Austerlitz. La Batalla de los Tres Emperadores.

Austerlitz es la Coronación de la Brillante Campaña Francesa de 1805 contra la Tercera Coalición

Introducción  

La primera serie de las guerras que surgen a raíz de la Revolución Francesa terminó con las paces de Loeben (en 1801) y de Amiens (de 1802). Pero entre Francia e Inglaterra los intervalos de paz eran entonces sólo respiros, para poder proseguir su lucha inevitable por la supremacía y la supervivencia en Europa.

En mayo de 1805 estalló la guerra entre Francia y la llamada Tercera Coalición, creada el mes anterior, formada por Rusia, Austria e Inglaterra, su promotora. Un ilusionado William Pitt envió generosamente el oro inglés a sus aliados continentales.

El grueso del ejército francés se encontraba entonces estacionado a lo largo de la costa del Canal de la Mancha, preparándose para invadir Inglaterra. Pero la amenaza para el ejército en campaña, que era el verdadero objetivo estratégico de las guerras napoleónicas (recordemos que las ocupaciones de Madrid, Viena, Moscú, no fueron decisivas), surgía al este, de los ejércitos de los imperios ruso y austríaco.

En septiembre de 1805 Napoleón trasladó su «Ejército de Inglaterra» al Rin, desplegando sus 208.000 hombres entre Maguncia y Estrasburgo y rebautizándolo el «Gran Ejército». El Grande Armée estaba formado por 145.000 infantes y 38.000 jinetes, integrados en 7 cuerpos de ejército, cada uno a las órdenes de un mariscal francés, una gran reserva de caballería a las órdenes del mariscal Príncipe Murat y la Guardia Imperial, directamente bajo Napoleón; a ellos se les añadían 25.000 bávaros aliados.

Tomando como era habitual en él la iniciativa, Napoleón decide dar un primer golpe estratégico contra el ejército de 72.000 austríacos que, a las órdenes del general Mack y el archiduque Fernando, hijo del emperador Francisco II, avanzaba hacia Ulm, sin esperar la llegada de la prometida ayuda rusa.

Napoleón va a utilizar contra los austríacos lo que podemos llamar un esfuerzo operativo de centro de gravedad.

Las características del proceso de establecimiento y funcionamiento de aquél son la originalidad, la flexibilidad del despliegue, la consistencia, la no predictibilidad por el enemigo y la eficacia. El centro de gravedad supone la acción centrípeta de todos los medios y sus líneas de actuación, de la actividad «ramificada» de todas las unidades y los servicios, no necesariamente coincidentes, pero sí convergentes y resultantes en su sinergia, en su eficacia y en su resultado. Mediante las líneas de avance o de acción diferentes y coordinadas inducimos incertidumbre e inseguridad en el enemigo, dispersamos su capacidad de rechazo y perturbamos su plan de defensa y su conducción sistemática.

En un amplio avance de sus cuerpos de ejército independientes, el Grande Armée cruzó rapidísimamente el centro de Alemania, desde el Rin al Danubio, entre los días 25 de septiembre y 6 de octubre. Con esto se interpuso operativamente entre los austríacos y las fuerzas rusas aliadas, aún lejanas. Los austríacos no entendieron la necesidad de la rapidez de los movimientos, pensando sólo en la batalla, como único instrumento de la decisión.

Los franceses iniciaron el cruce del Danubio el día 7 y, durante toda la semana siguiente, Napoleón hizo converger en una enorme espiral constrictora a la mayoría de sus fuerzas sobre Ulm, mientras un cuerpo de ejército vigilaba la posible llegada del general Kutuzov por el este.

El general Mack realizó en vano varios intentos de ruptura, con los mayores esfuerzos en Haslach y Elchingen. Los dos comandantes austríacos se pelearon y el archiduque Fernando se separó del grueso con sus 6.000 jinetes e intentó escapar en dirección noreste, pero, ya cerca de Trochtelfingen, sus fuerzas fueron rodeadas y vencidas por el cuerpo de caballería de Murat. Otros 12.000 austríacos se rindieron en Neustadt.

El general Mack y el resto de sus hombres (unos 27.000, tras los combates e incidentes citados), con Napoleón en escandalosa mayoría a las puertas de la ciudad de Ulm desde el 14 de octubre, salieron afuera para rendir sus armas a los pies de los montes Michelsberg. El general Mack firmó la capitulación del ejército el día 20.

La campaña, sin batallas propiamente dichas, le costó a Austria más de 50.000 hombres, casi el 70% de sus tropas iniciales.

La campaña de 1.805, tras la victoria estratégica sobre el general Mack en Ulm, se remató en Austerlitz.

Los rusos, al mando del general Kutuzov, que acudían como dijimos en socorro de Mack, no se dejaron atrapar y volvieron sobre sus pasos, primero hacia el este y luego hacia el norte del Danubio, alejando más y más a Napoleón de sus bases. La toma de Viena por Napoleón el 12 de noviembre resultó inútil, pues Kutusov seguía rehusando la lucha, evitando incluso dos trampas francesas tendidas por el cuerpo de caballería de Murat. Lo que buscaba Kutuzov era reunirse con las fuerzas del general Buxhowden y del Zar, cerca de Olmutz, antes de volverse contra los franceses. El 20 de noviembre se efectuó la concentración de unos 85.000 soldados austro-rusos, estando presentes el emperador Francisco y el zar Alejandro I.

Napoleón, que había iniciado la campaña contra Mack desde sus posiciones en el Rin con unos 210.000 hombres, se encontraba ahora a 720 Km. de ellas. Las pérdidas derivadas de las marchas incesantes, de los combates y de la necesidad de custodiar su línea de comunicaciones habían reducido su ejército operativo a 55.000 hombres, bajo su mando directo.

Pero Napoleón, descuidado y confiado muchas veces, demostraba sus mejores momentos en las crisis y ahora, con 36 años, un año después de su coronación, estaba en el cenit de su carrera militar. Y decidió elegir un terreno y, sobre todo, preparar a su enemigo durante los días siguientes.

El plan de Napoleón, analizado.

El desequilibrio del enemigo busca convertir en vulnerable su despliegue, ante la inminencia de un combate, para optimizar nuestros resultados y minimizar las pérdidas en él. El desequilibrio del enemigo, junto con su incapacitación funcional, deben permitirnos la actuación sobre sus vulnerabilidades críticas, buscando su desorganización y desintegración, con la menor atrición (en capacidad de combate) y el menor desgaste (en capacidad de movimiento operativo) posibles para nosotros. También exige la actuación decidida, flexible e imaginativa. Los medios intelectuales del ejército, a través del mando, se ponen aquí en prueba y en tensión.

