Sep29

LA BATALLA DE LAS ARDENAS.

La Intervención del 3er. ejército de Patton en la Batalla de las Ardenas en el Invierno de1944, contra la penetración alemana en el frente del VIII cuerpo de ejército estadounidense. 
 

La Batalla de las Ardenas es un Ejemplo del Empleo Operativo del Ritmo o Rapidez Eficaz con la que se Ejecutan las Operaciones. En él aparecen resaltadas determinadas cualidades de una gran fuerza móvil. Que le van permitir superar con éxito las elevadas exigencias operativas que se le piden. Nos fijaremos principalmente en los procesos mentales, en las características organizativas de la gran unidad, junto con su veteranía, que le hicieron posible reaccionar rápida y contundentemente a una exigencia muy difícil.

Comienzan los problemas aliados.

El 16 de diciembre de 1944, Patton estaba manteniendo su 10ª división blindada en el pueblo de Thonville, dispuesta a explotar su ataque en Saarlautern, población sobre el río Sarre. Entonces, cuando todo estaba listo, Eisenhower le ordenó a Patton la suspensión de la ofensiva del 3er. ejército americano en el territorio del Sarre, prevista para el día 19.
Los acontecimientos en el frente del VIII cuerpo de ejército norteamericano en las Ardenas, habían cogido de improviso, no sólo a Eisenhower, sino también a Bradley, jefe del 12º grupo de ejércitos americano donde se encuadraba el citado cuerpo. Y a Montgomery, comandante en jefe de las fuerzas inglesas, que operaban en el extremo norte del teatro de operaciones europeo.

¿Cómo actuó la inteligencia aliada ante la aparición y el desarrollo de la amenaza alemana contra su frente?

Preparándose para su ofensiva en el Sarre, el coronel Koch y su sección G-2 del 3er. ejército, no se habían limitado al estudio de la situación del enemigo en su propio frente. Desde el mes de octubre se estaban preocupando con las evidencias cada vez más numerosas y claras de que los alemanes estaban acumulando reservas en el frente del 1er. ejército norteamericano. Entre ellas se identificaron a divisiones panzer, divisiones de infantería mecanizada y divisiones de paracaidistas, todas unidades de élite y no simples divisiones corrientes y molientes de retaguardia o de guarnición.
El misterio era, ¿para qué?
¿Se trataba de contraatacar en el área de Aachen, donde el 1er. ejército del teniente general T. G. Courtney Hodges estaba atacando? ¿Estaban destinadas a un ataque de desgaste contra el flanco norte del 3er. ejército, cuando éste penetrara más allá del Sarre?
Si no iban a ser usadas contra ninguno de estos ejes de avance norteamericanos sobre el Reich alemán, ¿dónde se suponía que lo serían? ¿Cuál era la explicación del elevado tránsito (tráfico es mercadeo) ferroviario enemigo a ambos lados del Rin?
Al norte del 3er. ejército, en las Ardenas, el VIII cuerpo del general Middleton estaba manteniendo un frente de 120 Kms, entre Monschau y Echternach. El general Middleton contaba con casi cinco divisiones de infantería, dos de las cuales aún no habían entrado en combate y dos que habían sido severamente castigadas en los recientes combates del 1er. ejército en el bosque de Hürtgen.
Cuanto más el coronel Oscar W. Koch pensaba en ello, menos le gustaba la situación que se presentaba frente al flanco norte de su ejército. Llamado la “chispa” del 3er. ejército, Patton siempre tenía en el cuarto de guerra (war room) de Koch, cuáles eran las distintas probabilidades en las estimaciones de una situación. Y en el campo puro de la inteligencia, el general contaba con uno de los más penetrantes y brillantes cerebros de las secciones G-2 y S-2 de los EE.MM. y de las planas mayores del US Army.
En una reunión de mandos y del EE.MM. del 3er. ejército, el 9 de diciembre, Koch presentó la situación. En el frente del VIII cuerpo había 2,5 veces el número de divisiones enemigas que se enfrentaban contra todo el 3er. ejército de Patton y 3,5 veces el número de las que se enfrentaban contra el 7º ejército norteamericano del general Patch, en el flanco sur del 3er. ejército. El enemigo contaba con una fuerza aérea descansada y reequipada, capaz de poner en el aire a un millar de aparatos durante un período limitado de tiempo. El terreno del frente del VIII cuerpo, continuó Koch, no era desfavorable para el desarrollo de operaciones ofensivas enemigas: ninguna de las corrientes de agua que lo cruzaban constituían obstáculos importantes al tránsito, el terreno ofrecía abundantes cubiertas y los norteamericanos no mantenían en aquél posiciones defensivas organizadas.
En general en Europa, con los medios anfibios y las compuertas de vadeo, el principal obstáculo al tránsito militar moderno de unidades motorizadas lo ofrecerán las márgenes de dichas corrientes de agua. Hay que considerar la pendiente de ambas orillas y las características de resistencia, adherencia, consistencia, etc. de ellas y de sus terrenos de aproximación inmediata. Se supone que el enemigo, preparado para el rechazo operativo, controla o ha destruido los puentes que las cruzan, por ser estrangulamientos evidentes de la red viaria terrestre.
El coronel Koch resumió diciendo que el enemigo tenía una amplia ventaja numérica en el sector de las Ardenas, que había logrado gradual y continuamente, y que, en su opinión, un ataque secundario contra el área en cuestión podría ser “un tiro en el brazo (amenazante) a los alemanes”. Ésta era una posibilidad que debía tenerse en cuenta.

