¿Hay Tiroteos en Afganistán?

Los talibán matan por primera vez a un militar español en combate”. “El chaleco antibalas no salvó al sargento en la guerra afgana”. Eran algunos de los titulares de los periódicos españoles, a su desarrollo de la noticia de la muerte del sargento Joaquín Moya en un tiroteo con el enemigo el lunes 7 de noviembre. Los hechos ocurrieron al noreste de Ludina, en uno de los tramos más peligrosos de la ruta Lithium. Ésta une Qala-i-Naw con Bala Murghab, en la provincia de Badghis, siguiendo un trazado orientado al noreste por el interior de ella. Y cerrando un rectángulo con la vieja Carretera Circular, que une por el sur ambas poblaciones.

¿Qué pasó? ¿Qué está pasando? ¿Cómo reacciona nuestra “retaguardia de apoyo”?¿Apoyamos y apreciamos de verdad a nuestros militares?

Ante la muerte del sargento, también se habló de que la familia ha pedido al presidente Rodríguez Zapatero, que dé «explicaciones» por la muerte del único soldado que matan en un tiroteo en Afganistán. Así, “María Dolores, una cuñada de Joaquín Moya, se ha mostrado enormemente «dolida». Y en declaraciones a ELMUNDO.es de Andalucía ha lamentado que el jefe del Ejecutivo apruebe que soldados españoles acudan a países como éste «a ayudar», porque entiende que los llevan a «que los maten». De ahí que haya exigido que el presidente del Gobierno ofrezca las «explicaciones» que entienda que ha de dar a una familia destrozada”.

Y estos casos variados y cambiantes en características, lugares y tiempos ocurren a diario. A mediados de diciembre pasado, una columna del Ejército Nacional Afgano, reforzada por fuerzas españolas, en marcha por la ruta Lithium, fue atacada por los talibanes cerca del desfiladero de Sang Atesh, al norte de la provincia de Badghis. Unos 40 tiradores talibanes les atacaron hacia 6 de la madrugada, desde posiciones fijas ligeramente reforzadas, en un punto situado a unos 60 Km. de la base española de Qala-i-Nao y a unos 110 de Herat. La sección española reforzada con ingenieros, fuerte en unos 50 hombres, que forma parte del llamado Equipo de Reconstrucción Provincial, tuvo que responder al enemigo con el fuego de sus vehículos ligeros blindados. La escaramuza duró una hora y terminó con la llegada de los helicópteros artillados Mangosta italianos, que hicieron romper el contacto al enemigo. Era cuestión de detener la misión y volver a la base. Y tras la retirada de los helicópteros, un grupo de media docena de insurrectos volvía tirotear a la columna en marcha retrógrada. Todos recordamos también el vídeo colgado de Internet y las fotos publicadas en Interviú, donde una patrulla de caballeros paracaidistas legionarios mandada por un sargento, fuerte en total en una sección, se atrincheraba y era hostigada a distancia por los talibanes, en un sector de esta carretera secundaria.

La propaganda constituye un objetivo estratégico básico de los insurrectos, al que colaboran entusiasmados las agencias y los medios occidentales. Cualquier ataque rebelde con éxito o llamativo es inmediatamente retransmitido al mundo. Esto debilita siempre la voluntad de permanencia de las fuerzas de la ISAF, los EEUU y sus aliados. Sus legiones, llamadas por sus casas, quieren regresar, para gozar del consumo variado y superfluo del mercado global y las vacaciones exóticas. Las madres espartanas, algo impensable hoy en día, les decían a sus hijos cuando salían de campaña, al llegar la estación benigna y abandonar los cuarteles de invierno: “vuelve con el escudo o sobre el escudo”. El escudo era suficientemente extenso y recio como para servir de camilla a un herido o a un muerto. Y cuando huían, el escudo grande y pesado de los hoplitas griegos, capaz de resistir las acometidas tremendas de las sarisas o largas picas de 5 m., armas principales de sus falanges, era un estorbo y lo desechaban.

Aquí tenemos muchas decenas de miles de militares de todas las Armas, incluyendo la Guardia Civil. Pero, salvo con ésta, por su relación de cercanía y función de seguridad pública, parece que la sociedad española no sabe bien qué hacer o qué decir de sus militares. Los cuarteles están a mucha distancia anímica de nuestras casas. A los militares los admiramos por su gallardía, seriedad y disciplina, que solamente nos exhiben en los pocos desfiles que les permitimos. A sus muertos los despedimos rápida y oportunamente en dirección a su sepelio íntimo y la tumba familiar.

Esta disfunción social que rompe el verdadero tejido nacional, forma parte de la ideología decimonónica de la izquierdona más rancia, sectaria y rencorosa que aún se arrastra por la Europa, ya libre de doctrinas totalitarias inhumanas. Su “ideal” sigue siendo el Ejército Rojo de Obreros y Campesinos (en ruso RKKA, Raboche-Krestiánskaya Krásnaya Ármiya), controlado por los comisarios políticos, no por sus mandos naturales. Esto choca de frente con el principio del mando único y capacitado. Que es el que vertebra y ensambla toda la capacidad e idoneidad de las unidades, desde sus suboficiales a sus jefes y altos mandos. Aunque muy pocos europeos, salvo los del Komintern y de algunos países ocupados, se alistaron voluntariamente en sus filas durante la Gran Guerra de la Patria.

¿Cómo actúa el enemigo?

Las operaciones de combate de las guerrillas y bandas relativamente experimentadas tienen ciertas características distintivas. Una es la planificación detallada y cuidadosa de los combates decididos. En el plan se dan las instrucciones más o menos elaboradas y extensas para el ataque a los objetivos designados. También se suelen designar objetivos alternativos. Su función es permitir la flexibilidad de las subunidades irregulares, para adaptarse y aprovechar los cambios posibles, pero no previstos, en el desarrollo de la situación táctica. Incluso, a veces, se prevén otras operaciones destinadas a explotar y ampliar la ventaja adquirida. La inteligencia, que es la información detectada, elaborada y transmitida, iluminará y facilitará la planificación. En cada operación hacen un esfuerzo especial de exploración, para actualizar y precisar las condiciones tácticas objetivas. Que complemente y verifique el flujo normal de información que reciben de los observadores y los colaboradores “part time” o los civiles afines.

Esta planificación centralizada de los mandos regionales se plasma y concreta en una ejecución descentralizada todo lo posible. Las subunidades a cargo del mando táctico pueden ir desde un “arma automática de pelotón o SAW y su defensa de tiradores”, hasta una “sección reforzada” de éstos. Aquéllas “atacarán” el objetivo convergiendo desde sectores o fajas diferentes, enjambrándose en torno a él. Pero no todo son acciones “violentas”: en lontananza puede moverse un grupo más o menos sospechoso, mientras que un equipo ametrallador completo toma posiciones, enfilando los movimientos amplios y evidentes de la plétora de tropas regulares de patrulla o en “ejercicios” de entrenamiento de afganos o en prácticas propias.

La sorpresa, que es un multiplicador eficaz de la “capacidad de combate” específica de una unidad dada, es empleada continua y sistemáticamente por los combatientes irregulares. Así, ocurre que, “por este valle amplio, ocre y árido nunca nos han atacado”, porque las montañas que lo enmarcan están a 300 o 400 m. en el horizonte. Bueno, pues hoy te van a atacar con ráfagas cortas (2 o3 disparos) de ametralladora con bípode, cuando avances desparramado por aquél, ofreciendo múltiples blancos al enemigo tenaz, curtido y venenoso.

Otra característica típica de las guerras afganas es que los rebeldes irregulares no se empeñan en la defensa de sus posiciones detectadas. Una vez conseguido el hostigamiento del enemigo y extendidos el daño, la mutilación y el estupor sobre los militares, aquéllos se retirarán. No son tan tontos como para esperar impávidos el fuego pesado, preciso y arrasador regular. Ni para presumir de “bravos”, “corajudos” u otras “etiquetas consoladoras”, frente a enemigos con armas de alcance y características superiores y capaces de convertir un blanco de superficie en zona de destrucción. Estos gestos de valor (?) se los dejan para los soldados regulares.

Por último, están el tiempo y su corolario, la oportunidad. Los talibanes manejan muy bien los tiempos tácticos y operativos. Son maestros de la paciencia, la espera, la repetición de los ensayos, simples y sencillos. El tiempo, como variable universal independiente, tiene su complemento y realización práctica en la oportunidad. Sólo cuando las condiciones de una “correlación de fuerzas” muy elemental les son favorables, actúan tácticamente. Incluso se permiten realizar acciones sucesivas o simultáneas en un área dada, para saturarla con sus efectos. Del suicida no hablamos, porque es de un solo uso y casi siempre optimiza bien su tarea prevista.

El tiempo sicológico lo tienen ganado los rebeldes afganos. Los occidentales buscamos que los resultados sean fáciles y rápidos de conseguir. Para aquéllos, el tiempo como condicionante no existe. Viven en el aquí y el ahora, en unos momentos que se concretan en esperar, en andar, en pelear, en comer, en dormir. El tiempo estratégico también lo tienen ganado los afganos irregulares. Porque su enemigo principal y poderoso tiene fecha de caducidad: el 2014. Y el tiempo sicológico les hace más llevadera la espera, como resultante de infinidad de momentos vividos.

En cuanto al combate por el fuego de armas ligeras y medias, los guerrilleros no se acercan demasiado. Son gentes menos entrenadas y equipadas que los militares profesionales. Actúan hostigando al bulto. Sus armas personales más frecuentes, los AK en sus variantes 47 y M no son precisas más allá de los 150-175 m., en tiro filante. El fuego de morteros resulta impreciso y esquivable contra una patrulla montada. Sin embargo, para los civiles y para el tránsito de vehículos y mercancías estas técnicas de ataque son suficientes y eficaces. El arma más temida de los talibanes es el iluminado fanático suicida. Que busca como credencial para el Jardín de las Huríes, el llevarse consigo el mayor número de enemigos muertos y mutilados. El atacante podrá ser un loco religioso, pero no es un tonto. Los suicidas no atacan las posiciones militares preparadas. Dotadas en su perímetro defensivo de complicadas alambradas, fosos, paredes, espacios entre obstáculos, alarmas, deflectores de explosiones, patrullas fijas y móviles. Porque saben que la explosión se disipará en el aire y que no le dejarán acercarse a las garitas o a las torres de vigilancia, porque ya están esperándole. Las armas principales del suicida no son su cinturón o chaleco explosivo, son la sorpresa, la libertad de acción, la iniciativa y su desprecio de la vida por la causa.

El procedimiento para atacar una posición débilmente defendida o sin ánimos de lucha suele ser éste: Bombardean de madrugada con fuego pesado de lanzacohetes fijos, luego se acercan para emplear los morteros. Por fin, el asalto lo realizan varias escuadras independientes que convergen, avanzando y disparando ráfagas de AK y ametralladora RPD o PK y, desde algo más atrás, los lanzagranadas RPG y RL. Sólo disparan sobre blancos comprobados o desde arriba y desde abajo. Con ello evitan todo lo posible los daños del fuego amigo.

La Lucha contra los talibanes y las bandas no ideológicas.

El único modo de defenderse de estas partidas insurrectas es privándoles de la iniciativa, dislocando sus movimientos entre posiciones y hacia objetivos, esquilmando su retaguardia operativa, quitándoles la libertad de acción y demostrando al pueblo quiénes tienen los medios y la determinación para ganar la guerra, apoyando a su gobierno y autoridades. Defenderse no es dejarse reducir o arrinconar en las guarniciones, por la actuación y la extensión de las bandas. Guarniciones que se convierten en enormes y costosos “depósitos protegidos” de materiales y hombres sin utilizar. Esto es dejarse oxidar, desmoralizar y enervar por el enemigo móvil, activo y muy asimétrico.

En estos momentos, en Afganistán se están usando modernos sistemas de combate de infantería, no los mejores y más caros en todos los casos, en misiones de patrullaje rutinario y/o demostrativo, de enlace entre puestos y posiciones y de escolta o apoyo a las columnas de marcha del ejército afgano. Gran parte de las características de estos vehículos, sobran para estos usos. Ya que no son empleados siquiera para la exploración y el reconocimiento de las vías por delante de aquéllas. O como vanguardias de combate, para asegurar pasos y parajes comprometedores. Los VCI son buscados como habitáculos protegidos para escuadra o pelotón, dotados de suelos altos construidos como poliedros convexos, destinados a reflejar las explosiones de los artificios explosivos improvisados, y como plataformas de tiro rápido para rechazar a los irregulares hostiles.

Las sucesivas noticias que vamos recibiendo desde las zonas de operaciones de guerra en Afganistán, procedentes de periodistas insertados en las fuerzas combatientes, de los corresponsales destacados en Kabul y otras poblaciones y las que emiten los ejércitos en presencia, van destilando una serie de características que son comunes a las fuerzas de los distintos ejércitos. Todos van cayendo en la tendencia iniciada por los estadounidenses de tener al enemigo menos cerca, más visto y observado y más batido por el fuego pesado aéreo y artillero.

No se busca con éste, en orden creciente de efectos, perturbar, cegar o neutralizar, sino destruir. Que es el más costoso (bueno para el complejo industrial correspondiente) e improbable de sus efectos (al 100%), lo que exige un gasto incrementado deficiente de recursos. Y no existe siempre su conexión directa con las maniobras ofensivas de las fuerzas terrestres. Que muchas veces no acuden a batir al enemigo quebrado tras el golpe múltiple de fuegos. El fuego pesado se ha convertido en un sustituto económico (el esfuerzo militar se cambia por dólares) e industrial de las maniobras y los ataques de las fuerzas terrestres.

Y la razón de todo esto la saben los talibanes: el horror al riesgo y a asumir bajas.

LA GUERRA DE REDES II.

(continuación)

¿Novedad o Redundancia Retórica?

¿Cómo funcionan las redes y los enjambres de pequeñas unidades y en cuáles circunstancias?

En la batalla del monte Majuba (27 de febrero de 1881) se dio un caso de empleo eficaz de laspequeñas unidadesindependientes. Que se enjambraron sobre una unidad enemiga convencional tipo batallón y la destrozaron, terminando con ello la guerra Boer.

Al final de ésta, el general Colley dirigió un pequeño ejército británico al territorio de Transvaal. Aquí decidió ocupar el volcán extinto de Majuba con 600 m. de altura y que dominaba el flanco derecho expuesto del campamento de carros (laager) de los boers. La fuerza británica se componía de unos 650 hombres, integrados en 4 compañías provenientes de regimientos distintos, y carecía de artillería de campo y de ametralladoras. Ocuparon la cumbre plana, que estaba libre y establecieron posiciones en ella, en sus bordes y en la base sur de la altura, para proteger la retirada a su base cercana de monte Prospect.

Aunque sorprendidos, en cuanto los boers comprobaron la ausencia de artillería de los británicos, se dispusieron a recuperar la montaña. A su favor ya tenían el total conocimiento del área y su gran movilidad por ella. El monte estaba formado por estratos alternativos de esquistos y caliza, con quebradas profundas y masas de rocas y de espesos matorrales de mimosa oscura. Con lo que las vistas de los distintos sectores defensivos británicos eran intermitentes y cortas. Todo ello se prestaba al carácter independiente e irregular de los tiradores y jinetes boers. Que, incluso, se sentían libres de trasladarse a cualquier parte de un campo de batalla, donde se creyesen más útiles. Hasta entonces, los boers mantenían en la guerra una estrategia defensiva.

Un primer grupo de 50 hombres llegó a las faldas norte de Majuba y fueron llevados por elgeneralSmit alrededor del mismo, a su lado sur, para fijar a los británicos allí apostados. Racimos de boers fueron apareciendo por todos los lados y quedaron esperando la llegada de jefes que los dirigiesen. Unos 150 boers comenzaron a trepar por las laderas en distintos momentos, mientras un número similar mantenía un fuego de neutralización sobre los bordes de la cumbre. Los hombres que subían se agrupaban en racimos independientes. En ellos, una parte de los boers trepaba desde un refugio u ocultación a otro, mientras que la otra les brindaba una barrera de fuego de fusil. Esta última parte, bajo la protección de la primera, trepaba entonces hasta el nivel alcanzado último. El trabajo de acercamiento a la cima se prolongó por unas 6 horas.

Los británicos se mantenían a cubierto en los bordes, pero pronto se dieron cuenta de que el enemigo se acercaba por debajo de ellos. El primer ataque se coronó por el lado oeste. La compañía del 92º regimiento de infantería del teniente Hamilton comenzó a ser atacada de frente y de revés. Algunas subunidades mantenidas de reserva en el centro de la pequeña meseta fueron adelantadas al oeste. Los británicos mantenían su fuego disciplinado por salvas. Los boers disparaban individualmente, se recostaban y cargaban y comenzaban otro ciclo de tiro. Los británicos retrocedieron hacia el centro de la posición. Algunos boers, que llegaban casi a la cima por el oeste, se trasladaron al norte y atacaron también el flanco derecho enemigo. Otros alcanzaron también la cima por el sur, atacando también de enfilada al flanco izquierdo.

Los británicos intentaron entonces la ruptura por el lado sur, bajando a la desesperada y tomando el camino al monte Prospect. En la persecución se produjeron la mayoría de sus bajas. Los británicos sufrieron 96 muertos, 132 heridos y 56 prisioneros. Los boers tuvieron 1 muerto y 5 heridos. Varios son los errores operativos y tácticos de los casacas rojas en esta campaña final de la guerra: carecer de artillería de campaña para batir el campamento de los boers y que les hubiera servido para repeler a losracimosenemigos que iban apareciendo en la cima; su técnica de tiro era ineficaz contra blancos fugaces y dispersos; desconocían y no habían explorado el terreno en el que el batallón se desplegó; a los boers, como a todos los combatientes irregulares, les repelía el combate a las distancias cortas y/o a la bayoneta, pero, en este caso, no lo rehuyeron y utilizaron, lo que sorprendió al enemigo.

Pero también, este trabajo de acercamiento a las distancias de asalto y sin pérdidas de la capacidad combativa propia, lo pueden realizar perfectamente muchas de las pequeñasunidades de acciónregulares, sin entrenamiento de ingenieros. Divididas en escuadras y aún por parejas de hombres, pueden aprovechar suaves desniveles, campos inundados, cunetas, zanjas, zonas de matorrales, quebradas, etc., e incluso con la ocultación de la noche y/o los humos. Para cerrar sobre el enemigo y realizar una incursión o alcanzar sus flancos o su retaguardia, incluso deslizándose entre sus posiciones de combate. Y aunque el enemigo esté fortificado y dotado de fuegos pesados, puede hacerse con unidades más formadas y entrenadas. Para ello es necesario tener y mantener una previa exploración del enemigo, sus movimientos y hábitos. El empleo de las granadas y no el fuego de tiradores es fundamental para despistar a los centinelas y a las posiciones de combate enemigas, del alcance e intenciones del atacante.

También las redes de guerra y los racimos militares pueden funcionar en circunstancias favorables con fuerzas irregulares móviles o de caballería. Un ejemplo es la batalla de Carras (en latín, Carrhae, hoy en día, Harran, en Turquía), donde los jinetes arqueros partos del general Surena derrotaron al triunviro Marco Licinio Craso y sus legiones romanas en el año 53 a.C. El ejército romano de unos 39 mil hombres, sólo contaba con 4 mil infantes ligeros o vélites y 4 mil jinetes. Craso se internó en las llanuras del norte de Siria en persecución del enemigo, que rehusaba la lucha. Por fin, cerca de Carras se planteó la batalla, en un terreno totalmente favorable a la caballería.

Los romanos formaron un rectángulo defensivo, que fue rodeado por la caballería parta, a la que sólo superaron en calidad y capacidad los escitas. Después de algunas escaramuzas iniciales con los vélites, los partos se enjambraron sobre la infantería formada. Y comenzaron un largo hostigamiento desde la distancia eficaz de tiro de sus flechas y lanzas, fuera del alcance de las pila y las gladius romanas. El despliegue legionario se enfrentó a un dilema: si mantenían las formaciones tan cerradas, terminarían heridos por los proyectiles enemigos, y, si pretendían cargar sobre ellos, rompiendo algo la formación, simplemente los rehuían. Los escuadrones partos atacaban siguiendo una dirección dada. Sus jinetes se acercaban por filas, lanzaban sus proyectiles y se retiraban a su retaguardia por los lados, en un ciclo interminable e infernal. El hostigamiento duró hasta el anochecer.

Durante la noche, una parte de las legiones se refugiaron en Carras. Al día siguiente, continuaron su retirada hasta los cercanos montes armenios, donde la caballería tenía un terreno difícil. Surena ofreció parlamentar a Craso. Pero, durante las negociaciones surgió una pelea y Craso resultó muerto. Tras esto, los restos del ejército romano se dispersaron o se rindieron. Sólo unos 5 mil hombres retornaron a sus carteles de partida, unos 10 mil fueron apresados y el resto resultó muerto. Tras esta experiencia, los romanos progresivamente incrementaron la caballería de sus ejércitos y legiones. Y al inicio del siglo IV d.C., ella suponía un 25% de sus fuerzas.

El que se crea que en circunstancias pariguales, favorables a los enjambres móviles y con capacidad de fuego directo eficaz, estos resultados siempre se repiten, puede equivocarse. En efecto, los días 27 y 28 de octubre de 1942 en el desierto egipcio tuvo lugar una serie de encuentros entre unidades alemanas e italianas del Afrika Korps y el batallón de la brigada de Rifles del ejército británico. Éste tomó posiciones fijas en un lugar abierto llamado Snipe, al oeste de la loma Kidney. Con el reforzamiento y el ocultamiento de las posiciones y el apoyo de un grupo de 19 cañones antitanques de 53 mm. (6 libras), los británicos pudieron sorprender a sus enemigos sobre sus límites y localización, rechazar varios ataques directos de los tanques del Afrika Korps y resistir varios bombardeos de artillería y cañones de asalto.

Al finalizar el segundo día de combates, los alemanes abandonaron sus intentos de aplastar e invadir la posición Snipe. Habían perdido en ellos más de 50 vehículos blindados diversos. Snipe resistía y se mantenía. Aunque un tercio de la guarnición era baja y sólo le quedaban 6 antitanques útiles. Casi todos los vehículos portaametralladoras Bren del batallón estaban destruidos. Al final, los británicos abandonaron su posición y se replegaron.

Las circunstancias y las épocas que pueden favorecer a unos racimos de unidades o a la guerra de redes, son muy selectivas y excluyentes. Así, la propia teoría, aunque correcta, es al menos insuficiente y poco elaborada y, por ende, quizás innecesaria. En efecto, cualquier teoría nueva que busque su implantación, respeto y aceptación, debe explicar satisfactoriamente todos los aspectos conocidos de un fenómeno dado (la táctica, la logística, el nivel operativo, etc). Esto es una condición necesaria, pero no es suficiente. Y, aquí residirá su novedad y principal valor, debe explicar nuevos caminos de aproximación y avance a un mayor conocimiento y dominio de dicho fenómeno.

La guerra de guerrillas urbana eficaz.

No es fácil utilizar y defender unas zonas de rechazo urbanas. Su empleo implica unas elevadas exigencias a los combatientes irregulares: Una motivación suficiente, que les anime a tomar la vía de las armas y a arriesgar su vida por su causa, que les aplaque y racionalice el miedo inevitable a la lucha a las distancias cercanas con un enemigo superior, hasta que la veteranía les brinde nuevos impulsos. Un buen entrenamiento en la lucha de infantería, que les oficio y confianza. Una lograda y sencilla cooperación entre las pequeñas unidades que las guarnecen, que les garantice una cohesión sin fisuras en su tenue y magro despliegue y que permita y facilite la conducción y la realización de sus planes. Unos nervios templados por todo lo anterior, que les acostumbre a luchar en solitario o en grupos pequeños, resistiéndose a huir ante la implacable amenaza del fuego pesado militar. Las redes militares y la enjambrazón degrupúsculostienen en estas dos características operativas, sus mayores deficiencias. Por todo ello, entre las decenas de miles de irregulares armados existentes, no más del 15 % de ellos pueden utilizar esta forma de lucha defensiva.

Los irregulares urbanos se protegen extendiendo sus posiciones defensivas más allá de lo necesario en una defensa convencional, cubriendo así una mayor superficie ocupada. En la zona de defensa establecen puntos de retardo, más o menos reforzados. Éstos protegen las posiciones más críticas de la zona, incorporan a la defensa los edificios con estructura de acero, especialmente resistentes, y forman trampas de fuego para el enemigo que irrumpe. Los nidos de resistencia tienen aquí más importancia, dado que la ocupación de la zona de defensa es más tenue, las posiciones no pueden fortificarse demasiado, para no quedar evidentes, las vistas son más cortas y existen numerosas vías de aproximación. Dependen de los puntos de retardo y a ellos se repliegan si son invadidos o destruidos. Existen numerosas posiciones alternativas o de recambio, más de lo habitual en la forma de lucha urbana. Esto permite engañar al enemigo militar sobre el límite anterior de la posición de defensa, su verdadera extensión, los límites de los sectores que la forman, el interés del mando irregular de la zona en cuanto a su defensa y dispersar el fuego pesado del atacante. En los bordes de las zonas urbanas nunca establecen esas posiciones fijas. Aquéllos son ocupados por avanzadas de combate cuya misión es recibir a los posibles exploradores u observadores civiles, prevenir sorpresas y engañar sobre el trazado de la zona defensiva. Los ocupantes de las avanzadas de combate, distribuidos en parejas de centinelas y alguna patrulla móvil muy pequeña, se repliegan en su momento hacia los puntos de retardo más interiores.

(continuará)

Los Principios de la Guerra

¿Qué son? ¿Cuántos son? ¿Para qué sirven?

Un recorrido histórico analítico abarcando desde la antigua China de los Reinos Combatientes hasta su moderna expresión para la guerra irregular o asimétrica.

Los llamados principios de la guerra o consejos para el buen obrar en ella, que son permanentes, con tal de que se les reinterprete siempre con buen sentido y flexibilidad, son el compendio del qué hacer para ganarla. Sin embargo, no siempre se han puesto de acuerdo los autores o las doctrinas para definirlos o enumerarlos, caracterizándose los resultados por su extrema diversidad ante el mismo fenómeno.

Una presencia no cronológica de los Principios de la Guerra en la Historia y en sus autores.

Según el general André Beaufré, para Clausewitz existen tres principios fundamentales: la concentración de esfuerzos, la acción del fuerte sobre el fuerte y la decisión por la batalla en el teatro principal de operaciones. Sin embargo, la lectura del libro “De la Guerra” permite extraer al menos otras nueve conclusiones, hitos o consejos de dicha magna obra. Y ellos tienen el carácter de principios de la guerra. Éstos serían: Simplicidad en los planes y ejecuciones. Concentración sobre el enemigo y economía relativa de fuerzas en otros sectores, para ayudar a lograrla. Establecimiento así de un esfuerzo principal y de unas reservas para garantizarlo en el tiempo. La sorpresa, como multiplicador de las capacidades propias. Superioridad de la defensa, que debe ser activa, como forma de lucha. Necesidad de la ofensiva, para conseguir resultados positivos y/o decisivos a los niveles operativo y estratégico.

