LOS MONGOLES INVADEN EUROPA ORIENTAL (1238-1241) II.

(CONTINUACIÓN)

El Ejército Mongol Ataca a Hungría.

Subodai concentró su ejército en 3 agrupaciones de marcha. Cada una entraría en Hungría por una ruta diferente, a través de los pasos y valles de los Cárpatos. Este despliegue aportaba a los mongoles una resistencia a las sorpresas enemigas y les daba un desdoblamiento inicial para las maniobras de sus 3 cuerpos móviles, facilitándoles enfrentarse con el enemigo. Los húngaros, por su parte, no se atrevieron a atacar a ninguno de ellos, por miedo a un avance de los otros cuerpos sobre su retaguardia o para ocupar alguna de sus ciudades. La columna central, que marchaba al mando del príncipe Batu, cruzó el paso de Ruske el 12 de marzo y continuó su avance por el valle del río Tisza. Su vanguardia con capacidad de combate llegó al Danubio el día 15 y 2 días después lo hizo el cuerpo principal. La vanguardia había realizado una marcha de 290 Km. en 3 días, cruzando terreno hostil y cubierto aún por nieve alta.

El 3 de abril, Subodai formó sus 3 columnas frente a Pest, en la ribera este del Danubio. En Pest tenía el rey Bela reunido su ejército de 100 mil hombres. Al otro lado del río, unidas las ciudades por puentes, estaba Buda. Subodai se sabía superado en número por los húngaros. Habiendo destacado también un tumán en Transilvania la columna de marcha izquierda, para asegurarse que de Rumanía no recibían refuerzos los cristianos, los mongoles eran ahora unos 70 mil. También les resultaba muy peligroso forzar un cruce del Danubio a los ojos del ejército húngaro desplegado. Por otra parte, cuanto más tiempo se tomase Subodai en sus cálculos, decisiones y preparativos, más tiempo daba a otros gobernantes europeos para decidirse y venir a apoyar al rey Bela. El general mongol aplicó entonces a escala estratégica una de sus estratagemas: su ejército se retiró al este. Los jefes húngaros supusieron que los mongoles no se atrevían a luchar contra su ejército. Y, espoleados por su inactividad ante el avance no estorbado de las 3 columnas mongolas, pidieron iniciar su persecución. Los húngaros no valoraron que Subodai les estaba atrayendo fuera de la protección del Danubio y del apoyo entre destacamentos y cuerpos del ejército.

El rey Bela, al mando de la gran mayoría del ejército, dirigió la persecución. La retirada mongola fue calculadamente lenta. Tardaron 6 días en alcanzar el río Sajo, a unos 160 Km. al noreste de Buda y Pest. Y, al oeste del río, cerca de su desembocadura en el Tiszna y en el llano frente a Mohi, la ciudad principal de la zona, Batu y Subodai decidieron enfrentarse a sus “perseguidores”. El 9 de abril los mongoles atravesaron una ancha garganta, avanzaron por un brezal, cruzaron un puente de piedra y continuaron unos 16 Km. hasta los matorrales situados al oeste de las colinas y viñedos de Tokay. En ellos tenían numerosos lugares donde camuflarse o esconderse. En efecto, cuando un destacamento húngaro los siguió esa tarde y llegó hasta el oeste de Tokay, no encontró absolutamente nada. El ejército húngaro, que realizaba una persecución frontal, acampó en el brezal, disponiendo sus carros, unidos por cadenas y maromas, cerrando un círculo, donde instalaron sus tiendas y cabalgaduras. A la derecha del campamento estaban los pantanos de la ribera del Tisza, a su frente se extendía el brezal del Sajo y su izquierda la cubrían bosques y lomas.