Patton prepara sus planes alternativos.
El informe causó una honda impresión en los asistentes, entre los que estaba el brigadier Hobart R. Gay, jefe del EE.MM. del 3er. ejército, los jefes de sus cuerpos de ejércitos y algunos generales de división. En la discusión que siguió, se acordó que, aunque nada debía hacerse que pudiese perturbar la preparación del gran ataque del 3er. ejército sobre el Sarre del día 19, se debían de iniciar inmediatamente los planes para enfrentar la situación que se desarrollaría, si el enemigo efectuase un ataque contra el frente del VIII cuerpo norteamericano. Además, dichos planes no sólo tenían que considerar la protección del flanco norte del ejército, sino también la realización de un contrataque a cargo del mismo en la dirección norte.
Patton cerró la conferencia con estas palabras: “Estaremos en condiciones de enfrentarnos a lo que ocurra”. Patton, como Bradley, creía en asumir riesgos calculados. Pero Patton, a diferencia de Bradley, que era quien tenía la fama de sensato, prudente y meticuloso, estaba cubriendo sus apuestas. Resultaba, pues, injusto, superficial e incierto, declarar o pensar, basándose en el pergeño o en su comportamiento de divo, que Patton actuaba en general por presentimientos, corazonadas, conjeturas o a impulsos del momento.
Bueno, pero, ¿qué pasa?, ¿sólo Patton tenía un reconocimiento (reconnoissance) y una inteligencia competente en todo el US Army del teatro europeo?
Véamos los casos más significativos e involucrados del frente del oeste:
El coronel Benjamín “Monk” Dickson, G-2 del 1er. ejército norteamericano presentó en noviembre un memorandum al teniente general Courtney Hodges, comandante en jefe de ese ejército, en el que valoraba la situación en el frente con Alemania y estimaba que era imposible para los alemanes lanzar cualquier ataque operativo. Sin embargo, en diciembre, el coronel Dickson detectó una inusual alta moral en los prisioneros de guerra alemanes capturados por su 1er. ejército y la aparición de consignas como “para la Navidad, Aachen (donde los estadounidenses estaban atacando) será para el Fuhrer”. El coronel estimó que su valoración anterior debía revisarse y el día 10 emitió su “estimación de inteligencia” nº 37, en la cual afirmaba que en los próximos 15 días podía ocurrir cualquier cosa en dicho frente. Pero esta previsión no tuvo consecuencias prácticas. Hodges le pidió a Eisenhower que reforzara su ejército con el envío de otras 2 divisiones y esta petición no fue atendida.
Por otra parte, el brigadier Edward Sibert, G-2 del 12º grupo de ejércitos del general Bradley, estimó que el coronel Dickson estaba errado y que ninguna división debía ser enviada en apoyo del 1er. ejército. Además, simultáneamente, el inglés brigadier E. T. Williams, G-2 del grupo de ejércitos del mariscal Montgomery, afirmó que los alemanes eran incapaces de lanzar un ataque en esos momentos. Después de la ofensiva de las Ardenas, Williams pidió disculpas claramente, reconociendo “lo equivocado que estaba”. Sin embargo, el general Sibert calló y no comentó nada sobre su gran error de juicio, que se trasladó en definitiva a aumentar la falta de preparación aliada para el rechazo.