Liddell Hart propone seis principios positivos: Siguiendo un plan flexible y adaptable, perseguir un objetivo constante y ajustado a los medios disponibles, buscado mediante la línea de acción que ofrezca la menor resistencia del enemigo y, por tanto, sea la más inesperada según su despliegue, y siguiendo una dirección operativa que nos ofrezca alternativas y que, por tanto, desconcierte y disperse al enemigo en su maniobra. Y dos negativos: No lanzar las fuerzas en un solo golpe o intento, mientras el enemigo esté en guardia o en condiciones de eludir o de resistir dicho golpe y no repetir un ataque en la misma forma o en la misma dirección, si ha fracasado anteriormente. Todo esto lo podemos sintetizar diciendo que, hay que aplicar nuestra concentración contra la debilidad enemiga, preferiblemente una vez dispersadas sus fuerzas, incluso por una dispersión previa calculada nuestra.

Aún cuando Napoleón comentó frecuentemente y escribió mucho sobre los principios de la guerra, no los enumeró en parte alguna. En presencia del mariscal Saint Cyr comentó una vez:Si algún día tengo tiempo, escribiré un libro describiendo de forma tan precisa los principios de la guerra, que éstos serán comprendidos por todos los soldados, pudiendo estudiarse la guerra fácilmente como cualquier otra ciencia. El general John Frederick Charles Fuller, del estudio de las campañas de Napoleón, deduce indudablemente que éste empleó los siguientes: La rapidez, fe en la resolución de la ofensiva, la sorpresa, la concentración en el punto decisivo (no necesariamente el más débil) y un sistema defensivo cuidadosamente proyectado.

Por otra parte, se han hecho diversas colecciones de las máximas y preceptos militares de Napoleón. La considerada mejor y primera de todas, se publicó en París en 1827 y fue traducida casi inmediatamente al resto de los principales idiomas europeos, por supuesto al español. Se dice que “Stonewall” Jackson llevaba un ejemplar de este opúsculo en su mochila. El coronel G. F. R. Henderson, biógrafo de Napoleón, considera que esta recopilación “contiene una bastante completa exposición, en las propias palabras de Napoleón, de los grandes principios universales de la guerra”. Pero, las “Máximas Militares” de Napoleón constituyen más bien un “breviario táctico” de unas 35 páginas, adaptado a la tecnología de la época, similar al escrito expresamente y con mayor extensión, ya en la época de la mecanización de la guerra, por el coronel suizo Frick. En éste figuran 78 máximas, que se ampliaron en otros 37 preceptos en las ediciones posteriores.

Por su parte Fuller analizando a Clausewitz y partiendo de la frase de éste, “la guerra sólo es un duelo en gran escala”, va deduciendo hasta siete principios generales para la conducción, explicados a partir de una comparación con una pelea de boxeo. Aquéllos son: La conservación del fin u objetivo. La seguridad. La movilidad. La utilización de la ofensiva. La sorpresa. La concentración de las fuerzas y su economía. Estos principios de Fuller (presentados inicialmente hacia 1920) fueron aceptados y asumidos por la doctrina norteamericana a partir de 1.921, con las debidas actualizaciones en su exposición y posibilidades de aplicación, y añadiéndoles los de simplicidad y unidad de mando.

La escuela estratégica tradicional francesa representada por el generalísimo Foch, el vencedor de la I Guerra Mundial, resumió la estrategia en dos principios: la economía de fuerzas y la libertad de acción. Por su generalidad y abstracción pueden aplicarse a todas las tácticas y estrategias. El general Beaufré los resume en “alcanzar el punto decisivo merced a la libertad de acción, conseguida mediante una buena economía de fuerzas”.

La escuela de la gran estrategia o estrategia total norteamericana representada por el general Maxwell Taylor utilizó durante su confrontación con la U. R. S. S. en la prolongada guerra fría, dos principios básicos de actuación: la disuasión graduable y la respuesta flexible.

Stalin, el gran vencedor de la II Guerra Mundial, que preguntaba irónicamente, “¿cuántas divisiones tiene el Papa?” (ahora veremos la verdadera razón), definió los cinco principios soviéticos de la guerra, a los que llamó “factores operativos permanentes”: La estabilidad de la retaguardia, la moral del Ejército, la cantidad y calidad de las divisiones, el armamento del Ejército y la habilidad organizadora de los mandos. Estos contrastan con los llamados “factores transitorios”, de los cuales sólo uno ha sido especificado, la sorpresa. Seguramente porque fue el único que Stalin mencionó como tal, en el período siguiente a su uso afortunado por los alemanes al nivel estratégico, al invadir la URSS. La exposición soviética de los citados principios, no significa necesariamente que no existan otros principios que sean tan valiosos como ellos en la doctrina militar soviética, únicamente que no son citados expresamente como tales por ella.

En “El Arte de la Guerra” de Sun Tzu también se encuentran definidas los conceptos de los principios de la guerra. No son explicitados como en Occidente (aquí queremos usar 2 o 3 palabras en cada nominación), sino que aparecen expresados con ese sentido global de la filosofía china, que busca tener todo simultáneamente presente, lo particular y lo general, más como una íntima percepción y una experiencia, que como una “check list”, un recetario o un vademécum.

Sobre el principio de la ofensiva dice SunTzu:

La invencibilidad reside en la defensa, las oportunidades de victoria, en el ataque.Cuando se dispone de medios suficientes, lo adecuado es la defensa; cuando se dispone de medios más que suficientes, el ataque.” “Los que son duchos en el arte de defenderse se ocultan bajo la tierra de los nueve repliegues; los que son expertos en el arte de atacar avanzan como si se avalanzasen desde el noveno cielo. Así son capaces de protegerse y de asegurarse la victoria total a un tiempo.

Con relación a la sorpresa señala:

Ofrece un señuelo a tu enemigo para hacerle caer en una trampa; simula el desorden y sorpréndelo.” “Atácale donde no esté preparado; haz una salida por donde no se lo espere.” “Impalpable e inmaterial, el experto no deja huellas; misterioso como una divinidad, es inaudible. Así pone al enemigo a su merced.

Sobre la concentración dice:

Si soy capaz de determinar la disposición del enemigo, disimulando al mismo tiempo la mía, puedo concentrarme y él debe dispersarse. Y si yo me concentro mientras que él se dispersa, entonces puedo utilizar la totalidad de mis fuerzas para atacar una parte de las suyas. En ese caso tendré la superioridad numérica” “El enemigo debe ignorar dónde me propongo librar la batalla, porque, si lo ignora, deberá estar preparado en muchos puntos diferentes. Y si se mantiene preparado en muchos puntos, serán poco numerosos los efectivos que yo pueda encontrar en cualquiera de ellos.

También habla de la movilidad de las operaciones:

La victoria es el principal objetivo de la guerra. Si tarda demasiado en llegar, las armas se embotan y la moral decae. Cuando las tropas ataquen a las ciudades, estarán en el límite de sus fuerzas.” “Si el ejército emprende campañas prolongadas, los recursos del Estado no alcanzarán” “Y si se conocen casos de precipitaciones desafortunadas en la guerra, nunca hemos oído hablar de una operación hábil que se prolongase.De esta forma, los que son expertos en el arte de la guerra someten al ejército enemigo sin combate. Toman las ciudades sin efectuar el asalto y derrocan un Estado sin operaciones prolongadas.Cuando el agua del torrente hace rodar los guijarros es gracias a su impetuosidad.Su potencial es el de una ballesta tensada al máximo, su tiempo de acción, el del disparo del mecanismo.

Sobre la coordinación indica:

En términos generales, mandar a muchas personas es como mandar a unas pocas. Es cuestión de organización.Y mandar a muchos de ellos es como mandar a unos pocos, es cuestión de despliegues y de señales.En medio del tumulto y del estrépito, la batalla parece confusa, pero no hay desorden; las tropas parecen girar en redondo, pero no pueden ser vencidas.

Sun Tzu no señala explícitamente el principio de mantener el objetivo, porque supone que con la ofensiva, la sorpresa, la concentración y la movilidad se alcanzará aquél con rapidez. Probablemente prefiere no insistir en esa “expresión de constancia e interés” militar, para que no afecte a la percepción de la flexibilidad de planes y tácticas y a la “no forma” de los despliegues, en los que tanto insiste en su filosofía.

El desarrollo clásico de los Principios de la Guerra para los conflictos irregulares o asimétricos.

Mao Zedong, en su trabajoProblemas Estratégicos de la Guerra de Guerrillas contra el Japónde mayo de 1.938 fija seis principios cardinales o estratégicos:

Iniciativa, flexibilidad y planificación en la realización de operaciones ofensivas dentro de la guerra defensiva, (realizar) batallas de decisión rápida dentro de la guerra prolongada (guerrillera) y operaciones en las líneas exteriores (incursiones más o menos duraderas) dentro de la guerra en las propias líneas interiores. Coordinación con la guerra regular. Creación de las bases de apoyo. Defensa y ataque estratégicos. Transformación de la guerra de guerrillas en guerra de movimientos. Relaciones correctas de mando.

Es de señalar que la aplicación de los mismos es muy flexible, pudiendo los revolucionarios retornar a la guerra de guerrillas, si las condiciones objetivas de lucha se les tornan desfavorables o simplemente difíciles.

El 1 de septiembre de 1.947, sólo dos años antes de la proclamación de la República Popular de China (1 de octubre de 1.949), en su documentoEstrategia para el segundo Año de la Guerra de Liberación, que firma como Presidente de la Comisión Militar Revolucionaria del Pueblo Chino, Mao redefine los anteriores principios (realmente establece ahora unos principios operativos, que tienen que ser diferentes al serlo su naturaleza):

Los principios militares de nuestro ejército siguen siendo los mismos establecidos anteriormente:

1) Asestar golpes primero a las fuerzas enemigas dispersas y aisladas y luego a las fuerzas enemigas concentradas y poderosas. 2) Tomar primero las ciudades pequeñas y medianas y las vastas zonas rurales y luego las grandes ciudades. 3) Tener por objetivo principal el aniquilamiento (causar numerosas bajas) de la fuerza viva del enemigo y no el mantenimiento o conquista de territorios. 4) En cada batalla concentrar fuerzas absolutamente superiores, cercar totalmente las fuerzas enemigas y procurar aniquilarlas por completo (hasta su rendición), sin que nadie se escape de la red. 5) Guardarse de dar una batalla sin preparación o una batalla sin tener la seguridad de ganarla; hacer todos los esfuerzos por estar bien preparados para cada batalla, hacer todo lo posible para que la correlación existente entre las condiciones del enemigo y las nuestras nos asegure la victoria. 6) (intentar) Entablar combates sucesivos en un corto lapso (de tiempo), aprovechando las mejores cualidades tácticas de nuestros hombres. 7) Esforzarse por arrastrar al enemigo a la guerra de movimientos, (pero dando también) gran importancia a aprender la táctica de ataque a posiciones (para) apoderarse, en gran número, de puntos fortificados y ciudades en manos del enemigo. 8) Atacar y tomar resueltamente todos los puntos fortificados y ciudades débilmente defendidos. Dejar de lado, por el momento, (los que estén) poderosamente defendidos. 9) Reforzar a nuestro ejército con todas las armas y la mayor parte de los hombres capturados al enemigo (hasta un 90% de los soldados y un pequeño número de oficiales de baja graduación son incorporados).

Mao, al parecer, se olvida de otro principio y lo añade en su documento “La Situación Actual y Nuestras Tareas” del 25 de diciembre de 1.947, donde los enumera a todos:

10) Aprovechar bien el intervalo entre dos campañas para que nuestras tropas descansen, se adiestren y consoliden, pero sin dar, en lo posible, ningún respiro al enemigo.

Resumen de la comparación de las conclusiones de los diversos autores sobre los Principios de la Guerra. 

Todas estas tan distintas expresiones parecen indicar una lejanía, al menos teórica, de los principios enunciados por los diferentes autores, con relación a la esencia inmutable de la guerra y a su evolución circunstancial.

En un artículo posterior esperamos dar una lista definitiva (por completa y sistemática), fácil de deducir (y por tanto, de recordar), basada en un libro de Fuller publicado en 1926, «Las Bases de la Ciencia de la Guerra».

Estimados lectores: pueden ustedes encontrar un desarrollo más amplio de toda la teoría de la guerra en mi libro “On the Nature of War”.

LA GUERRA DE REDES.

¿Novedad o Redundancia Retórica?

En los últimos lustros están apareciendo diversas teorías sobre la actuación de unidades militares en redes, o formando unracimo, en torno a un objetivo táctico más lento, con menor alerta combativa y/o deficiencias de exploración o inteligencia y con peores sectores de tiro para sus fuegos de rechazo. Un análisis de sus mecanismos y operaciones demuestra que carecen realmente de la originalidad estructural y de la amplia eficacia combativa que plantean y ofrecen.

La operativa de laguerra de redesy losracimosde pequeñas unidades.

Losgrupúsculosque crearían el enjambrado de acciones erosivas sobre el enemigos o lasredesque envuelven, hostigan y/o aíslan el objetivo, no siempre son o tienen que ser talespequeñas unidades cuasi independientes. Un ejemplo de la eficacia de la actuación centrípeta de todo un ejército, maniobrando sobre el enemigo por cuerpos de ejército, en una acción dislocante y constrictora, lo tenemos en la batalla de Ulm.

En septiembre de 1805 Napoleón trasladó suEjército de Inglaterraal Rin, desplegando sus 208.000 hombres entre Maguncia y Estrasburgo y rebautizándolo elGran Ejército. El Grande Armée estaba formado por 145.000 infantes y 38.000 jinetes, integrados en 7 cuerpos de ejército, cada uno a las órdenes de un mariscal francés. Contaba con una gran reserva de caballería a las órdenes del mariscal Príncipe Murat y la Guardia Imperial, directamente bajo Napoleón. A ellos se les añadían 25.000 bávaros aliados. Tomando como era habitual en él la iniciativa, Napoleón decide dar un primer golpe estratégico contra el ejército de 72.000 austríacos que, a las órdenes del general Mack y el archiduque Fernando, hijo del emperador Francisco II, avanzaba hacia Ulm, sin esperar la llegada de la prometida ayuda rusa.

Napoleón va a utilizar contra los austríacos lo que podemos llamar un esfuerzo operativo de centro de gravedad. Formaría, si se quiere, una red. Pero una red inmensa con nudos gordísimos. Cuyofuncionamiento singular, ya se ofrecía y explicaba satisfactoria y provechosamente por la estrategia operativa. Las características del proceso de establecimiento y funcionamiento de aquél son la originalidad, la flexibilidad del despliegue, la consistencia, la no predictibilidad por el enemigo y la eficacia. El centro de gravedad supone la acción centrípeta de todos los medios y sus líneas de actuación, de la actividadramificadade todas las unidades y los servicios, no necesariamente coincidentes, pero convergentes y resultantes en su sinergia, en su eficacia y en su resultado. Mediante las líneas de avance o de acción diferentes y coordinadas, inducimos incertidumbre e inseguridad en el enemigo, dispersamos su capacidad de rechazo y perturbamos su plan de defensa y su conducción sistemática.

En un amplio avance de sus cuerpos de ejército independientes, el Grande Armée cruzó rapidísimamente el centro de Alemania, desde el Rin al Danubio, entre los días 25 de septiembre y 6 de octubre. Con esto se interpuso operativamente entre los austríacos y las fuerzas rusas aliadas, aún lejanas. Los austríacos no entendieron la necesidad de la rapidez de los movimientos, pensando sólo en la batalla, como único instrumento de la decisión. Los franceses iniciaron el cruce del Danubio el día 7 y, durante toda la semana siguiente, Napoleón hizo converger en una enorme espiral constrictora a la mayoría de sus fuerzas sobre Ulm. Mientras, un cuerpo de ejército francés vigilaba la posible llegada del general Kutuzov por el este.

El general Mack realizó en vano varios intentos de ruptura, con los mayores esfuerzos en Haslach y Elchingen. Los dos comandantes austríacos se pelearon y el archiduque Fernando se separó del grueso con sus 6000 jinetes e intentó escapar en dirección noreste. Pero, ya cerca de Trochtelfingen, sus fuerzas fueron rodeadas y vencidas por el cuerpo de caballería de Murat. Otros 12000 austríacos se rindieron en Neustadt. El general Mack y el resto de sus hombres (unos 27000, tras los combates e incidentes citados), con Napoleón en escandalosa mayoría a las puertas de la ciudad de Ulm desde el 14 de octubre, salieron afuera para rendir sus armas a los pies de los montes Michelsberg. El general Mack firmó la capitulación del ejército el día 20. La campaña, sin batallas propiamente dichas, le costó a Austria más de 50000 hombres, casi el 70% de sus tropas iniciales.

La explicación de este paradigmático éxito de Napoleón, sirviéndose de las teorías habituales de la guerra, la explotación de las debilidades humanas (inteligencia emocional) y el sentido correcto del mando, nos parecen más naturales, apropiadas y cimentadas.

Las redes subversivas islamistas. El caso de al-Qaida. Su verdadera operatividadmilitar.

Las características operativas actuales son:

Su brutalidad innecesaria e indiscriminada, que los descalifica ante su religión. Podemos citar un mínimo de 4 aleyas morales importantes que desprecian y desacatan, sin que Alá las hubiese cambiado para ellos. Sura 2, aleya 100Nosotros no abrogamos ningún versículo de este libro, ni haremos borrar uno solo de tu memoria, sin reemplazarlo por otro igual o mejor. La ausencia absoluta de ulemas y muftíes venerables y piadosos a su lado. Estos son los doctores de la Ley islámica coránica y de la Sunna.

Su gran descentralización operativa por la universalidad de la Umma, que trasciende la idea de nación o raza. Esto les impide conseguir objetivos estratégicos. Aunque sus acciones puntuales sean importantes, dolorosas, temibles.

Así, su ámbito es táctico, empleandoacciones de muerde y huye. Que son similares a los de los ejércitos regulares que los combaten. Que, rehuyendo el riesgo personal y la lucha a cortas distancias, utilizanacciones de caza, captura y extracción o muertea cargo de sus fuerzas de élite. Y emplean sus drones, como expresión de su confianza en su apoyo tecnológico. Ésta es la razón militar de la falta de eficacia de los occidentales en Irak o Afganistán. La no imbricación en un objetivo superior a nivel operativo de las diferentes y costosas acciones que libran en esos países. Y que priva de resultados reales a las labores de educación, desarrollo social y civil y pacificación de sus gobiernos y de las fuerzas militares y civiles expatriadas. Ya que aquéllas necesitan de la complementariedad del triunfo militar y del progresivo aislamiento físico y/o social de los radicales, para ser efectivas y permanentes.

Se habla de que el coste acumulado de las intervenciones militares estadounidenses en Irak, Afganistán y Pakistán (la llamada “guerra contra el terror”) fue hasta ahora de 2,2 billones de dólares. Esta sangría a lo largo de una década a los ingresos de la Administración USA, ha contribuido especialmente a engrosar el déficit de su deuda pública. Y a dar razones al ejecutivo Obama para iniciar un extraordinario repliegue político y estratégico para “atender ahora a las cosas de casa” y “limitarnos a la guerra contra al-Qaida”. Sin abandonar a nuestros aliados y amigos, eso sí.

Y su elemento de acción es el terror. Así, su victoria está en los que pueden aterrorizar o, al menos, preocupar mucho y en la movilización pletórica y poco eficaz de los recursos económicos y sociales de las sociedades. Y, ante la mayor vigilancia, capacidad y medios de los países occidentales, no vacilan en actuar contra otros musulmanes en Afganistán, Pakistán, Irak, El Líbano, Egipto, etc.

Su fracaso en incorporarse activa y firmemente a un grupo social amplio, que cobertura e impulso permanente a su movimiento. Los activistas más alienados se suelen ir aislando progresivamente de la sociedad (al menos, emocional e ideológicamente), aunquevivandentro de ella, en aras de sus métodos violentos, a los que sacrifican todo por la eficacia. Siguen un proceso de segregación, purificación (en sus improvisados ritos no ortodoxos ayunan, emplean agua de lugares sagrados y banderolas verdes con inscripciones de las aleyas que les favorecen), consagración y radicalización, hasta llegar a la muerte e incluso al suicidio en sus acciones puntuales.

Su afán de publicidad, al que Occidente colabora insensible, necio y gustoso.

Su objetivo de golpear al gobierno que sea, puesto que el califato radical y agresivo endar el -Islam(tierras musulmanas integradas independientes) no existe hoy en día.

Al-Qaida es un movimiento islamista radical organizado verticalmente y desde abajo a arriba, que se extiende y concreta en sus “franquicias enjambres”. Su estructura, flexible, descentralizada, suelta hace que sus “células” no sepan exactamente cuáles son los jefes superiores. Sólo saben dónde tienen que ir para recibir apoyo o para enviar o recibir información o para comunicarse con otra célula “pareja”. La dirección de este movimiento actúa por excepción, no por presencia o por acción deliberada.. Así, dan orientaciones doctrinales, establecen grandes líneas de actuación militar y proselitista para los distintos territorios y áreas, lanzan amenazas y avisos a los gobiernos enemigos y señalan objetivos puntuales importantes (seudo estratégicos) al nivel del conjunto de la organización, aunque se realicen en un área dada. Esto les permite operar bastante bien, sin la intervención de sus altos mandos. El “martirio” de Ayman al-Zawahiri al-Masri (el egipcio) , antiguo “consejero delegado” de Bin Laden, en un bombardeo con clones o artillero, afectaría poco a su efectividad, a sus niveles actuales de actuación militar irregular.

(CONTINUARÁ)

TEORÍA DE LAS GUERRAS CONTEMPORÁNEAS II.

(continuación)

Las Últimas Proyecciones Operativas frente a las Amenazas más Recientes.

El equilibrio de las armas nucleares entre las dos grandes potencias atómicas hegemónicas (“guías y conductoras” de sus asociados), lo define el nuevo tratado START. Éste ha sido ratificado el 22 de diciembre de 2010 por el Senado estadounidense. Y se espera que la Duma rusa lo ratifique, tras su estudio protocolario, en una única votación a primeros de 2011. Este nuevo acuerdo reemplaza al START de 1991, que expiró el sábado 5 de diciembre de 2009.

El START 2 supone una limitación cualitativa y sustancial del número de ojivas y vectores nucleares estratégicos de los EEUU y Rusia. Lejos están los tiempos en los que el número de artefactos atómicos operativos y almacenados y despiezados alcanzaban los 50000 ingenios entre ambos. Para 2013, cada país desplegará sólo 1550 cabezas nucleares estratégicas y tendrá 800 vectores portadores y multiportadores para ellos: submarinos, cohetes de vuelo libre, cohetes balísticos y aviones. También se establece un nuevo sistema de inspección de los arsenales y medios nucleares.

Varias son las deficiencias o temas no resueltos del tratado. Una es la no limitación a desarrollar los sistemas de defensa contra los vectores. También se mantiene la libertad de almacenamiento de cabezas no operativas y de despliegue de las armas atómicas tácticas. Entre ambos “modelos”, cada potencia firmante puede tener actualmente cerca de 6000 ojivas. Las armas tácticas nucleares, destinadas al campo de batalla, pueden ser un paso intermedio en una confrontación bélica directa entre potencias nucleares. Antes de emplear las salvas nucleares estratégicas contra las retaguardias operativas o profundas enemigas. Los EEUU pretenden que, al menos, los dos últimos temas sean objeto de un posterior acuerdo.

Las limitaciones rigurosas de las armas nucleares no las eliminan. Ningún arma ha sido abolida nunca, una vez adquirida y extendida la tecnología para su fabricación y uso. Es necesario aprender a convivir indefinidamente con ellas. Un control excesivo (muy pocas cabezas y vectores) hace que todas sean dirigidas a atacar los centros de población e industriales enemigos. Esto va paradójicamente en contra de las aspiraciones pacifistas. Cuando el número de sistemas de armas supera un umbral de supervivencia o práctico, permite seguir una estrategia atómica flexible, variable y escalonada. En ella muchos de los vectores son apuntados a destruir los vectores enemigos en las diversas fases de su trayectoria al blanco: en y sobre territorio o plataforma hostil, en vuelo balístico o autónomo hacia el objetivo y sobre el territorio propio, tanto a alta como a muy baja cota. Esto mantiene limitado el número de cabezas destinadas contra poblaciones e industrias. Incluso permite su empleo táctico contra blancos rentables de concentraciones militares enemigas, especialmente antes de alcanzar en fuerza el límite anterior de una posición de defensa.

En las guerras contemporáneas han irrumpido, marcando carácter, las comunicaciones modernas: las inalámbricas u ondas de amplio espectro, las redes viarias y los vehículos diversos a motor. Un desafío especial, que se plantea en todos los conflictos coactivos, no necesariamente armados en todas sus fases, es la llamada guerra cibernética. Concretada en los ataques al “enemigo” a través de la red universal de comunicaciones inalámbricas. Estas agresiones son capaces de penetrar las líneas de seguridad de primer y segundo niveles, las más conocidas o comunes. Y atentar contra las bases de datos y los procesos de los ordenadores normales de empresas, particulares e instituciones. Hasta hace unos pocos años, sólo los estados desarrollados tenían acceso a su tecnología de vanguardia. Y esto enlaza también las guerras de 3ª y 4ª generaciones: el empleo de los ciberataques no está ya en manos de las grandes potencias. Por ejemplo, alocando los ordenadores de las plantas de hostiles o golfos de enriquecimiento del uranio 235. Hoy en día, pequeñas naciones y grupos de aventados rebeldes o de pilluelos vanidosos, con ciertos conocimientos y magros recursos, pueden realizar con éxito ataques cibernéticos a cierto nivel.

En las últimas décadas, las guerras se están manifestando en unos niveles muy asimétricos de medios y esfuerzos enfrentados. Tanto es así que los estadounidenses les llaman guerras de 4ª generación o asymmetric wars. Pero que no son más que las viejas guerras de guerrillas de la Historia. Y, muchas veces también, de liberación nacional. No olvidemos que siempre se ha vilipendiado al enemigo rebelde y respondón. Al que se le juzga por las leyes de sedición armada y ataques contra la seguridad del estado. Napoleón así tenía en consideración a los españoles a partir de mayo de 1808. O las potencias europeas a las naciones nacientes en África y Asia, tras la II guerra mundial, desde Argelia hasta Indonesia, pasando por Angola (que los portugueses decían que era una provincia nacional) y Vietnam.

En estas guerras irregulares faltan muchos de los parámetros de las guerras anteriores. No hay declaración de guerra por parte del poder legislativo del contendiente fuerte o militar. La victoria no se obtiene ocupando el territorio enemigo. Los medios militares pierden una parte de su protagonismo, a favor de los medios sociales, económicos y políticos, necesarios para ganar la voluntad y el fervor de las sociedades en juego. El trato y el cuidado dados por los contendientes a la población civil del territorio infestado de guerrillas es fundamental en el desarrollo y el resultado del conflicto. La duración de estas guerras es mayor que la de las guerras convencionales. El tiempo, necesario para que los rebeldes creen y desarrollen su esfuerzo de guerra total, actúa, en general, en favor del contendiente débil o irregular. Los medios militares no suelen estar adaptados, en principio, al tipo de lucha que se les pide. No existen objetivos claros, ni territorios en litigio, ni líneas o despliegues, ni posiciones fortificadas, si las guerrillas son lo suficientemente hábiles y sentadas, como para no oponer directa e innecesariamente su debilidad crónica a la fortaleza enemiga.