Los factores eficaces del desequilibrio del contrario son la sorpresa, el engaño y la fantasía o apariencias, siempre percibidas como reales y evidentes por aquél. A través de ellos se crea en el enemigo una falsa impresión, bien de oportunidad, bien de temor, bien de desatención, que pretende inducirle a actuar errónea y perjudicialmente para él, sin proponérselo o saberlo. Al buscar y orientarse hacia un ensueño, sus capacidades de combate adoptan y se distraen en un despliegue erróneo, inconveniente y, sobre todo, vulnerable frente a nosotros.

Cuando para el desequilibrio empleamos la oportunidad, buscamos la exaltación del enemigo.

La oportunidad debe ser algo apreciado por el enemigo, una ventaja táctica, que surge de improviso como consecuencia del devenir de la situación planteada o al inicio de ella. No puede aparecer como ofrecida por nosotros, porque entonces no intervendrían los factores citados de la sorpresa y el engaño, aunque sí puede presentarse como algo desatendido o desaprovechado por nosotros. Estas son las cualidades que debe poseer la oportunidad, para que el enemigo perciba en ella no una trampa, sino el beneficio apetecible e/o importante.

La debilidad es un buen cebo para el arrogante. La ganancia lo es para el avaricioso y/o minucioso. Una combinación de estos aspectos de la oportunidad es lo que utilizó Napoleón para desequilibrar a los aliados austro-rusos, preparándolos para vencerlos más fácilmente.

El Emperador ensambla su despliegue.

Las vanguardias de caballería francesa retrocedieron al contacto con las patrullas cosacas, cerca de Olmutz. Seguidamente Napoleón evacuó la villa de Austerlitz y, aún más demostrativamente, evacuó las alturas de Pratzen. Incluso llegó a ser especialmente cortés con el pedante enviado ruso conde Dolgorouki, escoltándolo personalmente hasta las avanzadillas francesas. Los aliados, tentativamente, le ofrecieron un armisticio, a la espera de dar tiempo a que se les unieran los archiduques Carlos y Juan, que se acercaban desde el sur con otros 122.000 austríacos.

El 1 de diciembre los aliados avanzaron desde Olmutz y ocuparon el Pratzen. Por su parte, Napoleón recibía el refuerzo de los cuerpos de ejército I y III, de los mariscales Bernadotte y Davout, que acudían desde las guarniciones de la línea de comunicaciones de Iglau y Viena, incrementando hasta los 73.000 hombres sus efectivos disponibles.

Napoleón iba ahora a ofrecer el cebo de un debilitado flanco derecho a los aliados, ya ansiosos por llegar a conseguir una victoria sobre el odiado joven emperador, que habían vislumbrado como posible. Además, la victoria y la penetración aliada en esa zona, tras sus líneas, cortarían a Napoleón la retirada hacia Viena. Y le dejarían aislado, en terreno hostil, rodeado de enemigos, sin refuerzos a mano, que ya habían acudido, y en enorme inferioridad numérica (sería un triunfo estratégico). Aquello era demasiado para el zar Alejandro (su presencia se inmiscuía necesariamente en la autoridad de un general en jefe en campaña) y para muchos jóvenes generales, que desoyeron los consejos de prudencia de Kutuzov. Asimismo, las dudas del emperador Francisco también podían ser ignoradas, porque ¾ partes del ejército aliado eran rusos.

A la derecha del despliegue francés, que se extendía unos 6 Km., el general Le Grand recibió sólo el esqueleto de una fuerza con el que mantener la línea del arroyo Goldbach y el pueblo de Zokolnitz, en la dirección de Viena, y se le prometió la ayuda de la división de Friand, del cuerpo de ejército de Davout. En el área de Santon, que fue fortificada, al norte, descansaba el flanco izquierdo francés, que estaba confiado al V cuerpo del mariscal Lannes, a parte de las tropas de Bernadotte y a una parte de la reserva de caballería, a las órdenes directas de Murat. Ambos flancos tenían una función defensiva. En el arroyo de Bosenitz, el pueblo de Puntowitz y la colina Zurland, de sur a norte, se concentraban el grueso de los cuerpos de ejército I y IV, éste a las órdenes del mariscal Soult, el resto de la caballería de Murat, la división de Oudinot, la reserva de artillería del Grande Armée y la Guardia Imperial.

El despliegue aliado se extendía más oblicuamente, a lo largo de unos 10 Km., desde el pueblo de Aujest Markt a las alturas de Goldbach. Era fuerte en su flanco izquierdo, muy reforzado en el centro y débil y alejado en el derecho. Éste último estaba cubierto de norte a sur por las fuerzas de Bragation, la caballería de Lichtenstein, concentrada junto a Austerlitz y el cuerpo de Constantine, como reserva central (la Guardia Imperial rusa, con 8.500 hombres de élite), al noreste de Krenowitz, que engranaba con el cuerpo de reserva de Kollowrath, al oeste de ese pueblo.

El plan de Napoleón preveía que, cuando los aliados se hubiesen lanzado sobre el flanco derecho francés, debilitando al máximo su centro al noreste y sudeste del pueblo de Pratzen, en persecución de la apariencia creada, el cuerpo de Soult avanzaría sobre la meseta donde se asentaba aquél, rompiendo el gozne del dispositivo aliado. El resto de las fuerzas que quedasen aún como reservas, penetrarían por la ruptura y envolverían hacia el norte o hacia el sur los flancos derecho o izquierdo aliados.

Según el plan aliado, más de la mitad de las fuerzas aliadas, al mando del general Buxhowden, romperían el frente del arroyo Goldbach, bloquearían la carretera de Viena y avanzarían hacia el norte, despejando todas las posiciones francesas. Poco después de la ruptura, la reserva del general Kollowrath, unos 15.000 hombres, descendería de las alturas de Pratzen para apoderarse de Puntowitz, rompiendo el gozne de la línea francesa. Una tercera fuerza, de menos de 18.000 hombres, a las órdenes del general Bragation y del príncipe de Lichtenstein, se acercaría a Santon y fijaría allí las fuerzas francesas.

Desarrollo de la batalla.

Hacia las 4 de la mañana del 2 de diciembre, primer aniversario de la coronación de Napoleón, los dos ejércitos comenzaron sus movimientos. Hacia las 9, con las tropas de Buxhowden totalmente empeñadas y habiendo descendido detrás de ellas una parte de la reserva de Kollowrath, situada en su centro, Napoleón ordenó el asalto de las alturas de Pratzen. Las dos divisiones del mariscal Soult ocuparon rápidamente la zona, sorprendiendo y condenando al ejército aliado.

