ciudades en revuelta. Y que sumiría a sus naciones en el caos, el saqueo, el desabastecimiento, la incertidumbre, la pobreza y la debilidad internacional. Siempre alguien tiene que organizar la sociedad y hacer posible la vida ciudadana. Y así, los objetivos de estas asonadas, por más que sean trascendentes e importantes, sólo pueden ser de cortos plazos. Ya que es necesario volver a los cauces de paz y a las actividades cotidianas. Un 30% de los egipcios está en o ronda la pobreza. Esto quiere decir que malviven al día. Y esto quiere decir que necesitan un suministro continuo, aunque sea exiguo, para su pervivencia. La paralización logística y las alteraciones de vida indefinidas que presenciamos, tienen vitalmente que acabar pronto.

Pero el objetivo esencial de estas revueltas árabes, sí es revolucionario. Porque buscan sustituir un gobierno despótico y lejano, por un gobierno más participativo y democrático. Incluso, para Egipto, Argelia o Túnez, del tipo de la república liberal laica. Que no esté regulada y tutelada por el “rais” o “padre de la Patria” de turno. Pero laica no quiere decir aquí “anti Islam”. Como podríamos pensar, si miramos el laicismo militante y excluyente de la religión, que nos afecta en Europa. Sino, que estaría basada en la separación operativa de la religión y la política, que se circunscribirían a ámbitos más estrictos.

Las actitudes de los gobernantes afectados están siendo dubitativas y desorientadas. Porque están a la defensiva y temerosos, y no tienen experiencia de este problema social, ni de cómo conducirlo a un remanso de actitudes acordadas. Por otro lado, los grupos de revoltosos en los que se articula el movimiento de protesta poseen instintivamente una gran sensibilidad y sintonía con la dialéctica del enfrentamiento antagónico. Y esas actitudes cortas, sin continuidad y contradictorias les dan nuevos impulsos anímicos y mayor osadía de acción a los grupos revoltosos, ostentosos y bullangueros. No existe en éstos ni organización ni disciplina interna o adquirida. Así, el límite de un grupo actual que puede dominar un jefe normal está alrededor de la treintena personas. Reuniones o agrupaciones puntuales mayores les conduce en poco tiempo a escisiones dentro de esos grupos hipertrofiados.

(CONTINUARÁ)

LA PERSECUCIÓN A LOS CRISTIANOS

Introducción.

No es mi costumbre polemizar o tratar los temas políticos o partidistas. Aquéllos que tocan temas “mundanos”, definidos por los parámetros y valores humanos y sociales limitados o temporales. Por ejemplo, las luchas políticas e ideológicas entre los liberales y los socialdemócratas. Que por muy actuales e importantes que resulten, no pasan de estar limitadas a determinados países y circunstancias y a un espacio histórico contemporáneo, limitado y corto.

Las virtudes como identidad y defensa de las sociedades humanas.

Pero se trata ahora de algo que afecta a una virtud humana.

Las virtudes son las bondades y cualidades de referencia, apreciadas y valoradas permanentemente por las sociedades y los grupos humanos. Las virtudes son muy resistentes y perdurables en el tiempo. Los valores, en cambio, son las bondades y cualidades humanas, estimadas de forma temporal y/o local por algunas sociedades y grupos humanos. Y lo son, principalmente, debido a su idiosincrasia, las condiciones de vida y las presiones recibidas desde el exterior. Estos valores culturales y sociales van evolucionando con las contingencias, los desplazamientos y las fortunas de las sociedades humanas.

Dentro de nuestra extensa cultura occidental, que alcanza a todos los continentes del Oeste y, en menor medida, a Asia, las virtudes son aportadas por las distintas iglesias cristianas y por los discursos de Cicerón y los Diálogos de Platón. Una de estas virtudes esenciales es el respeto y el culto a la divinidad. Como reconocimiento y veneración del Ser Necesario que nos crea, nos sostiene y, en algunos casos, nos ayuda. Esto se concreta según la educación, la cultura y el ambiente social. Así, la persecución multiforme a los cristianos atenta contra una virtud fundamental de nuestra civilización occidental.

La Persecución armada a los Cristianos en los Países Árabes.

Se están dando en los últimos meses diversos casos de persecución violenta a los cristianos, en países en los que predomina la religión musulmana. Son las tierras de dar el-Islam, donde la Umma o comunidad musulmana universal domina políticamente. Pero algunos no musulmanes que viven en dar el-Islam tienen un “pacto de protección” con ella. A éste tienen derecho teórico los judíos y los cristianos, como gentes citadas en el Corán y que detentan algunos de los Libros considerados también como proféticos por el Islam.