Las Grandes Líneas Operativas de las Fuerzas Contra Guerrilleras.

Hoy en día, en Occidente, en Europa, el protagonismo exterior de las fuerzas armadas convencionales parece concentrarse en ellas, a lo largo del tiempo y en variados teatros. La actuación militar occidental frente a sus amenazas exteriores irregulares globales exigen unas fuerzas de contra insurgencia eficaces, ligeras y móviles y especializadas en tácticas y técnicas no ortodoxas, como parte de las tropas convencionales. Que deben operar siempre en conjunción con las fuerzas nacionales de los países infestados de hostiles y apoyadas con decisión por la economía y la diplomacia propias. Las fuerzas contra guerrilleras no deben esclavizarse a las estrategias y tácticas de los conflictos de segunda y tercera generación o clásicos contemporáneos. Aunque éstos puedan surgir puntualmente en los conflictos armados con los “estados golfos” de cada momento (por ejemplo, Irán, Corea del Norte o Venezuela).

Algunas de las características operativas de este tipo de guerra diferente, pero no nuevo, son:

Evitar siempre una guerra prolongada. Con ella el enemigo se organiza, se extiende y se fortalece, a veces irreversiblemente. Mientras los militares se desorientan, se irritan y se debilitan. La guerra de Afganistán está de lleno en este período prolongado crítico.

Atacar siempre las concentraciones y las bases rebeldes. Éstos son los objetivos duros y convencionales que ofrecen a las fuerzas militares. Defender y mantener siempre las comunicaciones propias y atacar las del enemigo. Aprovechar para ello la movilidad de los vehículos ligeros blindados y las aeronaves, que neutralizan la información de los observadores varios del enemigo.

Mantener las defensas pasivas de la guerra al mínimo posible. Los grandes cuarteles “protectores” y costosos en zonas relativamente tranquilas, sólo sirven para aislarlos militar y socialmente del medio fluido y activo de la lucha irregular. Si faltaran fuerzas propias inicialmente, es necesario concentrarlas temporalmente en menos zonas y fomentar entre la población las fuerzas de auto defensa. Emplear siempre un patrullaje continuo, creativo y enérgico. Tanto para la exploración y el ataque, como para estorbar y aislar a las guerrillas de las poblaciones amigas o neutrales y cortar sus comunicaciones. En ambos casos, es necesario mantener fuerzas móviles, incluso aerotransportadas, para prestarles apoyos. Utilizar las concentraciones de fuerzas militares sólo para atacar las bases guerrilleras o cercar y perseguir sus concentraciones operativas.

Esto mantendrá la iniciativa y la sorpresa, que crean la red regional de pequeñas unidades ligeras de acción, en manos de los militares. Que por formación, entrenamiento, medios y vocación deberían superar claramente a los hostiles en las operaciones militares. El objetivo principal no es mantener una línea o un “sembrado” de cuarteles y fortines por todo un país o región estratégica. Sino destruir la capacidad de combate y de movimiento operativo de los rebeldes armados.

Y sólo los éxitos militares “iniciales” y continuados, sentarán las bases para una pacificación firme, irreversible y progresiva de las distintas regiones del país.

Veamos sucintamente la posible distribución de las bases militares en función de la actividad enemiga. En las zonas más favorables a los rebeldes, los puestos militares deben ser sólidos y resistentes, pocos y con mayor guarnición. En estas áreas deben predominar la exploración de las bandas y las mayores operaciones ofensivas contra ellos, sobre sus bases, concentraciones, refugios y pasos.

En las zonas donde los rebeldes intentan asentarse, progresar y llegar a dominar a los civiles, los puestos serán más numerosos y con menos tropas. Éstas son las zonas más lábiles, de guerra más irregular, de encuentros (la emboscada lo es) más frecuentes. Aquí se decide, primero, el avance y el progreso y, finalmente, el triunfo de uno de los dos contendientes. Las comunicaciones enemigas y los núcleos rebeldes en estas áreas son los objetivos operativos de las fuerzas leales, junto con la defensa de las poblaciones. Apoyándose, en parte, en fuerzas de autodefensa locales, reforzadas por patrullas militares muy móviles, incluso helitransportadas. Asegurada la defensa de un área en estas zonas, es posible exigir lealtad a la población protegida, y comenzar las labores de apoyo económico y de rearme cívico nacionales.

En las áreas más leales o neutrales y pacíficas es necesario ensayar las técnicas y los métodos de acercamiento sincero y efectivo a la población civil. Las fuerzas nativas de autodefensa, apoyadas por patrullas militares móviles, a cargo de una zona manejable, deben soportar aquí el peso de mantener su propia seguridad. En esta zona pueden localizarse las reservas helitransportadas y mecanizadas suficientes. Para ser enviadas en operaciones de apoyo o de ataque a las otras 2 clases de zonas operativas. También las brigadas de apoyo económico y de rearme cívico, pueden tener aquí sus almacenes y barracones centrales.

Cuando los medios militares disponibles son escasos y el enemigo sostiene una guerra total, ¿es posible combatir contra rebeldes armados y motivados?

Veamos un ejemplo histórico de la actuación de fuerzas contrainsurgentes, en condiciones desfavorables para ellas. Las fuerzas antipartisanas alemanas en la URSS intentaron siempre no ser forzadas por los guerrilleros a la pasividad de la guarnición o la escolta. En su manual de “Guerra contra las Bandas” establecían que “la iniciativa debe ser siempre nuestra. Incluso si el comandante solamente tiene una pequeña fuerza a su disposición, no debe mostrar fallos en su resolución. Si es posible, cada acción de las bandas debe ser contestada”.

Los alemanes no sólo estaban obstaculizados en sus operaciones contra guerrilleras por una habitual inferioridad de hombres. Sino, también, por la heterogénea calidad de las que disponían. Sus tropas antipartisanas consistían en una siempre variable combinación de fuerzas de diversos orígenes y calidades: tropas de fronteras y tropas de seguridad y policía alemanas; tropas de seguridad de sus aliados en el frente del Este, especialmente italianos y rumanos; y una mezcla variopinta de fuerzas “rusas” aliadas de seguridad y de autodefensa, a veces, inseguras. El núcleo duro de las unidades eran los alemanes. En los puestos no se solían poner tropas homogéneas. En ellos las calidades se entreveraban, para que la presencia del fuerte animase al más flojo o novato, y le alejase los pensamientos de debilidad o deserción.

Ante la imposibilidad de guarnecer su retaguardia en todo el territorio conquistado a la URSS, al oeste de una línea imaginaria trazada entre Leningrado y Stalingrado, los alemanes tenían que seleccionar muy bien los puntos de guarnición. Éstos pocas veces contaban con más de una sección de fuerzas contraguerrilleras. Además, se consideraba que con 4 o 5 hombres, el puesto podía ser defendido por un tiempo. Mientras, los otros, en 1 o 2 patrullas, salían a perseguir a los partisanos en las aldeas cercanas, a vigilar la vital línea de comunicaciones o a apoyar a otros puestos. Cuando se creaban nuevas unidades o si había un “sobrante” temporal de fuerzas antipartisanas, se formaban patrullas de exploración y combate, algo así como unas fuerzas de reconocimiento en fuerza, para localizar y hostigar a los guerrilleros. Cuando era necesario realizar una acción ofensiva mayor, ante una amenaza guerrillera o la localización de una concentración importante, incluso se traían temporalmente tropas de primera línea (de la zona operativa) para el ataque y destrucción de aquélla, generalmente buscando su cerco y aniquilamiento.

Es cierto que los resultados alemanes fueron limitados. Y también es cierto que el principal objetivo operativo de sus fuerzas antipartisanas se cumplió. Se mantuvieron razonablemente abiertas las líneas de abastecimientos desde Alemania, Polonia y Rumania hasta las retaguardias de las fuerzas alemanas y de sus aliados en el Este. Y el flujo de hombres, armamentos, equipos, repuestos y mercancías que recibieron fue constante, para permitir el gigantesco esfuerzo de guerra contra los casi inagotables recursos de la URSS. Millones de prisioneros soviéticos fueron enviados al Reich y hacia allí retornaron incontables unidades y hombres de la Wehrmatch.

España en Afganistán II.

(CONTINUACIÓN)

El Combate Contrainsurgente en Afganistán.

Las fuerzas contrainsurgentes tienen varias misiones que cumplir simultáneamente. Deben defender sus bases, cuarteles y reductos. Y no simplemente limitarse a las labores de guarnición y espera. Que son de las tareas que más erosionan y carcomen la iniciativa, la disposición combativa y la motivación de las tropas regulares en este tipo de lucha. Deben perseguir sistemática y continuamente a las bandas, especialmente sus bases y unidades mayores o concentraciones de bandas. El fuego aéreo no es más que una parte del plan de fuegos de apoyo de las operaciones de exploración, ataque, hostigamiento y cerco y aniquilación de las fuerzas terrestres regulares y especiales.

Deben defender las instalaciones vitales para el esfuerzo contrainsurgente, especialmente sus comunicaciones terrestres. No es necesario aferrarse a nudos de comunicaciones, puentes, túneles y a los Km. de vías. Sino protegerlos activamente, con iniciativa, creatividad, agilidad y desconsideración hacia el enemigo armado. Deben ganar progresiva y firmemente el apoyo de la población afgana. Unido a este acercamiento, están las verdaderas “bases” militares regulares, cercanas o insertadas en los pueblos y aldeas. Son posiciones seguras que protegen a los civiles y trabajan con y para ellos. Y desde las que se expande y asegura el territorio afgano arrebatado a la influencia de los rebeldes armados. En ellas pueden insertarse, en proporciones variables y según el momento, los equipos de construcción, asesoramiento y formación sociales.

La clave operativa es el patrullaje enérgico, continuo, impredecible, ávido del combate con los insurgentes o de conseguir información. Que constituya un “enjambre” más profesional, más activo, más letal que los insurgentes. Integrado por unidades raramente mayores de una sección. Cuyas armas sean el sigilo, la discreción, la movilidad, con la noche como colaboradora y refugio. Las comunicaciones rebeldes pueden ser dislocadas por la interposición del “enjambre” militar. Los refugios y depósitos de los rebeldes terminarían localizados. La convicción de impunidad de los insurrectos desaparecería. Técnica, táctica y operativamente, los militares extranjeros y, más tarde, luego, cuando aprendan, los nacionales, deben ser por oficio y capacidades, más profesionales, más activos, mejor equipados, más letales, más eficaces, que las fuerzas irregulares a las que buscan y combaten. El problema de una rebelión interior armada debe ser conducido a un problema policial de bandidos o narcotraficantes comunes.

La paciencia debe ser una característica de todos los ejércitos implicados en esta guerra. También hay que alcanzar un mínimo de oficio y veteranía para ser eficaz. En las zonas más favorables a las bandas es muy fácil que, al principio, las operaciones de cerco se cierren en vacío. Hay que ir ganando y seleccionando a su población, como hemos dicho antes, para que el oficio y la lealtad combinados produzcan sus réditos militares y sociales. Los sucesivos triunfos del ejército afgano le irán ganando el favor del pueblo. Porque todos quieren ser emotivamente del bando ganador. Y porque los intereses de los afganos son lábiles, dispares y aún contradictorios, basados en la lealtad a la familia, al clan, a la tribu y al Islam, por ese orden.

El Combate contra los Insurgentes Islamistas en las Zonas Montañosas Pashtunes.

Todo la inversión y el esfuerzo empleados por España en Afganistán, no se han utilizados directamente en cazar a la organización al-Qaida o en acosar y destruir a las bandas talibanes aliadas. El gobierno lo tendría fácil para convencer a la opinión pública. El modelo más visible y paradigmático de los yihadistas internacionales fue Bin Laden. Y lo son ahora su consejero delegado, el Dr. al-Zawahiri, al-Masri (el egipcio), y sus franquicias internacionales. El régimen talibán, por su parte, les procuró amparo y refugio en su territorio, antes y después del 11 S. A partir de octubre de 2003, tras la ocupación de Afganistán por los aliados, Bin Laden y su séquito de familiares, escoltas y colaboradores estrechos no son acogidos abiertamente en ningún país. Bin Laden tenía la categoría de prófugo huido en paradero desconocido.

La “persecución activa sugerida” daría cumplida justicia al alevoso y cruel ataque del 11 M de 2004 en Madrid. Porque nadie piensa que, con el posterior juicio del grupo de islamistas capturados, se hizo cabal justicia de aquella barbarie. Se realizó justicia sobre una colección de camellos, lumpenterroristas y colaboradores hispanos capturados, que participaron en los hechos. El tribunal sentenció sobre los hechos probados que se le presentaron a juicio. Pero nadie cree que ese “grupo paria” pudo por sí mismo, idear, organizar, entramar, dirigir, controlar los pasos y ejecutar el atentado, sin contar con importantes conexiones externas a él.

La persecución de los talibanes y de las recidivas de al-Qaida en la zona montañosa afgana, subsidiaria del Hindo Kush, al oeste de la línea Durand, no requiere de grandes efectivos humanos empeñados. Además, sólo se tomaría la responsabilidad operativa en una zona adecuada. Teniendo en cuenta los efectivos aportados y la compartimentación de sectores que permiten las líneas de alturas. Dentro de un área parcial de la zona, el centro de gravedad de la lucha reside en el control de los pasos y en las alturas dominantes de éstos. Los despliegues militares deben ser largos y estrechos, como exige la orografía. Y en las marchas evidentes, las unidades y pequeñas unidades deben aprovechar simultáneamente toda la red de veredas, desfiladeros y caminos de una zona. Esto les brinda también un cierto desdoblamiento previo para el combate. No es fácil contar con el apoyo de fuego aéreo, por los requerimientos de maniobrabilidad de las aeronaves. Se pueden realizar bombardeos puntuales de saturación sobre una posición reforzada del enemigo, que éste haya decidido mantener. Se deben evitar los fuegos pesados sobre los poblados, incluso sospechosos. Salvo que respondan a la seguridad incuestionable de las propias fuerzas.

Las unidades a emplear en las “interfases de acción” con el enemigo en estas zonas hostiles, son las pequeñas unidades de infantería ligera de élite, con formación de alta montaña. Ninguna columna principal “madre”, avanzando metódicamente por estas áreas, puede sobrevivir sin destacar vanguardia y flanguardias con cierta capacidad de combate. Que vayan ocupando temporal y sucesivamente los puntos dominantes al frente y a los flancos de la línea principal de avance. Apoyada la agrupación de marcha también por una retaguardia, que se adelante por saltos sucesivos observados.

Los drones o aviones no tripulados de exploración y ataque a tierra son un sistema de armas más de la amplia variedad a disposición. Son eficaces contra blancos selectos no combatientes, haciendo vida normal, sin seguridad ni disponibilidad de combate. Que son las condiciones más frecuentes de la vida. En la profundidad de su retaguardia, el enemigo pashtun no piensa jamás en sufrir ataques del tipo “death from above”. Son un arma más del apoyo a tierra. Pero a los jefes de los “grunts” (soldados USA) les fascina. Porque así éstos no tienen que acercarse a las distancias próximas para combatir a un enemigo temperamental, con más indiferencia de la vida que ellos, correoso, belicoso y luchando en sus tierras.

La ventaja de los pashtunes sobre las fuerzas regulares extranjeras, reside en el conocimiento íntimo y el aprovechamiento de su propio terreno. Sobre él se pueden mover a gran velocidad. Tienen una habilidad táctica elemental y una especial astucia, incorporadas a su sentido de supervivencia natural. Son capaces de esperar pacientemente por una favorable oportunidad de actuación, escogiendo generalmente cuándo y dónde hacerlo. Los pashtunes tienen poca disciplina militar colectiva. Los fuegos pesados aéreos y artilleros les afectan bastante en su ánimo y decisión. También les impacta mucho el ver amenazada u ocupada su línea de retirada. Y los fuegos ligeros y medios militares les perturban, cuando los reciben desde alturas superiores a las que ellos ocupan. Los pashtunes pueden atacar de noche algún objetivo que les merezca la pena, pero no son luchadores naturales nocturnos.

Los talibanes gozan de un sistema complicado de cuevas naturales en varios niveles, en algunas zonas fronterizas. Que está reforzado por túneles de comunicación. Éstos están dotados de zonas ampliadas para la espera y el almacenaje de bienes de todas clases. Este sistema es utilizado para facilitar el tránsito entre Afganistán y Pakistán. Sin tener que utilizar los pasos fronterizos o desfiladeros más habituales y conocidos. Y como refugio temporal, cuando los aliados llevan a cabo operaciones a nivel de batallón y de regimiento, de búsqueda de rebeldes o de represalia sobre las zonas pashtunes, donde éstos han sido más activos. Los pueblos montañeses son numerosos, pequeños y diseminados por ambas zonas de la frontera afgano pakistaní. En ellos también se pueden camuflar un pequeño grupo de talibanes, a la espera de que pase de largo una creciente militar como las citadas.

La infantería ligera de élite para estas tareas debe contar con cualidades anímicas y formativas especiales. De partida deben tener la motivación, la formación y el entrenamiento adecuados. Personalmente, tienen que tener creatividad, iniciativa, actividad y resistencia física y anímica. En las misiones tienen que actuar con autosuficiencia y sobriedad; paciencia, quietud y silencio; calma y alerta de los sentidos, simultáneamente. No abundan estos especímenes en los ejércitos actuales. Sin embargo, tras unos pocos años de guerra, en los ejércitos aparecen muchos más individuos de éstas características. Ellos se han formado en la guerra. Y han aprendido (de aprehendere, coger) y asimilado (incorporado a ellos mismos) el oficio. Y la probabilidad de sobrevivir, en los escasos combates que han protagonizado, les sonrió a ellos de frente.

Lo que puede ir a peor, tiene muchas posibilidades de empeorar.

Ahora, el Plan Obama, para desengancharse de Afganistán, empeora, a 3 años vista, las posibilidades estratégicas del Plan de la ISAF para el pais. ¿Con qué ánimo vamos a implicarnos ya en la variante activa de la guerra de Afganistán?

Pues bien, nos queda una tercera posible actuación, que no he mencionado antes, por pensar que era indigna. Y es tirar ya la toalla. Para evitar bajas incomprendidas en la Patria. Encerrarnos en el portento de base “Ruy González de Clavijo” y pasar a la defensa rígida, sin cesión de terreno. Aunque, al final nos remuerda el bochorno de que un ejército irregular tercermundista nos haya arruinado los planes y termine ocupando, dentro de 3 o 4 años, nuestras instalaciones protectoras.

España en Afganistán

¿Hacemos Actividades Socio Políticas Protegidas y de Policía o Guerra     Contrainsurgencia Activa?

Variadas son las tareas y misiones de las fuerzas aliadas de la ISAF en Afganistán. Así, existen 2 grandes grupos de misiones sobre el terreno. Uno es el sostenimiento de la lucha, a través de obras civiles y sociales, de reconstrucción, formación y acercamiento a los afganos. La otra es la lucha contra las bandas armadas. Para aniquilarlas (destruir su voluntad de lucha y/o su capacidad de combate) e ir ganando el respeto y el acercamiento nativos. Ambas están lastradas por el hecho de que los encargados de esas misiones son extranjeros, de civilización y etnia diferentes a los afganos. Y, además, con tiempos de servicio muy cortos y con plazos de retirada, no sólo definidos, sino inminentes.
¿Qué más Podemos Hacer? ¿Podremos Ganar?

Una opinión de un Aliado importante.

El buenismo de las alianzas entre culturas divergentes, sean o no antagónicas, apuesta por la ausencia de guerras, de terroristas alucinados y de tiranos aprovechados en el Mundo. Esto es muy idílico, muy deseable y muy improbable. Y nos recuerdan viejas posturas seudo pacifistas, recurrentes en los períodos de entreguerras europeos. Y por ejemplo, analizando la historia del Imperio Otomano, nunca fue más grande y más poderoso, ya mucho antes de 1453, que cuando combatió a los distintos países europeos de turno. Y su decadencia siempre surgió cuando se apartó de esta línea de acción exterior “imperial y religiosa”.
Sabemos que Washington y otros aliados activos menores no estarán siempre ahí para costearnos social y económicamente la defensa de una civilización común. Robert Gates, en una de sus últimas intervenciones como Secretario de Defensa, ante la reunión de ministros de Defensa de la OTAN del 8 de junio, se ha quejado en este sentido. “¿Le compensa a los EEUU lo que pone en la NATO?” “Las restricciones nacionales han atado las manos de los comandantes de campo de manera irritante” Gates, secretario del ramo con Bush Jr. y con Obama, se manifestó muy preocupado por una Alianza militar dividida en su compromiso real, entre dos clases de aliados. Con miembros que se especializan en misiones humanitarias y labores de desarrollo social y económico y de policía. Donde los medios militares a disposición están dispersos, dilapidados e infrautilizados. Y los miembros que realizan las misiones de combate y de lucha contra la insurgencia reales.

La Actuación Española en Perspectiva y Posibilidades.
La antigua base “General Urrutia”, junto a la capital de Bagdhis, se usó hasta hace bastantes meses como centro de formación de los policías afganos. Ahora ha sido entregada a los afganos. Y ha sido sustituida desde el verano pasado por una gran base militar, situada junto al aeropuerto de Qala-i-Naw. El nuevo acuartelamiento tiene un perímetro de unos 6 kilómetros protegidos y unas 70 hectáreas de superficie, con una capacidad para aproximadamente 1.300 personas. Su estructura está dividida en 5 zonas: mando, logística, servicios, viviendas y campos de tiro. La zona de servicios es a la carta: disfrutando de comedor, cocina, barras, gimnasio, locutorios telefónicos y de Internet, biblioteca, capilla, tienda de efectos y campos de deporte. Cuenta con una central eléctrica propia y una planta depuradora para el agua. Durante su construcción se ocuparon a unos 200 trabajadores locales de media al día. La base costó unos 44 millones de euros, entre la compra de terrenos, el levantamiento de los edificios y las comunicaciones internas. Los terrenos ocupados son colinas terrosas ocres. Los amplios desniveles de la zona, las necesidades defensivas y el clima de la región, húmedo en invierno, formando fangales, obligaron a remover medio millón de metros cúbicos de tierra en la obra civil. Y hubo que conectar los distintos pabellones con vías especiales.
El Equipo de Reconstrucción Provincial (PRT) de Badghis tiene su cuartel y equipamientos en esta base. A mediados de 2010 había en Afganistán entre 1.600 y 2.000 soldados y militares españoles. Esto suponía entre cuatro y cinco veces más militares que en la primavera de 2004. La gran base “Ruy González de Clavijo” es un ejemplo de instalación militar para la protección, la comodidad relativa y el aislamiento de las fuerzas de la ISAF. Que da tranquilidad a los políticos y a los mandos, por la seguridad relativa que brinda a sus hombres, en una zona poco disputada por los insurrectos.
En torno a nuestras grandes posiciones fijas en Qala-i-Naw, hemos establecido también reductos reforzados, siguiendo la llamada ruta Lithium y la gran Carretera Circular afgana. Ambas unen las dos principales localidades de Badghis: Qala i Naw y Bala Murghab. La primera discurriendo a la izquierda y la otra, a la derecha. Bala Murghab es un centro operativo recidivo de la insurgencia de la provincia. Desde hace tiempo, la ISAF intenta asegurar el paso de convoyes por esa vía, provocando  enfrentamientos con los irregulares. La ruta Lithium está protegida por dos destacamentos españoles fijos, situados en Sangh Atesh y Ludina. En Ludina hay una compañía de la Legión y en el otro, una sección. El último fue establecido esta primavera. Como avanzadas de combate o posiciones de observación se han establecido en las alturas del seco valle varias posiciones semifijas, como la Echo o la Golf. No sirven de gran cosa, porque el enemigo las identifica pronto. Y es un enemigo que no deja una huella táctica apreciable a la observación fija y rutinaria. Una sinuosidad del terreno de menos de un metro, ya le oculta de las vistas. Incluso, sin formación de zapador, puede acercarse a las posiciones militares. Usando para ello la ocultación que le prestan las crestas de alturas. Sólo la observación casi desde encima de éstas puede impedir el acercamiento enemigo a pocos metros, a menos de tiro de granada. La función de los observatorios es avisar a las unidades que los despliegan, de los movimientos sospechosos y evitar las sorpresas a los destacamentos principales. Se complementan con las patrullas motorizadas a lo largo del valle y con los vuelos de los “drones”.
La otra carretera es la sección provincial de la carretera más importante de Afganistán. Su trazado recorre el país, dando una gran vuelta. Aunque hasta hace poco no se completaron totalmente su cierre y su firme definitivo, que no es gran cosa. Ella es algo así como una M-30 a nivel nacional. La llaman, sin demasiada ocurrencia, la Ring Road. La Carretera Circular une Herat con Bala Murghab, pasando por Qala-i-Naw. Desde aquí, para dar seguridad a las obras de ingeniería civil hacia Bara Murghab, hemos establecido también dos posiciones fijas en Muqur y Darra i Bum, fuerte en una compañía. Hacia Herat, capital de la otra provincia donde estamos, tenemos una posición fija en el paso de Sabzack.
Las bandas más organizadas se mueven en grupos pequeños de paisanos, que convergen sobre su objetivo de madrugada. No tienen vehículos ni piezas de artillería. Sus armas “pesadas” son el lanzacohetes monotubo, el mortero desmontable, los lanzagranadas tipo RPG y RL y las ametralladoras ligeras RPD o PK Para atacar una posición débilmente defendida o sin ánimos de lucha, bombardean brevemente con el fuego de los lanzacohetes. Luego se acercan para emplear los morteros. Y, finalmente, el asalto lo realizan varias escuadras independientes. Que convergen desplegadas en línea quebrada, avanzando y disparando ráfagas de su armamento personal, con sus armas “pesadas” al final. Probablemente para realizar estas acciones más audaces, tengan que venir bandas pashtunes, más fogueadas y duras, desde el sur o el este del país.
En la contrainsurgencia activa y eficaz, ávida de localizar al enemigo y de batirlo, las grandes bases militares se incrustan en el territorio enemigo. Son los centros de las redes operativas contrainsurgentes. Formadas sobre las patrullas activas de combate o de exploración, que operan en el territorio hostil. Y que tienen como “nudos” o soportes inmediatos a los reductos fortificados o reforzados. Éstos pocas veces necesitan más de una sección de fuerzas contraguerrilleras. Incuso, sólo con 4 o 5 hombres decididos y motivados, un puesto puede ser defendido por un tiempo. Mientras, los otros, formando 1 o 2 patrullas, pueden salir a hostigar a los guerrilleros, a vigilar las líneas de comunicaciones o a apoyar a otros puestos. La red de patrullas y de pequeños puestos militares, actuando en las zonas en disputa con los talibanes, tiene como fines operativos: negar la iniciativa y la movilidad a las guerrillas; cortar sus comunicaciones con sus bases, con su red de colaboradores y entre ellas. Y levantarlas, como a la caza, de sus “bases” protectoras de carácter civil y de sus reductos aislados. Una cualidad necesaria de sus mandos es la de poseer la fiereza y la garra inherente al choque armado. Satisfaciendo la “necesidad educada” de rematar la faena hasta su mismísimo fin. En este tipo de guerra irregular es necesario actuar sin tibiezas, dudas o condicionamientos ajenos y con celo del triunfo. Porque la moral es el principal activo de las guerrillas y de los militares. Y se desplaza, formando un flujo vital, entre ambos contendientes de esa guerra, según éstos logren éxitos militares y civiles. El conocimiento de los insurrectos de su zona y de su vecindario es en esta guerra un activo mayor.
Y es en las áreas más leales o neutrales donde se pueden ensayar las técnicas y los métodos de acercamiento sincero y efectivo a la población afgana. Las fuerzas nativas de autodefensa, apoyadas por patrullas militares móviles, a cargo de una zona manejable, deben soportar aquí el peso de mantener su propia seguridad. En esta zona pueden localizarse las reservas helitransportadas y mecanizadas suficientes, para ser enviadas en operaciones de apoyo o de ataque a las otras  clases de zonas operativas. También las brigadas de apoyo económico y de rearme cívico, pueden tener aquí sus almacenes y barracones centrales.

