La Flota española captura la Flota logística británica en 1780.

Trasfondo político.

Eran los tiempos del reinado del rey borbón Carlos III, con don José Moñino Redondo, conde de Floridablanca, primer ministro de España desde 1776, en sustitución del marqués de Grimaldi.

Floridablanca, por medio del conde de Aranda, embajador de España en París, inició una ayuda sistemática al esfuerzo de guerra de los estadounidenses contra Gran Bretaña. La ayuda se concretó primeramente en dinero y pertrechos.

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EL CONDE DE FLORIDABLANCA

El 28 de abril de 1779, Luis XVI de Francia ratificó la renovación del Pacto de Familia entre los dos reinos Borbones. Y la guerra se declaraba entre ellos y la Gran Bretaña.

Este es el siglo de las guerras de los reyes. Ya que las proyectan y realizan los soberanos y sus ministros. Que buscaban cambiar el mapa del Mundo por los intereses dinásticos y por el engrandecimiento de sus potencias. Sin tener en cuenta aún el sentir de los pueblos.

Antecedentes.

El 9 de julio de 1780 había zarpado de España una flota combinada de guerra de 22 navíos españoles y 9 franceses, con destino a las aguas territoriales de la Gran Bretaña. Y con el fin de atacar a los enemigos que pudiese. Una ambiciosa, amplia y clara misión de guerra.

España y Francia acosando en su casa a la Royal Navy. A la Home Fleet, la “flota custodia del hogar” enemigo.

Al mando de nuestra flota combinada iba el Capitán General de la Armada española, don Luis de Córdova y Córdova, de 73 años de edad. Con esa edad, Córdova estaba ya de vuelta de la Escolástica, la Tomística, los reglamentos y el arte de la guerra de fuerza contra fuerza.

LA GRANDE Y FELICÍSIMA CAPTURA REALIZADA POR DON LUIS DE CÓRDOVA Y CÓRDOVA  | frquesada.com
LUIS DE CÓRDOVA Y CÓRDOVA

La flota de Córdova se dividía en una división española y otra división francesa de buques de línea. Apoyadas por una flotilla de fragatas, de menor eslora y porte que los otros navíos, pero de mucha mayor velocidad en la mar. Destinada a las tareas de exploración (activa, intuitiva y osada) y de seguridad o screen (discreta y de ocultación de las vistas enemigas) de la flota combinada.

El buque insignia de la Armada de España era entonces el imponente y majestuoso Santísima Trinidad, el buque de línea a vela más importante jamás construido. Contaba con 4 cubiertas de artillería y fue botado en los astilleros de La Habana, adelantados de la construcción naval.

El Santísima Trinidad era también el buque insignia de la flota de Córdova, donde izaba su pabellón personal. Y, tendrá un protagonismo decisivo en el desarrollo de los acontecimientos bélicos futuros.

Los navíos aliados se hallaban ya en el Canal de la Mancha, cuando recibieron la noticia de parte de Floridablanca, informado por sus espías en Gran Bretaña, de que del puerto de Portsmouth, al sur de Inglaterra, acababan de zarpar dos convoyes con 52 buques de carga en total, hacia la India y Norteamérica.

Pintura Militar y Naval: Navío Santísima Trinidad navegando en línea
EL SANTÍSIMA TRINIDAD

Esta enorme flota logística constituía por sí misma un objetivo necesario y suficiente para las tareas encomendadas al Almirante contra Gran Bretaña.

Córdova se dió cuenta de que su éxito estaba en calcular con la mayor probabilidad posible, o sea, estimar correctamente, la faja o el sector de la derrota seguida por la flota logística. Con ello, elaborar para la flota combinada un rumbo de interceptación de los barcos enemigos bien al este de las Azores. Que sería confirmado luego por su flotilla de fragatas en misión de exploración de larga distancia.

Lamentablemente, la mayor parte de los buques de guerra escoltas de la flota logística británica regresaron a sus bases, cuando ya ésta se hallaba bien encaminada en mar abierto.

Desarrollo.

Hacia las primeras luces del alba del 9 de agosto de 1780 comenzaron a aparecer en el horizonte de la flota combinada los cargueros enemigos bien dispersos.

Córdova podía atacarlos, causarles un gran destrozo, dispersar al resto hacia su puerto y capturar un cierto despojo. Y, conseguir así una gran victoria.

Pero, pensó mejor en engañarlos con una “apariencia”. Y, así, derrotarlos uno a uno, capturarlos y hacer un inmenso botín, que llevaría a España. Y, a un mínimo coste de vidas y daños de los buques y sus cargamentos.