A partir de ahora se trataba de atender, sin llegar a agotar las reservas, a las distintas crisis locales que emergerían sin dudar.

Los granaderos de Oudinot fueron enviados desde la colina Zurland a apoyar el flanco sur, donde se estaba librando la batalla principal. Bernadotte avanzó hasta el pueblo de Blaswitz, para cubrir el flanco norte de Soult. La caballería de Murat en la colina Santon tuvo que empeñarse contra la caballería de Lichtenstein, para apoyar a los novatos del cuerpo de Lannes, que vacilaban. Hacia las 10:30 Kutusov consiguió traer hacia Pratzen a parte de las fuerzas de su ala izquierda y Soult, atacado por tres lados, tuvo que empeñar a parte de la reserva de artillería para contener al enemigo con su fuego de atrición. Napoleón avanzó su cuartel general y la Guardia Imperial, la reserva aún no empeñada, hasta Putowitz, en las faldas de Pratzen.

Hacia la 1 de la tarde Constantine y su Guardia Imperial rusa atacaron a los cansados franceses en Pratzen. La primera línea francesa cedió. La caballería de la Guardia Imperial francesa, al mando del mariscal Béssiers y del general Rapp, atacó a los rusos y los pusieron en fuga. Y Bernadotte, desde Blauswitz, envió una división en apoyo del centro.

Las crisis tácticas habían sido superadas. Napoleón podía ahora rematar su triunfo y miró hacia el sur.

Las fuerzas restantes de Soult, de Le Grand y de Davout y la Guardia Imperial francesa atacaron concéntricamente a los dispersos hombres de Buxhowden. Hacia las 15:30 todo había terminado. Por su parte, el general Bagration se retiraba de Santon y Kutusov y los dos emperadores y sus séquitos huían desde Krenowtz y Austerlitz, protegidos por la Guardia Imperial rusa.

Resultados y Consecuencias. 

Los franceses habían perdido el 11,4% de sus hombres, unos 1.300 muertos y 7.000 heridos y desaparecidos. Las bajas aliadas fueron de 16.000 muertos y heridos y 11.000 prisioneros ilesos, que suponían el 32% de sus fuerzas. Además, se les tomaron 180 cañones y 45 banderas.

La Tercera Coalición había desaparecido en una brillante campaña con dos batallas. En la lejana Inglaterra, las noticias del desastre hicieron que William Pitt, perdidas sus esperanzas, dijese: «Guardad el mapa de Europa». Al cabo de pocos meses, murió.

Napoleón distribuyó amplias recompensas entre su Grande Armée: fueron concedidas pensiones para todas las viudas; los huérfanos fueron adoptados por él, que les permitió añadir Napoleón a sus nombres y, además, serían educados por el Estado; todos los mariscales y generales recibieron dos millones de francos en oro.

 

 

 

 

  

   

 

HEZBOLLAH.

, a la VANGUARDIA del nuevo “Totalitarismo Supranacional Antidemocrático Revolucionario” (el TSAR) del siglo XXI: el «Fundamentalismo Islámico Radical Intransigente» (el FIRI).
 
Brillantes, característicos y terribles orígenes.
La organización surge después de la invasión israelí del Líbano en junio de 1982. Aprovechando la gran confusión reinante por ello, entre las distintas facciones libanesas, los estados vecinos y las grandes potencias. Hezbolá va a prosperar en el vacío de poder y acción creado por la frustración de unos y el cansancio y el escepticismo de otros. Su catalizador va a ser la república islámica de Irán, que va a infiltrar, a través de la cordillera del Antilíbano hasta el altiplano de la Bekaa, a sus “voluntarios” capaces y motivados, a lo largo de los primeros meses siguientes a la invasión. No fueron demasiados. Pero sí los suficientes para adoctrinar, entrenar milicias armadas y patrocinar e impulsar la creación de grupos locales activos chiitas. Éste fue el núcleo primigenio de Hezbolá.
Al cabo de un año se desparramaban por Beirut y por el sur del país. Hezbolá se ha ganado una fama respetable, no sólo por emplear formas singulares de violencia, sino también porque rara vez desaprovecha una oportunidad importante o juega mal sus cartas. Ya en octubre de 1983, Hezbolá destrozó los planes y decisiones de los gobiernos estadounidense y francés, en una sola mañana de ataques suicidas contra los contingentes militares de esos países acuartelados en Beirut. Seguidamente se aseguró que el éxito de la retirada de las fuerzas sería irreversible, mediante una calculada campaña de secuestros y de toma de rehenes, con la ayuda de los iraníes, que alcanzó a otros países del Cercano Oriente. Al mismo tiempo, lanzó una campaña de guerra de guerrillas contra los israelíes asentados en el sur del Líbano, obligándoles a replegarse a una estrecha zona de seguridad lindante con su frontera. Los triunfos, a su escala, se acumularon hasta 1987. Esto le ganó nuevos enclaves y más miembros y simpatizantes, consolidando su implantación en los territorios chiíes. También se fue ganando inevitablemente una reputación temible, que hizo que su nombre quedara ya como sinónimo de terrorismo.
En 1987 terminó su período “antiguo heroico”. Las tropas sirias alcanzan Beirut oeste en febrero de ese año, decididas a aumentar y asegurar su influencia y su implantación en el país, al que consideran parte de la “Gran Siria”. Entonces, Hezbolá se ve obligado a emplear gran parte de sus energías en defenderse del doble “envolvimiento físico ideológico” generado por los sirios y por la organización chiita Amal, que es respaldada por Siria. Los primeros limitan la expansión territorial natural de Hezbolá. Los segundos compiten por la lealtad de los chiitas libaneses. Tras varios años de enfrentamientos entre ambas milicias armadas, finalmente Hezbolá llegó a fagocitar a Amal. 
 