Los ambiciosos planes del Führer.

Adolfo Hitler estaba entonces muy disminuido física, emocional y mentalmente. Sus nervios estaban rotos desde la fallida conspiración para asesinarle en julio de ese año, mediante una bomba que explotó en su sala de reuniones, llena de altos jefes, y de la que salió milagrosamente vivo. Su situación física y anímica y el muy desfavorable curso de la guerra para Alemania le hacían especialmente proclive a ser presa de falsas ilusiones. Que siempre son más o menos fundamentadas, porque la expresión de una enajenación toma siempre formas y contenidos del entorno y la cultura reales. Probablemente percibiendo un nexo espiritual entre Federico el Grande, que siempre luchaba en desventaja global y aprovechándose de la posición central de Prusia en sus guerras, y él, Hitler le comentó a sus generales que él también iba a tomar la ofensiva y alcanzar éxitos memorables, a pesar de que su fortuna militar estaba en el más bajo nivel de toda la guerra.
En mayo de 1940 las divisiones panzer habían utilizado con gran éxito, a pesar de las reconocidas dificultades de transitabilidad, los terrenos de las Ardenas para iniciar la batalla de Francia. Hitler esperaba que podían hacer lo mismo ahora, a fines de 1944, facilitándole a sus unidades mecanizadas un cómodo y sorpresivo sector de irrupción y ruptura en el gran frente aliado del oeste, para cruzar el Mosa y continuar hasta Amberes. Éste era el principal puerto aliado, cercano a Alemania, de desembarque y recepción de hombres, equipos, suministros y repuestos, para los Aliados, que se preparaban para irrumpir en amplio frente estratégico en el Reich. Con esta operación estratégica Hitler pretendía también aislar en una gran bolsa hacia el norte, entre el sector de avance de sus ejércitos y el mar, al 1er. ejército canadiense, al 2º ejército británico y al 1º y 9º ejércitos norteamericanos.