El Almirante mandó encender un gran farol y colocarlo en el trinquete del Santísima Trinidad. Ésta era la señal que usaba el enemigo para reunir a sus barcos en torno a su capitana. Las apariencias, para que sean funcionen, deben ser creíbles y lo más esperado y natural del mundo. El enemigo se engañará solo…

Y, los barcos británicos se dirigieron hacia el farol español que les alumbraba en el horizonte, como hacen las polillas hacia la luz…

Es de recordar que nuestros barcos de guerra llevaban una dotación variable, según sus tamaños y tareas, de la Infantería de Marina. Encargada de luchar en mar y en tierra contra los enemigos como soldados de infantería. Y, que los jefes de escuadra y capitanes de Córdova estaban plenamente capacitados para ejecutar las maniobras decididas.

Adelante del Santísima Trinidad, los buques de la flota combinada se fueron desplegando hacia cada lado del horizonte, siguiendo una línea aproximada. Y cada una quedaba cubierta por sus cañones de babor o estribor. Para recibir a los británicos como se merecían cuando se cerrara más la imaginaria bolsa.

Algunos barcos aliados iniciaron su ataque a los cargueros británicos, al ver que estos abandonaban su derrota y querían huir.

Action of 9 August 1780 - Wikipedia
BATALLA NAVAL DEL 9 Y 10 DE AGOSTO DE 1780

Del Santísima Trinidad dieron y transmitieron la “orden de combate” a las escuadras aliadas, que las fueron transmitiendo a las más lejanas. Así, el resto de los navíos aliados cerraron sobre el bulto desparramado y ralo de los buques de carga enemigos. Atacándolos individualmente.

Recordemos que los buques de carga llevaban apenas una simbólica artillería para una defensa mínima. Ya que su estructura y desplazamiento estaban destinados a optimizar su capacidad de portar cargas para su destino. La artillería, su munición, pólvora y los artilleros restaban mucho a dicha capacidad, por aquello de la especialización eficaz de los medios.

El enemigo, sorprendido y disperso, se vio abrumado y cedió rápidamente, una vez que las naves aliadas les fueron amenazando.

Escaparon del cerco los tres buques de guerra que escoltaban entonces a la flota logística británica y un carguero, que se dirigieron a puerto. Algunas fuentes dicen que los tres buques de guerra fueron apresados por los aliados. Y pasaron a engrosar la Armada española. Y, dan incluso sus nuevos nombres como españoles.

Se tardó un día en apresar todos los buques capturados. El cerco no era, ni podía ser, tan cerrado como en tierra. Y, los buques de guerra no se rendirían de primeras. Los marinos militares no se dejan amedrentar por una amenaza y están entrenados para combatir. Lo suyo es que huyeran a puerto, una vez visto que nada podían hacer por defender a sus escoltados. Solamente engrosar las pérdidas irreparables de su nación.

La infantería de Marina española abordó los cargueros enemigos para someter y desarmar a los “soldados” de las Compañías comerciales británicas que eran trasladados a los destinos en las colonias para reforzar las guarniciones allí. Y para tomar la “presa”.

Y permanecería en ellos para controlar que sus marineros realizaban las maniobras para dirigirse al destino que ordenase el Almirante de la flota.

La operación militar resultó eficaz, limpia, provechosa y rápida. Córdova y su flota combinada de ataque regresaron a la Patria con un ingente botín capturado al enemigo.

El botín de guerra apresado por Córdova y sus hombres ascendió a:

1800 “soldados privados” de las Compañías Comerciales de Las Indias Occidentales y de las Indias Orientales.

Tres mil marineros británicos que tripulaban los 51 barcos capturados.

Unos 140 millones de reales como valor de los barcos, mercancías de todas clases para su venta, enseres y avíos de aquellos, armamento y municiones de los barcos y de los hombres de las Compañías.

La pérdida del convoy logístico destinado a las 13 colonias norteamericanas supuso un duro golpe a los esfuerzos de guerra de Gran Bretaña en ellas, contra los nativos estadounidenses que luchaban por su Independencia.

Para el 20 de agosto, Córdova, sus barcos, sus hombres y su enorme botín llegaban a Cádiz. Siendo recibidos en triunfo por las autoridades locales y el pueblo gaditano.

Unas Consideraciones finales.

Esta hazaña naval española tiene poca resonancia en los libros de Historia escritos desde entonces. Como explicación podríamos decir que a los “Esfuerzos de armas” se les atribuyen siempre “pólvora y sangre”. Como Añadidos destacables, imprescindibles e instrumentales de ellos.

Y, la Acción de la flota combinada de Córdova en el apresamiento de la mayor flota logística sufrido por Gran Bretaña en su historia, fue callada (con poca pólvora) e indemne (sin mucha sangre).

Y, por tanto, se le supone con poco Esfuerzo Militar. O sea, sin arrojo, brillo, entorchados, ni gloria bélica.

No siempre tenemos a un Maestro Sun (eso quiere decir Sun Tzu) en nuestro camino para entendernos. Y apreciarnos una victoria cabal aprovechando las debilidades y los fallos del enemigo.