El chiismo como cisma del Islam.
El Islam es, en su acepción más simple, una fe sencilla, con ritos externos y sociales bien definidos, fácil de seguir y cumplir. Los ritos son acciones sacralizadas por una religión y necesarios para que ella se imbuya en el alma personal y colectiva de los creyentes. En el Islam existen cinco grandes ritos, que se simbolizan en su iconografía por una mano abierta: La profesión de fe, corta declaración que abre a cualquiera la entrada al Islam; las 5 invocaciones diarias (el Salat) a Alá; el ayuno del mes de Ramadán (el Roza); la caridad (el Zakat) con los desvalidos, impedidos y pobres (por este orden) de la Umma (comunidad musulmana universal) y la peregrinación a La Meca o Hajj al menos una vez en la vida, si se poseen recursos, que se realiza en comunidad entre el séptimo y el décimo día del último mes del calendario lunar, Dhul i Hijja. La administración del Zakat corresponde a los ulemas o a los clérigos, según las sectas. Esto les da un poder y una independencia que ningún poder civil laico de los países musulmanes se ha atrevido nunca a cuestionar, no ya a enfrentar. 
La Yihad, la guerra santa, el esfuerzo de sangre en el sendero de Alá, va dirigida contra aquellos que amenazan la Umma. Estos pueden ser tanto los infieles hostiles externos, como los no musulmanes que conviven en “dar el-Islam”, las tierras donde la Umma domina políticamente, y que han roto su “pacto de protección” con ella. A éste tienen derecho teórico los judíos y los cristianos, como gentes citadas en el Corán y que detentan algunos de los libros considerados también como proféticos por el Islam. Se considera a la Yihad una obligación prácticamente igual a uno de los llamados Cinco Pilares del Islam, ya citados. El Corán tiene numerosas aleyas o versículos que prescriben y alientan la lucha armada en el camino de Alá.
Existe una gran diferencia ideológica y práctica entre el sunismo y el chiismo. Éste se siente perseguido, en razón de la ortodoxia dinástica e ideológica que proclama y defiende. El cisma en el Islam se incoa a partir del cuarto califa, Alí, primo, yerno y compañero del Profeta. La muerte de su nieto Hussein en la  batalla de Kerbala (Irak), en el año 680, marcará el principio real del cisma entre los chiíes y aquellos a quienes se llamará más tarde suníes. Anclado en el pasado original, el chiismo no evoluciona y admite menos fuentes de revelación, como parte de sus señas de identidad. Así, asume históricamente una actitud fatalista, pasiva, incluso de sufrimiento físico por ello, a la espera del retorno del último (califa) imam desaparecido, el séptimo desde Hussein. Imam es el nombre que toman los grandes guías político religiosos en el chiismo. Aquél, que está escondido, no muerto, regre-sará como Mahdi (el guiado por Alá), en un momento dado de la Historia, para hacer triunfar a la Umma ortodoxa (los chiíes). Pero también se han dado en el chiismo casos de acción insurgente, incluso con cierto éxito e implantación popular activa, como en el Irán de Jomeini, o en El Líbano con Hezbolá o partido de Alá. Los chiíes constituyen hoy alrededor de un 12% de todos los musulmanes. Son mayoritarios en Irán, Azerbaiyán, Irak, Bahrein y en el sur del Líbano. Existen minorías chiíes significativas en otros países como Siria, Afganistán y Pakistán.
Como resumen de sus actitudes hacia su exterior, las otras religiones mundiales e ideologías políticas extrañas, podemos decir que con el chiismo es necesario negociar hoy en día desde una posición de determinación y fortaleza. Que les transmita convencimiento y seguridad y les genere respeto en el adversario interlocutor. Por su parte, el sunismo está más preparado para tratar y aceptar la convivencia pacífica y las relaciones de todo tipo con otras religiones e ideologías, al menos en determinados momentos y países.
La concreción de la ideología política. Los mecanismos de captación de activistas y sus bases sociales.
Hezbolá ha renunciado a dar su lealtad al Líbano e incluso, como podría intuirse, a Irán, como estados modernos. En su pensamiento ideológico no hay cabida para los naciona-lismos árabes o persas. Estos sólo dividen a los musulmanes (la Umma), mediante fronteras artificialmente creadas por intereses espurios, lejos de aquella realidad socioreligiosa. Un claro ejemplo del rechazo al panarabismo lo tenemos en el discurso pronunciado por el jefe local árabe chií del sur del Libano, hace bastantes años, durante la visita a la zona del encargado de negocios iraní en Beirut: “Aquí no existe la hermandad árabe o el sentimiento nacionalista. Los árabes jamás nos han ayudado, a pesar de la continuación de la crisis que padecemos. Ahora ellos cooperan con Satán, que también trajeron a nuestro país. ¿No es el Islam el que ha traído aquí al hermano Nurani (el iraní visitante)? ¿Dónde están los árabes? ¿Por qué ha venido un persa, pero no un árabe, de nuestra raza? Esto demuestra que el verda-dero lazo entre los hombres es aquél de las creencias y los pensamientos. No tenemos otra solidaridad o un común denominador con nadie que no crea en Alá y en su Profeta”. En el léxico de Hezbolá, a la república islámica de Irán se le llama “Iran el-Islam”, indicando que Irán es sólo una provincia del gran “dar el-Islam”, el futuro califato mundial, la Umma en acción, en su versión chiita.
Al contrario de lo que algunos deducen, la visión hostil de Hezbolá hacia Occidente se deriva más de los dogmas político religiosos de la organización islamista totalitaria, que de las políticas exteriores de las potencias democráticas. Durante la corta guerra de 2006, Hezbolá condujo su campaña operativa con un elevado conocimiento estratégico y táctico y gran profusión de armamento convencional. Sus ideólogos entienden y valoran su “esfuerzo de sangre” como parte de la guerra del Islam contra los infieles. Una guerra general sin fronteras convencionales. Y cuyo objetivo es, primero, redefinir el mapa de Oriente Próximo según aquellos intereses, y, finalmente, llegar a establecer un orden mundial islámico ortodoxo.
Los pensadores de Hezbolá no consideran al Líbano como una realidad posible ahora. Sólo cuando se elimine la influencia occidental en la zona y se destruya a Israel, podrá tener entidad propia un Líbano musulmán. Para Hezbolá el mundo occidental es uno en su ene-mistad y hostilidad hacia su visión de unidad mundial islámica. En ese rompecabezas deli-rante, los Estados Unidos (el Gran Satán) son el mando de esa conspiración y su campaña agresiva. En ellas Israel es un arma más contra los musulmanes. Sólo que es muy activa, cercana y, hasta ahora, muy eficaz. No estamos olvidados los otros países modernos demo-cráticos en ese papel atribuido y sellado a nuestro pesar. Francia, Alemania, Gran Bretaña, etc., e incluso Rusia y, últimamente, China son socios, correligionarios, colaboradores, ami-guetes de Satán. Esto de “Satán y compañía” le da unidad de propósito y coherencia a Hezbolá. Sólo la “unión del Islam” puede derrotar a esa tremenda confederación de infieles. Y de aquí, por ejemplo, el reconocimiento de Hezbolá al Irán islámico militante y provocador, como parte de aquélla.   
El reclutamiento de activistas y simpatizantes se realiza también a través de las estructuras sociales naturales del Líbano, a saber, el vecindario, el poblado, el clan y la tribu. Así, en sitios donde la lealtad es dada tradicionalmente al clan, como en las partes del sur del país o de la Bekaa, lo común es que un clan en masa se integre a la vez en Hezbolá. Y así sirven también a los intereses materiales colectivos, concretados, por ejemplo, en programas de “desarrollo o reconstrucción” con financiación foránea. Esto lleva a que en las zonas mencionadas existan ciertas colectividades, áreas, poblados que se identifican totalmente como enclaves de Hezbolá, y que constituyen núcleos de reclutamiento naturales de la organi-zación. Los barrios del sur de Beirut, que en su época original eran meros asentamientos de chabolas, están habitados por individuos relativamente pobres, que en su día emigraron desde el valle de la Bekaa o desde el sur del país a la capital. Buscaban esa mejora en sus condi-ciones de vida que el campo atrasado no les daba. Pero que tampoco la concentración de financiación, capital y tecnología de la capital y su funcionamiento, ni los sobresaltos bélicos periódicos les dieron o les facilitaron. Aquéllos conservaban sus lazos de tribu y de clan con su tierra, y también fueron fácil presa de los clérigos de Hezbolá. Éstos predicaban incan-sablemente en las mezquitas, las concentraciones de todo tipo, los funerales y las bodas. Dondequiera que una multitud se formara o reuniera para cualquier actividad social de masas.  