Si la teoría no se ajusta a la práctica, peor para la teoría…

Si el cerco se cerraba y se mantenía adecuadamente, los Aliados se enfrentarían al dilema de un segundo Dunkerke o a la destrucción de sus ejércitos aislados y desabastecidos en la gran bolsa. Estas circunstancias sorpresivas y adversas crearían las condiciones para que los aliados occidentales reconociesen lo difícil y costoso que iba a ser el obtener la victoria en su frente. Con ello podrían aceptar fácilmente un armisticio parcial con Alemania, que desmontaría la coalición internacional contra ella. Entonces ésta quedaría libre para enfrentarse a los soviéticos en el Este, que ya se acercaban peligrosamente a las fronteras del Reich en fuerza abrumadora. Y esto daría el tiempo necesario a los investigadores e ingenieros alemanes para desarrollar e implementar nuevos y sofisticados sistemas de armas, con los que contrarrestar y superar a los efectivos y medios cuasi inagotables de la URSS.
Hacía ya tiempo que los principales jefes y comandantes alemanes se habían dado cuenta de lo difícil, inútil e incluso peligroso que era discutir con el Fuhrer, enfrentándose directamente a sus ideas. Por ello era muy difícil que se decidieran en esos momentos a aconsejarle seriamente contra unos planes muy madurados por él. Por otro lado, las condiciones objetivas estratégicas y operativas de 1940 no eran las de 1944. Los alemanes habían enseñado con sus éxitos sucesivos y repetidos durante más de 4 años, los secretos de la moderna guerra mecanizada a sus enemigos. Y tanto los soviéticos como los norteamericanos los habían adaptado y mejorado, en los niveles operativo y táctico de su propia actividad militar. Los cálculos de EE.MM. hechos para las necesidades operativas de las fuerzas mecanizadas y las reservas de combustibles existentes, indicaron que sólo habría disponible el 75% del combustible necesario para todas las operaciones ofensivas previstas. Esto se pretendía subsanar con la predicción optimista de que parte de las reservas de los norteamericanos serían capturadas durante los rápidos avances alemanes por la retaguardia operativa enemiga.   
Durante el cruce por las Ardenas en 1940 el eje de avance alemán en dirección suroeste fue favorecido por la orientación que seguían por ese terreno las escasas vías terrestres que lo cruzaban. El eje de avance propuesto para fines de 1944 iba en la dirección noroeste, con muy pocos caminos disponibles y no olvidemos el enorme aumento de peso logrado en esos 4 años por los tanques medios y pesados. Además, en relación al avance campo a través, esa dirección iba en contra de la disposición y el afloramiento de los terrenos de la zona.
El sector decidido para el gran ataque tenía un ancho de unos 140 Km., e iba desde Monschau, al norte y Echternach, en el sur. A la derecha del despliegue alemán estaba el 6º ejército panzer de las SS al mando del general SS Sepp Dietrich, en el centro avanzaría el 5º ejército panzer y al sur, el 7º ejército alemán encargado de proteger todo el flanco sur de la penetración alemana. Esas grandes unidades se encuadraban en el grupo de ejércitos B del mariscal Walter Model, el cual dependía del mariscal Gerd von Rundstedt, nombrado muy recientemente como Comandante en Jefe del Oeste.

La reacción de los altos mandos aliados ante la confirmación de las muy malas noticias.

A primera hora del 16 de diciembre, al recibir los primeros informes de lo que iba a ser la batalla más importante de los norteamericanos en el teatro europeo, Hodges ordenó el traslado de la 9ª división blindada, que se hallaba participando en el ataque contra las presas de Roer, para apoyar al VIII cuerpo de ejército. Esta división, junto con la 10ª blindada de Patton, participarían posteriormente en la defensa del cerco de Bastogne.  
Con las primeras noticias del ataque, sólo Eisenhower, entre los altos mandos, percibió que se trataba de algo de importancia. Contrariamente a las suposiciones de Hitler, el alto mando aliado personificado en aquél, respondió de forma coordinada, moviendo inmediatamente las reservas acorazadas de los 2 ejércitos adyacentes, la 7ª blindada desde el norte (destinada a defender St. Vith) y la 10ª blindada de Patton desde el sur, en apoyo de Middleton. Esta rápida respuesta resultó ser una de las claves de la campaña de las Ardenas.
Por último, el día 17 Eisenhower despachó su única reserva estratégica, las 82ª y 101ª divisiones aerotransportadas norteamericanas, desde Reims hasta Bastogne.
En la tarde del 19 de diciembre se convocó una reunión de alto nivel en Verdún para tomar las decisiones que incidirían en la conducción de la campaña, donde estaba presente el general Devers, jefe del 6º grupo de ejércitos de los EE.UU., desplegado al sur del de Bradley. En los mapas de situación general y de situación del enemigo se vió que von Mantteufel había conseguido una ruptura limpia del frente en las Ardenas y que sus fuerzas estaban pasando rápidamente por la brecha entre Bastogne y St. Vith. 
Eisenhower acertó en sus comentarios iniciales: “La situación actual se ha de ver como una oportunidad para nosotros y no como un desastre. Sólo quiero ver caras sonrientes en esta conferencia”. Patton propuso que “tengamos las agallas para dejar que esos malditos bastardos avancen hacia París. Luego los aislamos y nos los masticamos”. Su respuesta coincidía con la flexible y poderosa capacidad de movimiento operativo de su 3er. ejército.
Pero los altos jefes, Eisenhower y Bradley, prefirieron una aproximación cautelosa. Su plan se basaba en sujetar firmemente todos los bordes de la penetración. Esta se iría frenando con el bloqueo de los nudos de carretera, vitales para los alemanes, de St. Vith y Bastogne, por donde avanzaban las fuerzas del 5º ejército panzer de von Mantteufel. Detrás, se reforzaría una línea defensiva incorporando al Mosa en su plan de rechazo general. Luego se haría un contrataque masivo sobre los alemanes, a cargo de Patton.
Eisenhower le preguntó a éste: “¿Cuándo puedes atacar?”. Patton estaba preparado, como vimos. Tras la reunión del día 9 tenía varios planes de contingencias elaborados e informados. Por lo tanto, contestó con serenidad y seguridad: “El 22 de diciembre puedo atacar con 3 divisiones”. Patton se refería a la 4ª división blindada y a la 26ª y la 80ª divisiones de infantería, integradas en su III cuerpo, que podrían avanzar en el eje Arlon-Bastogne.
Para Eisenhower la respuesta fue una salida de tono a una pregunta capital, hecha en un momento grave. No sabía que Patton había estudiado con detalle las posibilidades y, sobre todo, que estaba preparado para llevarlas a cabo. La impresión de Eisenhower surgía de que era un general de la vieja escuela y dedicado a los altos asuntos estratégicos y aún políticos de todo el teatro de operaciones europeo. Y que, por tanto, no creía que nadie era capaz de hacer girar el eje de avance de un ejército moderno mecanizado en 90º y efectuar una marcha de aproximación en invierno, y en contra del sentido de las líneas de comunicaciones principales.

