Introducción.
La colonización y la culturización de una enorme parte de América por España, fue un proceso político social complejo y multifacético, que tuvo lugar en los siglos XVI, XVII y XVIII, unos 250 años en total.
Un legado cultural y lingüistico.
La lengua española se convirtió en el idioma dominante en Méjico, el Perú y Argentina y se extendió por toda la América Central y del Sur. Incluyendo el trozo colindante de los EE.UU., desde Texas hasta California.
La cultura española se extendió a dichos territorios incorporados a la Corona española, influyendo en el arte, la música, la danza, la arquitectura, la literatura y la gastronomía.

La religión católica se convirtió en la religión dominante y se eliminaron las aberraciones inhumanas, como los continuos sacrificios humanos. Para los cuales se establecieron entre las tribus que seguían esos aberrantes ritos, las llamadas Guerras Floridas. Los prisioneros en ellas por los distintos combatientes, eran utilizados en sacrificio a los respectivos e insaciables dioses.

La Iglesia Católica, singularmente a través de los religiosos (las órdenes religiosas. mendicantes o no), tuvo un papel importante en la educación, en la defensa de los derechos y la asistencia social de los indios de los virreinatos y las capitanías generales españoles.
La Perduración de los indios.
La colonización y el mestizaje españoles fueron un ejemplo único en la historia del mundo. Ello llevó a la adopción de los apellidos españoles por parte de los indios y se mantiene hoy en día como tantas cosas vinculadas a España.
La población indígena se integró en gran parte, dando lugar al mayor fenómeno de mestizaje cultural y social en una sociedad colonial, de todos los tiempos. Esto fue posible por el ethos, las intenciones y la religión de los españoles emigrantes a América.

El mestizaje exuberante entre españoles e indígenas dio lugar a una población mestiza transversal potente. Que fue fundamental en la formación de la identidad social de México y el Perú, como naciones más destacadas. En general, la influencia cultural de España fue mayor en los Virreinatos (lo fueron México, como el Virreinato de Nueva España y el Perú, como el Virreinato del Perú). Y, menor en las estructuras socio políticas de las Capitanías Generales (Cuba y Venezuela lo fueron).

Las tribus mexicanas que se aliaron con Hernán Cortés para conquistar el Imperio Azteca fueron:
Tlaxcaltecas, fueron los aliados más importantes de Cortés, proporcionándoles decenas de miles de guerreros y recursos. En Otumba, la primera victoria española después de la Noche Triste, participaron decisivamente. También, su intervención fue calificada en la toma de Tenochtitlán, la capital mexica.
Totonacas, de la región de Veracruz, se unieron a Cortés.
Texcocanos, se aliaron con Cortés después de la caída de Tenochtitlán.
Cholultecas, enfrentados a los tlaxcaltecas, se decidieron a colaborar con Cortés.
Huejotzingas, su participación en el apoyo a Cortés fue esporádico.
Zapotecas, se unieron a Cortés.
Hernán Cortés casó con princesas indias, de las distintas tribus aliadas de España, a sus distintos capitanes militares. Y, como no podía casarse con Malinche, por estar casado en España, proveyó para el sustento y status de ella y de su hijo común Martín Cortés Malitzin. Cuando sus padres se separaron, Martín viajó a España a una edad temprana, donde fue reconocido por su padre y recibió una educación de cortesano.
En la colonización anglosajona en Norteamérica, los nativos eran considerados un estorbo físico y racial para el desarrollo de la propia raza blanca inglesa. Aquellos eran llamados “hostiles” y la política aplicada hacia ellos, con el avance de los blancos hacia el Oeste, fue de una “apropiación deliberada y contenida”. Que, al cabo de un tiempo, el necesario para que los anglosajones pudiesen extenderse y empoderarse allí, los “hostiles” sobrevivientes fueron enclaustrados en reservas “elegidas”. Para que viviesen en su ambiente y en paz, pero, sin estorbar el avance ideológico y social de los blancos.

Los “hostiles” de los territorios absorbidos por los colonos ingleses y sus sucesores no tenían fácil el acceso a “apellidos europeos”. Y, considerando que éstos son una parte esencial de la identidad de las personas, ése fue un gran impedimento para una absorción e inculturación de los indios en las nuevas cultura y sociedad anglosajona.
Así, los apaches empleaban: Chato (soldado), Altaha (ganadero), Mescal Toadlena (agua que fluye hacia arriba y hacia afuera), Dosela, Ethelba.
Los comanches usaron: Little Bear (oso pequeño), Running Wolf (lobo corriendo).
Los cheyenes se llamaron: Little Deer (pequeño ciervo), Redcorn (maíz rojo), Goodbear (buen oso), Thunderhawk (halcón del trueno).
Y, los navajos: Begay (hijo de), Tososie (moverse con fluidez), Yazzie (pequeño), Pesklakai (plateado).

Los sioux se llamaban: Two Bears (dos osos), Akecheta, Iron Eyes (ojos de hierro), Yellow Hawk (halcón amarillo).
Los cherokees: Anviakta (ojo de venado), Canowikakte, Sequoyah (creador del silabario cherokee), White Feather (pluma blanca).
Casualmente, Andrés Manuel López Obrador, expresidente de México, tiene españoles todos sus nombres y apellidos. Pero, no renuncia a ellos en su ataque a la historia y cultura hispanoamericana.

Si menosprecia y ataca a su identidad más íntima, el nombre con el que es conocido, está haciendo un flaco favor a sus descendientes, cuando se lo hace a él mismo.
Así, lo podríamos llamar “Charlatán Avasallante”.
(continuará).