Las características socio religiosas totalitarias de Hezbolá.
Hezbolá se ha configurado y establecido como una sociedad musulmana clásica, integrada, completa y autosuficiente. Se ocupa de todo y atiende a todos. En todos sus períodos de paz ha invertido sus esfuerzos y medios, en mejorar y consolidar sus capacidades económicas y su arraigo social en sus bases. Claro que la producción en sus territorios de los bienes y servicios necesarios en una sociedad moderna, no es suficiente. Y sus métodos locales y poco integrados son costosos en recursos y poco eficientes en relación con los resultados. El único recurso productivo sobreabundante es el tiempo de sus habitantes. Pero si no hay creación de bienes y servicios, no hay posibilidades de sustento y de supervivencia, y no digamos de progreso y cultura. Esto se compensa con los fondos que fluyen generosa-mente desde Irán, junto con armas ligeras y pesadas de infantería, minas y cohetes de artillería reactiva. Aquéllos son como un impuesto religioso revolucionario que pagamos los compradores del petróleo crudo iraní. El yugular estas vías de aprovisionamiento de armas, mercaderías y financiación es un objetivo estratégico de primer orden para los israelíes.
Los gobiernos laicos o nacionales libaneses han fallado en atender y proteger a toda su población. Siempre han sido débiles, muchas veces más preocupados de su supervivencia, en los torbellinos periódicos de incremento del desorden civil, la anarquía o el enfrentamiento sectario entre las distintas religiones y sus ramas y etnias que habitan en El Líbano. Hezbolá se ha ocupado de levantar, dotar de medios materiales y humanos, y mantener escuelas, hospitales y centros locales de distribución para los habitantes de las zonas que controla. Hezbolá prima a las familias de los muertos o heridos graves o a los damnificados en sus negocios, propiedades y viviendas por el cese o la detención de sus actividades o por la destrucción o el daño de esos bienes, en sus enfrentamientos con Israel.
En Hezbolá se da un fenómeno fuerte integrador de fanatismo: el Paraíso prometido ya está aquí o, al menos, al alcance de la mano del simple creyente fiel. Consiste en integrarse en la Umma y cumplir unos preceptos claros y sencillos (véase más arriba). Luego les predican que el Corán dice que si pelean en el “esfuerzo” de Dios, Dios “les reforzará en su resolución y les dará la victoria” (ojo, a la Umma). Y a los que mueren en ese camino de rosas, el premio inmediato y seguro es el “jardín de las huríes” por un tiempo indefinido (ojo, no necesariamente eterno). Donde todos sus apetitos sensuales serán satisfechos a ésa, su escala personal mundana. Y los que no caen, especialmente si se trata de las familias o los clanes más antiguos de la “comunidad”, verán incrementada su riqueza material con buena parte del botín de guerra tomado a los infieles. Es todo un programa completo, sencillo, alcanzable, coherente y satisfactorio, sobre todo para los oprimidos, los sin salida, los agobiados, los perseguidos y los resentidos.

El espacio geográfico militar libanés.
El territorio libanés está casi enteramente formado por las cordilleras llamadas del Líbano y del Antilíbano y sus estribaciones. Ambas se extienden de norte a sur, paralelas a la costa y separadas por la depresión relativa de Bekaa, que es realmente un altiplano. La cadena del Antilíbano, que forma la frontera con Siria, es algo más baja; su cima culminante, el Hermón, tiene unos 2800 m. de alto. La cordillera del Líbano, cuya altura culminante es el Gurnat al Sauda, con unos 3100 m. de altura, deja una estrechísima franja llana a todo lo largo del litoral mediterráneo, de unos 10 Km. de ancho como máximo. Ésta se divide en la llanura de Akkar, al norte, en torno a Trípoli y la llanura de Tiro, al sur de Beirut, la más ancha. El clima de las montañas es de extrema rigurosidad invernal, ya que las alturas aíslan el interior del país de las suaves y cercanas influencias marítimas, que sólo benefician a las llanuras costeras.
La depresión de la Bekaa es una dura estepa, casi como los desiertos arábigos que alcanzan a Siria, donde no son suficientes los regadíos del Orontes y del Litani, que la recorren parcialmente. El primero corre de sur a norte, desde Laboue hasta desembocar en el lago Homs, ya en Siria. El segundo, más largo y caudaloso, corre de norte a sur, naciendo cerca de la ciudad de Baalbeck, hasta el castillo de Beaufort. Aquí hace un brusco giro de 90º, libre ya de las montañas que lo encajonaban, y va a dar en línea recta y con un recorrido final de unos 25 Km. al mar Mediterráneo.
Uno de los accesos estratégicos al interior del Líbano, desde su frontera sur con Israel, de apenas unos pocos Km. de ancho, permite alcanzar rápida y fácilmente a unas fuerzas mecanizadas modernas las principales ciudades costeras de ese país, aprovechando la buena transitabilidad que a ellas les ofrecen las estrechas y alargadas llanuras litorales. El terreno llano o suavemente ondulado de ellas es especialmente favorable para el ataque de fuerzas interarmas o de armas combinadas, incluso aunque aquél esté preparado para el rechazo fijo. Éste acceso está abierto y diáfano para el Tsahal.
El otro acceso al interior profundo del Líbano permite llegar a la extensión del altiplano de la Bekaa. Es un área montañosa de unos 650 Km2., hasta Hasbaya aproxima-damente, con curvas de nivel bastantes suaves, que van desde los 400 m. a los 900 m. sobre el Mediterráneo. Por él se alcanzaría la frontera norte del país con Siria, que es la entrada natural de las fuerzas regulares intervencionistas imperialistas sirias en el Líbano. También desde la Bekaa se podrían bloquear todos los pasos de contrabandistas a través de la cordillera Antilíbano. Éstos sirven de entradas clandestinas para el abastecimiento de Hezbolá con armamento iraní, especialmente los cohetes balísticos mejorados. Con los que contó con profusión escandalosa y exhibición inagotable en la corta guerra del verano de 2006. En este acceso están asentadas a horcajadas y apoyadas en él, las mejores fuerzas semiiregulares ligeras de Hezbolá. Sus alturas suaves y medias de color gris pálido les ayudan a formar una gran “región de defensa” semimóvil, extensiva, engañosa y complicada, que busca enmarañar y castigar a las fuerzas del Tsahal. Las cuales están acostumbradas y entrenadas para la maniobra rápida, favorable, potente, decisiva y con pocos costes de todo tipo, en sus operaciones de fuerzas mecanizadas.