Patton recibe sus instrucciones y actúa con una modélica rapidez y capacidad, frutos del trabajo colectivo previo y de la experiencia de su 3er. ejército.

Tras echar una bronca a Patton, Eisenhower autorizó a retrasar en 1 o 2 días el plazo para el ataque. En cuanto salió de la reunión, Patton se comunicó con su cuartel general para informarles cuál era la opción ofensiva que iba a seguir su 3er. ejército.
El flanco sur del 5º ejército panzer lo defendía el 7º ejército de infantería del general Brandenberger. Para su misión, contaba con 3 divisiones de infantería y una de paracaidistas. Pero el contrataque de Patton llegó mucho antes de lo que los planificadores alemanes habían calculado. Aún así, la dificultad del terreno y la tenaz resistencia alemana (propia de tropas escogidas que habían asumido los objetivos encomendados y su trascendencia sobre el desarrollo de la guerra), frenaron enormemente el avance en fuerza del 3er. Ejército sobre el 5º ejército panzer de von Mantteufel y sus vías de abastecimientos.
Aquél avanzaba en un amplio frente entre Echternach y Materlange. En menos de 48 horas de recibir las órdenes de Eisenhower, 2 divisiones, entre ellas la 4ª blindada, avanzaban sobre Bastogne. Al cabo de una semana, la “masa de apoyo” del ejército, que incluía a unos 250 mil hombres y a más de 100 mil vehículos de todo tipo (encuadrados en 17 divisiones), se habían trasladado entre 80 y 115 Kms hacia el norte, en medio de un tiempo invernal muy duro.
La eficacia del movimiento de un grupo operativo cualquiera la podemos cuantificar por su “cantidad de movimiento”. Éste sería el producto de su capacidad de combate (medida en medios humanos, equipos y máquinas) por su velocidad en una dirección y sentido dados. Este producto puede valorar comparativamente también, la eficacia igual o mayor de un grupo mecanizado relativamente pequeño y muy rápido (una brigada blindada o mecanizada) frente a la de su masa de apoyo o grueso, que la ha destacado y que se mueve mucho más lentamente, desplegada por toda la red de la zona de marcha.
Un cambio de dirección de una “fuerza” o vector militar, de un grupo móvil en marcha o ya desplegado para una misión, ralentiza enormemente su velocidad de marcha, durante un tiempo que es función inversa de la capacidad de sus mandos y de su organización a todos los niveles.
Estas estimaciones pueden parecer excesivamente teóricas o cuantitativas, propias solamente de ensayos o juegos de guerra para EE.MM. Pero no hay que olvidar, por ejemplo, que la doctrina soviética establece, sobre el principio casi determinante de la “correlación de fuerzas” (sootnoshenie sil) y su evolución, favorable o desfavorable, los cálculos para emprender acciones ofensivas o defensivas, estratégicas y operativas en una zona o teatro de operaciones.
Existen varias formas de optimizar el ritmo en sus distintas operaciones de un ejército moderno, una de las cuales sería la marcha de aproximación: 
Se deben evitar las acciones de atrición y de desgaste, en forma de combates innecesarios y movimientos improductivos. Hay que tener una buena logística y una línea de abastecimientos suficiente y protegida, como soportes dinámico y estático de la recuperación y el mantenimiento de la capacidad operativa de las unidades. Hay que considerar siempre la transitabilidad del terreno a nuestro favor. Deben existir simultáneamente un plan de contingencias y otro de alternativas.
La estructura de mando debe ser sencilla y sus instrucciones, simples y claras. Se debe tener presente en todo momento el objetivo general. El jefe debe decidir y comunicar inicialmente su intención y crear y trasladar el centro de gravedad, como factor unificador y multiplicador del esfuerzo colectivo, impartiendo las misiones. Los subordinados deben actuar descentralizadamente dentro de sus atribuciones y coordinándose entre sí al máximo. Es muy importante esta comunicación implícita, que se crea entre las personas que han trabajado y cooperado durante cierto tiempo, aunque esto va teóricamente contra los traslados, como camino más rápido de promoción.
Para esta optimización son muy importantes la acción del jefe y del EE.MM., las comunicaciones internas de la gran unidad, la experiencia general y el control suficientemente avanzado, según las operaciones, del jefe.
Es decir, la estructura y su funcionalidad deben estar capacitadas para actuar eficazmente a velocidades crecientes de acción en sus operaciones.
El giro operativo del 3er. ejército desde sus posiciones sobre el Sarre hacia las Ardenas no puede compararse por su magnitud y su dificultad con ninguna otra maniobra de Rommel en el norte de África e incluso del grupo de ejércitos A del entones coronel general von Rundstedt, en Francia, cruzando también las Ardenas en mayo de 1940.