En Irak, al-Qaida ataca a los cristianos, como parte de su estrategia de triturar la sociedad civil iraquí. Generando el odio entre los distintos estamentos religiosos, étnicos y sociales. Y enfrentándolos violentamente entre sí. Las víctimas aquí son los siriacos y caldeos católicos iraquíes. Cuyo número es hoy sólo 1/3 de los que había en la época del infamado Sadam Hussein al-Tikriti. Tampoco el primer ministro, Nuri al-Maliki, que ha tardado casi nueve meses, desde las elecciones legislativas de marzo, en formar gobierno, ayuda a suavizar las cosas. En efecto, ahora está llevando a cabo una campaña de islamización en Bagdad. Y sus objetivos son los locales de esparcimiento masculinos, donde se vende alcohol, las joyerías y los cristianos bagdadíes.

Desde que en 1999 se implantó la sharia, como consolidación del poder musulmán, en 12 estados de la federal Nigeria, los muertos en las luchas étnico religiosas que sobrevinieron, ascienden a más de 12 mil personas. Sólo en marzo de 2010, los ganaderos de la etnia fulani (musulmanes) realizaron diversos ataques contra los agricultores cristianos, que causaron unos 500 muertos. En la víspera de la Navidad de 2010, un grupo nuevo radical fundamentalista violento islámico, autodenominado Jama atu Ahlu “SUNNA” Lidda Awati Wal “YIHAD” realizó un ataque simultáneo múltiple en un barrio cristiano de la ciudad de Jos. Hicieron explosión 9 o 10 artefactos en sus calles y el mercado, buscando las mayores concentraciones de personas, causando cerca de 90 muertos y 190 heridos cristianos.

En Pakistán, los grupos locales de Tehkrit-e-Taliban Pakistán y afines atacan las iglesias cristianas y a los fieles a los que pueden acusar de algún desliz verbal o de una conducta impropia. Aquéllos están establecidos al oeste del Indo, desde Quetta, en el Baluchistán pakistaní, hasta más al norte del valle del Swat, conectando con los independentistas musulmanes de la Cachemira india, a los que se les atribuyeron los ataques terroristas en Bombay. En Egipto, los cristianos coptos son exprimidos por el régimen dinástico republicano oligarca de los Mubarak (Hosni y su hijo Gamal). Así, por ejemplo, se les niega el derecho a sustituir o reparar sus locales de culto. Esto ha provocado algunas revueltas cristianas locales. Todo con la aquiescencia de los omnipresentes e ilegales teóricamente (desde 1956) Hermanos Musulmanes. Ésta es una de las organizaciones veteranas en la expansión árabe del islamismo militante violento. Cuyos principales ideólogos originales terminaron ahorcados por las autoridades egipcias de la época. En el Alto Egipto se pueden visitar numerosas iglesias coptas. Los cristianos llegaron a Egipto varios siglos antes de la aparición del Islam. Las iglesias suelen estar rodeadas de empalizadas o de vallas protectoras. Pero también aislantes y segregadoras. Cuando una iglesia es un lugar de recepción y encuentro populares.

Y, por último, hablemos del caso enquistado e infestado del Sudán. Donde los árabes norteños quieren imponer por la fuerza el Islam a las tribus negras del oeste (Darfur) y del sur. Éstas son de religiones cristianas o animistas (naturales primitivas, en constante retroceso). Esta opresión religiosa e ideológica está anclada en la mentalidad secular de esclavistas negreros de los árabes al norte de Jartum. Que ya tenían desde antes de los tiempos del Khedive o “virrey” en El Cairo de la Sublime Puerta, la sucesora y dueña nominal del Califato árabe. Esto se complicó y arraigó en las últimas décadas, con la lucha por los ricos yacimientos petrolíferos y mineros del sur y el oeste de Sudán. Estos recursos naturales, explotados en colaboración con los chinos, por cierto, los nuevos imperialistas económicos de los países en desarrollo, garantizarían la viabilidad de un Sudán del Sur libre e independiente. Que estaría impulsado y dirigido al principio por el Movimiento Popular para la Liberación del Sudán (SPLE en inglés). Cuyo brazo armado (y más conocido por el público) es su Ejército Popular o Sudan People Liberation Army. El movimiento nació en 1983 como reacción popular, religiosa y de clases al intento de Yafar el-Numeri de imponer “manu militari” la sharia y la islamización o una religiosidad legal y reaccionaria, en el sur del país.