Principales características favorables de los combatientes de Hezbolá, para poder sostener en sus términos semiirregulares una guerra con el Tsahal.
Hezbolá cuenta con una importante simpatía entre sus seguidores chiíes para sus obje-tivos socio religiosos. Aquéllos habitan sus “bases” estables, numerosas y extensas. Hezbolá tiene una red popular de apoyos y de inteligencia bien desarrollada. Las “bases” de Hezbolá le permiten tener un acceso fluido y elevado a la comida, los abastecimientos y los reequipamientos necesarios para sus enfrentamientos irregulares. Hezbolá cuenta con mandos carismáticos, alumbrados por su raíz religiosa.
Los guerrilleros poseen una capacidad táctica importante, desarrollada en los entrena-mientos y los combates a lo largo de los años. Sus fuerzas principales no son una milicia religiosa, sino que se equiparan más bien a una infantería ligera semirregular. Las fuerzas semirregulares de Hezbolá tienen una alta motivación ideológico religiosa y una firme voluntad de aceptar, al menos temporalmente, elevadas pérdidas y penurias en la lucha.
El terreno en el que pelean y que defienden es montañoso, pero no inclemente, ni excesivamente abrupto. Esto les brinda ocultamiento de las vistas y fácil protección, con algunas obras de campaña, de los fuegos pesados. Asimismo, dificulta el avance enemigo, lo canaliza a las vías existentes (las cunetas tienen demasiada pendiente o son reforzadas con cortaduras) y permite someterlo en la profundidad del despliegue a numerosas y escalonadas emboscadas de fuego antitanque y de armas pesadas de infantería. Las zonas defensivas diferentes cuentan con sucesivas posiciones de defensa preparadas, donde se repliegan los semiirregulares si es necesario. Los soldados israelíes no son entrenados para combatir rápidamente y con éxito contra estas formas de lucha de rechazo. Una de las armas más nombradas en Occidentes, los Improviced Explosive Devices, que dicen que les facilita Irán, no son más que variantes de las armas de carga hueca antitanque. Las emplearon por primera vez los paracaidistas alemanes contra las casamatas y reductos que no se rendían del fuerte belga de Eben Emael, en mayo de 1940. Con la parte de abajo (el embudo) de una botella de Coca-Cola, fundido el vértice que queda al cortarlo y relleno de explosivo convencional, es posible hacer una sencilla, limitada y barata bomba de este tipo.
Con el fin de hacer frente a la realidad de la presencia de milicias activas de los otros grupos rivales (palestinos, catervas encanalladas de Al Qaida) en El Líbano, Hezbolá está entrenando además nuevas milicias en sus territorios. Sus funciones son controlar a los posibles rivales y defender agresivamente sus enclaves. Los valiosos semiirregulares los destina al hostiga-miento enervante de Israel y como reserva operativa localizada en la Bekaa, al norte del castillo de Beaufort.

La Yihad o Guerra Santa Musulmana.

¿Cómo se interpretó e interpreta hoy en día?  ¿Qué papel tienen en ella los terroristas?  ¿Es posible llegar a una convivencia pacífica con la mayor parte del Islam?  ¿Cómo podemos controlar a los imames, los predicadores y lectores de las mezquitas, casi siempre carentes de una formación única, canónica y fiable en el Noble Corán y la Sunna del Profeta?  ¿Qué pueden hacer realmente los ulemas y los muftíes (los doctores de la Ley Islamica; no hay teologos, porque Allah es inasequible) para controlar el «Terrorismo en el nombre del Islam” y establecer una paz segura del Islam con todos los pueblos del Mundo?

¿Qué es y qué significa la Yihad en el contexto de la revelación musulmana?

El Islam es, en su acepción más simple, una fe sencilla, con ritos externos y sociales bien definidos, fácil de seguir y cumplir. Los ritos son acciones sacralizadas por una religión y necesarios para que ella se imbuya en el alma personal y colectiva de los creyentes.

En el Islam existen 5 grandes ritos, que se simbolizan en su iconografía por una mano abierta:

La profesión de fe, corta declaración que abre a cualquiera la entrada al Islam; las 5 invocaciones diarias (el Salat) a Alá; el ayuno del mes de Ramadán (el Roza); la caridad (el Zakat) con los desvalidos, impedidos y pobres (por este orden) de la Umma (comunidad musulmana universal) y la peregrinación a La Meca o Hajj al menos una vez en la vida, si se poseen recursos, que se realiza en comunidad, congregándose modernamente varios millones de personas simultáneamente, entre el séptimo y el décimo día del último mes del calendario lunar, Dhul i Hijja.

La Yihad, la guerra santa, el esfuerzo de sangre en el sendero de Alá, va dirigida contra aquellos que AMENAZAN la Umma. Estos pueden ser tanto los infieles hostiles externos, como los no musulmanes que conviven en dar el-Islam, las tierras donde la Umma domina políticamente, y que han roto su «pacto de protección» con ella. A éste tienen derecho teórico los judíos y los cristianos, como gentes citadas en el Corán y que detentan algunos de los libros considerados también como proféticos por el Islam.  Se considera a la Yihad una obligación prácticamente igual a uno de los llamados Cinco Pilares del Islam, ya citados. 

El Corán tiene numerosas aleyas o versículos que prescriben y alientan la lucha armada en el camino de Alá. En boca de un imam o predicador, el que dirige los rezos y lecturas en la mezquita y cuyas credenciales no son tanto una exquisita formación islámica de varios años en una madrasa (escuela coránica) acreditada, sino poseer más bien una empatía con su comunidad y un cierto don de palabra, estas indicaciones absolutas, directas y reiteradas pueden resultar incendiarias.