(CONTINUARÁ)

LA CAZA Y CAPTURA DE BIN LADEN

Las pequeñas unidades atacando con objetivo limitado (una incursión profunda, la toma de una posición crítica, el rescate de una personalidad, una emboscada) constituyen un “sistema” militar cerrado. Esta condición impone unas características específicas en sus “interfases de acción” con el enemigo. Que no siempre son idénticas a las de la lucha de unidades y grandes unidades, sobre todo en la limitación de los medios y del tiempo de actuación disponibles.

Las unidades así empeñadas deben imponer rápidamente y mantener una superioridad combativa sobre el enemigo. Para poder conseguir la supremacía local y temporal, que les permita conseguir dichos objetivos limitados. La característica o el factor de la concepción de su misión es la simplicidad. Las características de su preparación son la inteligencia, la seguridad y el entrenamiento. Las características de su acción son la sorpresa, la velocidad de acción y el compromiso de los participantes en la misión.

El caso “The Hunt for Bin Laden” está tratado con profusión y difusión suficientes, en cuanto a sus características publicitarias, políticas, legales, humanas y técnicas. Ahora analizaremos las particularidades tácticas y operativas que lo caracterizaron.

A la CIA le llevó casi 9 años encontrar a Bin Laden desde su “escapada” en el otoño de 2001. Aunque entonces lo tuvieron a mano y mansito.

En el otoño de 2001 tuvo lugar el rápido desmoronamiento del régimen talibán de Afganistán. Era un estado precario y mal estructurado, que daba cobijo y apoyo logístico a la jefatura de al-Qaida. Ésta, junto con sus “agentes de escolta”, un pequeño grupo miembros activos y prosélitos entrenándose, se agruparon con tiempo, formando un despliegue de marcha extenso y laxo. Y se escurrieron, siguiendo las estrechas y escarpadas rutas que les ofrecía la zona, por las montañas afganas hasta Tora Bora. Comenzó entonces, en diciembre de 2001, la gran operación de búsqueda y captura del dirigente máximo de al-Qaida. Que era el responsable directo y declarado de los atentados del 11 de septiembre contra los EEUU.

Se reunieron para ello cerca de 100 grupos especializados en “long range independent operations” estadounidenses, en la zona en la que se suponía que se escondía Bin Laden. ¿Por qué no lo cogieron o lo mataron? Posiblemente, si fuesen comandos israelíes, lo hubiesen logrado. En su día, según los informes que han ido apareciendo a la luz pública, dijeron que fue por “falta de medios”. «¡Necesitábamos más soldados allí!, declaró recientemente el agente de la CIA Gary Bernstein. Durante su testimonio, aseguró que «podríamos haber terminado todo allí». En las 50 páginas de un informe publicado en 2010, se citan los testimonios de varios responsables militares estadounidenses. Que vieron como sus Altos Mandos les negaban, por ejemplo, los mil hombres necesarios, según ellos, para taponar las entradas y salidas a Pakistán, o varios bombardeos sin objetivos definidos.

¿Necesitaban más de 100 comandos de élite para una operación de cerco y aniquilamiento de un grupo enemigo no combatiente? Que estaría limitada a la zona aproximada donde los rastros enemigos y sus sensores electrónicos, satélites, sus espías y sus agencias inteligencias, ubicasen al enemigo. Rodeada dicha zona, mediante un doble cerco, no necesariamente continuo, sino eficaz, los comandos penetrarían centrípetamente en el área sospechosa. Actuando simultánea, paciente, metódica y sigilosamente, como un “enjambre” de pequeñas unidades. Donde el flanco y la retaguardia de cada pequeña unidad estaría defendida por su iniciativa y actividad ofensiva. Y por la “influencia” irradiada por una unidad compañera cercana.

También le achacaron parte de la responsabilidad en la escapada a un halcón como Donald Rumsfeld. Por aquel entonces, dicen ahora, que Rumsfeld declaró que si EEUU era tan duro en Afganistán (¿por capturar limpiamente al responsable de aquella tragedia alevosa y civil?), despertaría un sentimiento antiamericano mayor del que ya existía entonces. Y por eso era más partidario de una táctica más “ligera” con bombardeos controlados y la colaboración con los militares afganos. Esto no resulta coherente ni creíble.

El fallo de la operación constituyó un decisivo fracaso estratégico. De hecho, durante años no se han tenido datos fidedignos del paradero de Osama, según reconoció el secretario de Defensa Robert Gates, el 7 de diciembre de 2008. Y ahora Al Qaida está renovada y desparramada. Y Bin Laden, como el Che muerto, inspira que no comanda, a una nueva generación de extremistas islámicos, extendidos por numerosos países.

Se hizo justicia, aunque no fuese según todas las leyes vigentes.

La sociedad tiene dos enemigos: los que no cumplen las leyes y los que las cumplen a rajatabla. Entre estos últimos, en su paroxismo legalista, están los que engendraron las inquisiciones y las persecuciones en la Historia.

La unidad militar elegida para llevar a cabo la “Operación Gerónimo” fue la US Navy Seal. Ésta es la unidad de su Marina de Guerra encargada de las acciones puntuales especiales por mar (sea), aire, (a) y tierra (l). Los Seals se crearon al final de la década de los 50 del siglo XX. Al apreciarse la necesidad de contar con militares polivalentes, extremadamente preparados y capaces de actuar en cualquier ámbito en condiciones exigentes. A primeros de los 60 y por deseo del presidente Kennedy, comenzaron a actuar en Vietnam. La formación general de un Seal se prolonga durante años de duro trabajo. El Seal cobra entre 37 mil y más de 60 mil euros al año. Su trabajo minucioso, preciso, duro y peligroso no se compensa económicamente. Satisfacer su amor a la milicia, su vocación de servicio (éste se le enseña), su amor a la patria y su compromiso con sus colegas y la unidad son su paga principal. La “unidad 6” de los Seals, un grupo de élite de una veintena de hombres, participó en esta misión, encargándose de los objetivos principales. Se dice que el almirante jefe dirigió la operación. La naturaleza de los Seals, la estructura de las subunidades aerotransportables participantes y de los transportes y apoyos eran elementos que contribuían a la simplicidad de la misión, ya que se adecuaban perfectamente a ella.

El entrenamiento y el ensayo de la misión no fueron descuidados, a pesar de la enorme experiencia general de los hombres. Antes de la activación de la unidad en Jalalabad, ésta fue entrenada en un “modelo” que reproducía fielmente las instalaciones, la extensión y las características de la mansión de Bin Laden y los terrenos aledaños. El “essay model” fue levantado probablemente en una de las bases de entrenamiento más o menos protegidas de los Seals. Y éste se prolongó por unas 6 semanas, con intervalos. Durante esta fase se mantuvo el factor seguridad de la misión, ya que los ensayos y prácticas que realizan los Seals son variados y cambiantes.

La unidad atacante se desplegó en su base de partida principal al menos unos 10 días antes, para no incrementar su tensión y facilitar su adaptación final. El enemigo talibán, cercano, observador y vaporoso, fiel correveidile con al-Qaida (hoy diríamos al-Caida), no fue capaz de detectar su activación. El factor seguridad se mantuvo incólume durante toda la gran fase de preparación de la misión.

En la tarde del domingo 1 de mayo, el jefe de vuelo de la fuerza de transporte tomó el mando de la operación y ordenó el despegue de los helicópteros de su base de partida principal junto a Jalalabad. La fuerza de transporte procedía de alguna de las divisiones 82 0 101 aerotransportadas del US Army. El vuelo al objetivo, en una noche de luna nueva, se realizó siguiendo hasta 3 direcciones diferentes, para no llamar la atención de observadores o curiosos en tierra. Las trayectorias se orientaron al este-noreste, evitando el cercano eje de comunicaciones terrestres de Islamabad-Peshawar-Khyber-Jalalabad. Con ello se protegían los factores de seguridad y de sorpresa de la misión, durante la fase de acercamiento.

La fuerza de operaciones utilizaba 4 o, posiblemente, 5 helicópteros. Eran probablemente del tipo UH-60 Black Hawk, de la variante dotada en su morro con un radar picudo, para el guiado del vuelo nocturno. Uno de ellos se averió gravemente ya en el objetivo y optaron por destruirlo. Pero las aeronaves restantes fueron suficientes para trasladar de vuelta a todos los hombres, con su botín de información para la inteligencia y el cadáver de Bin Laden.

Ya en el objetivo, el coronel jefe (¿o el almirante citado?) de la fuerza de ataque tomó el mando de la operación. Las tripulaciones de los helicópteros, dotadas de medios de fuegos pesados, se encargaron de sellar el complejo de viviendas del exterior. Los 58 seals avanzaron sobre aquél por sus tres lados y algunos descendieron a su interior, en techos y patios, mediante cuerdas. Una fracción de ellos formaron un “anillo” para aislar el complejo desde tierra. Ya en el interior, la mayor parte de los hombres se encargó de neutralizar a los escoltas y a los civiles de las viviendas. Todos estaban comunicados entre sí mediante una Intranet sofisticada. Un grupo especial, el “hunting team”, a cargo del coronel, fue a por Bin Laden. El equipo de identificación formaba parte del grupo. Otro grupo, el “inteligence collect team” se encargó de recoger toda la información sensible existente en la gran mansión. Ambos grupos de misión se dividían en subgrupos, para completar rápidamente sus misiones por el complejo. Asimismo, en las detecciones indicadas colaboraban todos los hombres dentro del perímetro. La operación Gerónimo culminó en unos 45 minutos, los hombres ocuparon sus helicópteros y éstos partieron de regreso.

La Guerra de Afganistán, Hoy II

(continuación)

La lucha de los alemanes contra los partisanos soviéticos durante la Gran Guerra Patria.

Veamos un ejemplo histórico de la actuación de fuerzas contrainsurgentes, en condiciones desfavorables para ellas. Las fuerzas antipartisanas alemanas en la URSS intentaron siempre no ser forzadas por los guerrilleros a la pasividad de la guarnición o la escolta. En su manual de “Guerra contra las Bandas” establecían que “la iniciativa debe ser siempre nuestra. Incluso si el comandante solamente tiene una pequeña fuerza a su disposición, no debe mostrar fallos en su resolución. Si es posible, cada acción de las bandas debe ser contestada”.

Los alemanes no sólo estaban obstaculizados en sus operaciones contra guerrilleras por una habitual inferioridad de hombres. Sino, también, por la heterogénea calidad de las que disponían. Sus tropas antipartisanas consistían en una siempre variable combinación de fuerzas de diversos orígenes y calidades: tropas de fronteras y tropas de seguridad y policía alemanas; tropas de seguridad de sus aliados en el frente del Este, especialmente italianos y rumanos; y una mezcla variopinta de fuerzas “rusas” aliadas de seguridad y de autodefensa, a veces, inseguras. El núcleo duro de las unidades eran los alemanes. En los puestos no se solían poner tropas homogéneas. En ellos las calidades se entreveraban, para que la presencia del fuerte animase al más flojo o novato, y le alejase los pensamientos de debilidad o deserción.

Ante la imposibilidad de guarnecer su retaguardia en todo el territorio conquistado a la URSS, al oeste de una línea imaginaria trazada entre Leningrado y Stalingrado, los alemanes tenían que seleccionar muy bien los puntos de guarnición. Éstos pocas veces contaban con más de una sección de fuerzas contraguerrilleras. Además, se consideraba que con 4 o 5 hombres, el puesto podía ser defendido por un tiempo. Mientras, los otros, en 1 o 2 patrullas, salían a perseguir a los partisanos en las aldeas cercanas, a vigilar la vital línea de comunicaciones o a apoyar a otros puestos. Cuando se creaban nuevas unidades o si había un “sobrante” temporal de fuerzas antipartisanas, se formaban patrullas de exploración y combate, algo así como unas fuerzas de reconocimiento en fuerza, para localizar y hostigar a los guerrilleros. Cuando era necesario realizar una acción ofensiva mayor, ante una amenaza guerrillera o la localización de una concentración importante, incluso se traían temporalmente tropas de primera línea (de la zona operativa) para el ataque y destrucción de aquélla, generalmente buscando su cerco y aniquilamiento.

Es cierto que los resultados alemanes fueron limitados. Y también es cierto que el principal objetivo operativo de sus fuerzas antipartisanas se cumplió. Se mantuvieron razonablemente abiertas las líneas de abastecimientos desde Alemania, Polonia y Rumania hasta las retaguardias de las fuerzas alemanas y de sus aliados en el Este. Y el flujo de hombres, armamentos, equipos, repuestos y mercancías que recibieron fue constante, para permitir el gigantesco esfuerzo de guerra contra los casi inagotables recursos de la URSS. Millones de prisioneros soviéticos fueron enviados al Reich y hacia allí retornaron incontables unidades y hombres de la Wehrmatch, en sus continuas rotaciones.

La operatividad de la guerra contra insurgencia en Afganistán.

La red de patrullas y de pequeños puestos militares, operando en las zonas a disputarles a los talibanes, tiene como fin operativo negar la iniciativa y la movilidad a las guerrillas, cortar sus comunicaciones con sus bases, con su red de colaboradores y entre ellas, y levantarlas, como a la caza, de sus “bases” protectoras de carácter civil y de sus reductos aislados. El conocimiento de los insurrectos de su zona y de su vecindario es en esta guerra uno de sus mayores activos. Pero, la red nacional afgana puede cubrir operativamente una amplia extensión y es capaz así de captar la información sensible.

La clave operativa es el patrullaje enérgico, continuo, impredecible, ávido del combate con los insurgentes o de conseguir información. Que constituya un “enjambre” más profesional, más activo, más letal que los insurgentes. Integrado por unidades raramente mayores de una sección. Cuyas armas sean el sigilo, la discreción, la movilidad, con la noche como colaboradora y refugio. Las comunicaciones rebeldes pueden ser dislocadas por la interposición del “enjambre” militar. Los refugios y depósitos de los rebeldes terminarían localizados. La convicción de impunidad de los insurrectos desaparecería. Técnica, táctica y operativamente, los militares extranjeros y, luego, nacionales deben ser por oficio y capacidades, más profesionales, más activos, mejor equipados, más letales, más eficaces, que las fuerzas irregulares a las que buscan y combaten. El problema de una rebelión interior armada sería conducido a un problema policial de maleantes comunes.

Una especialización de las patrullas, con técnicas diferentes, son las seudo bandas rebeldes. Éstas estarían destinadas a actuar en las zonas pastunes proclives a la insurgencia, de donde varios de sus integrantes procedan. Su acción es favorecida por el carácter descentralizado de los grupos rebeldes. Sus misiones serían conseguir información, probar la lealtad de los civiles e incluso aniquilar pequeños grupos enemigos y suicidas.

La paciencia debe ser una característica de todos los ejércitos implicados en esta guerra. También hay que alcanzar un mínimo de oficio y veteranía para ser eficaz. En las zonas más favorables a las bandas es muy fácil que, al principio, las operaciones de cerco se cierren en vacío. Hay que ir ganando y seleccionando a su población, como hemos dicho antes, para que el oficio y la lealtad combinados produzcan sus réditos militares y sociales. Los sucesivos triunfos del ejército afgano le irán ganando el favor del pueblo, porque todos quieren ser emotivamente del bando ganador. Y porque los intereses de los afganos son lábiles, dispares y aún contradictorios, basados en la lealtad a la familia, al clan, a la tribu y al Islam, por ese orden.

Por último, políticamente es necesario buscar el acercamiento a los líderes moderados pashtunes. Hay que evitar las acciones y actitudes disolventes como los bombardeos contra “guerrilleros entreverados con los civiles”. Con el principio de fondo de que una democracia islámica (basada en la Umma, el Corán, la sunna del Profeta y la Sharia o el conjunto de leyes penales y civiles basadas en ellos) no es igual a una democracia occidental. Cuyo modelo queremos insertar sin más, en esta sociedad milenaria, resistente, tozuda, independiente, orgullosa y aguerrida.

LA GUERRA RUSO POLACA DE 1920 II.

(continuación)

El Águila Polaca bate al “maestro” Tujachevski.

Las huestes rojas, lejos de sus bases y sobre terrenos asolados, estaban agotando sus capacidades operativas y sus abastecimientos. Los efectivos de ambos Frentes descendieron hasta los 150 mil hombres. Los polacos rurales, patriotas cabales, lejos de celebrar la llegada del redentor del proletariado, negaban el pan y la sal a los invasores imperialistas. A diferencia de Tujachevski, que “controlaba” y “mandaba” sus fuerzas desde su Cuartel General en Minsk, la capital de Bielorrusia, a 500 Km. del frente, Pilsudski visitaba a menudo sus retaguardias tácticas. Los polacos descubrieron que el flanco izquierdo expuesto del Frente era guardado hasta su profundidad, por un destacamento de caballería llamado Grupo Mozir.

Pilsudski decidió formar una fuerza de maniobra operativa de unos 20 mil hombres muy cualificados, incluyendo la 1ª y la 3ª divisiones de la Legión polaca y 2 brigadas de caballería, al mando del general Ridz-Smigly, que atacaría desde el sur al Grupo Mozir y se insertaría en la retaguardia del Frente rojo. Los ejércitos polacos III y IV le apoyarían, fijando el sector sur enemigo. Al extremo norte, el V ejército del general Vladislao Sikorski intentaría progresar siguiendo el flanco norte libre rojo. Desde Varsovia, el resto de las fuerzas polacas disponibles atacarían también.

El 15 de agosto de 1920, los polacos contraatacaron. Su fuerza de maniobra aplastó la pantalla de caballería y penetró en el interior de la retaguardia de Tujachevski, cubriendo unos 72 Km. en 36 horas. En unos 10 días, el despliegue del Frente del Oeste se derrumbó. Sus distintos ejércitos, presionados desde el oeste, se entremezclaron entre ellos, dificultando su retirada ordenada. Unos 44 mil hombres rompieron hacia el oeste y alcanzaron Prusia Oriental, donde fueron internados por los alemanes. Otros 66 mil fueron hechos prisioneros por los polacos, que capturaron también 10 mil vehículos de todas clases, más de 1000 ametralladoras y 231 cañones. Por esta época, el capitán Charles de Gaulle estaba en Polonia, como parte de la amplia misión militar francesa. Sus comentarios sobre el desenlace de la batalla de Varsovia fueron: “La ofensiva comenzó muy bien. El grupo de Pilsudski, que organizaba la maniobra, se dirige al norte. El enemigo, totalmente sorprendido con el panorama, al ver sobre su flanco izquierdo a los polacos, de quienes creía que se habían dispersado, en ninguna parte ofrece seria resistencia, escapa desmoronado en todos los lados o se entrega con todas las divisiones”.

Aparte de lo dicho antes, ¿cuál era el comportamiento de los soldados rojos o, después, soviéticos? El general de Estado Mayor von Mellethin, 25 años más tarde, nos pinta un excelente cuadro de sus capacidades, debilidades y pulsiones: “El soldado ruso es inestable temperamentalmente y lo impulsa un instinto gregario. Por tanto, no es capaz de soportar anímicamente un cambio súbito, por ejemplo, desde un avance triunfal a una precipitada y forzada retirada. Durante los contraataques fuimos testigos de escenas de pánico casi sin paralelo (entre los rusos). Esto asombraba a aquellos que habían experimentado la tenaz, casi fanática, resistencia que los rusos exhibían en las defensas bien planteadas y organizadas eficientemente. Es cierto que los rusos pueden ser soberbios en la defensa y temerarios y persistentes en sus ataques en masa. Pero cuando se enfrentan con la sorpresa o con situaciones imprevistas (o no asumidas), pierden la presencia de ánimo y son fáciles presas del pánico”.

El ataque polaco al sur del Pripet.

Pilsudski dirigió sus esfuerzos contra el Frente del Suroeste, cuyo comisario político era Josef Stalin. El V ejército del general Sikorski se lanzó contra el I ejército de caballería del bigotudo y fanfarrón Semion Mijailovich Budienni, uno de los pocos militares rojos que era amigote de Stalin. Los polacos lo cercaron y lo batieron el 31 de agosto al este de Zamosc, borrándolo del orden de batalla ruso. Las fuerzas polacas presionaron entonces hacia el este y cruzaron el río Bug. Su objetivo operativo era Kovel, un importante nudo ferroviario y depósito de material rodante, donde comenzaba el trazado de vía ancha de los ferrocarriles rusos y cuartel general del conocido XII ejército. Para su captura se decidió adelantar un grupo móvil, que operaría simultáneamente con los ataques de las 7ª y 18ª divisiones de infantería en la dirección este. Al norte de este sector, la 16ª división de infantería atacó Vlodava (dirección Mokrani), y la capturó en 2 días. Mokrani se hallaba en el límite de los sectores de los ejércitos XIV y XII. El comandante de éste estimando que era un ataque secundario, antes del ataque a su sector, despachó hacia el oeste sus reservas. Pero su “resolución fundada” resultó desafortunada. Los polacos pretendían enviar un grupo móvil motorizado, siguiendo la carretera desguarnecida entre Mokrani y Kovel (60 Km.), para atacarla por sorpresa desde el norte. Siendo 44 Km. la distancia desde el Bug y siendo 41 Km. la distancia entre Vlodava y Mokrani, el ataque seguía una aproximación indirecta, la menos esperada por los mandos rojos.

El grupo comenzó a reunirse en Vlodava el 10 de septiembre. Al mando del comandante Bocharek iban un escuadrón de vehículos blindados (8 Ford, 2 White y 1 Packard), dos batallones de infantería de la 7ª división, montados en 43 camiones y 2 baterías remolcadas de 75 mm. A las 10:00 del día 11, el grupo se dirigió a Mokrani, destacando a unos 3 Km. una vanguardia con capacidad de combate, formada por 4 blindados, medio batallón de infantería sobre camiones y media batería de artillería. Como enlace con el grueso, 1,5 Km. detrás, iba un pelotón de 2 Ford. La protección inmediata del grupo central estaba a cargo de 1 Ford y 1 Packard, ocupándose de la retaguardia 2 Ford y 1 White. Varias cisternas de combustible acompañaban al grupo de abastecimiento en el grupo central. En la tarde llegaron a Mokrani.

A las 01:00 del día 12 salieron para Kovel. A las 2:00 llegó el grupo móvil a Hornicki, cogió dormitando a la guarnición y los blindados la dispersaron con su fuego ametrallador, capturando una veintena de soldados y 2 cañones. Pocos Km. después quedaba Ratno, donde el enemigo ya estaba alerta. Tuvo lugar un breve y duro encuentro y los rojos sólo se retiraron cuando el puente de madera sobre uno de los afluentes del Pripet, que unía ambos tramos de la carretera, ardía fieramente. Los polacos sólo tenían una fugaz oportunidad de éxito. Tras un rápido examen, Bochanek ordenó cruzarlo rápida e inmedia-tamente. Minutos después del paso de la retaguardia, toda la estructura del puente, debilitada por el fuego, colapsó bajo su peso en el río.

Al amanecer la columna continuó su marcha. Al acercarse a Bucyn, la vanguardia detectó en sus afueras a una batería enemiga desplegada en línea, perpendicularmente a la vía. Pero sus servidores no estaban entrenados para el fuego sobre blancos móviles y su primera salva fue a explotar bien detrás de aquélla. No tuvieron más ocasión. Los 4 blindados atacaron en línea, disparando sus ametralladoras. Los artilleros, perturbados por el fuego preciso que recibían, no ajustaron sus miras y la batería fue invadida.

El jefe de la vanguardia, notando que tenía en su mano la toma de Kovel, muy cercana, se lanzó a toda velocidad hacia la villa, desarticulándose del grupo principal y de su enlace con él. Sus vehículos blindados se dedicaron a recorrer las calles de Kovel, extendiendo el caos en el enemigo, mientras su infantería, apoyada por los cañones, avanzaba hacia la estación de tren. En Kovel estaban estacionadas 2 divisiones enemigas (unos 11 mil hombres). Pero los rojos quedaron tan conmocionados por la sorpresa y el ímpetu del ataque polaco, que estimaron que lo realizaba una fuerza muy superior a la real y huyeron en desbandada. Con ellos escapó en su coche el comandante del XII ejército, que se dejó detrás, en manos polacas, sus mapas, códigos y numerosos documentos del EEMM. Sólo en la estación de ferrocarril y sus instalaciones accesorias, encontraron los polacos una gran resistencia enemiga, que fue vencida tras larga lucha.

Como parte de sus medidas de defensa, el XII ejército había aproximado tres trenes blindados para proteger los accesos de Kovel, uno desde el norte y dos desde el oeste. Convergieron en el nudo norte, separando la vanguardia polaca de su cuerpo principal. Armados con ametralladoras y cañones, estos dinosaurios blindados abrieron fuego sobre él, incendiándole varios camiones y causándole bajas. La artillería remolcada pronto entró en posición y se entabló un espectacular duelo. Los trenes resistieron por bastante tiempo el fuego perforante, preciso, rápido y a cubierto de los Schneider, desplegados a menos de 3 Km. Por fin, uno de ellos, con su blindaje agujereado, mellado y desgarrado, se retiró renqueante hacia la estación de Kovel y los otros dos escaparon hacia el oeste. Poco después, éstos fueron hallados abandonados e incorporados al servicio con los polacos.

Recomponiendo su columna, Bochanek entró en Kovel a las 16:00. Temiendo un fuerte contraataque enemigo, en cuanto descubrieran la capacidad de su fuerza, estableció la defensa circular de la ciudad, incorporando a ella gran parte de las armas capturadas. Y puso a los vehículos blindados como avanzadas de combate móviles por las carreteras circundantes. Al amanecer del 13, los rusos lanzaron sin demasiado entusiasmo un contraataque, que fue rechazado. Hacia las 10:00 comenzaron a llegar a Kovel las primeras unidades de las 7ª y 18ª divisiones de infantería polacas, que habían avanzado desde el oeste los días anteriores. El botín recogido fue grande: veintenas de cañones, montones de ametralladoras, 12 aeroplanos y cientos de vagones de ferrocarril, cargados muchos con diverso material militar. El XII ejército recibió un castigo del que no se recobró y continuaba retirándose al interior de Rusia cuando acabó la guerra.