Al alba del miércoles 10 de abril de 1241, Batu y unos 40 mil hombres se lanzaron hacia el puente de piedra por su lado este. Los húngaros lo defendieron con toda energía, hasta que tuvieron que retirarse por las bombas de fuego que les lanzaron las catapultas mongolas, al encontrarse en un sector de frente muy estrecho. Los mongoles pasaron al lado oeste, pero durante más de 2 horas, fueron terriblemente presionados por las cargas de los húngaros y sólo el tiro de los arqueros restablecía brevemente su línea de defensa. Poco a poco, el ejército húngaro se fue desplegando para liquidar la cabeza de puente mongola. De pronto, el general Subodai, que había cruzado también al lado oeste por un puente de circunstancias tendido aguas abajo del Sajo, mientras los húngaros se distraían en la amenaza de la cabeza de puente, apareció con unos 30 mil mongoles sobre la retaguardia húngara. Golpeados y aturdidos, pero con redaños y experiencia para no caer en el pánico, los húngaros se retiraron en buen orden a su campamento. Pero los mongoles se lanzaron sobre él, rodeándolo casi totalmente, y cubriéndolo de bombas y flechas incendiarias, que quemaban los vagones de carga y las tiendas y espantaban a las bestias, sembrando el caos entre sus enemigos y deshaciendo ya la autoconfianza de los húngaros.

Los mongoles se dispusieron a lanzar una carga sobre los grupos descohesionados del ejército húngaro. Y seguían sin terminar o cubrir con algún destacamento, el cerco al campamento por la garganta de acceso al brezal. Los caballeros húngaros con suficiente coraje moral aún formaron en una cuña, para resistir la carga; era la última resistencia firme del ejército húngaro. Pero la mayoría de ellos se retiraron por la “brecha” existente en el cerco, huyendo en pequeños grupos hacia lo que creían que sería su salvación y cayendo realmente en una trampa mortal, que se extendía por todo el recorrido de su huida hacia Pest. La caballería ligera mongola, sin arriesgarse nada, ablandó a distancia con sus flechas el despliegue desesperado de los caballeros y, a continuación, tomando su oportunidad, la caballería pesada cargó para aplastarlos. Numerosos destacamentos ligeros mongoles salieron en persecución de los huidos. Una parte los presionaba por su retaguardia, para aumentar su conmoción, el caos y su miedo. Mientras, otros destacamentos realizaban la persecución desbordante, alcanzándolos desde los lados y alanceándolos o tirándoles sus flechas con sus pequeños y potentísimos arcos compuestos, que disparaban desde las monturas. A lo largo de 50 Km. se extendieron, por el camino de vuelta a Pest, los restos de los húngaros, de sus cabalgaduras y de sus equipos. Más de 70 mil caballeros y auxiliares húngaros perecieron en el campo de batalla, en el campamento y en la fuga hacia el suroeste. Tras la batalla del Sajo, la resistencia húngara colapsó.

Los mongoles atacaron seguidamente Pest y la quemaron. Pero no se atrevieron a cruzar al lado oeste del Danubio en la explotación del éxito, a pesar de las supremacías moral y numérica que gozaban en esos momentos. Batu y Subodai dieron descanso a su ejército y consolidaron sus posiciones al este del gran río. Y así pasó más de medio año, donde el acontecimiento principal relacionado fue una declaración poco animosa de cruzada contra ellos del Papa, de la que se obtuvo poco en la práctica. En diciembre de 1241 el Danubio se congeló en esta gran región. Los mongoles aprovecharon para saquear Buda, realizaron un reconocimiento en fuerza en Austria y enviaron un destacamento al sur, hacia Zagreb, en persecución del rey Bela. Y el día 25 asaltaron Gran, la capital húngara y sede de su arzobispado, llevándose consigo todo lo que de valor y antigüedad pudieron.

Un Final portentoso para Europa.