El terrorista marroquí El Chino, que se suicidó luego en Leganés, presidió varias veces, según se dijo, la oración en la mezquita de la M-30. ¿Era un cumplidor del Noble Corán el imam El Chino?

Sura, 4 aleya 33 (29) «…Oh, creyentes… no os matéis a vosotros mismos…».

2, 10 (11) «Cuando se les dice: No cometáis desórdenes (voz con la que se definen los crímenes) en la tierra, ellos responden: Lejos de eso, introducimos en ella el buen orden (el bien)». 2, 11 (12) «¡Ay!, cometen desórdenes, pero no lo comprenden».

 

28, 77 «Al igual que Alá hace el bien, haced también vosotros el bien y no fomentéis la corrupción (el mal)» (asesinato de inocentes y de gentes que os acoge –las tierras de dar el-ahd-, borracheras, drogas, daños innecesarios de las cosas).

 

Hemos tomado respetuosamente dos traducciones del Noble Corán para realizar una SELECCIÓN de las aleyas que tratan sobre la Yihad: una, más antigua y la otra, editada en Estambul en 2002 (sus versículos están entre paréntesis; si no aparecen, coinciden las numeraciones). Prescindimos de la sunna (tradición) del Profeta, que puede ser objeto de controversia acerca de su legitimidad legal con los chiíes y otros grupos menores.

Sura 2, aleya 186 (190) «Haced la guerra santa por la causa de Alá contra los que os hagan la guerra».

2, 187 (191) «Matadles dondequiera que los halléis y expulsadles de donde ellos os hayan expulsado (¿Andalucía, Sicilia, los Balcanes? Pero, ¿llegaron acaso ellos primero allí?)».

2, 189 (190) «Combatidles (a los infieles) hasta que no haya ya idolatría y toda adoración sea dada a Alá». Se repite casi exactamente en 8, 40 (39).

2, 212 (216) «Se os ha prescrito la guerra y vosotros le habéis tomado aversión».

2, 214 (217) «La tentación de la idolatría es peor que la carnicería. Los infieles no cesarán de haceros la guerra mientras no os hayan hecho renunciar a vuestra religión, si pueden».

2, 215 (218) «Los que abandonan su país y combaten en el sendero de Alá (la Yihad) pueden esperar su misericordia».

4, 7 (69) «Los que obedezcan a Alá y a su Mensajero entrarán en la sociedad de los justos, de los mártires, de los virtuosos, a quienes Alá ha colmado con sus beneficios».

4, 74 «Que combatan en el camino de Alá aquéllos que vendan la vida de este mundo por la Última. Y a quien combata en el camino de Alá, ya muera o resulte victorioso, le daremos una enorme recompensa».

4, 79 (77) «…han exclamado: Señor, ¿por qué nos ordenas la guerra? …Respóndeles: El goce de la vida de aquí abajo es poca cosa; la vida futura es el verdadero bien para los que temen a Alá. Aquí no os engañarán ni en una sola brizna».

4, 105 (104) «Y no flaqueéis en perseguir a esa gente. Si os doléis, también se duelen ellos, pero vosotros esperáis de Alá lo que ellos no pueden esperar».

9, 39 «Si no marcháis al combate, Alá os castigará con un castigo doloroso: os reemplazará por otro pueblo».

9, 92 (91) «Los débiles, los enfermos, los que no tienen medios no estarán obligados a ir a la guerra, con tal que sean sinceros respecto de Alá y de su Mensajero».

(La obligación de la Yihad se hace recaer prácticamente en la Umma, que debe aportar así un número adecuado de muhaydines).

9, 124 (123) «¡Oh, creyentes!, combatid a los infieles que os rodean: que hallen siempre en vosotros una acogida ruda».

47, 4 «Cuando encontréis infieles, matadles hasta el punto de hacer con ellos una carnicería y encadenad fuertemente a los cautivos para impedirles huir».

47, 37 (35) «No mostréis cobardía y no llaméis a los infieles a la paz cuando sois los más fuertes».

 

Las principales ramas del Islam y su ideología.

El sunnismo, que siguen el 90% de los musulmanes actualmente, acepta también como revelación la tradición (la sunna) del Profeta, que son sus hechos y sus comentarios o hadices. El mayor o menor rigor en la selección y aceptación de esta tradición caracterizan a tres de sus escuelas teológicas, fundadas a caballo entre los siglos VIII y IX.

La escuela más abierta y flexible, la chafií, fundada por el palestino al-Chafii, muerto en El Cairo en el 820 a la edad de 53 años, nos abre una puerta esperanzadora a la evolución pacífica del Islam. Ella acepta también el consenso de los sabios de la comunidad y el razonamiento analógico o qiijas, como vías correctas para la adaptación del Islam a todos los tiempos y lugares, desde su «origen rural, analfabeto, pobre, medieval y rodeado de hostiles». Para ello parte del hadiz «Alá reconoce el bien en lo que los musulmanes han juzgado como tal».

Existe una gran diferencia ideológica y práctica entre el sunnismo y el chiismo. Ëste se siente perseguido, en razón de la ortodoxia dinástica (el cisma surge a partir del cuarto califa, Alí, primo, yerno y compañero del Profeta) e ideológica (admite menos fuentes de revelación) que proclama y defiende. Así, asume históricamente una actitud fatalista, pasiva, incluso de sufrimiento físico por ello, a la espera del retorno del (califa) imam desaparecido (ojo, nombre que toman los guías político-religiosos en el chiismo). Éste vendrá como Mahdi (el guiado por Alá), en un momento dado de la Historia, para hacer triunfar a la Umma ortodoxa (ellos).

Pero también se han dado en el chiismo casos de acción insurgente, incluso con cierto éxito e implantación popular, como en el Irán de Jomeini, en El Líbano con Hezbolah o partido de Alá.

Parece claro que el sunnismo está más preparado para tratar y aceptar la convivencia pacífica y las relaciones de todo tipo con otras religiones e ideologías políticas, al menos en determinados momentos y países. Y que con el chiismo es necesario negociar hoy en día desde una posición de más determinación y fortaleza.

 

El radicalismo violento musulmán moderno y sus posibles encauces y soluciones hacia una convivencia pacífica y respetuosa.

Los insurgentes radicales islámicos se dedicaron entre los años 60 y 80 a atacar a los que calificaban de gobiernos musulmanes corruptos y falsos, socialistas u occidentalizados y liberaloides. Su fortuna fue poca para todo el esfuerzo: la retirada de los soviéticos de Afganistán, con el soporte logístico occidental, y la toma del poder en Sudán, guiados por al-Turabi, al consiguir hacerse fuertes en su Ejército, lo cual es aún un caso único. A partir de los 90 el objetivo es Occidente.