Y los resultados fueron proporcionales a la efectividad ejercida.

Al final de esta 2ª batalla de las Ardenas, el 29 de enero, Patton daba la siguiente lista de bajas:
                       3er. ejército                                                         Alemanes
 Personal
Muertos              14.879                                                                96.500
Heridos               71.009                                                              269.000
Prisioneros             —                                                                 163.000
Perdidos             14.054                                                                   —
                         99.942                                                              528.500

  Material
Tanques ligeros       270                                                                   —  
Tanques medios      771                                                                  1.268
Panteras y Tigres     —                                                                      711
Cañones                 144                                                                  2.526

 


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Acerca de

Enrique Alonso nació en La Habana. Tras el establecimiento del régimen comunista se trasladó a España, licenciándose en Ciencias Químicas en la Universidad de Oviedo.

Es titulado por la Universidad Complutense en Química y Tecnología del Petroleo (dos cursos) y en Logística por la Cámara de Comercio de Madrid (un curso). Ha realizado su labor profesional durante más de 30 años en REPSOL y empresas anteriores, absorbidas posteriormente. Su trabajo se centró en la investigación de lubricantes (Centro de Investigación de la calle Embajadores), el área comercial y la logística de lubricantes (unas 100 mil Tm. al año de productos a granel y envasados, con un presupuesto total de unos 1000 millones de ptas).

Ha sido colaborador en la década de los 80, del diario Pueblo y, a través de la agencia EFE, de diversos diarios españoles e hispanoamericanos en temas de política internacional y militares.

Es autor de la novela “Operación Elefante”, publicada en 1982, que trata minuciosa y extensamente de las operaciones y tácticas de las guerrillas y contraguerrillas en la Angola socialista prosoviética de Agostinho Neto, apoyada desde 1975 por tropas cubanas. 

En 2005 publicó en inglés el ensayo “On the Nature of War”, que es una teoría de la guerra basada en el desarrollo y la aplicación práctica de 10 “sistemas operativos”.

Actualmente es colaborador permanente de la revista española War Heat International.

En la sección de Enlaces pueden ver datos sobre la oferta actual de estos libros.