Tujachevski no es un ave fénix. El águila polaca le quita la piel al oso bolchevique.

Al norte del frente polaco, Tujachevski recibió refuerzos, recompuso su grupo de ejércitos y consiguió establecer un frente difuso entre Grodno y Brest, de unos 200 Km. Los polacos lo fijaron firmemente. Y el 23 de septiembre el cuerpo de caballería Nienievski, formado por 11 regimientos del arma, se deslizó por el flanco norte libre y cortó el ferrocarril Grodno-Vilna (capital de Lituania), a medio camino, en Druskininkai. El 26 los polacos rompieron por el oeste y ese mismo día tomaron Grodno y continuaron presionando al este. El 29, el grupo de caballería Nienievski, actuando como perseguidor desbordante, capturó Lida, a 100 Km. al este de Grodno, cerrando el paso al III ejército rojo, que tuvo que rendirse. A la vez, a unos 150 Km. al este de Brest, los restos del I ejército bolchevique fueron batidos y dispersados. En estos combates contra Tujachevski, los polacos tomaron 50 mil prisioneros y apresaron 160 cañones.

El 15 de octubre de 1920 fue ocupada Minsk, capital de Bielorrusia. Los rojos, humillados ante el mundo y perdiendo rápidamente credibilidad ante los suyos, pidieron la paz. El presidente Pilsudski aceptó. Por el Tratado de Riga de marzo de 1921, los polacos recuperaron las fronteras al este, que tuvieron en el siglo XVIII. Habían perdido en la guerra unos 10 muertos y 20 mil heridos.

El triunfo polaco de 1920 salvó del comunismo, por 25 años, a Alemania, Hungria, Checoslovaquia y los países bálticos. El historiador Norman Davies concluye: “No se puede negar que los resultados más importantes de la guerra polaco-bolchevique fueron los que no ocurrieron”. Dentro de Rusia, los bolcheviques renunciaron al destructivo sistema económico del comunismo en guerra y adoptaron la “nueva política económica”, que resultó ser más flexible.

El general francés Louis Faury, en un artículo publicado en 1928, escribió: “Hace 200 años, Polonia bajo los muros de Viena protegió al mundo cristiano del peligro turco; (hace pocos años) sobre el Vístula, el pueblo polaco sirvió nuevamente al mundo civilizado, lo que no se ha valorado suficientemente”. En efecto, la captura de la ciudad de Viena era un objetivo estratégico mayor para el Imperio Otomano, desesperado por el control que la ciudad ejercía sobre el Danubio y sobre las rutas comerciales terrestres entre el norte y el sur de Europa. En julio de 1683 el sultán Mehmet IV proclamó la Yihad. Y el gran visir turco Kara Mustafá Pasha puso sitio a Viena con un ejército de 150 mil hombres. En septiembre una fuerza polaca acudió en auxilio de la ciudad. Por fin, la batalla final de 15 horas por la capital de los Habsburgo tuvo su climax en la carga masiva de 3 divisiones de húsares alados polacos. La derrota otomana marcó el inicio de su larga decadencia y la Sublime Puerta no volvió a amenazar a Europa.

La comunista alemana Klara Zetkin, en una entrevista con Lenin, destaca sus comentarios: “Le dije a Lenin en qué forma la derrota se reflejó sobre la vanguardia alemana de la clase trabajadora. Lenin, por un par de minutos, permaneció en silencio, después de lo cual dijo: “Sí, entonces sucedió… Los polacos vieron en los soldados del Ejército Rojo no a hermanos y libertadores, sino a enemigos. Los polacos pensaron y actuaron no como les correspondía a los revolucionarios, sino como nacionalistas e imperialistas. Esta revolución, con la que contábamos en Polonia, no resultó. Obreros y campesinos, engañados por Pilsudski, permitieron que nuestros valientes soldados del Ejército Rojo murieran de hambre, cayeran en una emboscada y fueran golpeados hasta la muerte”.

LA INFANTERÍA MECANIZADA EN AFGANISTÁN

A pesar de la asimetría cualitativa y cuantitativa entre los medios que disfrutan los ejércitos occidentales y los que padecen los talibanes, los clanes locales aprovechados levantiscos y los bandidos afganos a tiempo parcial, los soldados modernos se quejan de la falta de medios y de su calidad.

El medio militar afgano para el empleo de la infantería mecanizada.

Las sucesivas noticias que vamos recibiendo desde las zonas de operaciones de guerra en Afganistán, procedentes de periodistas insertados en las fuerzas combatientes, de los corresponsales destacados en Kabul y otras poblaciones y las que emiten los ejércitos en presencia, van destilando una serie de características que son comunes a las fuerzas de los distintos ejércitos.

Todos van cayendo en la tendencia iniciada por los estadounidenses de tener al enemigo menos cerca, más visto y observado y más batido por el fuego pesado aéreo y artillero. No se busca con éste, en orden creciente de efectos, perturbar, cegar o neutralizar, sino destruir. Que es el más costoso (bueno para el complejo industrial correspondiente) e improbable de sus efectos (al 100%), lo que exige un gasto incrementado deficiente de recursos. Y no existe siempre su conexión directa con las maniobras ofensivas de las fuerzas terrestres. Que muchas veces no acuden a batir al enemigo quebrado tras el golpe múltiple de fuegos. El fuego pesado se ha convertido en un sustituto económico (troca esfuerzo militar por dólares) e industrial de las maniobras y los ataques de las fuerzas terrestres.

La exploración operativa y de combate descansa en Afganistán en los medios aéreos no tripulados y, en segundo lugar, en los aparatos tripulados que sobrevuelan ampliamente las marchas de las columnas. Lo que es parecido a buscar una aguja en un pajar. Precisamente los talibanes no dejan una “huella de guerra” por ninguna parte. No tienen vehículos pesados, ni posiciones fija reforzadas permanentes, ni artillería pesada, ni se mueven en columnas reguladas por “policía” militar, horarios, distancias entre agrupaciones, etc. Los talibanes que se cobijan en una choza, se esconden de los sensores electrónicos infalibles, cubriendo inocentemente de fango su techo. Si los aviones vuelan de día, ellos se mueven entre posiciones o concentraciones, en pequeños grupos dispersos durante la noche, aprovechando para sembrar explosivos de carga hueca, recubiertos de plástico. Que al explotar, el chorro ígneo suficiente va a penetrar como un soplete en el siempre fino bajo vientre del vehículo mecanizado o motorizado enemigo. Y va a diseminar la granalla encendida, en una aspersión por su interior y sobre sus tripulantes y contenidos.

Los modernos soldados han intercambiado, trocado u olvidado los “principios o reglas del buen hacer” de la guerra, por la simultaneidad y la profundidad del fuego lejano, cubriendo toda la zona enemiga altamente probable. Con ello no hay economía de medios, ni esfuerzo principal, ni la necesaria casi segura discriminación entre combatientes y civiles potencialmente enemigos. Los despliegues terrestres son “secundarios” y, por lo tanto, sus movimientos, dispersiones y concentraciones.

Los ejércitos buscan ávidamente la seguridad o confianza en sus decisiones y empleos. Precisamente cuando el medio en el que están y actúan es variable, fugaz, sin límites definidos, confuso e inaprensible. La incertidumbre, el caos, los errores y los fallos, los medios escasos y los planes parcialmente cumplidos, el cansancio y el miedo son los demonios omnipresentes que caracterizan y afectan a ese magma neutro de la guerra. Y es neutro porque se deja impulsar y guiar en gran parte por los “designios y acciones” humanos superiores. Que son el “sentido correcto” de los mandos, la determinación, la voluntad, el coraje físico y moral, la motivación, el entrenamiento, el compromiso con las tareas y misiones y los mandos respetables y respetados.

Las características operativas de los modernos vehículos de combate de infantería.

El comportamiento campo a través de los tanques, exige para aquéllos una tracción integral a orugas o, al menos, un chasis construido a propósito con tracción a ruedas.

La amenaza NBQ en el ambiente de la guerra moderna, necesita la posibilidad de aislamiento de la tripulación del entorno, manteniendo una contrapresión y una ventilación depurada internas y un sellado adecuado de los cierres y tomas del vehículo.

El hecho de que casi todos los ejércitos desplieguen VCI, hace probable encontrárselos en un conflicto. Y demanda de éstos la habilidad de destruir a sus iguales, mediante los cohetes filodirigidos de carga hueca y/o con armas automáticas con munición cinética o química perforante. Esto, idealmente, se debería extender a la destrucción de tanques enemigos en condiciones apropiadas y favorables. Por ejemplo, empleando el vehículo como plataforma escondida y cubierta, preferiblemente en la pendiente posterior, de los cohetes antitanques citados.

Los vehículos deben dar protección suficiente a su tripulación y a sus mecanismos principales contra el fuego ligero y medio de la infantería y contra las esquirlas de los fuegos indirectos de la artillería. Aquí existe un “límite superior” poco superable para extender la protección a otros artefactos. Que lo hace costoso e inviable de superar, por los mayores pesos y la peor agilidad y velocidad que supone.

Deben los VCI tener capacidad para enfrentarse en combates con la infantería regular o irregular enemiga, con escasos medios y/o alistamiento para la lucha. Para, poder actuar, incluso en marcha, desde diversas troneras protegidas del vehículo y con ametralladoras pesadas y/o cañones ligeros automáticos. En estos combates, la altura de los vehículos, destacable sobre las posiciones ocultas y/o protegidas de la infantería enemiga, hace que sean vulnerables al no explorado fuego antitanque enemigo a distancias medias y próximas.

El uso de los VCI en la lucha contrainsurgencia en Afganistán.

En estos momentos, en Afganistán se están usando modernos sistemas de combate de infantería, no los mejores y más caros en todos los casos, en misiones de patrullaje rutinario y/o demostrativo, de enlace entre puestos y posiciones y de escolta o apoyo a las columnas de marcha del ejército afgano. Gran parte de las características citadas de estos vehículos, sobran para estos usos. Ya que no son empleados siquiera para la exploración y el reconocimiento de las vías por delante de aquéllas. O como vanguardias de combate, para asegurar pasos y parajes comprometedores. Los VCI son buscados como habitáculos protegidos para escuadra o pelotón, dotados de suelos altos construidos como poliedros convexos, destinados a reflejar las explosiones de los artificios improvisados, y como plataformas de tiro rápido para rechazar a los irregulares hostiles. Quizás se callan los mandos, porque al menos brindan la mayor seguridad posible a los hombres.

Aspectos esenciales de la lucha contra los fanáticos hostiles en Afganistán.

El único modo de defenderse de estas partidas insurrectas es privándoles de la iniciativa, dislocando sus movimientos entre posiciones y hacia objetivos, esquilmando su retaguardia operativa, quitándoles la libertad de acción y demostrando al pueblo quiénes tienen los medios y la determinación para ganar la guerra, apoyando a su gobierno y autoridades. Defenderse no es dejarse reducir o arrinconar en las guarniciones, por la actuación y la extensión de las bandas. Guarniciones que se convierten en enormes y costosos “depósitos protegidos” de materiales y hombres sin utilizar. Esto es dejarse oxidar, desmoralizar y enervar por el enemigo móvil, activo y muy asimétrico.

Con ello se dará un primer paso necesario para la pacificación, como base para la reconstrucción social y física del país. La corrupción es un mal más o menos endémico de todas las naciones y épocas. No hay más que mirar alrededor, para comprobarlo. El problema social aparece cuando la corrupción se recrece y desborda, engullendo gravemente los magros recursos de los países débiles. Deteniendo así su desarrollo y perpetuando un régimen intolerable de abusos. La lucha eficaz contra la corrupción comenzará en Afganistán cuando se consoliden socialmente los primeros éxitos militares, continuos y sostenidos, contra los hostiles armados de toda condición.

Para defenderse eficazmente de la insurgencia radical terrorista es necesario el empleo de una infantería motivada, con creatividad e iniciativa y entrenada específicamente. Capaz de actuar en silencio, con quietud y paciencia, sobria y autosuficiente sobre el terreno. De acercarse o de esperar al enemigo a las distancias próximas. Y empleando el lanzagranadas de pelotón, las granadas, el mortero de 60 mm., el cuchillo o bayoneta, cuando no se quiere alertar a otras partidas o su grueso. Esos fuegos suenan muy parecidos al fuego artillero. Disparando a blancos comprobados o de arriba a abajo y de abajo a arriba, para evitar daños propios en los ataques de objetivo limitado con poca visibilidad. Para poder explotar las múltiples debilidades de los rebeldes, su incoherencia operativa, su nomadismo y erradicarlos de sus bases de refugio o de apoyo. Convirtiendo la noche donde se ocultan y amparan en su peor enemigo, ya que carecen de visores de infrarrojos o térmicos y no son proclives a combatir en la oscuridad. Muchos de los empleos actuales habituales del ISAF llevan a la segregación y al distanciamiento con los civiles neutrales o enemigos. Que no sabrán leer, pero que tienen una exquisita sensibilidad natural para conocer a los “amigos” temporales y/o circunstanciales, que les ayudan muy interesadamente.

Los británicos, en los siglos XIX y XX, tenían que acercarse a los pashtunes y combatir con ellos en condiciones duras. Aunque tuvieran el apoyo de las gatlings, de la artillería de montaña y de los ingenieros. Y empleaban a las tribus pashtunes menos belicosas y montaraces, de las estribaciones hindúes más bajas, al sureste del macizo del Hindu Kush, como fuerzas de infantería ligera con oficiales británicos. Los khattaks, los bangashis y los yusufzais, todos también pashtunes, produjeron cipayos de primera, leales a sus mandos británicos directos. Usándolas para contener en sus territorios a las tribus más indómitas, rapaces y levantiscas. Ocupando fortines cuadrangulares de adobe ocre y piedra, con acceso por escalera removible, y troneras altas a los cuatro costados, y explorando el territorio. Y para realizar contra ellas operaciones de castigo o de exacción de multas, por alguna incursión o desmán cometido por sus miembros. Dejando a aquéllas tribus ariscas, libres de mantener su gobierno local, basado en los maliks o jefes y en sus jurgas o asambleas soberanas tribales. Integradas aquéllas fuerzas en la amplia organización del ejército británico de la India, los hombres adquirían un refinamiento y un estado social envidiable, confirmados ante sus familias y clanes por la paga en metálico asegurada. Lograr esta organización suponía tiempo, dedicación, perseverancia, interés y trabajo de campo social para los británicos más directamente implicados en ella. Y exigía el apoyo permanente y seguro de sus mandos medios y superiores.

Eran tiempos en que los horarios, los políticos y las prisas por los resultados no lo estropeaban todo. A pesar de tener unos medios cualitativamente menos técnicos y más escasos que los de hoy en día.

McChrystal, Petraeus y la Estrategia Aliada en Afganistán.

A finales de junio de este año, aparecieron diversos análisis en la prensa, principalmente la escrita, acerca de los posibles cambios que podrían ocurrir en la dirección de la guerra de Afganistán, con motivo de la sustitución del general McChrystal por el más conocido general Petraeus. Dicha posibilidad existiría si se tratase de una empresa, cuyo gerente o primer ejecutivo hubiese sido destituido. Pero no, se trata de la sustitución del general en jefe de un teatro de operaciones.

La Definición de la Estrategia para Afganistán.

Cuya estrategia militar la elabora la Junta de Jefes de Estado Mayor (el Pentágono) y la aprueba Mr. Obama. Correspondiendo, entonces, al general en jefe el desarrollarla con su estrategia operativa. Donde ya tiene unos límites su autonomía, para imprimir su impronta y su marchamo. El general del teatro de operaciones es un gran gestor, un alto mando gerencial, de los inmensos medios que los EEUU y sus aliados, coaligados en la ISAF, ponen a disposición para alcanzar los objetivos de la guerra.

La estrategia total planteada por los EEUU se puede resumir en conseguir la derrota de los talibanes y la extirpación de las recidivas de Al-Qaida en Afganistán. Y en la incorporación progresiva de los afganos a las labores de orden público y de contra insurgencia, contando con un gobierno cada vez más fortalecido, respetado y obedecido, capaz de atraer a la insurgencia menos radical. Todo ello, entreverado con un apoyo económico para la reconstrucción, la sanidad, la educación y las infraestructuras. Pero que alcanza desde la provisión de los medios militares a la entrega de sobornos, dádivas, incentivos y prebendas a determinados combatientes, para que abandonen las armas, y a civiles, para que faciliten información o colaboren en las múltiples tareas necesarias. La famosa estrategia contra insurgencia de “ganar los corazones y las mentes” del paisanaje nativo, que data de la intervención en Vietnam del Sur en los años 60, se incardina en ese triple objetivo.

La Sustitución y la Pérdida de un Comandante en jefe en Operaciones. Habían cansado y aburrido hasta las cejas al viejo Stanley.

Veamos los dos casos, parecidos pero no idénticos, en los que la pérdida del comandante en jefe resulta irreparable. A veces el caudillo militar constituye una vulnerabilidad crítica estratégica de su pueblo armado, a mano para sus enemigos. Éste fue el caso hábilmente manejado por los españoles en el siglo XVI durante la conquista de América. Se trataba de la captura o la muerte del gran jefe o “emperador” de las coaliciones indígenas de los grandes países a colonizar: Moctezuma, Atahualpa. Y que fue posible porque el “gran emplumado” presidía a su ejército en combate. Esto daba un golpe demoledor, aunque temporal, a las fuerzas indígenas. Porque una vez convertido en rehén la representación simbólica de un jefe de este tipo caía en picado. Ya que la vitalidad social de la colectividad a la que dirigía, exigía su renovación, como si hubiese muerto.

También tenemos los casos de los grandes caudillos político militares, como Alejandro, Gustavo Adolfo o Napoleón. Ellos incorporaban en sí mismos la esencia y las virtudes de todo un estilo militar y de un régimen político. Que irradiaban permanentemente a sus pueblos, galvanizándolos para una tarea común de trascendencia histórica. Su desaparición en operaciones hubiese sido fatal para sus intereses colectivos. Como ocurrió en el caso de Suecia, con la muerte en combate el 6 de noviembre de 1632, de su rey Gustavo II Adolfo en la batalla de Lützen.

El caso del general del ejército (cuatro estrellas de plata) Stanley McChrystal fue distinto. Sólo era un militar destacado dentro de un ejército profesional, enorme, diversificado, técnico y moderno. Como ya tenía casi los 30 años de servicio, próximo a la jubilación, podía permitirse ciertos lujos. Estaba cansado de intromisiones de los políticos cortesanos de Washington en su “modo” (su reino era la estrategia operativa) de llevar la guerra y en los recortes que le imponían a sus peticiones de medios para atender a una guerra larga, impopular y polifacética. Su delito fue llamar públicamente, en una entrevista publicada, “wimps” a algunos de esos políticos de la cuerda del presi, con los que se topó en su camino. Una traducción, no demasiado expresiva, sería “peleles”. El nombre define a una persona débil, cobarde, irresoluta e inefectiva para los asuntos. Sus agravante fueron la premeditación y el recochineo que se exhibían en la revista. ¿No les suena algo?

La Coalición que se Encuentra Petraeus.

En Afganistán están presentes fuerzas militares de unos 46 países. Algunas están dedicadas a misiones de apoyo, de guarnición y de retaguardia. Al ser una gran coalición, sin subordinarle ninguno de los intereses que a cada país le dictan sus necesidades y sus compromisos políticos, las coincidencias entre los aliados son parciales, tienen soluciones de continuidad y son lábiles en el tiempo. Esta fragilidad intrínseca de la coalición, nace de que casi todos los aliados no practican políticas de estado. Hay que señalar que esto se debe en gran parte a que no se tiene una percepción clara del problema afgano, ni de su cercanía, directa o indirecta, inmediata o lejana, a los intereses nacionales respectivos.

Los holandeses, con unos 2 mil soldados destacados en la provincia de Uruzgan, al norte de la de Kandahar, han confirmado su marcha de Afganistán para el mes de agosto de este año. Para 2012 también se quieren ir los otros 1550 australianos que guarnecen esta provincia. Se supone que esa “brigada” multinacional será sustituida con eficacia por fuerzas estadounidenses y, sobre todo, afganas. En la provincia de Kandahar, el añejo feudo del mulá Omar y primera cantera nacional de los talibanes, hay más de 2800 tropas canadienses, junto a fuerzas británicas y estadounidenses. Es uno de los primeros “frentes” de lucha contra la insurgencia del país, junto con Kandahar y las provincias del este. Los canadienses se retirarán de Afganistán entre julio y diciembre de 2011. Quedan los británicos y los estadounidenses.

Y, ¿cuál es la “trayectoria vital” de los británicos en este conflicto? Del fervor guerrero de estos “soldados europeos tecnológicamente modernos”, dan fe las operaciones llevadas a cabo durante 8 años en la provincia pashtún de Helmand, al sur del país. Tras la guerra de 2001, que terminó con el régimen medieval radical intransigente de los talibanes, en torno a la ciudad de Lashkar Gal, capital de la provincia, se instalaron permanentemente unos 8 mil soldados británicos, relevados sucesivamente por sus reemplazos en los “tours of duty”. Este potente contingente de soldados profesionales experimentados fue incapaz en casi 8 años de combatir el cultivo del opio en Helmand y de pacificar la provincia, para la implantación efectiva en ella del gobierno de Kabul.

Para lograr por fin estos objetivos, al parecer difíciles de realizar, se inició el viernes 12 de febrero la operación Moshtarak (Juntos) en la región de Marjah, a unos 40 Km. de Lashkar Gal, a cargo de unos 15 mil soldados aliados, de la OTAN y afganos. Que tenían que ir demostrando que los esfuerzos y los dineros gastados en la formación de sus fuerzas nacionales, no se han dilapidado miserablemente. Los talibanes, una infantería ligera irregular, sin aviación, con una logística pedestre e insuficiente y sin artillería, fueron batidos y desalojados de sus posiciones de combate en torno a Marjah, dispersándose finalmente, en gran parte, a las provincias limítrofes. Para ampliar la información, véase nuestro artículo “La Batalla de Marjah”, en War Heat Internacional nº 88. Sin embargo, ya nos avisan los periodistas destacados (no será mejor esto que “empotrados”) en Afganistán, que los brotes verdes de la insurgencia están apareciendo, como renuevos vigorosos y firmes, en torno a Marjah y a Nad Ali.

Por último, los mismos estadounidenses han señalado como fecha límite para iniciar la retirada de su despliegue, el 1 de julio de 2011. Son unos 94 mil soldados en estos momentos y alcanzarán los 98 mil a fines del verano. Están desparramados por todo el territorio afgano, como un armazón que sostiene e impulsa el esfuerzo general de guerra contra insurgencia. Para entonces se supone que estarán alistados, entrenados y equipados cerca de 400 mil afganos, integrados en las fuerzas de policía, algunas milicias regionales y el Ejército Nacional. ¿Estarán también motivados para defender una democracia inorgánica occidental? Por el momento, los tayicos y los hazaras forman la mayor parte de las actuales fuerzas de seguridad de Afganistán: hay unos 100 mil policías y unos 90 mil soldados nativos, con grados variables de motivación, lealtad y entrenamiento. En los distritos pashtunes no hay en general alistamientos al ejército nacional ni a la policía afgana. Se perfila así una guerra de liberación pashtún dentro de un país opresor o descuidado hacia ellos.

La Guerra de Afganistán, Hoy

La ministra Chacón suele centrar sus argumentaciones para solicitar al Congreso su autorización para incrementar el contingente español en la ISAF, en que “a más hombres, más rápidamente acabarían sus tareas y su compromiso en Afganistán y más pronto regresarían todos”. Si se tratase simplemente de realizar múltiples tareas civiles y educativas, en localizaciones diferentes, es posible. Y con tal de que la Tabla de Tareas, ordenando los trabajos y midiendo sus tiempos, no impidiese los trabajos en paralelo, ni apretujara a los hombres, neutralizando sus esfuerzos. Pero se trata de realizar una parte de las labores cívicas económicas necesarias en una guerra contra una insurrección armada, creciente, desparramada y decidida. Y los hitos en el tiempo de la insurrección los marcan los avances en las labores militares, a cargo de otros ejércitos en presencia más comprometidos con ellas.

Introducción.

Para efectuar una campaña eficaz contra los rebeldes irregulares en Afganistán, es necesario establecer: la estrategia política, incluyendo alianzas nacionales y extranjeras firmes y estables; la estrategia militar, incluyendo los medios a su disposición y quiénes y cuándo los aportarán y mantendrán; y las prioridades y marcos de acción de los esfuerzos cívicos y bélicos de la guerra irregular.

¿Se busca la derrota total y efectiva de los talibanes? ¿Están de acuerdo el presidente Karsai y los otros miembros y apoyos del gobierno afgano? ¿O prefieren algunos un acercamiento a los grupos más moderados de los talibanes? Que realmente son los que ven en el diálogo una forma de avanzar en sus planes últimos. La ideología islámica radical imprime carácter. Es muy dudoso que, quienes la tienen por su misión y razón de ser y, además, estén ganando posiciones, influencia y adeptos civiles, deseen negociar sinceramente, algo que no sea el cómo y el cuándo de la rendición enemiga y la marcha de su país de los militares extranjeros invasores infieles. Por último, ¿ha servido la Jirga o asamblea de notables afganos convocada en mayo por el recientemente reelegido Karsai, para un acercamiento nacional?

La actuación de los ejércitos regulares en presencia.

Las unidades tácticas de los ejércitos aliados (la ISAF y los EE.UU.) en Afganistán son los batallones y regimientos. Con las fuerzas de un batallón intentan barrer una zona supuestamente insurrecta siguiendo un sentido y dirección, en cuyo límite opuesto han desplegado un cerrojo. Con un regimiento suelen intentar ya una operación de cerco y aniquilación en una zona enemiga dada, separada de lugares y aldeas civiles. No parece que esto sea suficiente ni eficaz. La prueba es que cada vez más, la insurgencia se pasea por donde quiere. Y los soldados occidentales se protegen en sus acuartelamientos. O patrullan reiteradamente, sin eficacia contra guerrillera, por ciertos lugares acotados, dicen que para evitar bajas civiles. Tienen los guerrilleros montañeses unas armas naturales de las que carecen los soldados europeos actuales: la motivación, la paciencia, la calma, la agudeza de los sentidos, la resistencia física, la autosuficiencia y la sobriedad.

Por su parte, al ejército afgano le falta instrucción, experiencia, espíritu de cuerpo e interés combativo. Pero es nativo, no ocupante, y no parte de cero. Y con la habilidad y profesionalidad de sus mandos y asesores extranjeros, puede adelantar etapas rápidamente. El coste a pagar mientras tanto es el tiempo, prolongado en una lucha interna dolorosa, sangrienta y costosa.

Los talibán o talibanes.