Europa central y occidental estaban maduras para una invasión mongola. Los europeos no tenían un ejército capaz de enfrentarse a esa amenaza, que ya estaba echándoles el aliento en sus nucas. El plan estratégico explicado por Subodai al Khan y a sus generales parecía cumplirse fielmente hasta sus últimas partes. Pero, esto era ya sólo una ilusión, un imposible. Una “apariencia”, que diría Sun Tzu. El 11 de diciembre de 1241 habían recibido en el cuartel general de Batu y Subodai a un mensajero escoltado proveniente de Karakorum, la capital mongola. Traía las noticias que Ogadai, el Gran Khan, había muerto y que su viuda estaba actuando como regente, hasta que un nuevo emperador mongol fuera elegido y ascendiese al trono. Los príncipes mongoles presentes estuvieron deseosos de hacer valer sus derechos para la sucesión y decidieron regresar a su capital, llevando consigo a los tumanes imperiales. Batu sabía que sin esas tropas escogidas, no podía mantener en su poder a Hungría, pero creyó que con los reclutas turcomanos, que ya tenían experiencia y habían participado en combates, podría mantener la mayor parte de sus territorios. Así, los mongoles evacuaron Hungría, sin ser estorbados, acosados o perseguidos por sus enemigos. Aunque detrás dejaron la tierra que fue suya arrasada. Esto fue un símbolo de su idiosincrasia y carácter expoliador hasta el agostamiento, bandido de tierra y depredador absoluto. Y sin la menor capacidad para crear, mantener, desarrollar, extender y legar a sus sucesores, una civilización que mereciera este nombre. Y no dejarles sólo los resultados acumulados de sus tropelías, fianzas, tributos, saqueos y botines y las enseñanzas militares para obtenerlos.

Batu regresó a su campo base de partida, en Sarai, cerca del Volga y a escasos 100 Km. al norte de Astrakán. Y allí estableció un imperio mongol subsidiario, que fue conocido como la Horda de Oro. Los mongoles no tendrían otra oportunidad igual para invadir Europa. Tras esta aberrante pesadilla sufrida por los europeos, éstos inventaron toda clase de relatos y mitos, en los que contaban cómo habían derrotado a los invasores “tártaros” (así conocían en general a los mongoles) y les habían obligado a volver a sus tierras.

Este resultado impensable, súbito y ocurrido en los últimos momentos posibles portentoso, ¿fue cosa del Sino y del Karma de Europa y su Civilización privilegiada?, ¿o era el resultado de una Intervención Divina por intercesión de la Virgen María? Desde luego, fue humanamente una excesiva e increíble casualidad. Pero la fe tampoco puede aportar nunca unas “evidencias”, porque dejaría de serlo y se convertiría en la realidad comprobable. La Intervención Divina eficaz, en favor de Europa y su civilización, que sin el Cristianismo actuando desde su médula, nunca se parecería a lo que fue y a lo que es, es probable, porque Aquélla nunca es tronante o avasalladora. Dios no visitó a Elías en la tormenta de rayos o en el viento huracanado, sino en una tenue y suave brisa. Y, para los esotéricos y los sincretistas, la explicación podría ser “una actuación cósmica de las fuerzas astrales y akásicas, en favor de la Luz, la Paz y la Civilización humana hacia los niveles superiores de la Conciencia Universal”.

También existe una explicación “racional” y común de lo ocurrido, pero que no puede concretar el momento para iniciarse esa retirada oportuna. Los mongoles y las tribus centroasiáticas asociadas estaban creando un imperio euroasiático en la primera mitad del siglo XIII. Pero sus capacidades materiales y sus recursos ideológicos y religiosos no se correspondían con un objetivo tan importante. Como ya vimos, a los pueblos de los países ocupados, no tenían nada satisfactorio y duradero que ofrecerles. Los mongoles se mantenían en esas tierras ajenas por la amenaza del terror conocido. Como ocurriría con otros tiranos, que pretendieron hacerse “mundiales”, sus colaboradores necesarios eran étnica o ideológicamente similares. Pero la etnia mongola y sus afines eran demográficamente insignificantes, para poder vigilar y defender solos un imperio tan vasto. Todo ello, en las décadas de la invasión de Europa oriental, había tensado hasta el punto de ruptura sus capacidades militares. Así, más temprano que tarde, los mongoles hubieran tenido que realizar aquella marcha retrógrada general, para asegurar y consolidar sus tierras del Este de Eurasia. Alejándose del contacto con civilizaciones dinámicas, ideológicas y expansivas, como la europea, con la que las relaciones de vecindad y de primeros intercambios de comerciantes, exploradores y aventureros se hubieran resuelto con el enfrentamiento militar.

(FINAL)