Como en todas las guerras civiles, encubiertas e irregulares aparecen aquí las figuras de los “voluntarios”, al lado del gobierno de turno. Suelen tener escasa formación militar ortodoxa y un celo ingente, al ser recién llegados o advenedizos, por demostrar su lealtad y su utilidad al amo gubernamental. Los árabes nómadas de Darfur y el Chad fronterizo forman las milicias Janjaweed, de caballería ligera irregular. Jartum los franquicia para que aterroricen, dispersen y diezmen a los pobladores de Darfur. En las tierras limítrofes con Kenia, utilizan los musulmanes a una combinación de milicias árabes (de la etnia misseriya) y renegados (o conversos, según se mire) negros, para horrorizar, hostigar y desplazar de sus tierras a los pobladores negros. En algunos casos, estos “patriotas” son apoyados por la aviación y la artillería regulares de Jartum.

Por último, señalemos que un Gran Perpetrador de estos atropellos, el presidente del Sudán Omar Hasan Ahmad el-Bashir, de 67 años, está procesado como responsable de estos atropellos, por genocidio y crímenes de guerra por la Corte Penal Internacional de La Haya. Sin embargo, este pajarraco desafía la orden de arresto internacional contra él. Y se ha paseado desde su emisión por Egipto, Qatar, Libia, Arabia Saudí, Eritrea (50% musulmanes), Chad, países todos de religión islámica.

La Persecución jurídico religiosa de los Cristianos en los Países Islámicos.

En mayor o menor intensidad y rigidez, según los casos, la sharia establece hoy en día contra los cristianos:

Pena de muerte contra los blasfemos (ofender, según su criterio, a Alá, al Islam, al Corán, al Profeta) y a los conversos desde el Islam (por su apostasía).

Quema y demolición de los templos y cierre de escuelas, hospitales y orfanatos cristianos.

Prohibición de entrada al país, expulsión e incluso pena de muerte a los misioneros cristianos.

Prisión por portar símbolos cristianos. Prohibición de reunión para orar o celebrar la Misa, incluso en los hogares.

Conversión forzosa al Islam.

Nigeria, Sudán, Pakistán, Afganistán, Qatar, Bahrein, Kuwai, Malasia, Indonesia, incluso la laica Siria, aparte de Arabia Saudí e Irán, son los países donde la sharia está más o menos establecida.

En estos países, las comunidades no musulmanas pagan en general tributos, por no ser acosadas por los musulmanes y vivir en paz bajo su protección. Estos tributos son el vínculo administrativo entre los infieles “protegidos” y dar el-Islam.

Pero, cualquier “doctor” del Islam puede enseñar que un deber colectivo de la Umma o comunidad de creyentes es la propagación de la fe. Que se realiza imponiéndola y no catequizando (de “predicar el catecismo” o texto de la doctrina). Llevando a cabo con ello la consolidación y la ampliación de dar el-Islam, las tierras sometidas al Corán, la sunna y la sharia o leyes civiles y penales basadas en ellas.

Por consiguiente, de acuerdo con su doctrina, cuando expira un “pacto de protección”, la autoridad musulmana sólo puede aceptar que se renueve, si se incrementa el importe de los tributos o si se estipula en el nuevo contrato la cesión al Islam de más tierras o ciudades, adicionales a las cedidas antes por los dimmíes (los judíos y cristianos, las gentes también mencionadas en el Corán y que detentan parte de la revelación de Alá). También emplean el principio legal de que si algún miembro de la comunidad “protegida” daña a un musulmán, toda su colectividad pierde el derecho de protección.

¿Cómo reaccionan las Autoridades Musulmanas ante estos Atropellos locales? Los verdaderos intereses de sus radicales violentos. Diferencias éticas y estéticas entre ambas religiones mencionadas.

Pues miran para otro lado. Como si los cristianos no tuviesen unos derechos adquiridos, según su religión. Como si en Europa persiguiésemos y condenásemos a muerte, a la cárcel y a la confiscación de bienes, a los millones de musulmanes que aquí viven y prosperan, acogiéndose a las bondades del Estado del bienestar. La mayoría de los musulmanes se distancian de las agresiones por oportunismo, para proteger al Islam, preocupados por el creciente rechazo que sufre en Occidente.