Los talibanes y al-Qaida forman dos movimientos organizados verticalmente y desde abajo a arriba. La cercanía ideológica y geográfica les permite colaborar tácticamente. Su estructura hace que sus células no sepan exactamente cuáles son los jefes superiores. Sólo saben dónde tienen que ir para recibir apoyo o para enviar o recibir información o para comunicarse con otra célula “pareja”. Las direcciones de estos movimientos actúan por excepción, no por presencia o por acción deliberada. Esto les permite operar bastante bien sin la intervención de sus altos mandos. La muerte de algunos altos jefes en un bombardeo estadounidense, afectaría poco a su efectividad, a sus niveles actuales de actuación militar irregular.

Los insurrectos, por la fuerza y por su popularidad, en una mezcla variable y siniestra, son capaces de mezclarse y diluirse con la población civil pashtún y esconderse seguros en casas, zulos, cuevas, etc. Aunque una parte de la población esté a su lado, la coacción ejercida por insurrectos armados existe siempre. Si el ejército afgano es capaz de proteger permanentemente un barrio o población de los ataques o de la presencia de los hostiles irregulares, puede también ir progresivamente exigiendo la lealtad nacional debida a sus habitantes. Lo que es inadmisible es que se someta intermitentemente a la presión militar de uno y otro bando a las poblaciones civiles locales, exigiéndoles una lealtad que no les ofrece seguridad.

Los pueblos montañeses pashtunes son numerosos, pequeños y diseminados por las amplias zonas a ambos lados de la frontera entre Afganistán y Pakistán. En ellos se pueden camuflar un pequeño grupo de talibanes “regulares”, a la espera de que pase de largo una creciente militar. Aparte, los talibanes gozan de un sistema complicado de cuevas naturales en varios niveles, reforzado por túneles de comunicación, dotados de zonas ampliadas para la espera y el almacenaje de bienes de todas clases. Este sistema es utilizado para facilitar el tránsito entre Afganistán y Pakistán, sin tener que utilizar los pasos fronterizos o desfiladeros más habituales y conocidos, como “etapas” del trayecto completo. Y como refugio temporal cuando los aliados llevan a cabo operaciones de búsqueda de rebeldes o de represalia, sobre las zonas pashtunes donde han sido más activos. Los talibanes son de la etnia pashtún. Sólo los distinguen de las tribus locales, su mayor fervor y proselitismo religioso y su actual actividad militar. Parte de los lugareños con los que se encuentran los soldados en sus patrullas y registros, son talibanes “a tiempo parcial” y simpatizantes. Dos o tres hombres de un grupo de nativos que transitan por un camino rural, pueden ser una escuadra de talibanes moviéndose de un lado a otro. Su logística es tan parca, que es frecuente, en zonas muy batidas por los soldados, que los guerrilleros transiten desarmados. Y que sean armados de nuevo por los grupos locales a los que acceden, tras su viaje. Los talibanes no dejan fácilmente una “huella operativa” detectable por los sensores y artilugios electrónicos modernos.

La clave operativa de los talibanes reside en sus innumerables jefecillos locales, con sus pequeñas bandas de guerrilleros. Ellos son los responsables de intimidar, aleccionar, asustar, atacar y ocupar más o menos temporalmente algunos de los numerosos poblados y caseríos. Según el grado de presión que deban ejercer sobre los lugareños para que les informen, les escondan y les ayuden. Evidentemente su elemental grado de desarrollo operativo mantiene al movimiento en la defensiva estratégica. Sin poder disputar a ninguno de los ejércitos presentes en esas áreas ningún territorio o pueblo. Sin poder realizar otras acciones más allá de las emboscadas, los ataques a pequeñas unidades enemigas aisladas, el hostigamiento por el fuego a media distancia, el secuestro, incursiones aisladas de corta duración y el minado de caminos y veredas. Concentrados ideológicamente en la conversión a su movimiento, a sus células semi nómadas, de los pashtunes más afines o cercanos. En un grado mucho menor y menos extenso, actúan las células de al-Qaida en Afganistán.

La propaganda constituye un objetivo estratégico básico de los insurrectos, con el que colaboran entusiasmados los medios y las agencias occidentales. Cualquier ataque rebelde con éxito es inmediatamente retransmitido al mundo. Esto debilitará siempre la voluntad de permanencia de los EE.UU. y sus aliados. Sus “grunts”, llamados por sus casas, quieren regresar, para gozar del consumo variado y superfluo y las vacaciones exóticas.

Los insurgentes saben que la lucha no acabará simplemente porque las fuerzas de los aliados se retiren. Esto hace que algunos grupos de este mosaico variopinto, preocupados por las consecuencias graves e imprevisibles de que se instaure luego un caos social, puedan ser atraídos a dejar las armas con arreglos políticos y civiles. Por otro lado hay que explicar y convencer al pueblo que la mejor forma para que cese la presencia militar extranjera, es la desaparición de la rebelión talibán. Las mejoras continuas en comercio, servicios, suministro de energías están teniendo efectos positivos y deben ser expuestas enfáticamente por la administración nacional. Recíprocamente, su destrucción o sabotaje por los rebeldes debe ser siempre capitalizado en su contra por los medios y agentes del estado afgano.

La lucha contra la insurgencia irregular en Afganistán.

Las guerras contra los irregulares armados son por naturaleza largas, dolorosas y difíciles. El carácter prolongado, por el lado rebelde, se origina de la necesidad de que una fuerza “popular”, partiendo casi de la nada, se desarrolle y se extienda y llegue a derrotar moral o militarmente a un ejército regular propio o de ocupación. A su vez, el carácter prolongado por el bando oficial y regular se debe a que una rebelión más o menos popular y extensa, delata una importante fractura en la estructura y en la convivencia de la sociedad que las sufre. Y su reparación y recuperación son largas y costosas. Las dificultades y los crueles males surgen por el elevado componente civil que participa en ellas. Son guerras localizadas en el patio de casa, en la retaguardia propia u ocupada. Aquí no hay frentes a establecer y retaguardias operativas acogedoras, protectoras y abastecedoras. Lo que hay son grupos de enemigos, de apoyo logístico y de información de éstos y de simpatizantes de ellos, integrados según el distinto coraje personal de sus miembros, y todos ellos extendidos y asentados por un territorio sin límites ni retaguardias clásicas.

Los aspectos operativos de la guerra afgana contra los rebeldes irregulares deben centrarse en la lucha por la movilidad y la iniciativa. Para conseguir fuerzas suficientes y mantener la iniciativa, los ejércitos aliados y afgano deben concentrarse en la defensa de sus objetivos estratégicos y de sus comunicaciones. La defensa de poblaciones menores, especialmente fuera de las zonas pashtunes, debe recaer en unidades locales de auto defensa y de policía, apoyadas por unidades militares móviles, que patrullen por todo un sector amenazado.

Las fuerzas contrainsurgentes tienen varias misiones que cumplir simultáneamente. Deben defender sus bases, cuarteles y reductos. Y no simplemente limitarse a las labores de guarnición y espera. Que son de las tareas que más erosionan y carcomen la iniciativa, la disposición combativa y la motivación de las fuerzas regulares en este tipo de lucha. Deben perseguir sistemática y continuamente a las bandas, especialmente sus bases y unidades mayores o concentraciones de bandas. El fuego aéreo no es más que una parte del plan de fuegos de apoyo de las operaciones de ataque, hostigamiento y cerco y aniquilación de las fuerzas terrestres regulares y especiales. Deben defender las instalaciones vitales para el esfuerzo contrainsurgente, especialmente sus comunicaciones terrestres. No es necesario aferrarse a nudos de comunicaciones, puentes, túneles y a los Km. de vías, sino protegerlos activamente. Deben ganar progresiva y firmemente el apoyo de la población afgana. Unido a este acercamiento, están las verdaderas “bases” regulares (no son las grandonas, “seguras” y aislantes), cercanas o insertadas en los pueblos y aldeas. Como posiciones seguras que protegen a los civiles y trabajan con y para ellos. Y desde las que se expande y asegura el territorio afgano arrebatado a la influencia de los rebeldes armados.

Veamos sucintamente la posible distribución de las bases militares en función de la actividad enemiga. En las zonas más favorables a los talibanes, los puestos militares deben ser sólidos y resistentes, pocos y con mayor guarnición. En estas áreas deben predominar la exploración de las bandas y las mayores operaciones ofensivas contra ellos, sobre sus bases, concentraciones, refugios y pasos.

En las zonas donde los rebeldes intentan asentarse, progresar y llegar a dominar a los civiles, partiendo de las zonas pashtunes del este y del sureste de Afganistán, los puestos serán más numerosos y con menos tropas. Éstas son las zonas más lábiles, de guerra más irregular, de encuentros (la emboscada lo es) más frecuentes. Aquí se decide, primero, el avance y el progreso y, finalmente, el triunfo de uno de los dos contendientes. Las comunicaciones enemigas y los núcleos rebeldes en estas áreas son los objetivos operativos de las fuerzas leales, junto con la defensa de las poblaciones. Apoyándose, en parte, en fuerzas de autodefensa locales, reforzadas por patrullas militares muy móviles, incluso helitransportadas. Asegurada la defensa de un área en estas zonas, es posible exigir lealtad a la población protegida, y comenzar las labores de apoyo económico y de rearme cívico nacionales.

En las áreas más leales o neutrales y pacíficas es necesario ensayar las técnicas y los métodos de acercamiento sincero y efectivo a la población afgana. Las fuerzas nativas de autodefensa, apoyadas por patrullas militares móviles, a cargo de una zona manejable, deben soportar aquí el peso de mantener su propia seguridad. En esta zona pueden localizarse las reservas helitransportadas y mecanizadas suficientes, para ser enviadas en operaciones de apoyo o de ataque a las otras 2 clases de zonas operativas. También las brigadas de apoyo económico y de rearme cívico, pueden tener aquí sus almacenes y barracones centrales.

(CONTINUARÁ)

LA GUERRA RUSO POLACA DE 1920.

LOS POLACOS, MAESTROS DE LA GUERRA MODERNA

LA PRIMERA DERROTA MILITAR DEL IMPERIALISMO ROJO

Los polacos, occidentales en su perspectiva vital, no compartían con sus dominadores rusos, ni la religión, ni una cultura común, ni el alfabeto. En la década de 1770, Polonia había desaparecido del mapa europeo. Su territorio fue dividido y quedó absorbido por sus poderosos vecinos imperiales, Prusia, Austria y Rusia. Así, durante todo el siglo XIX, el sueño de tener un país libre e independiente fue una constante del pensamiento social polaco. Y esto era especialmente deseado en Varsovia y la zona central de Polonia, gobernada por Rusia.

Antecedentes Históricos.

En 1905, Joseph Pilsudki, un patriota polaco de 42 años, estudioso de la ciencia militar, procedente de una familia hidalga polaco lituana empobrecida, comenzó a entrenar a unidades militares polacas, con la aprobación de los austriacos. Estas “legiones” polacas estaban destinadas a alzarse contra Rusia en el momento oportuno. Al estallar la guerra mundial, las “legiones” de Pilsudski sirvieron en el ejército austro húngaro y, cuando los rusos fueron expulsados de Polonia, las Potencias Centrales la declararon independiente, bajo su protectorado conjunto. Pilsudski accedió a dirigir un ejército, pero bajo la soberanía del estado polaco. Esto provocó que en julio de 1917, cuando ya Rusia estaba en medio de las convulsiones revolucionarias y no era un rival importante, los alemanes metieran a Pilsudski en prisión. Con la derrota de los Imperios Centrales, fue liberado en noviembre de 1918 y regresó a Varsovia como un héroe nacional. Aquí lo nombraron Jefe del Estado polaco.

El rápido colapso de los tres imperios citados, dejó un enorme vacío de poder en Europa del Este, creando por toda ella una gran inquietud política y étnica. En marzo de 1917, el gobierno provisional de Kerenski había reconocido la independencia de una Polonia formada por todos aquellos territorios del oeste de Rusia, con mayoría de población polaca. Pilsudski buscó rápidamente consolidar sus fronteras al este. Esto llevó a los polacos a un estado de guerra no declarada con los rojos. Y en 1920, ganada la guerra civil, Rusia estaba en condiciones de resolver su “cuestión del oeste”. Su intención político militar (de estrategia nacional o gran estrategia) era extender el comunismo por la Europa Central, tras aplastar a los nacionalistas polacos.

Dos grupos de ejércitos o “Frentes” rojos avanzaron hacia el oeste. El Frente del Oeste, al mando de Mijail Tujachevski, formado por cuatro ejércitos y un cuerpo de caballería, avanzó bordeando el norte de los pantanos del río Pripet, de extensión enorme y variable, según la estación del año. Por su lado sur, avanzó el Frente del Suroeste, formado por 2 ejércitos rojos y un cuerpo de caballería.

Las Hordas rojas aparecen en la Europa del Este.

El enemigo principal para los polacos era Tujachevski, de 28 años, considerado el mejor de los jefes militares rojos. Con una extraña y brillante personalidad, tenía un cierto gusto por la destrucción por sí misma (“la revolución y la lucha son fuentes de derecho”) y se convirtió en un entusiasta comunista. Su nostalgia por los días en los que los mongoles y tártaros invadían Europa, le llevó a nombrar a sus ejércitos como las “hordas”. E irónicamente eso eran. Tras años de lucha en las guerras mundial y civil, los rusos deseaban regresar a sus casas. Y sólo la brutal disciplina impuesta por un pequeño grupo de fanáticos, políticamente motivados, impedía que lo hicieran. En el cuerpo de oficiales había un gran número de antiguos oficiales zaristas, no necesariamente convertidos a la causa del proletariado, de cuya lealtad respondían sus familias. Su entusiasmo y, sobre todo, su iniciativa, siempre arriesgada, era la de los esclavos. También la calidad de los servicios logísticos y técnicos del ejército rojo, lo asemejaban a las hordas asiáticas. La jerarquía bolchevique justificaba inútil y dogmáticamente esta desventaja operativa, diciendo que “el esfuerzo revolucionario es impulsado por los fusiles del proletariado”. La impedimenta o tren de abastos de un ejército rojo consistía en miles de “carros del país”, requisados y encargados de llevar sus municiones y combustibles, con un tiro de uno o dos caballos Panje, los únicos capaces de soportar las penurias y trabajar en las peores condiciones geográficas. Para el resto de las necesidades de abastecimiento, las tropas tenían que arreglárselas en su procura. Esto creaba un problema añadido para Rusia: el avance de sus ejércitos esquilmaba su propia retaguardia operativa.

En enero de 1920, el mariscal Pilsudski contaba con un ejército de 110 mil hombres, organizados en 21 divisiones, 7 brigadas de caballería y la artillería de apoyo. Los hombres estaban motivados y eran guiados por sus mandos naturales, una parte de los cuales eran cuadros experimentados en la guerra mundial. Los polacos tenían falta de armamento y un déficit crónico en su remonta caballar.

Confirmadas las intenciones bolcheviques, Pilsudski lanzó un golpe preventivo, apoyado por fuerzas ucranianas blancas, destinado a ocupar Kiev, establecer una república ucraniana independiente y contar con un estado aliado, interpuesto a Rusia.

Pilsudski derrota a un Ejército del Frente del Suroeste.

El golpe principal se dirigió al XII ejército rojo, parte del Frente del Suroeste, que recibía sus abastecimientos desde Husiatin y Zhitomir, a unos 65 Km. de la frontera, defendida por una brigada de caballería. Pilsudski envió contra ella una fuerza combinada motorizada, estimando que su captura haría insostenible el despliegue enemigo. El “grupo móvil” al mando del coronel Biernacki, estaba formado por un escuadrón de vehículos blindados ligeros Ford T, el 1er. regimiento de infantería de la Legión, un escuadrón de caballería, una compañía de ingenieros y una batería, remolcada por camiones Daimler, de cañones Schneider de 75 mm. Para el transporte, disponían de unos 20 vehículos semiorugas Fiat y de unos 20 vehículos pesados Packard, con neumáticos sólidos. Al no ser suficientes, el 3er. batallón legionario tuvo que seguir a marchas forzadas.

A las 4:30 del 25 de abril de 1920, el 5º regimiento de la Legión atacó en Niesiolon las avanzadas de la caballería soviética, abriendo una brecha en el frente por donde se insertó el grupo móvil polaco a las 6:15. Éste se dirigió a Zhitomir, siguiendo una pista de tierra que discurría a unos 3 Km. al norte de la carretera pavimentada. A las 6:40 tuvieron un encuentro en Novo Rudra con la caballería roja, que fue barrida por las ametralladoras de los vehículos blindados de la vanguardia y se dispersó. Al este de la villa, la pista de tierra se deterioraba y surgió un problema para el avance del grupo móvil, al no ser operativamente compatibles sus distintos tipos de vehículos. Los pesados Packard, los de peor tracción, se hundían en el suelo y sus pasajeros tuvieron que caminar. Pronto se abrieron claros en la agrupación de marcha. Durante varias horas la columna se movió a una velocidad sostenida, pero baja, permitiendo que los Packard la alcanzaran.

Hacia las 15:00 los polacos estaban en Wilsk, a 55 Km. del sector de inserción y a 11 Km. de Zhitomir. En aquella villa se hallaban acantonados el 1er. regimiento de la 58ª división de infantería roja y un escuadrón de caballería. Sin avanzadas de combate ni ninguna disponibilidad combativa, fueron sorprendidos por los polacos. Mientras la infantería desmontaba de los vehículos y se desplegaba para el combate, los vehículos blindados se lanzaron hacia el centro de Wilsk. Y procedieron a batir con su fuego el lugar y a cazar a los asustados soldados, en fuga hacia Zhitomir. Por dos veces, los rojos intentaron reconquistar Wilsk, sin conseguirlo. Biernacki envió entonces a parte de sus transportes hacia el oeste, donde presionaba con éxito la “masa de apoyo” polaca, a por refuerzos. Al anochecer regresaron con el 3er. batallón del 5º regimiento de infantería de la Legión, pero ya el enemigo había desistido.

Hacia medianoche, Biernacki atacó Zhitomir. El batallón de refuerzo y la batería de 75 mm. atacarían la villa desde el oeste. Sus vehículos Fiat y el 1er. regimiento de la Legión lo harían desde el norte. Durante toda la noche, distintas unidades de las divisiones rojas 58 de infantería y 17 de caballería, en retirada desde el frente polaco, convergieron en Zhitomir y chocaron varias veces, sin trascendencia, con los dos destacamentos polacos. Hacia las 8:00 éstos penetraban en la villa, donde se enfrentaron a 2 tanquetas Renault FT (versión ametralladora), que fueron abandonadas por sus tripulaciones. A las 10:00 llegaron nuevos refuerzos, un batallón de la 3ª brigada de la 1ª división de la Legión, traídos por los “transportes en lanzadera” de Biernacki, y a las 11:00 la villa estaba ocupada. El grupo móvil capturó unos 1000 soldados, 2 tanquetas, 10 cañones, numerosas ametralladoras y gran cantidad de equipo enemigo.

La caída en paralelo de Husiatin, menos importante, al sur, desarticuló la retaguardia operativa del XII ejército, cuyas fuerzas restantes tuvieron que retirarse al este. El 7 de mayo, Kiev cayó en manos de los polacos. Pero Pilsudski había sobrestimado el entusiasmo de los ucranianos por los planes polacos e infravalorado la capacidad rusa.

El 14 de mayo, en su orden de marcha, Tujachevski arengaba a sus huestes: “En el Oeste se desconoce la significación de la revolución general. Por el cadáver de Polonia cruza el camino hacia el incendio mundial. ¡Marchemos a Vilna, Minsk y Varsovia!” El 15 de mayo ambos Frentes rojos lanzaron una potente contraofensiva. Zhitomir fue recuperada. Y, al norte de los pantanos del Pripet, en la Bielorrusia, el Frente del Oeste de Tujachevski presionó insistentemente y, para fines de julio de 1920, amenazaba con ocupar Varsovia. Una división de caballería, al mando del general Gaj-Chan, debía cruzar el río Vístula y atacar Varsovia desde el norte. Esta maniobra de envolvimiento simple ya había sido usada por el general Ivan Paskievicz, cuando el levantamiento polaco de noviembre de 1831, y terminó con la victoria rusa. Los 200 mil rusos de los 2 Frentes se enfrentaban en un vastísimo territorio “vacío de enemigos” a unos 150 mil polacos. Separadas las fuerzas por grandes distancias y protegidas por destacamentos de caballería de diferente capacidad. El mariscal Pilsudski recurrió a la movilización general, formando un ejército de unos 370 mil hombres sobre el papel, de los cuales sólo un tercio estaban realmente bien entrenados y equipados.

(CONTINUARÁ)

Las Amenazas de Corea del Norte a la Paz

¿Qué pasaría si lo inesperado sucediese y una guerra estallase en noreste de Asia?

Temiendo un colapso inminente de sus anquilosadas, ineficaces y obsoletas estructuras económicas, sociales y políticas, las autoridades del Partido de los Trabajadores de Corea (o Choson Rodongdang) y de sus Fuerzas Armadas (o Inmun Gun), pueden percibir como única salida a sus males y para lograr su supervivencia, el emprender una “guerra revolucionaria de unificación nacional”.

¿Qué posibilidades hay de que esto suceda? Seguidamente examinamos los parámetros del “problema norcoreano” y las vías de elaboración de sus conflictos.

La orografía norcoreana: el obstáculo natural a los despliegues y movimientos ofensivos de los modernos grupos de tareas de armas combinadas.

Corea es una península montañosa. Una cadena central la recorre de norte a sur, con alturas máximas superando los 2000 ms., configurando, especialmente en el norte, numerosos y estrechos valles. Éstos se orientan principalmente de noreste a suroeste y de norte y noreste a suroeste. Las llanuras se extienden al oeste de la península, hasta las costas del Mar Amarillo.

Los ríos Yalú, al oeste, y Tumen, al este, delimitan al norte del país sus fronteras con China. Los ríos Han, Hokanko, Kuiko y Rakutoco corresponden a los desagües occidental y meridional de la cordillera central. La vertiente oriental de las aguas no posee cursos de agua notables.

El clima de Corea del Norte es duro y extremado. Es muy similar al de Manchuria, con la que limita al norte. El sur de la península está sometido al influjo benéfico de los monzones y es más suave y húmedo.

Corea del Norte no presenta muchos terrenos favorables para las maniobras de las fuerzas mecanizadas. Éstas se ven fácilmente canalizadas por terrenos quebrados y de corto o medio dominio por la vista. Los obstáculos naturales pueden ser reforzados por abatis, cortaduras verticales, numerosos y pequeños campos de minas, etc. Son terrenos naturales para el empleo del rechazo antitanque, basados en los cohetes de carga hueca con variadas distancias eficaces de tiro, aderezado con una defensa móvil a cargo de unidades de infantería ligera. En apoyo, una artillería bien protegida y camuflada, con las avenidas de aproximación enemigas y los puntos importantes o singulares del terreno, registrados. Los flancos de las posiciones pueden apoyarse en los compartimentos del terreno que crean las líneas de alturas.

La Ideología y la Sicología Sociales de Corea del Norte.

Para prever el comportamiento aparentemente caprichoso y errático de las élites norcoreanas, es necesario conocer los parámetro ideológicos y sicológicos de una sociedad tan cerrada, catequizada y jerarquizada. El único precedente que se le acerca en el delirio de persecución, el estado totalitario férreo y la necesidad de la pureza ideológica, frente a las sucesivas divagaciones revisionistas, es la Albania del camarada Enver Hoxha. Y esos parámetros se derivan de los postulados marxistas leninistas, según interpretación y aplicaciones realizadas durante el régimen estalinista en la URSS.

Al que le parezca forzado e inalcanzable, por extraño, inhumano o paradójico, el entender a nuestro amigo Kim Jong-il, el “Amado Líder” o el “Sol del Siglo XXI”, le sugerimos que haga la prueba de entender realmente a los suicidas yihadistas islamistas. Que también están ahí, aunque más cerca de nosotros. Por último, la ideología comunista más rancia, puesta en escena por los norcoreanos, lleva al uso de expresiones y giros lingüísticos, inusuales e inexplicables en nuestras formas de expresión y pensamiento.

La dirección norcoreana aspira a la unidad absoluta de sus estrategias, su doctrina, su organización y sus planes. En la terminología norcoreana, el “monolitismo” representa una estructura político social como el granito, con absolutas homogeneidad interna y unidad de acción externa. “Estructura” carente de fisuras, a través de las cuales pueda penetrar el enemigo y dañarla. No existe una distinción significativa o radical entre la paz y la guerra en la estrategia nacional norcoreana. Ambas son “fases” de la política nacional, con diferentes participaciones del Inmun Gun. Así, las estrategias política, económica y militar son formas de la estrategia total norcoreana.

Consideran, derivándolo de la estrategia soviética estalinista, que la estrategia norcoreana posee una orientación y un estilo de planteamiento y elaboración para sus planes y decisiones. Su fundamento es el “supuestamente sensato y científico” cálculo de la “correlación de fuerzas” entre los norcoreanos y sus enemigos. Esa relación de fuerzas es un deliberado y calculado cotejo de las capacidades potenciales relativas entre ambos rivales, para las distintas situaciones de conflicto.

Así, las estrategias surcoreana o japonesa o estadounidense se describen como directamente opuestas a las virtudes norcoreanas. Recordemos que las virtudes son hitos de bondad y ejemplo permanentes, del pensamiento, de la cultura, del referente buen hacer, de una sociedad. Y valores son las cualidades apreciadas temporales o pasajeras de aquélla. Así, las determinaciones surcoreanas o estadounidenses son divagadoras y responden a espasmos aventureristas imperialistas y/o militaristas no científicos. En la práctica, bien sobrestimando sus capacidades o totalmente deficientes en los resultados obtenibles.

Los norcoreanos prefieren obtener sus objetivos por medios pacíficos. Pero el determinismo del materialismo dialéctico les lleva a considerar que las guerras son inevitables, mientras existan las clases sociales y las opresiones entre ellas. O, como en los últimos 50 años, estén ellos rodeado de estados capitalistas, sujetos a las fases sucesivas de crecimiento y decadencia. Las élites norcoreanas, con su sicología especial y distintiva como sustrato anímico vital y con su ideología y toda la parafernalia rimbombante donde se expresa, no se preguntan si tendrán o no un conflicto externo. Sino, ¿qué forma de conflicto es más ventajosa para nosotros para destruir al enemigo? Y, además, ¿quién puede triunfar sobre quién en cada caso?

Y consideran que, de acuerdo con las premisas y el desarrollo del materialismo dialéctico, que los sucesivos enfrentamientos de los opuestos sociales antagónicos (los que son incompatibles y/o no complementarios), que van surgiendo progresiva y sucesivamente, tal como describe el materialismo histórico, finalmente les darán la razón. Y la victoria, sobre los estúpidos y decadentes imperialismos yanquis y japonés. Para facilitar las cosas y como aproximación somera y pálida, podemos decir que el materialismo histórico es así como una descripción marxista de los acontecimientos o historia y que el dialéctico es así como una teoría científica de la creación, desarrollo y solución de los conflictos sociales (o sea, todos).