 

Sus características operativas actuales son:

Su brutalidad innecesaria e indiscriminada, que los descalifica ante su religión. Ya vimos un mínimo ejemplo de 4 aleyas morales importantes que desprecian y desacatan, sin que Alá las hubiese cambiado para ellos. Sura 2, aleya 100 (106) «Nosotros no abrogamos ningún versículo de este libro, ni haremos borrar uno solo de tu memoria, sin reemplazarlo por otro igual o mejor».

La ausencia absoluta de ulemas y muftíes venerables y piadosos a su lado.

Su gran descentralización operativa por la universalidad de la Umma, que trasciende la idea de nación o raza, pero que les impide conseguir objetivos estratégicos, aunque sus acciones puntuales sean importantes, dolorosas, temibles.

Su fracaso en incorporarse activa y firmemente a un grupo social amplio, que dé cobertura e impulso permanente a su movimiento. Los activistas más alienados se suelen ir aislando progresivamente de la sociedad (al menos, emocional e ideológicamente), aunque «vivan» dentro de ella, en aras de sus métodos violentos, a los que sacrifican todo por la eficacia. Siguen un proceso de segregación, purificación (en sus improvisados ritos no ortodoxos ayunan, emplean agua de lugares sagrados y banderolas verdes con inscripciones de las aleyas que les favorecen), consagración y radicalización, hasta llegar a la muerte e incluso al suicidio en sus acciones puntuales. Y entonces se extinguen, como débiles, estériles y desviados que son, lejos de la Umma y de sus intereses reales.

Su afán de publicidad, al que Occidente colabora insensible, necio (es desconocer lo que debería saber) y gustoso.

Su objetivo de golpear al gobierno que sea, puesto que el califato radical y agresivo en dar el -Islam no existe hoy en día.

 

Ante ese terrorismo (acciones de guerra contra objetivos generales, inocentes e indiscriminados) propio, el mundo islámico se paraliza y no sabe qué decir o hacer. Afirman los portavoces e intelectuales que el Islam es paz y tolerancia. Pero esto no es totalmente cierto, como vimos antes. La mayoría de los musulmanes se distancian de los atentados por oportunismo, para proteger al Islam, preocupados por el creciente rechazo que sufre en Occidente. Pero, ¿cuándo intervienen en la polémica los ulemas o los muftíes? Casi nunca.

No se ha dado en el Islam una reflexión profunda sobre la oportunidad política y religiosa de la violencia. ¿Alguien conoce a pacifistas islámicos activos? No se trata de que reaccionen los intelectuales laicos musulmanes. Éstos no son operativos de la manera que conocemos en Occidente, ya que para un buen musulmán la política, la sociedad y la religión forman una trinidad única, excluyente e inseparable, establecida por Alá. Además, el fracaso social y político de los intelectuales laicos árabes quedó refrendado con el de las élites nacionalistas, izquierdistas y europeizadas, que impulsaron la independencia de las distintas naciones árabes tras la II guerra mundial.

 

El Islam tiene que asumir que la Yihad fue necesaria para la instauración y la defensa de la primitiva comunidad de creyentes, estableciendo el Profeta el estado islámico a partir de la destrucción violenta de la jahiliyya (la barbarie existente anterior al Islam) árabe. Y aún pudo ser útil la Yihad para su RÁPIDA extensión por el mundo, por el estado existente de cultura y desarrollo de las civilizaciones medievales. Pero que su oportunidad histórica no existe actualmente y entonces debe ser reemplazado por «otro tipo de ESFUERZO en el camino de Alá», cuyo concepto ya existe en la sunna y que podría ser retomado y proclamado por los ulemas y los muftíes piadosos, que son los ideólogos del Islam verdadero y perenne. Y, por cierto, los mismos gozan de una independencia política, social y económica amplísima: son respetados y/o temidos por los gobiernos en sus respectivos países, y suelen ser los que administran el zakat o las limosnas canónicas.

Ya desde el surgimiento de las 4 principales escuelas teológicas sunnies citadas, cobró fuerza el principio del esfuerzo de reflexión personal, el ichtihad, en el Islam. El ichtihad va a permitir el desarrollo de la cultura árabe, tanto en lo tocante a los aspectos civiles (ciencias, comercio, literatura, arte) como al enriquecimiento de su teología; es la base de jurisconsultos como al-Chafii. El ichtihad es fuente de lucidez, creatividad, enriquecimiento, progreso y paz en el camino del esfuerzo personal y colectivo hacia Dios (esto es el núcleo y la razón del Islam), cuando ya la Umma se ha extendido y multiplicado enormemente por el mundo.

Hacia el siglo XI (siglo V de la hégira o marcha a Medina), los teólogos cierran la puerta al ichtihad. El enfoque metodológico islámico se altera: a partir de entonces, se imita, se repite, se abusa de los compendios.

 

¿Sería posible que los más preclaros y lúcidos teólogos y jurisconsultos del Islam valoraran y enfrentaran los tremendos problemas internos y externos, de convivencia, a los que se enfrenta la Umma?

¿Sería posible que aceptaran utilizar (ya sabemos que no es nada nuevo) la reflexión a partir de las fuentes canónicas, como instrumento de avance, adaptación, relaciones externas y perfección en el tiempo de la comunidad islámica?

¿Sería posible que predicaran contra la violencia gratuita y estéril que se ejerce en nombre del Islam por unas muy minorías alucinadas?

¿Sería posible que controlasen la calidad de la formación de los imames en los distintos países y la exclusión de sus nobles funciones, de los advenedizos que, sirviéndose de la dirección de la oración, predican ideologías fanáticas, desviadas, sin futuro real y criminales?

¿Sería posible que declararán que los intereses del Islam y de la Umma tienen a España y al resto de Europa como buenos amigos, parte de dar el-ahd, los países donde la Umma no domina políticamente, pero está en paz con sus habitantes y puede realizar sus actuaciones y ritos?

Algunos de los más alocados guerrilleros islámicos fueron los argelinos de los años 90. Sin ser ni siquiera estudiosos del Islam y con intereses muy terrenales, se excomulgaban (de la Umma) unos grupos a otros en su delirio. El takfir o anatema se deriva de kfur o impiedad. Ésta se relaciona directamente con el caos religioso o jahiliyya anterior al Islam. Por él se declara impío a alguien que es o pretende ser musulmán y se le destierra, al menos moralmente, de la Umma.

¿Sería mucho pedirle a los ulemas que utilizaran la institución del takfir contra los más recalcitrantes, peligrosos y criminales terroristas, que actúen desviados perversamente (con malicia o tras ser reconvenidos sin resultado) en nombre del Islam?