Afirman sus voceros que el Islam es paz y tolerancia. Pero esto no es totalmente cierto. Ni con los atentados de los yihadistas que padecemos en nombre del Islam, ni con la persecución extensa, en muchos países, que sufren los cristianos. Esto contrasta con su actitud de protesta dirigida, atrabilaria y bullanguera, siempre amenazante, cuando, por ejemplo, se publican en territorios allende la Sharia, en otro continente físico y cultural, unas caricaturas de Mahoma. Que, según su criterio estricto e inapelable, son ofensivas para ellos mismos, actuando como juez y parte.

Los radicales islámicos contemporáneos (Hermanos Musulmanes, al-Qaida y sus franquicias regionales, los talibanes cis y trans de la fronteriza línea Durand, la República Islámica de Irán y sus conmilitones paniaguados de Hamas y Hezbollah, etc.) ven en la civilización occidental, al peor enemigo de sus ideas y planes. Porque nuestra civilización está basada en la razón, el conocimiento científico y filosófico, la libertad, el derecho y la fe cristiana. Porque por esas ventajas claras podemos vencer su despotismo y su radicalidad; la discriminación de la mujer por razones mundanas vetustas, en la que la religión y la protección a aquélla son la escusa teórica; el rechazo de los presupuestos científicos de progreso y cultura, al haber abandonado como método islámico ortodoxo de estudio, el ichtihad o razonamiento analógico, a partir del siglo XI.

Por último, en el cristianismo, el creyente percibe a su Dios como un padre y un salvador cercano, justo y remunerador (por más que los Novísimos no se prediquen mucho hoy en día, para no alarmar al “progrerio”), pero con los abrazos abiertos de misericordia. En el Islam, Dios está separado del hombre por un abismo natural insalvable y es justo y remunerador con él. Pero es más temido por su justicia y separación, que tenido como padre entrañable y nutricio.

Y, ¿cómo reacciona ante la persecución a los cristianos el ectoplasma variopinto “progresista” europeo?

Éste es generalmente de “ideología” dirigista (porque nos quieren dirigir, hasta en los mínimos detalles sociales y personales, como si fuéramos inmaduros), despótica (porque sus postulados no son discutibles por los demás), imperiosa (porque su método es la imposición, no el convencimiento) y, hoy, vergonzosamente socialistoide. Es vergonzosamente socialistoide, porque su sueño de sofá, café y beca o prebenda era recrear un “paraíso del proletariado”. Que tendría más o menos “oasis y huríes”, según sus casos, en sus tierras. Aunque ninguno se mudó a la URSS o a los países socialistas para trabajar en ellos ya entonces.

Y ese sueño se convirtió en pesadilla, de despertar difícil, agónico y atropellado, con la caída de los regímenes en vías del comunismo por toda la Europa del Este. Y el descubrimiento por todos los demás, de que al “hombre nuevo” de esos países, no le motivaba nada, nada la “causa del proletariado”. La carrera de armamentos que les impuso los EEUU en la década de los 80, absorbió los mejores recursos de la URSS y la agostó hasta sus entrañas. Siguiendo una estrategia nacional de desgaste, sin amenazas directas, ni maniobras melodramáticas. Algunos miembros no principales de la “nomenklatura” reconocieron después que “no teníamos ni para comer” entonces. Y el imperio rojo, vacío de contenidos, mensajes e ilusiones, implosionó social y económicamente. Y su temido ejército por la Europa del Oeste (la OTAN clásica), quedó convertido durante bastantes años en un “tigre de papel”.

Pues lo propio del “progrerio” (gentes de ideas con pocas cortapisas teóricas o éticas) es también aquí callarse ante los atropellos a los cristianos, allende las fronteras seguras de la gran Europa, desde el Atlántico a los Urales. Se produce entonces un fenómeno social paradójico, pero no inusual: los islamistas militantes enfervecidos y los “progre” decadentes y fracasados, aunque situados en 2 extremos sociales antagónicos e irreconciliables, tienen una misma intención operativa:

La destrucción de la sociedad europea, tal como está aún edificada, sobre los cimientos de las virtudes clásicas y cristianas. Y su sustitución por una sociedad amorfa, sin principios coherentes, protectores y estimulantes, conforme, pesebril y trabajadora. Donde los deseos materiales inmediatos, que antes llamábamos “caprichos”, por su veleidad e innecesidad, se buscan como pequeñas metas imprescindibles. Porque son las consoladoras de las vidas faltas de fondo y de trascendencia vitales.