Los norcoreanos consideran que Marx había declarado a menudo que el ataque era la mejor forma de defensa. Y de esto arguyen que el Inmun Gun debe ser conducido por un principio operativo o estratégico ofensivo. Las razones, desde el punto de vista estalinista, para esta preferencia por la ofensiva, son las mayores iniciativa y actividad, al menos percibidas, que caracterizan al ataque. Y cuando es necesario asumir la defensiva, por aquello de la “relación de fuerzas” local o nacional o de oportunidad dialéctica, se exige la misma importancia a la actividad y a la determinación de los jefes y hombres involucrados. En todo esto subyace, a su vez, el carácter disciplinado y decidido, militante activo y comprometido, que suelen poseer y exhibir, como una orden militar atea, con votos a la causa del proletariado y al partido, los miembros de los Pe Ces. Al menos en los países donde no gobiernan.

Al apoderarse de la iniciativa y en su empleo vigoroso, los norcoreanos buscan controlar la actuación enemiga y aprovechar las numerosas ocasiones que surgen para imponer su voluntad al enemigo. Esto es claramente agresivo, pero, en parte, es también una reacción defensiva, ante la posibilidad de ser controlados desde fuera. Este temor a quedar dependientes y controlados es un factor muy importante en las conductas política y militar norcoreanas. Así, ese juego dialéctico lo están empleando en sus interminables negociaciones con los EEUU y en las rondas periódicas con los Seis. En el que siempre intentan adelantarse, sorprender y superar al “enemigo”.

Para controlar una situación y mantenerse sin desviaciones, por ocurrencias del azar o del enemigo, es necesario pensar y formular un plan. Y éste, en aras del monolitismo citado, debe también anular las desviaciones (o iniciativas) de sus mandos inferiores. E incluso se considera al azar menos peligroso, que caer en una posición de pérdida de la iniciativa, de dependencia o de mera reacción a los “movimientos” iniciados por el enemigo irreconciliable. De ello, podemos inferir, sin margen teórico de error, que el ataque de un submarino norcoreano a la corbeta surcoreana Cheonan, el viernes 26 de marzo en el Mar Amarillo, provocando su hundimiento y la muerte de 46 de sus 104 tripulantes, fue decidida y ordenada por el consejo de defensa norcoreano y por el Supremísimo.

La solución para resolver un antagonismo planteado, un dilema entre opuestos, es elaborar y realizar un plan “científico”, basado en los pronósticos teóricos y en la correlación de fuerzas probables. Las acciones sucesivas a realizar, deben ser impulsadas por un ímpetu especial, derivado del convencimiento de las superioridades moral y doctrinaria del marxismo leninismo. Parece tener un significado especial en su doctrina, la expresión hasta el fin o hasta el mismísimo fin. Así, debido a la manera de pensar norcoreana acerca de ganar al enemigo o ser derrotado por el, hay una fuerte tendencia a exagerar la necesidad de su “total aniquilación”. Es decir, de rematar una faena hasta el final, sin permitir la recuperación de su opuesto antagónico en ese conflicto.

(continuará)

La Blitzkrieg en su Teoría y Práctica II.

SEGUNDA PARTE. 

El Grupo de Ejércitos A del coronel general Gerd von Runstedt ataca la vulnerabilidad operativa crítica de los Aliados.

Antes del alba del 10 de mayo una imponente masa de blindados, se concentró en las fronteras con Bélgica y Luxemburgo. Al norte de Luxemburgo, en el primer escalón operativo se desplegaba el 19º Cuerpo blindado de Guderian (1ª, 2ª y 10ª divisiones Panzer) que sería el esfuerzo principal del sector de ataque de las Ardenas. Le apoyaba el 41º Cuerpo blindado del general George Hans Reinhardt, con las divisiones Panzer 6ª y 8ª, en un segundo escalón de reiteración de esfuerzos. En el tercer escalón operativo, con cometido propio y sin funciones de reserva, estaba el Cuerpo blindado del general Gustav von Wietersheim, formado por 5 divisiones de infantería mecanizada o motorizada, destinado a mantener y asegurar el sector de avance de los tanques y a limpiar las resistencias aisladas peligrosas, dejadas atrás por aquéllos. Estos tres Cuerpos blindados formaban un gran «grupo Panzer» al mando del general Ewald von Kleist, que nunca antes había mandado fuerzas blindadas, y que se integraba en el 12º Ejército del coronel general List (al norte, con 19 divisiones de infantería) y en el 16º Ejército (al sur, con 12 divisiones de infantería) del coronel general Busch. Ambos formaban la «masa de apoyo» o retaguardia operativa de los Cuerpos móviles mecanizados.

Frente a Bélgica, más al norte, se desplegaban las divisiones 5ª y 7ª Panzer (al mando del general Erwin Rommel) del 15º Cuerpo blindado del general Hermann Hoth, integrado en el 4º Ejército alemán, cuyo objetivo era cruzar el Mosa en Dinant y proteger continuamente el flanco norte del sector de avance de Guderian y Reinhardt, en su explotación operativa hacia el Canal de la Mancha, de los contraataques Aliados desde Flandes.

Los tanques de Guderian cruzaron a las 05:30 la frontera con Luxemburgo y al anochecer entraban en Bélgica. Durante la noche sus ingenieros o pioneros blindados abrieron varios corredores en los campos de minas belgas. Al atardecer del 11, la 1ª división Panzer alcanzaba Bouillon, que desalojó de fuerzas francesas en la mañana del 12. Esa tarde las divisiones Panzer 1ª y 10ª capturaron Sedán y ocuparon la ribera norte del Mosa. Von Kleist ordenó su cruce a viva fuerza para el día 13 a las 16:00 horas. Como apoyo aéreo Kleist insistió en un bombardeo masivo de la línea de defensa del río, integrado en el frente de rechazo como obstáculo principal cubierto. Guderian protestó, argumentando que, al cesar aquél, la artillería y las armas pesadas de infantería no destruidas les causarían graves pérdidas a sus infantes. Pero Kleist, en su primer gran enfrentamiento con él, rehusó cambiar su orden.

Sin embargo, durante el cruce, sólo unos pocos escuadrones de Stukas y bombarderos ligeros, bajo la escolta de cazas, aparecieron y realizaron continuas pasadas de precisión, reales y fingidas, sobre las posiciones protegidas de los franceses, obligándoles a abandonarlas y a protegerse. No teniendo tiempo ni medios disponibles para montar el bombardeo masivo, la Luftwaffe se acogió al plan de fuegos de neutralización acordado previamente con Guderian. La neutralización busca impedir al enemigo la ejecución de sus operaciones y funciones, durante el tiempo que dura nuestra acción. Es mucho más barata que la destrucción (imposible de lograr cuando se pretenden porcentajes muy elevados de daños y pérdidas) y es casi tan efectiva, teniendo en cuenta el rápido ritmo con el que se realizan las operaciones mecanizadas. El 1er. regimiento de infantería de la 1ª división pudo cruzar así con pocas pérdidas el Mosa y ocupar las alturas dominantes de la ribera sur. A medianoche había penetrado por su cuenta 10 Km. en esa dirección, estableciendo una cabeza de puente que protegiese el cruce de las unidades más pesadas de su división la mañana del 14, por los puentes instalados por los ingenieros.

Al mismo tiempo, la 10ª división cruzó el Mosa más al sur y se estableció en la defensa. El Cuerpo de Reinhardt lo hizo en Montherme, a 30 Km. al noroeste de Sedán, pero encontrando mucha resistencia enemiga, quedó bloqueado. La 7ª división de Rommel estableció también una cabeza de puente en Dinant, a 35 Kms al noroeste de Montherme.

Los franceses, muy alarmados, contraatacaron en la cabeza de puente frente a Sedán con su 3ª división blindada (excepto 150 tanques, que estaban distribuidos entre las 6 divisiones de infantería del 2º Ejército) en la mañana del 14. Simultáneamente, aviones franceses y británicos intentaron destruir los 2 puentes temporales alemanes sobre el Mosa. Aunque la Luftwaffe no dio cobertura aérea a la 1ª división Panzer, porque estaba ocupada en otras misiones previstas, las baterías antiaéreas de ésta, distribuidas en los puntos críticos de marcha de sus columnas, rechazaron a la aviación enemiga, que no los pudo destruir. Cuando los tanques franceses, muy lentos en su aproximación, llegaban a Bulson, en el límite sur de las posiciones alemanas, ya los tanques y los antitanques de la 1ª división reforzaban a su 1er. regimiento de infantería. Y se estableció un rápido rechazo antitanque en las avenidas enemigas, con los tanques como fuerza de contraataque. La 3ª división también atacó en Chemery, a 6,5 Kms al noroeste de Bulson. Ambos asaltos franceses precipitados fueron repelidos contundentemente con la pérdida de 70 tanques franceses, y los despojos de la 3ª división blindada retrocedieron, incapaces de emprender cualquier otra operación.

Con el fin de dar profundidad a la cabeza de puente, asegurándola definitivamente, esa mañana el regimiento de infantería «Gran Alemania» de la 1ª división y la 10ª división Panzer atacaron las alturas junto a Stonne, a 27,5 Km. al sur de Sedán. Como el Cuerpo de von Wietersheim ya llegaba, Guderian decidió reemprender su avance, dejando a los infantes mecanizados la responsabilidad de consolidar su sector de avance, con la ayuda temporal de la 10ª. La 1ª y la 2ª divisiones Panzer avanzaron ya en dirección oeste, rompiendo las débiles resistencias enemigas en su retaguardia operativa. La tarde del 14 la 1ª división tomaba Singly a 20 Km. al oeste de Chemery. «Yo nunca recibí órdenes posteriores sobre qué tenía que hacer, una vez que la cabeza de puente sobre el Mosa, en Sedán, fuera capturada. Todas mis decisiones, hasta que alcancé la costa atlántica en Abbeville, fueron mías y sólo mías. El Alto Mando alemán solamente tuvo una influencia restrictiva en todas mis acciones», escribió posteriormente Guderian.

Las ondas de conmoción creadas por la ruptura del frente en varios puntos, muy exagerada por la plétora indebida de «malas noticias no contrastadas», como justificantes de la ruptura, alcanzaron al general André Corap, jefe del 9º Ejército francés, situado el noroeste del 2º Ejército, a partir de Montherme, que ordenó su repliegue general a una nueva línea de resistencia, rápidamente creada, a unos 25-30 Km., según los sectores, al oeste del Mosa. Esta marcha francesa retrógrada desbloqueó al Cuerpo Panzer de Reinhardt, contenido en Montherme, cuyas columnas de marcha pronto desbordaron por el norte, un flanco libre expuesto, la nueva línea francesa. Además, la 1ª división se hallaba, como vimos, muy cerca de sus posiciones.

Al norte, el avance del Cuerpo Panzer de Hoth (4º Ejército) se anticipó al contraataque francés hacia Dinant, a cargo de la 1ª división blindada (150 tanques) y la 4ª división de infantería norteafricana. Los tanques franceses se quedaron sin combustible en su avance al encuentro y sólo unos pocos entraron en acción, mientras que la división norteafricana, estorbada en su despliegue por las columnas de civiles que atestaban los caminos y sin tanques de apoyo, fue arrollada por los blindados alemanes.

En estos momentos de avance imparable de sus tanques (día 15), a Hitler, lejano en Berlín, le entraron los miedos sobre sus propios osados planes y solicitó a su también nervioso Alto Mando la detención inmediata de los tanques. Hasta que la infantería del 12º y del 16º Ejércitos los alcanzase y pudiese proteger sus vías de abastecimiento y reposición de efectivos hasta Alemania. Von Kleist, sin explicaciones, le dio a Guderian la orden de detención. Éste, tras mucha argumentación, logró la autorización para avanzar durante otro día, para obtener espacio para el despliegue de la infantería. Su 1er. regimiento de infantería alcanzó Bouvellemont, a 37 Km. de Sedán, donde encontró una seria resistencia. Este regimiento estaba agotado, sin descanso real desde el día 9 y los hombres, escasos de municiones, se dormían en sus pozos de tirador. Pero su jefe, el teniente coronel Hermann Balck, los galvanizó cuando les dijo a sus oficiales: «en todo caso, yo asaltaré solo el pueblo» y se puso en marcha. Los infantes le siguieron y tomaron Boullemont. Al anochecer del 16, las unidades de vanguardia de Guderian estaban en Marle y Dercy, a 90 Km. de Sedán.

Guderian, creyendo que sus avances habían calmado los miedos de von Kleist, comunicó a su Cuartel General su intención de proseguir la ofensiva el 17. Esa mañana a las 07:00, Kleist llegó en su avioneta a verle y le echó una reprimenda por haberse extralimitado en sus órdenes. Guderian le presentó su dimisión y Kleist, aunque desconcertado, le ordenó ceder el mando al general más antiguo del Cuerpo Panzer. Guderian comunicó al Cuartel General de von Rundstedt, jefe del Grupo de Ejércitos A, que había dejado el mando y que se trasladaba a allí en avión para explicar lo sucedido. En sólo unos minutos recibió la orden de permanecer en el frente y se le informó que el comandante del 12º Ejército acudiría a verle. El coronel general List aterrizó en unas horas, le aclaró que la orden de parar los tanques procedía del Alto Mando y rechazó su dimisión. Asimismo, Wilhelm List, en la línea de Guderian de proseguir la ofensiva, le autorizó a realizar un reconocimiento en fuerza.

Utilizando un tecnicismo de operación sin objetivos en su siguiente orden general, Guderian embistió con su Cuerpo Panzer y la noche del 17 la 10ª división ocupaba una cabeza de puente al oeste del Oise, a más de 110 Kms de Sedán, irrumpiendo fácilmente en el sector de 40 Kms de frente ocupado defensivamente por la 2ª división blindada francesa. El 18, la 2ª división Panzer alcanzaba San Quintín, en el Somme, y el 19, la 1ª división tomaba al sur de ese río, junto a Péronne, a 160 Kms de Sedán, otra cabeza de puente. Guderian confiaba, en su asunción de riesgos calculados, en la doctrina francesa ya citada, de no emprender operaciones sin precisar la posición enemiga. La velocidad de su ofensiva excluía simplemente la posibilidad de un contraataque importante. Y hacía, a los ojos de los franceses, percibir unidades Panzer por todas partes. Cerca de París, a unos 120 Kms al sur, se habían concentrado 8 divisiones francesas, que no intentaron ningún ataque, incluso contra el flanco sur de su sector de avance, a duras penas ocupado con retraso y protegido por las infanterías mecanizada, motorizada, hipomóvil y pedestre del 12º y del 16º Ejércitos, que iban cerrando filas como podían.

El día 19, parte de la 4ª división blindada francesa, a las órdenes del general Charles de Gaulle, contraatacó desde el sur a los blindados alemanes y fue severamente rechazada junto a Laon.

Los franceses habían dilapidado 4 divisiones blindadas en contraataques tácticos locales, dispersos e inconexos, que nunca amenazaron operativamente el avance del «Cuerpo blindado» de Kleist, o en posiciones defensivas aisladas. Malgastando su capacidad de contraataque potente, rápido y sorpresivo desde su profundidad operativa. En el frente belga, los tanques de Hoppner habían vapuleado a las 3 divisiones mecanizadas francesas en Gembloux. Posteriormente, el 19 de mayo, éstas recibieron la orden de contraatacar sobre Cambrai y San Quintín. Ataque que no pudieron realizar porque muchos de sus restantes tanques fueron dispersados para apoyar a la infantería. Como dijimos al principio, los británicos también dispersaban sus unidades blindadas en apoyo de su infantería y su 1ª división blindada sólo embarcó para Francia después del 10 de mayo.

El 20, la 1ª división Panzer capturó Amiens y ocupó una cabeza de puente de más de 6 Km. sobre el Somme. Esa tarde la 2ª división Panzer alcanzaba Abbeville y un batallón de infantería atravesaba Noyelles y alcanzaba la costa atlántica. Al cabo de sólo 10 días de ofensiva los Cuerpos móviles alemanes, explotando la retaguardia operativa enemiga, habían cortado en dos al Ejército francés. Dejando aislado de aprovisionamientos y de reequipamiento de unidades al más poderoso despliegue francés en Flandes.

El contraataque británico en Arrás.

Allí los Aliados habían retrocedido hasta una nueva línea defensiva siguiendo el río Scheldt, con su flanco sur sobre Arrás, a sólo 40 Kms. de Peronne, en el Somme, abandonando Bruselas. A través de este estrecho corredor pasaban los abastecimientos para los alemanes, cuyos tanques se encontraban ahora en su mayoría al oeste de esa línea imaginaria. Si los Aliados pudieran cortarla, estrangulando el corredor, y dada la paranoia latente en el Alto Mando alemán, aún podrían causar un serio revés a los planes alemanes. El jefe de la FEB, Lord Gort, ordenó ese contraataque desde Arrás el 21. Por las prisas (estaban aislados ya), éste se redujo a un asalto con 58 pequeños tanques Modelo I y 16 Matildas (los únicos verdaderamente útiles por su blindaje casi impenetrable y su cañón de 40 mm.), apoyados para la lucha a las distancias cercanas por 2 batallones de su 50ª división de infantería, con muy poco apoyo artillero y sin apoyo aéreo.

Recordamos que el Cuerpo blindado del general Hoth (5ª y 7ª divisiones Panzer), integrado en el 4º Ejército alemán, tenía como objetivo operativo proteger el flanco norte del sector de avance de Guderian y Reinhardt. La 7ª división de Rommel había llegado al sur de Arrás y el 21 giraba al noroeste en torno a ella, mientras la 5ª división Panzer presionaba desde el este de la ciudad. El 25º regimiento Panzer de Rommel (con menos de la mitad de sus tanques, por las averías y las pérdidas) iba en la primera agrupación de marcha, cuando, hacia las 15:00 horas, una columna de infantería y de artillería, donde marchaba Rommel, fue atacada a unos 8 Km. al sur de Arrás por los tanques británicos. Éstos pusieron a la mayoría de las piezas alemanas fuera de combate e invadieron sus posiciones. Y sólo fueron detenidos por la artillería pesada y por los antiaéreos de 88 mm., que Rommel desplegó precipitadamente como antitanques. Gracias a este fuego directo pesado, la fuerza británica fue rechazada con la pérdida de 36 tanques. Mientras, el 25º regimiento Panzer, llamado por radio urgentemente, giró al sureste y contraatacó de flanco y de revés a los tanques, artillería e infantería británicos, rompiendo su despliegue. Los alemanes perdieron más de 15 tanques (9 de los modelos III y IV) y los británicos, 6 piezas antitanque y 7 Matildas. Los británicos retrocedieron y no volvieron a intentar atacar. Pero su mediocre contraataque aturdió al general von Rundstedt, que volvió a temer que sus tanques fueran aislados y batidos por partes. Y sus miedos alimentaron los de Hitler. Por su parte, Rommel, también afectado, en su informe de combate habló del ataque de «cientos de tanques enemigos», para explicar la insignificante detención sufrida

La mediocre eliminación del embolsamiento Aliado en Flandes.

El día 21 Guderian giró al norte desde Abbeville y la costa, buscando los puertos del Canal y la retaguardia operativa, constreñida y funcionalmente debilitada, de la BEF, los franceses y los belgas, que seguían presentando batalla, en dirección este, al grupo de Ejércitos B del coronel general von Bock. El Cuerpo Panzer de Reinhardt le siguió. El 22 Guderian aisló Bolougne y el 23, Calais. A continuación alcanzó Gravelinas, a 15 Km. de Dunkerke, el último puerto belga desde donde los Aliados podían evacuar a sus tropas del continente. También Reinhardt llegó al canal del Aa, que iba desde La Basee hasta Gravelinas, en St. Omer, a unos 30 Km. de Dunkerke. En esos momentos, los Cuerpos blindados 19º y 41º con 5 divisiones Panzer debilitadas, pero activas, conservando el orden de batalla y con la moral muy alta, se encontraban mucho más cerca de Dunkerke que la mayor parte de las fuerzas aliadas en Flandes. Éstas continuaban presentando un frente de rechazo improvisado, ante la presión desde el este del grupo de Ejército B de von Bock.

A pesar de esto, cuando Hitler visitó el cuartel general de von Rundstedt en la mañana del 24, éste le trasladó una impresión algo sombría. Extendiéndose demasiado en las pérdidas de tanques y temeroso de que sus fuerzas, extendidas por todo el norte de Francia, desde Sedán, pudieran ser atacadas simultáneamente desde el norte y el sur por los franceses. Esto reforzó los miedos de Hitler, nervioso desde el día 15, de que los tanques pudiesen empantanarse en las marismas de Flandes. Realmente los planes de Manstein habían funcionado, los alemanes estaban ya libres de peligro y los tanques podían evitar en su avance las zonas pantanosas, porque no eran continuas. El miedo de Hitler surgía de que aquello era demasiado bueno y había sido relativamente fácil conseguirlo.

Cuando Hitler regresó a su propio cuartel, habló con Goering y éste le aseguró que la Luftwaffe podría fácilmente evitar una evacuación aliada por Dunkerke. Entonces el Fuehrer habló con el jefe del Ejército, von Brauchitsch, y ordenó un alto de los blindados en la línea del canal del Aa. Cuando Rundstedt protestó, se le confirmó la detención y se le dio permiso sólo para reconocimientos y acciones de seguridad, más allá de la línea. Allí los tanques alemanes esperaron durante 3 días, mientras los restos de la BEF y de los Ejércitos franceses 1º y 7º corrían hacia Dunkerke para evacuar. En torno a la ciudad crearon una posición fortificada bien defendida. Protegiendo la salida por mar, entre el 26 de mayo y el 4 de junio, de 338 mil hombres sin armas pesadas, incluyendo 120 mil franceses. Sólo quedaron atrás unos pocos miles de franceses, que defendieron la retaguardia de marcha hasta el final.

Goering tardó más de lo debido en montar la ofensiva aérea. Hasta la tarde del 29 no comenzaron los ataques importantes y hasta el 2 de junio no se suspendió la evacuación a la luz del día. La RAF estaba superada en número de cazas y los suyos no podían permanecer mucho tiempo sobre el puerto, por lo que su protección fue deficiente. Pero también las explosiones de las bombas alemanas eran absorbidas en gran parte por la arena. Y el mayor daño de los bombarderos alemanes los recibieron la flota de evacuación (unas 860 naves de todas clases), que perdió 8 buques de transporte y más de 200 naves menores, y la de protección, que perdió 6 destructores británicos.

Se ha dicho, en base a un comentario suyo durante su visita a von Rundstedt, que Hitler deliberadamente no destruyó la BEF para facilitar la paz. Porque sólo deseaba el reconocimiento británico de la preponderancia alemana en el continente. Si fue así, Hitler falló miserablemente. Y además, no conocía la Historia. El eje de estratégico y político de las Guerras Napoleónicas es la lucha por la supremacía o la supervivencia, según los momentos, entre Gran Bretaña y Francia, a principios del siglo XIX. Gran Bretaña no toleraba un poder preponderante o dominador en Europa. Y participó o inspiró todas las coaliciones antifrancesas del período histórico citado.

Cuando el 26 el Canciller levantó su orden, los tanques alemanes se encontraron con un frente fortificado antitanque, apoyado por artillería, que los detuvo. Pronto el «grupo Panzer» de von Kleist recibió la orden de dirigirse al sur y cruzar el Somme, para atacar al resto de las fuerzas francesas en su país. La infantería de von Bock recibió la orden ocupar Dunkerke, después de la marcha de los Aliados.

El final de la campaña más famosa de la Blitzkrieg.

El desenlace en Francia fue rápido (el 5 de junio comenzaron los avances y el 14 entraban en París los alemanes) y consecuencia de esta campaña. En 3 semanas los alemanes habían hecho más de un millón de prisioneros, eliminando a los Ejércitos holandés y belga, a un tercio del Ejército francés (30 divisiones), incluyendo a la mayor parte de sus unidades móviles, y a parte de la BEF, capturando todo su equipo pesado, y con un coste de 60 mil hombres.

La Línea Maginot colapsó rápida y fácilmente, atacada por su retaguardia. Y, aunque no todas las rupturas del frente del norte de Francia fueron fáciles, los tanques alemanes sí que realizaron la explotación casi sin interferencias por la extensa campiña francesa.

En menos de mes y medio todo había acabado en el Frente del Oeste. Lo cual destacaba profundamente con los 4 años de guerra semi estática y muy sangrienta y costosa en la I Guerra Mundial. La movilidad operativa de una capacidad de combate suficiente, producía unos beneficios sorpresivos y poco estimables a priori.

 

La Blitzkrieg en su Teoría y Práctica.

La Blitzkrieg o Guerra Relámpago Alemana se pone a Prueba contra un Enemigo Superior en Medios: la Campaña del Benelux y Francia de 1940.

Introducción. Interés de la Campaña de Francia para el Estudio de la Guerra Mecanizada Alemana.

Las campañas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial siguen atrayendo hoy en día el interés de los estudiosos y aficionados. Una de las más completas e interesantes es la campaña de Francia de la primavera de 1940. ¿Por qué? Porque salió redonda y es fácil de seguir y apreciar. Sus objetivos estratégicos se cumplieron, con la rendición francesa y el “crushing out” de la BEF. Aunque se salvaron muchos soldados británicos, su armamento pesado se quedó en Francia. Se llevaron el armamento personal. De no ser por el obstáculo del mar, los alemanes hubieran invadido las islas. Aquí, los alemanes comprobaron que, cuando derrotaron al BEF y al Grupo de Ejércitos francés en el Benelux, en una gran campaña de  6 semanas, se les abrieron las puertas de Francia y su rápida ocupación para fines de junio de 1940.

En la Operación Barbarroja los alemanes invadieron en ancho frente la URSS, siguiendo tres grandes líneas operativas: hacia Leningrado, Moscú y Ucrania. Se les acusa de haber fallado por no perseguir un objetivo definido, por ejemplo, Moscú, la capital. Realmente tenían un objetivo muy Clausewitziano: el Ejército Rojo. Que estaba desperdigado, en un principio, demasiado cerca de la frontera con Europa y que surgía luego, casi inagotable, de las profundidades de Eurasia. El Ejército Rojo no podía ser derrotado en una gran batalla de cerco y aniquilación. Sino en una larga y costosa logísticamente campaña operativa de sucesivas batallas oportunas, guiadas por la doctrina de la guerra mecanizada. En la que los tanques eran un arma más, la más lucida, dentro del conjunto de armas combinadas. Una prueba de esto es la retirada temporal del cuerpo Panzer de Heinz Guderian del avance en dirección Moscú, para que ayudara a la liquidación del gigantesco cerco de tropas rojas en Ucrania, junto a Kiev.

Además, los alemanes no querían dejar atrás grandes entrantes enemigos en sus zonas conquistadas. Desde donde les pudieran lanzar contraataques tácticos u operativos a sus líneas de abastecimientos o cercar algunas de sus unidades con menos disponibilidad combativa. En una guerra de exterminio como fue la guerra en el Este, la caída de Moscú no hubiese supuesto, por sí misma, la rendición de la URSS. Moscú era un objetivo operativo muy importante, por ser el centro de comunicaciones por carretera y ferrocarril vital al este de los Urales.

Conceptos operativos de la Blitzkrieg.

