Las Armas y sus Defensas en la Historia. Cuarta Parte.

La inercia táctica en los combates de las fuerzas vivas.

Uno de los medios del mando para vencer la “pereza de combate” de los hombres, es utilizar siempre a las fuerzas según sus capacidades reales. Y dejando que las fases del “ciclo de acción y de recuperación” se cumplan siempre.

Por ejemplo, unas “milicias” no podían ser nunca la punta de lanza de una ruptura, ni operar permanente y agresivamente lejos de sus bases de apoyo. Pero sí podían defender posiciones establecidas, “reductos”, contra unidades profesionales e incluso llegar a contrachocarlas localmente con éxito, si estaban bien dirigidas. Sus objetivos debían ser simples, fáciles e, incluso, escalonados. De tal manera que no fuesen barridas por una capacidad de combate enemiga superior y pudieran cumplirlos. Y que las gratificaciones por las sucesivas etapas conseguidas, les mantuviesen y les reforzasen su moral y su confianza en ellas mismas.

GENERAL DANIEL MORGAN.

El 17 de enero de 1781, el general norteamericano Daniel Morgan, de 45 años, se enfrenta en Cowpens, en una pequeña batalla, con las fuerzas regulares inglesas del teniente coronel Banastre Tarleton, de 27 años, contando ambos con unos contingentes similares. Pero 2/3 del millar de hombres de Morgan pertenecen a las milicias territoriales norteamericanas.

El choque con los regulares las desharía, ya que las bayonetas caladas en formación cerrada aterrorizan a los milicianos. Éstos son tiradores buenos y están acostumbrados cazar, manteniendo una gran iniciativa personal, pero, a su vez, carecen de entrenamiento para evolucionar y combatir en las formaciones cerradas usuales en la época.

Morgan les aleja de las bayonetas y aprovecha su capacidad de atrición por el fuego a muchas decenas de yardas sobre blancos incluso pequeños. Tampoco se olvida de estimular su instinto de supervivencia. Les recuerda que si la carga de infantería enemiga triunfa, la persecución y su aniquilamiento son casi inevitables: tienen a su espalda, cercano, al río Broad y los ingleses cuentan con una mayoría de caballería regular de 3 a 1.

Morgan establece con sus milicianos una primera línea de tiradores dispersos para hostigamiento y otra segunda línea, en formación, más atrás, para recibir a los primeros. A los hombres de ambas líneas sólo les pide que realicen dos disparos deliberados cada una, permitiéndoles entonces la retirada a retaguardia por su flanco izquierdo, sin esperar al temido choque con los ingleses. La última línea de Morgan es su única línea de regulares.

Los milicianos están estimulados en su moral y en su instinto de supervivencia. Y no se les pide ningún imposible emocional, un esfuerzo por encima de su entrenamiento y aptitudes, que les genere tensión mental y enervación. Esto va a ser suficiente para mellar gravemente la capacidad de asalto a la bayoneta de la infantería regular de Tarleton. Y, además, sin que sus mandos intermedios lo advirtieran. Ya que las tropas avanzaban sobre líneas de milicianos que se comportaban como se esperaba de ellos, es decir, rehuyendo el choque y huyendo (o retirándose).

En su retaguardia, cubierta por unos montículos de escasa altura, Morgan consigue, con su intervención personal también, rehacer como esperaba a sus milicias y las lanza, llenas de confianza, rodeando a su línea de regulares, a una carga sobre el flanco izquierdo de los ingleses. Cuando éstos están agotados y empeñados con los regulares norteamericanos a su frente, se ven envueltos por su flanco izquierdo y de revés. La escasa caballería norteamericana completa la dispersión inglesa, atacándoles por el flanco derecho de ellos.

TTE. CORONEL BANASTRE TARLETON.

En una batalla insignificante, de poco más de una hora de duración, vemos como un Mando Conductor, apenas a 24 días de su baja definitiva a causa del incapacitante reuma (probablemente una artrosis, más que una ciática), sabe sacar de la debilidad de sus tropas y sucesivamente, “fuerzas” renovadas, “capacidades de combate”. Y, recrea en sus medidas una pequeña Cannas.

Sin que las características de aquéllas hubiesen cambiado en lo absoluto. Y tan bien lo hace y tan impetuoso (es un oficial de caballería muy eficaz, odiado por los norteamericanos por sus ataques a los civiles no leales a la Corona) es el enemigo, que los resultados superan sus expectativas. Ya que Morgan buscaba sólo rechazar el intenso acoso del impulsivo inglés.

Las bajas de Morgan fueron de 12 muertos y 61 heridos, equivalente al 7% de su contingente. Los ingleses tuvieron 110 muertos y 830 prisioneros, de los cuales unos 200 estaban heridos, que suponían el 85% de sus fuerzas. Y perdieron 2 banderas regimentales, 2 piezas de artillería, 800 mosquetes, 35 vagones de carga y unos 100 esclavos negros.

RECREACIÓN DEFORMADA DE LA BATALLA DE COWPENS.

Tarleton en sus memorias posteriores declara: “(ocurrió) algún hecho imprevisto, que pudo lanzar el terror entre las más disciplinadas tropas o contrarrestar los planes mejor pensados”. A esto le suelen llamar sorpresa y es un eficaz multiplicador de la capacidad de combate aplicada.

MAESTRO SUN

De este fenómeno también trata Sun Tzu. “El escoge a sus hombres y ellos aprovechan lo mejor posible la situación”.

Li Ch’uang lo comenta: “El valiente sabe batirse; el prudente, defenderse; el sabio, asesorar. No se desperdicia el talento de nadie”

Y, Chang Yu: “Luego el verdadero método, cuando hay que mandar hombres, consiste en utilizar al avaro y al tonto, al sabio y al valiente y en dar a cada cual la responsabilidad en las situaciones que le convienen. No confiéis a la gente tareas que no pueden cumplir. Haced una selección y dad a cada cual responsabilidades adecuadas a sus cualidades”.

“El que tiene en cuenta la situación, utiliza a sus hombres en el combate como quien hace rodar troncos o piedras. Pues está en la naturaleza de los troncos y de las piedras estar en equilibrio en un suelo firme y rodar en un suelo inestable. Y si son cuadrados, se paran y si son redondos, ruedan”.

(continuará)

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