El concepto básico de la guerra de tanques (que formaban el núcleo de un nuevo sistema táctico y operativo de armas combinadas) o blitzkrieg o guerra rápida moderna era concentrar aquéllos para el ataque. Y hacerlo en 2 o 3 sectores pequeños (del orden de un par de Km. de ancho) y cercanos, en una zona elegida (de unos pocos Km. de ancho) de un frente enemigo generalmente estable, para garantizar su ruptura. Los varios sectores permitían confirmar ésta y apoyarse en la operación, frente imprevistos. Se procuraba que el terreno fuese favorable al movimiento de tanques. Es decir, sin cortaduras, obstáculos, quebradas, bosques o zonas urbanizadas (viviendas y fabriles). Y que fuera suavemente ondulado y con amplio control por las vistas. La ruptura debía producirse en las primeras horas del ataque.

A continuación, se le daba a ésta una amplitud suficiente, para permitir el tránsito propio necesario. Y se aseguraban sus flancos en toda la zona táctica de la posición enemiga (hasta los 10 o 12 Km. de profundidad en ésta). Entonces, se penetraba, con las unidades de tanques medios y de infantería mecanizada, debidamente apoyadas por la artillería remolcada y la aviación, a la mayor velocidad posible en la zona operativa enemiga.

En el interior de ésta se buscaba un nuevo objetivo operativo.

Bien era el cierre de una penetración envolvente, que cercase un número significativo de fuerzas enemigas. Cuya liquidación por partes correspondía luego al grueso de las unidades propias más lentas. Muchas veces, como mucho, éstas eran hipomóviles. Y seguían como podían tras las unidades blindadas más rápidas, para sellar los flancos de los sectores de avance y formar los anillos exterior e interior del cerco.

O bien era alcanzar unas posiciones estratégicas u operativas (una ciudad, un río, una línea de alturas, una posición de defensa no debidamente fortificada y guarnecida), antes de que el enemigo fuese capaz de establecer en su camino de avance, una nueva línea defensiva para protegerlas o de ocupar en fuerza dicha posición.

La evolución y el desarrollo de las teorías militares en el período de entreguerras mundiales.

Después de la I Guerra Mundial, la mayoría de los generales de todos los países estaban obsesionados por sus recuerdos de la enorme capacidad defensiva desarrollada por el conjunto de las trincheras y fortificaciones y las alambradas protectoras y la capacidad de fuego de las ametralladoras y la artillería pesada y de campaña. Este binomio «integrado de fuego y protección» había llevado a las tablas durante varios años, el desarrollo de la guerra en el frente del oeste de Europa. A pesar de la atrición casi insoportable de hombres y el desgaste enorme de medios sufridos por todos los rivales.

Convencidos de que la siguiente guerra sería cualitativamente semejante, los generales franceses se concentraron en hacer la guerra defensiva, más segura y fuerte. De estas ideas nació el mayor sistema defensivo en la historia moderna, la Línea Maginot: una serie poderosa de fortificaciones y casamatas profundas, extensas e interconectadas, con sus sectores de fuego superpuestos y hacia su frente este. Y que se extendían por toda la frontera franco alemana. Así, suponían que sería impenetrable a un ataque frontal alemán. Se les olvidó extenderla hasta Holanda, teniendo en cuenta el antecedente de que Alemania, ya no había respetado la neutralidad de Bélgica y de Luxemburgo en 1914.

La doctrina militar francesa determinaba que las operaciones de defensa y de ataque se desarrollaran conforme a una planificación rigurosa y metódica. Y de acuerdo con la situación «observada (exploración) y apreciada» (inteligencia). Esto suponía la exigencia de un conocimiento amplio, suficiente de los medios (casi su orden de batalla) y de las intenciones del enemigo, para tomar una decisión de acción. Nada podía ser dejado a la improvisación. Y se despreciaba el aprovechamiento de la oportunidad operativa o táctica, que es siempre fugaz. Esta teoría favorecía la mentalidad práctica defensiva y pasiva.

Las mayores distinciones tras la I Guerra Mundial entre los alemanes por un lado, y los franceses y los británicos por el otro, estaban en sus distintas visiones militares o doctrinas y en los distintos énfasis que pusieron en el desarrollo de sus fuerzas de tanques durante el período de entreguerras.

Francia y Gran Bretaña estaban convencidas de la idea de una guerra futura donde la defensiva sería la forma de lucha más fuerte. Así, construyeron un número significativo de «tanques para la infantería». Éstos eran lentos, de corta autonomía, muy blindados y pesados. Estaban destinados a apoyar con su fuego directo, el asalto siempre deliberado de la infantería, en un avance por saltos cubiertos y sucesivos, sobre las posiciones preparadas del enemigo. Y debían ser capaces de resistir el continuo y preciso fuego pesado de la artillería enemiga. Según estas ideas, los tanques fabricados fueron destacados en su casi totalidad entre las divisiones de infantería existentes. Puesto que no se concebía que actuasen independientemente o como núcleo principal de alguna fuerza de estructura diferente a las existentes.

A diferencia de ellas, Alemania escogió desarrollar un tanque rápido de blindaje menos masivo. Con la idea de que la velocidad era el factor eficaz, que debía predominar en su balance clásico con el blindaje y el armamento principal. El Panzer I estaba armado sólo con dos ametralladoras, mientras el Panzer II portaba un cañón de tiro rápido de 20 mm. y una ametralladora. Después, el Panzer III llevaba un cañón de 37 mm. y el Panzer IV ya tenía un cañón corto de 75 mm.. Pues se habían dado cuenta de que, no sólo había que alcanzar o desbordar al enemigo. Sino que también había que poder hacerle un daño suficiente a sus tanques y a sus posiciones cubiertas de tiro tenso. La velocidad máxima en vías de firmes estables superaba los 40 Km. por hora en todos los modelos. Además, los alemanes poseían mejores comunicaciones por radio entre los tanques y sus jefes. Y las ópticas de sus miras permitían el tiro con gran precisión. Las ópticas francesas eran malas y sus vehículos carecían de radio, por lo que los comandantes sólo podían ordenar cambios de dirección, deteniendo su vehículo y señalándolo manualmente. Además, los jefes de tanque franceses estaban sobrecargados de funciones, al ocupar ellos solos las torretas.

En cuanto a la nueva arma aérea, tanto los vencedores como los perdedores en la I Guerra Mundial investigaron sobre todos los tipos de aeronaves. Sin embargo, los teóricos y técnicos alemanes le dieron preferencia a los aviones de apoyo directo, que pudieran colaborar y aún complementar a la artillería en el plan de fuegos de sus ataques tácticos. Por su parte, los norteamericanos y los británicos, siguiendo más las teorías del italiano Douhet sobre la importancia propia del arma aérea y de los bombardeos de saturación sobre núcleos civiles, centraron sus esfuerzos en los aviones de bombardeo estratégico. Así, los alemanes construyeron el Junkers 87B «Stuka», un bombardero en picado que atacaba con extraordinaria precisión los objetivos enemigos duros en el campo de batalla: fortificaciones, posiciones de tiro y vehículos. Y los norteamericanos y los ingleses desarrollaron aviones cuatrimotores de gran autonomía como el B-17 y el Lancaster, respectivamente.

La teoría de la Blitzkrieg se forma. Aparece la amenaza de una nueva Gran Guerra.

En Alemania había surgido un concepto radicalmente diferente para el uso de los tanques, estimulado por las ideas del capitán Liddell Hart y del mayor general John Frederick Charles Fuller, ambos británicos. Hacia 1929, el mayor teórico alemán sobre tanques, el entonces comandante Heinz Guderian, estaba convencido de que los tanques, la nueva arma proporcionada por la tecnología moderna, jamás podrían lograr una importancia decisiva en su empleo, mientras fuesen empleados solos o como apoyo de la infantería escasamente motorizada de la época. Era un error, insistía Guderian, dispersar los tanques en pequeñas unidades blindadas, subordinadas a las divisiones de infantería existentes. Él creía que los tanques tenían que ser apoyados por la artillería remolcada y acompañados por infantería mecanizada con capacidad de cruzar campo a través a velocidad adecuada. Así, ambas armas podrían mantener el paso con los tanques y colaborar con ellos en la ruptura, la irrupción y la lucha en el interior de las posiciones enemigas. Ya que los británicos y los franceses habían dispersados sus tanques en sus divisiones de infantería, Guderian resaltaba que los alemanes podrían lograr una decisiva e incuestionable superioridad sobre sus enemigos, concentrando sus blindados en una zona escogida y estrecha del frente.

Guderian tuvo grandes dificultades para convencer a los Altos Mandos alemanes de estas ideas. Recordemos que la mayoría de los generales alemanes procedían de la infantería. Pero, gracias al entusiasmo profesado por Adolf Hitler, que llegó a la Cancillería en 1933, por los tanques y, en general, por las innovaciones militares, para 1936 en el Ejército alemán se habían formado 3 divisiones blindadas o Panzer y 3 divisiones ligeras, que contaban con algunas unidades de tanques. Y además, 4 divisiones de infantería mecanizada o granaderos Panzer, destinadas, de momento, a la lucha en terrenos de mala transitabilidad o de corto dominio por la vista (véase más arriba su descripción), donde los tanques apoyaban directamente por el fuego a la infantería. Es de señalar que en esa época no existían aún los frentes o zonas antitanques, desarrollados para contrarrestar operativa o tácticamente la Blitzkrieg. Durante la invasión de Polonia en septiembre de 1939, los alemanes vieron que las divisiones ligeras carecían de potencia suficiente, dilapidando así los costosos recursos blindados. Y las transformaron en divisiones Panzer. Para 1940 los alemanes contaban con 10 divisiones Panzer,  cada una con dos grandes regimientos de tanques, integrados por 3 batallones Panzer. Estas divisiones blindadas contaban orgánicamente con un regimiento de infantería mecanizada (o motorizada) y con un regimiento de artillería autopropulsada (o remolcada). Iban apoyados por un batallón mecanizado de exploración, otro de ingenieros y uno de antitanques, lo cual le daba una capacidad de combate muy balanceada. Aquéllas eran apoyadas por cierto número de divisiones mecanizadas o motorizadas (con camiones). Ya que los vehículos de transporte «todo terreno» para la infantería eran muy caros y, por tanto, particularmente escasos. Esta precariedad de vehículos «blindados» de combate para la infantería siempre existió durante toda la guerra. De hecho, los rusos carecieron de ellos, pero la ganaron.

Las mejores divisiones del Ejército francés (39 divisiones integradas en 3 Ejércitos, incluyendo 3 divisiones de caballería convertidas en «ligeras mecanizadas», con 200 tanques cada una) y la fuerza expedicionaria británica, la FEB, con 12 divisiones, se mantenían en la Picardía y en Flandes, entre los ríos Mosa y Escalda y el canal de la Mancha, orientando al noreste su despliegue. Por su parte, las fuerzas belgas y holandesas se desplegaban para defender sus fronteras al este. El frente de rechazo, que incluía la línea Maginot, era muy potente. Incluyendo las fuerzas de guarnición de las obras defensivas y una importante masa de maniobra de contraataque, situada en su retaguardia operativa , tenía 41 divisiones del Ejército francés.

Todo ello indicaba que los Aliados esperaban que los alemanes volviesen a aplicar el «plan Schlieffen modificado» de la I Guerra Mundial. Y por ello intentaban con su despliegue más activo y potente, oponerse frontalmente al conocido movimiento alemán de flanqueo, a través de Bélgica y Holanda, para entrar en Francia. El Alto Mando francés no consideraba la menor alternativa al citado plan de ataque alemán. Esto creaba un «gozne» en el despliegue total francés. Era una vulnerabilidad crítica operativa de las fuerzas aliadas, en la amplia zona entre Verdún y Charleville. Y que estaba descuidada. Ni siquiera una reserva suficiente del Ejército de Flandes y Picardía, la ocupaba o defendía. Todo ese largo sector estaba a cargo del 2º Ejército francés, integrado sólo por 6 divisiones mediocres de infantería (ya que la mayoría de los hombres eran reservistas), insuficientemente dotadas de piezas antitanques y antiaéreas, y 2 divisiones de caballería, inútiles contra los tanques. Así protegían este «flanco expuesto» de su despliegue.

En noviembre de 1939 el general Erich von Manstein invitó al ya general de tropas blindadas Guderian a que se entrevistara con él. Manstein le comentó sus ideas de intentar en el ataque contra Francia una variación muy importante, decisiva, del «plan Schlieffen». En forma de una potente ofensiva con tanques en dirección a Sedán, cruzando Luxemburgo y el sur de Bélgica. Que lograría una ruptura de la prolongación de la defensa francesa al norte de la línea Maginot y que dividiría en dos el despliegue del Ejercito francés. Manstein le solicitó su opinión de, si los terrenos de paso y cruce elegidos podrían ser utilizados por los tanques en su rápida marcha. Tras un estudio de sus mapas y con sus propios recuerdos del terreno en la I Guerra Mundial, Guderian le contestó que las operaciones podrían llevarse a cabo y que él recomendaba la máxima concentración de las divisiones blindadas y motorizadas alemanas en esa dirección. Tras muchos inconvenientes, Manstein tuvo la suerte de ser recibido por Hitler y pudo exponerle sus ideas el 17 de febrero, con motivo de su nombramiento como jefe de un Cuerpo de Ejército de infantería. A Hitler no sólo le gustó el plan de Manstein, sino que le pareció que si sus generales principales dudaban de él, mucho menos lo entenderían los anticuados generales enemigos. El «plan Manstein», el que se probó como eficaz «golpe de guadaña», siguió entonces un largo camino de estudio y duras discusiones. Incluyendo 2 juegos de guerra realizados los días 7 y 14 de febrero de 1940, antes de su aprobación final.

Inicio de la campaña en el Oeste.

La campaña en el Oeste fue muy rápida y decisiva. Alemania, con menos hombres y tanques que sus enemigos, derrotó a los Ejércitos francés y británico en 6 semanas. Y forzó a los británicos a escapar tan apresuradamente desde Dunquerque, que tuvieron que abandonar en el continente prácticamente todo su armamento no personal. La victoria resultó aún más señalada porque fue conseguida principalmente por una pequeña fracción del Ejército alemán, sus 10 divisiones Panzer con unos 2600 tanques (sus enemigos contaban con 4000 tanques y vehículos blindados), con la ayuda de la aviación de apoyo, singularmente los Stukas. Si no hubiera sido por el obstáculo marino del Canal de la Mancha al tránsito de fuerzas terrestres y la incapacidad de la Luftwaffe para lograr el control aéreo en la nueva zona de operaciones, Alemania hubiera conquistado rápidamente Gran Bretaña.

La ofensiva se inició en el norte el 10 de mayo, a cargo del grupo de Ejércitos B del coronel general Fedor von Bock, formado por los Ejércitos 18º (von Klucher) y 6º, integrados por 29 divisiones, incluyendo 3 divisiones Panzer. Ésta era, para los Aliados, la principal fuerza operativa alemana. Sus impresionantes acciones y resultados aseguraron la atención de los Aliados hacia Holanda y el norte de Bélgica durante días. Las operaciones aerotransportadas fueron decisivas en ambos casos. Una división de paracaidistas (4000 hombres) y otra de infantería aerotransportable (12000 hombres) intentaron asaltar y tomar La Haya y fracasaron. Sin embargo, pudieron ocupar los puentes de acceso a Rotterdam, Dordrecht y Moerdyk y mantenerlos, hasta que la 9ª división Panzer, la única destacada contra Holanda, cruzando rápidamente el país desde la frontera alemana, las alcanzó y reforzó. Abrumados por estas espectaculares y atrevidas acciones, los holandeses se rindieron al 5º día de lucha, aunque su frente de defensa al este permanecía aún firme.

Más al sur, el 6º Ejército alemán debía cruzar el Mosa junto a Mastrich (Holanda) y girar entonces sobre Bruselas. Como fuerza de ruptura y «grupo móvil» de explotación tenía al 16º Cuerpo blindado del general Erich Hoppner (3ª y 4ª divisiones Panzer). El problema táctico era evitar que los belgas volasen los puentes que cruzaban el canal Alberto y el Mosa, retrasando el avance alemán en esa dirección durante varios días. Los alemanes utilizaron el único batallón de paracaidistas restante (500 hombres) para ocupar temporalmente los 2 puentes clave sobre el Mosa. Y enviaron un destacamento de élite de aquéllos, que aterrizaron en planeadores sobre el techo de la fortaleza belga de Eben Emael, la cual controlaba con sus poderosos cañones un largo trecho del canal Alberto, para neutralizarla, hasta que llegasen por tierra las tropas de ingenieros o pioneros a terminar las demoliciones.

Ambas acciones tuvieron también éxito. Los tanques de Hoppner se precipitaron al interior de las llanuras belgas, obligándoles a retirarse para que su frente no se viera invertido, justo cuando las fuerzas aliadas llegaban para reforzarlos. Los Aliados estaban ya seguros que el ataque del 6º Ejército del general Walther von Reichenau era el esfuerzo principal alemán. Y trasladaron su despliegue y las fuerzas móviles citadas para bloquearlo. De repente, el 13 de mayo apareció en Sedán la mayor amenaza para aquéllos.

(continuará)

Libros Recomendables sobre la Guerra de Guerrillas.

En este blog presento desde hace tiempo, una lista de «libros recomendables sobre teoría militar», que es muy visitada. He de reconocer, como deficiencia, que en ella no he incluido ningún libro sobre la guerra de guerrillas. La importancia actual, histórica y social del fenómeno guerra irregular es incuestionable. Y, hoy en día, a casi todos los «guerrilleros» en activo les llaman fácilmente «terroristas». Desvirtuando con ello el enfoque objetivo y teórico que debe presidir cualquier acercamiento serio para la liquidación y erradicación popular del «brote» rebelde armado. Quiero ahora subsanar el error y extender mi comentario sobre el tema.    

Introducción.

La guerra de guerrillas es tan antigua como la humanidad. Probablemente surgió simultánea y sucesivamente en numerosos asentamientos humanos primitivos dispersos. En los que alguien, no necesariamente un alfeñique ni un cobarde, decidió no arriesgarse a sufrir heridas y mutilaciones, tan frecuentes y compartidas, en los llamados «combates singulares». Y atacó a su enemigo, esperándole emboscado y mediante un garrotazo inesperado.

Estas acciones inteligentes, apartadas de la pura fuerza bruta, fueron también las primeras aplicaciones balbuceantes de la llamada «guerra de maniobras». En la que intentamos sorprender y superar al enemigo desde una «posición o actitud» de ventaja. Para, finalmente, logrando la decisión, rematarlo o, al menos, rendirlo a nuestra voluntad. Esta última parte inevitable es la que a veces descuida demasiado la «teoría» de la «guerra de maniobras». Sin aceptar clara y plenamente que ambas expresiones son «formas» opuestas y complementarias, pero no antagónicas, como las dos riendas de un coche de caballlos, de la mejor llamada «guerra moderna».

Durante la II guerra mundial y en la etapa siguiente, llamada de «descolonización de los pueblos», la guerra de guerrillas tuvo un florecimiento espectacular, por todos los continentes y en casi todos los tipos de regímenes políticos. Porque las democracias vencedoras en aquélla también se vieron involucradas en ella, en su protectorados y colonias ultramarinos. La guerra de guerrillas se convirtió en la forma de lucha de los más débiles militarmente hablando. Y resultó eficaz muchas veces. Esto consagró su «aureola» de lucha por la libertad, de romanticismo de barra y butacón y de espejo de un cierto inconformismo generacional. Hoy en día, a la guerra de guerrillas de toda la vida, algunos teóricos de allende los mares le llaman pomposa y pedantemente «guerra asimétrica». Son los mismos expertos que también le llaman «guerra de cuarta generación». O sea, que es lo más «in» y nuevo. Como si ellos hubieran descubierto el fenómeno de la «guerra político militar irregular». Y vuelven a poner en el lado de los malos, sin excepciones, como hicieron los regímenes colonialistas en los años 40, 50 y 60 del pasado siglo, a quienes las emprenden.

Terroristas y Beligerantes Legítimos en la Guerra de Guerrillas. 

Terrorista es el que emplea sistemática y deliberadamente la violencia física contra objetivos personales enemigos no militares o no combatientes. Buscando con ello extender el miedo, el desánimo, la parálisis o la ruina a toda una sociedad, una etnia, una demarcación social nacional. El terrorista hace de los civiles enemigos desarmados sus principales objetivos. Por el alto beneficio que consigue así para sus intereses, en daños, mutilaciones y muertes, y la mayor seguridad que conllevan para él estas acciones durante su ejecución. El terrorista suele ser un fanático religioso o ideológico. El torcimiento cognitivo que sufre, derivado de su perversión amoral, le hace percibir de una manera muy especial, subjetiva y viciada, los hechos y los elementos objetivos que definen y enmarcan los siempre complejos conflictos y realidades sociológicas de los países, religiones y razas.

Aparece inmediatamente en la rebelión político militar irregular, el problema de la legitimidad de la beligerancia armada. No todo el que empuña un arma, para defender unas ideas o proteger unos derechos o a unas personas, lo hace legal y legítimamente. Las Convenciones de Ginebra y de La Haya establecen unas normas jurídicas que enmarcan la legitimidad legal de la lucha armada.

Los combatientes irregulares deben ir uniformados, portando sus armas a la vista y dirigidos por sus jefes. ¿Es suficiente esto? Pues, no. Así lo hacen también algunos grupos de narcotraficantes armados. Es necesario también que la guerrilla, la guardia nacional, la Home Guard, las fuerzas de autodefensa del pueblo o del territorio, etc., lo hagan en nombre y autorizados por un estado constituído. Y que ocupe, al menos, una parte de su territorio nacional. Es tan restrictiva esta condición que, durante la Segunda Guerra Mundial, sólo los partisanos o guerrilleros soviéticos cumplieron este requisito.

Por otra parte, el que sean combatientes ilegales o no reconocidos legalmente, no los asimila directa y socialmente a bandidos o criminales. Así, muchas veces, en aras de la paz social y de no encarnizar la lucha armada, los gobiernos aceptan llevar a cabo su campaña contraguerrillera, sin exacerbar los métodos usados y los ánimos de los perseguidos. 

Mis libros recomendados.

El libro «Partisan Warfare» del académico Otto Heilbrunn trata extensamente el complejo fenómeno de la guerra de guerrillas, hasta alcanzar la profundidad de un tratado sobre el tema. Se basa en el modelo comunista y, más particularmente, en sus brotes asiáticos de mediados del pasado siglo: la China de Mao y la experiencia del Vietminh de Nguyen Giap contra franceses, estadounidenses y compatriotas.

Esto se completa ventajosamente con la obra en dos tomos «War in the Shadows» de Robert Asprey. Que trata por capítulos no muy largos la guerra de guerrillas a lo largo de sus numerosos y diferentes escenarios históricos. Y que le dedica una extensión bastante grande a las experiencias china y vietnamita. Quizás porque son más contemporáneas y hay sobre ellas más material.

Yo, en mi libro «On the Nature of War«, dedico un anexo suficiente a desarrollar los aspectos tácticos, operativos y estratégicos de la guerra de guerrillas. Y de la eficaz lucha contraguerrilllera. Basándome en los hechos descritos por éstos y otros autores.

Con ello tendremos una base teórica contundente de los mecanismos socio políticos y militares de la guerrilla y de la guerra en múltiples frentes contra esta clase de lucha irregular armada. Y una referencia suficiente, pero muy enriquecedora por sus pinceladas y circunstancias específicas, de la trayectoria del fenómeno que tratamos. Con su aparición intermitente y recurrente a lo largo de la Historia.

En otro nivel, resulta también muy interesante el libro «Guerra de Guerrillas» del general Georgios Grivas (alias, Dighemis, nombre de guerra). ¿Por qué? Por varias razones. La Organización Nacional de la Lucha Chipriota o Ethniki Organosis Kipriahou Agonos (más conocida entre nosotros como la E. O. K. A..), organizó y llevó a cabo durante cuarenta y seis meses y medio, una guerrilla independentista nacionalista. Que fue ajena a las numerosas experiencias comunistas «de liberación nacional» de la época. Éstas últimas muy pocas veces se presentaban ante sus pueblos, clara y abiertamente, como «marxistas leninistas». Lo hicieron en Grecia entre 1946 y 1949 y en Malasia entre 1947 y 1960. Y, en ambos casos, fueron derrotadas y liquidadas. Y, precisamente, por el Ejército británico.

La guerrilla chipriota fue una guerrilla circunscrita a un país pequeño, demasiado pequeño, de unos 9300 Km2. Una de las condiciones iniciales que Mao Zedong reclamaba para el inicio y posterior fortalecimiento de las guerrillas, era que el país tuviese profundidad, extensión. Que permitiese establecer a las guerrillas sus primeras bases de refugio, en zonas protegidas por su inaccesibilidad. Los chipriotas llevaron a cabo una difícil guerra de guerrillas, por lo escaso de la campiña, sus limitados recursos (unos 600 mil habitantes, y una parte era la comunidad turca), la fuerza del enemigo y la falta de buenos escondrijos, circunscritos principalmente al macizo volcánico de Troodos, al sur del país y de gran riqueza minera, coronado por el monte Olimpo de 1953 m. de altitud. El diario londinense «Daily Herald» llegó a publicar que un mariscal, tres generales y cuarenta mil soldados británicos no eran capaces de derrotar a la EOKA. Parece ser que el mariscal Montgomery declaró también que la EOKA era estratégicamente imbatible. Finalmente, los greco chipriotas no consiguieron la Enosis, o unión política con Grecia, pero sí la independencia de la isla.

¿Por qué triunfaron los chipriotas? Porque el pueblo greco chipriota estaba unido cultural y firmemente (la Iglesia ortodoxa, dirigida por el arzobispo de Nicosia, Macarios, apoyaba totalmente el esfuerzo por la liberación y la Enosis) a sus escasos, eficaces, motivados y sufridos guerrilleros. Y ello, a pesar de que los turco chipriotas colaboraron con los británicos y que la EOKA tuvo que distraer en varios momentos a parte de sus menguos recursos para neutralizarlos. Los grupos guerrilleros elementales se formaban por 4 o 6 hombres; los que podían esconderse juntos, parcialmente dispersos, sin perder cohesión el grupo. Para las acciones mayores se reunían y coordinaban 2 o 3 grupos guerrilleros. Porque su organización guerrillera era suficiente, bien estructurada y muy flexible; no hacen falta demasiados hombres en armas. Porque sus mandos conocían sus debilidades, que eran muchas, y definieron un objetivo estratégico suficiente: Mantener una presión militar adecuada e indefinida, mediante acciones militares, sabotajes, propaganda y acciones populares, destinada a cansar y a desalentar a los ingleses. Grivas, en su «Plan General para la Acción Revolucionaria en Chipre» destacaba, «no hay que creer que nosotros, mediante esta forma y procedimientos pretendamos una derrota material y total de las fuerzas inglesas en Chipre. Perseguimos más bien su derrota moral, hostilizándolos e intranquilizándolos de tal manera que, al final, obtengamos el objetivo de la lucha. Ésa fue hasta el final nuestra meta estratégica. El éxito se lo debemos al hecho de habernos aferrado firmemente a ella».